lunes, 9 de noviembre de 2009

Más brotes verdes y algunas malezas persistentes en un jardín aún incierto

La economía mundial se encuentra en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena. Un jardín incierto donde despuntan día a día nuevos brotes verdes: el Producto de las mayores economías del mundo crece, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales ha recuperado mas d 60% durante 2009, restableciendo en parte la riqueza de los hogares estadounidenses y por ende su capacidad de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo en USA superó los dos dígitos; como consecuencia el miedo a perder el empleo persiste y la confianza del consumidor no se recupera; el déficit público en USA se acerca a las dos cifras y la economía continúa demandando nuevos apoyos para continuar en la senda de la recuperación; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA continúa oscilante y no logra estabilizarse.

Hace una semana se anunció el crecimiento del Producto en USA: 3.5%, medio punto por encima de lo previsto por analistas y operadores. Este porcentaje significó, nada más y nada menos que el primer resultado positivo luego de tres trimestres de reducciones sucesivas del PBI estadounidense. Se corroboró lo que la mayoría de los analistas venían prediciendo: el fin de la contracción en USA y el inicio de la ansiada recuperación. Los mercados reaccionaron con euforia ante el anuncio y el Dow Jones superó la línea de los 10000 puntos, marca que no alcanzaba desde hace casi 10 meses.
Lo sucedido en USA se replicó en otras economías que exhibieron crecimiento positivo de su Producto, algunas de ellas por segundo trimestre consecutivo, como Alemania y Francia. En este contexto global de recuperación en la mayoría de las grandes economías, es destacable señalar que este trimestre se verificó, por primera vez desde iniciada la crisis, un crecimiento conjunto del Producto en USA, Alemania y China. Esta coincidencia es remarcable, ya que estas tres economías conforman los grandes “inyectores” de la economía mundial. El crecimiento concomitante de estos tres países corrobora un panorama global muy alentador y contribuye a la verificación de la hipótesis de que el mundo estaría acercándose al fin de la crisis financiera y económica, que colocó la economía global al pie del precipicio. No es tiempo aún de aventurar el fin de la crisis global, pero si podemos afirmar que existen evidencias claras para afirmar que hemos superado la faz contractiva de la crisis y nos encaminamos a una frágil recuperación, que se ira consolidando gradualmente y con vicisitudes en el 2010, y por varios años más. Son muchos los aspectos de la economía y fundamentalmente del sistema financiero que siguen aún bajo el “stress” de la perturbación y que tomará años para que regresen a un estado de normalidad, o al menos a niveles aceptables de funcionamiento. Paul Krugman decía la semana pasada en Buenos Aires que durante los próximos 10 años asistiremos a una economía global relantisada , con crecimiento bajo.
El viernes 6 de noviembre se anunció que el nivel de desempleo en USA ha superado del 10% -exactamente 10.2%-. Así como la euforia ganó a Wall Street al conocerse el crecimiento del PBI la semana anterior, la depresión se generalizó al conocerse la cifra de desempleo. Conjuntamente se conoció la caída del salario promedio por hora y el incremento del número de personas que han dejado de buscar empleo definitivamente. El crecimiento del Producto, conjuntamente con un incremento del desempleo, está indicando dos cosas; en primer lugar que las empresas están creciendo en base a profundos planes de reestructura, orientados a reducir costos, aumentar la productividad y reducir el número de trabajadores (la productividad en USA se elevó en 9.5% durante el tercer trimestre del año, el mayor avance desde el 2003); y en segundo lugar que persiste una gran dependencia de la economía de los Planes de Estímulo implementados por el Gobierno, cuyo instrumentación genera gasto y consumo público. Lo primero genera una situación cuyas consecuencias se mantendrán en el largo plazo. Cuando las empresas implementan planes de reestructura, y como consecuencia disminuyen sus plantillas de empleados y trabajadores, difícilmente regresen a los niveles de empleo que tenían previo a la reforma, más aún cuando enfrentan un mercado futuro débil e inseguro, determinado por una actitud desconfiada y conservadora del consumidor. Lo segundo esta altamente condicionado por la capacidad fiscal de continuar con los apoyos gubernamentales, como el “tax credit” que se acaba de suspender para la compra de la vivienda. El efecto de esta cancelación, sobre la caída en el número y el precio de las viviendas vendidas, constituye un excelente ejemplo del impacto de estos estímulos fiscales sobre la recuperación económica y conduce a la gran pregunta que hoy se hacen los Ministros de Finanzas del G-20: ¿Es tiempo de cortar las políticas de estímulo o, a pesar de las dificultades fiscales, es necesario continuar inyectando recursos en la economía para consolidar la recuperación económica? Esta pregunta tuvo el sábado 7 de noviembre una respuesta positiva ya que la declaración final de la reunión expresa “que la situación económica y financiera ha mejorado pero que la recuperación es desigual y aún dependiente de las políticas de apoyo que puedan instrumentar los Gobiernos”. El Secretario del Tesoro estadounidense Timothy Geithner declaró al término de la reunión que “el proceso de crecimiento ha comenzado” pero advirtió que acabar aceleradamente los programas de gastos extraordinarios perjudicaría la economía y haría peligrar la recuperación. Agregó que “el aumento del desempleo a su mayor nivel en 26 años anunciado el viernes respalda la noción de que este sigue siendo un ambiente económico muy difícil”.
Si bien hubo una declaración unánime de los Ministros de Finanzas del G-20, la reunión se caracterizó por posiciones distintas. Francia, Alemania y Japón mantuvieron una posición fiscal más conservadora en cuanto a que hay que iniciar una rápida cancelación de los programas especiales de estímulo instrumentados durante la crisis, mientras que USA e Inglaterra se mostraron más favorables en continuar con los programas de apoyo. Seguramente que la debilidad relativa de ambas economías es consistente con la posición de no “levantar aún el pie del acelerador”.
Como conclusión, llegamos al último trimestre del año y la economía mundial se encuentra aún en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena; con situaciones muy desiguales, fundamentalmente entre USA y Europa; con la aparición de un claro liderazgo de la economía China que consolida su crecimiento a tasas muy superiores al resto del mundo. En este contexto la mayor preocupación y fuente de debate ha pasado a ser “la estrategia de salida de la crisis” que hoy debaten los Ministros de Finanzas del G-20. Y como vimos la conclusión ha sido no desmantelar aún los programas de apoyo gubernamental instrumentados durante la crisis. La pregunta que se hacen los analistas ante esta decisión es hasta cuando podrán los Gobiernos soportar fiscalmente esta posición, fundamentalmente en USA que tiene un déficit superior al 9%.
Un trimestre en que los brotes verdes se reproducen en el incierto jardín: el producto se incrementa, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales se recupera y en consecuencia la riqueza de los hogares y su nivel de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo llega a niveles de 26 años atrás; el déficit público de acerca a las dos cifras y la economía demanda nuevos apoyos extraordinarios; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA, no se estabiliza.

Más brotes verdes y algunas malezas persistentes en un jardín aún incierto

La economía mundial se encuentra en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena. Un jardín incierto donde despuntan día a día nuevos brotes verdes: el Producto de las mayores economías del mundo crece, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales ha recuperado mas d 60% durante 2009, restableciendo en parte la riqueza de los hogares estadounidenses y por ende su capacidad de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo en USA superó los dos dígitos; como consecuencia el miedo a perder el empleo persiste y la confianza del consumidor no se recupera; el déficit público en USA se acerca a las dos cifras y la economía continúa demandando nuevos apoyos para continuar en la senda de la recuperación; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA continúa oscilante y no logra estabilizarse.

Hace una semana se anunció el crecimiento del Producto en USA: 3.5%, medio punto por encima de lo previsto por analistas y operadores. Este porcentaje significó, nada más y nada menos que el primer resultado positivo luego de tres trimestres de reducciones sucesivas del PBI estadounidense. Se corroboró lo que la mayoría de los analistas venían prediciendo: el fin de la contracción en USA y el inicio de la ansiada recuperación. Los mercados reaccionaron con euforia ante el anuncio y el Dow Jones superó la línea de los 10000 puntos, marca que no alcanzaba desde hace casi 10 meses.
Lo sucedido en USA se replicó en otras economías que exhibieron crecimiento positivo de su Producto, algunas de ellas por segundo trimestre consecutivo, como Alemania y Francia. En este contexto global de recuperación en la mayoría de las grandes economías, es destacable señalar que este trimestre se verificó, por primera vez desde iniciada la crisis, un crecimiento conjunto del Producto en USA, Alemania y China. Esta coincidencia es remarcable, ya que estas tres economías conforman los grandes “inyectores” de la economía mundial. El crecimiento concomitante de estos tres países corrobora un panorama global muy alentador y contribuye a la verificación de la hipótesis de que el mundo estaría acercándose al fin de la crisis financiera y económica, que colocó la economía global al pie del precipicio. No es tiempo aún de aventurar el fin de la crisis global, pero si podemos afirmar que existen evidencias claras para afirmar que hemos superado la faz contractiva de la crisis y nos encaminamos a una frágil recuperación, que se ira consolidando gradualmente y con vicisitudes en el 2010, y por varios años más. Son muchos los aspectos de la economía y fundamentalmente del sistema financiero que siguen aún bajo el “stress” de la perturbación y que tomará años para que regresen a un estado de normalidad, o al menos a niveles aceptables de funcionamiento. Paul Krugman decía la semana pasada en Buenos Aires que durante los próximos 10 años asistiremos a una economía global relantisada , con crecimiento bajo.
El viernes 6 de noviembre se anunció que el nivel de desempleo en USA ha superado del 10% -exactamente 10.2%-. Así como la euforia ganó a Wall Street al conocerse el crecimiento del PBI la semana anterior, la depresión se generalizó al conocerse la cifra de desempleo. Conjuntamente se conoció la caída del salario promedio por hora y el incremento del número de personas que han dejado de buscar empleo definitivamente. El crecimiento del Producto, conjuntamente con un incremento del desempleo, está indicando dos cosas; en primer lugar que las empresas están creciendo en base a profundos planes de reestructura, orientados a reducir costos, aumentar la productividad y reducir el número de trabajadores (la productividad en USA se elevó en 9.5% durante el tercer trimestre del año, el mayor avance desde el 2003); y en segundo lugar que persiste una gran dependencia de la economía de los Planes de Estímulo implementados por el Gobierno, cuyo instrumentación genera gasto y consumo público. Lo primero genera una situación cuyas consecuencias se mantendrán en el largo plazo. Cuando las empresas implementan planes de reestructura, y como consecuencia disminuyen sus plantillas de empleados y trabajadores, difícilmente regresen a los niveles de empleo que tenían previo a la reforma, más aún cuando enfrentan un mercado futuro débil e inseguro, determinado por una actitud desconfiada y conservadora del consumidor. Lo segundo esta altamente condicionado por la capacidad fiscal de continuar con los apoyos gubernamentales, como el “tax credit” que se acaba de suspender para la compra de la vivienda. El efecto de esta cancelación, sobre la caída en el número y el precio de las viviendas vendidas, constituye un excelente ejemplo del impacto de estos estímulos fiscales sobre la recuperación económica y conduce a la gran pregunta que hoy se hacen los Ministros de Finanzas del G-20: ¿Es tiempo de cortar las políticas de estímulo o, a pesar de las dificultades fiscales, es necesario continuar inyectando recursos en la economía para consolidar la recuperación económica? Esta pregunta tuvo el sábado 7 de noviembre una respuesta positiva ya que la declaración final de la reunión expresa “que la situación económica y financiera ha mejorado pero que la recuperación es desigual y aún dependiente de las políticas de apoyo que puedan instrumentar los Gobiernos”. El Secretario del Tesoro estadounidense Timothy Geithner declaró al término de la reunión que “el proceso de crecimiento ha comenzado” pero advirtió que acabar aceleradamente los programas de gastos extraordinarios perjudicaría la economía y haría peligrar la recuperación. Agregó que “el aumento del desempleo a su mayor nivel en 26 años anunciado el viernes respalda la noción de que este sigue siendo un ambiente económico muy difícil”.
Si bien hubo una declaración unánime de los Ministros de Finanzas del G-20, la reunión se caracterizó por posiciones distintas. Francia, Alemania y Japón mantuvieron una posición fiscal más conservadora en cuanto a que hay que iniciar una rápida cancelación de los programas especiales de estímulo instrumentados durante la crisis, mientras que USA e Inglaterra se mostraron más favorables en continuar con los programas de apoyo. Seguramente que la debilidad relativa de ambas economías es consistente con la posición de no “levantar aún el pie del acelerador”.
Como conclusión, llegamos al último trimestre del año y la economía mundial se encuentra aún en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena; con situaciones muy desiguales, fundamentalmente entre USA y Europa; con la aparición de un claro liderazgo de la economía China que consolida su crecimiento a tasas muy superiores al resto del mundo. En este contexto la mayor preocupación y fuente de debate ha pasado a ser “la estrategia de salida de la crisis” que hoy debaten los Ministros de Finanzas del G-20. Y como vimos la conclusión ha sido no desmantelar aún los programas de apoyo gubernamental instrumentados durante la crisis. La pregunta que se hacen los analistas ante esta decisión es hasta cuando podrán los Gobiernos soportar fiscalmente esta posición, fundamentalmente en USA que tiene un déficit superior al 9%.
Un trimestre en que los brotes verdes se reproducen en el incierto jardín: el producto se incrementa, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales se recupera y en consecuencia la riqueza de los hogares y su nivel de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo llega a niveles de 26 años atrás; el déficit público de acerca a las dos cifras y la economía demanda nuevos apoyos extraordinarios; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA, no se estabiliza..

martes, 27 de octubre de 2009

Recuperación económica global: el Cono Sur una región privilegiada

Existe un consenso casi unánime en que la contracción económica global terminó y que tímidamente se inicia una frágil recuperación, fundamentalmente en el epicentro del sistema (USA). Después de estar veinte meses inmersos en una profunda crisis financiera y económica global, bordeando el precipicio de la depresión, el manto se levanta y aparece el esqueleto de un capitalismo seriamente dañado -en CTI con respirador artificial- pero aún con síntomas vitales y evolucionando a una recuperación. Pronóstico reservado y gran incertidumbre sobre el tiempo en que el enfermo permanecerá internado antes de que pueda dejar el respirador y caminar sin el apoyo que brinda el Gobierno estadounidense a través de sendos planes de estímulo y rescate. En este contexto, al levantar el manto, aparecen los impactantes índices que marcan el punto de partida de la recuperación. Como en un Tsunami, cuando se retira el agua, aparece una economía con un 10% de desempleados en USA y cifras aún superiores en otras economías desarrolladas; un déficit público del 9.3% en USA -1.4 billones- y del 9% promedio en todos los países que conforman la OCD; record en quiebras de empresas y bancos, fundamentalmente en USA; una caída del 20% del comercio mundial y crecientes señales de proteccionismo; fuerte caída de las remesas a los hogares de América Latina y según la ONU, 100 millones de pobres más en el mundo… sólo para citar algunas de las cifras más impactantes que caracterizan la economía global al fin de la crisis y al inicio de la recuperación.

Pero no todo el proceso de recuperación será territorialmente homogéneo, como no lo fue la crisis. Desde nuestra perspectiva nos corresponde intuir analíticamente el posicionamiento en la recuperación global de nuestra Región: el Cono Sur de América Latina. Para iniciar esta REFLEXIÓN es necesario hacernos una primer pregunta que tiene una respuesta muy compleja, pero que trataremos de simplificarla concentrándonos en lo esencial: ¿cómo funcionaba el motor económico global hasta 2007 y como funcionará partir del 2010 y durante varios años más?

En la precrisis, el motor económico global era movilizado por un único y potente “impulsor”: el insaciable apetito del consumidor estadounidense y la belicosidad del Gobierno encabezado por Jorge W. Bush. Juntos generaban una potente demanda global que se respaldaba, en el caso de los hogares estadounidenses, en su creciente riqueza como consecuencia del incremento sostenido del precio de las viviendas y las acciones, y en el caso del gasto militar, en el sostenido crecimiento del déficit público. La expansión del consumo privado la proporcionaba el crédito bancario a baja tasa. A su vez, los bancos se fondeaban en el mercado de capitales en base a la generación de sofisticados productos financieros, derivados de derivados, que a su vez tenían como núcleo las hipotecas que ellos mismos generaban al conceder los créditos. En el caso del gasto público, el déficit era financiado por la emisión de Bonos del Tesoro que eran adquiridos por Bancos Centrales, fondos soberanos e inversores privados, todos ellos en busca de activos de reserva y protección. La Fed, a su vez generaba el circulante emitiendo los dólares necesarios para lubricar todo un sistema que funcionaba a altas revoluciones, impulsado por exacerbados valores de hiperconsumo y codicia. A principios del 2008 el “motor” global se recalentó y colapsó, iniciándose la debacle por “el desinfle” de la burbuja de las hipotecas subprime, seguido por el derrumbe del precio de las viviendas y de las acciones.

En los años que vienen, años de débil recuperación, el motor de la economía global bajará sustancialmente las revoluciones y por ende el nivel de actividad. El “impulsor” principal ha dejado de ser el consumo de los hogares estadounidenses y surgen varias especulaciones en torno a cual será el sustituto, al menos en los primeros años de la recuperación.

A nivel de la economía estadounidense el “impulsor”, en las primeras etapas de la recuperación, lo constituirá el gasto público. La caída en el consumo privado ha sido remplazada en buena proporción por el consumo público, generado a partir del plan de estímulo de Obama, los salvatajes sectoriales y la abultada inyección de recursos al sistema bancario -que los bancos han capitalizado y no han trasladado al crédito, como esperaba la Fed-. Lánguido panorama para la economía estadounidense hasta que no rebroten el crédito y la confianza del consumidor. Mientras tanto, más emisión y más colocación de Bonos de Tesoro, pero menor confianza en sus atributos de activos de reserva. Devaluación del dólar y aumento de la competitividad de las exportaciones estadounidenses. En resumen, a nivel de la economía de USA, una recuperación frágil, inicialmente impulsada por el gasto gubernamental, y una peligrosa disyuntiva: retiro de los estímulos y una recuperación más débil; o más estímulos y mayor déficit acrecentando el fantasma de la inflación.

A nivel global la dinámica de la recuperación surge con mayor claridad. La economía China será el gran “impulsor” de la actividad económica mundial. China no ha dejado de crecer durante toda la faz contractiva de la crisis y recientemente se ha anunciado un crecimiento del 8.9% en el tercer trimestre, lo que llevaría la tasa de crecimiento para 2009 al 8%, razón por la cual el Gobierno Chino afirmó su política fiscal activa y monetaria expansiva. Junto al sorprendente aumento de la tasa de crecimiento en el tercer trimestre, se dieron a conocer otros indicadores de la economía China que reafirman la solidez de su expansión: un ascenso anual de 34% en la inversión en activos fijos, las ventas minoristas se elevaron 15.5% en igual lapso y la tasa de avance de la producción industrial se incrementó un 13.9, superando el 12.3% del mes previo. Es importante señalar que China, cuando sufrió el primer impacto de la recesión, una caída de las exportaciones del 24%, para un país en que el comercio exterior representa el 60% del Producto, reaccionó rápidamente con un plan de estímulo de 580.000 millones de dólares, que fueron enteramente canalizados por los bancos como crédito al consumo y a las Pymes. Es así que China se perfila como el motor de arranque de la economía global y es probable que mantenga ese status durante los primeros meses, o incluso los primeros años, de la recuperación. Formidable ironía postcrisis: una economía centralmente planificada, conducida por un Partido Comunista, actuará como impulsora de la recuperación del sistema capitalista global. Pero China no está sola en ésta tarea, según las últimas estadísticas conocidas la acompañan dos economías emergentes que han iniciado con brío su recuperación: India y Brasil.

Con estas dos reflexiones, podemos adelantar una conclusión. La economía de USA perderá fuerza como motor de la economía global pero incrementará su competitividad como exportador de manufacturas y China la remplazará como “impulsor” de la economía global, fundamentalmente en las primeras etapas de la recuperación. En consecuencia, dada la estructura de las importaciones chinas, nos aventuramos a predecir que en el corto plazo los países productores de comoditties, fundamentalmente alimentos, energía y determinados minerales, se posicionarán en una situación claramente ventajosa a nivel mundial.

El Cono Sur de América Latina es una región que genera un tercio de los granos que se consumen a nivel mundial, la mitad de la carne que se exporta en el mundo y cuenta con formidables reservas de hidrocarburos y gas. Chile produce un tercio del cobre que consume China, su precio ha escalado 127% en lo que va de 2009. Además, el Cono Sur cuenta con un “motor” regional y quizás mundial que es Brasil, liderando la recuperación regional a través de la generación de mercado para bienes y servicios, cuyo comercio es favorecido por las ventajas de la zona de libre comercio que proporciona el MERCOSUR. Adicionalmente, esta crisis encontró a los cinco países del Cono Sur (MERCOSUR más Chile) con las cuentas en orden: superávit fiscal, un nivel de endeudamiento aceptable en relación al producto, alto nivel de reservas y un sistema bancario suficientemente capitalizado y estable. El futuro cercano del Cono Sur es promisorio, la recuperación llegará primero y se expresará durante el 2010 a través de tasas de crecimiento cercanas al 3 - 4%. Este año, Brasil entró en recuperación y se restablece la afluencia de capitales y la inversión extranjera; Uruguay es uno de los únicos países del mundo que presentará tasa de crecimiento levemente positiva; Argentina ha revertido la fuga de capitales y está dejando atrás las limitantes consecuencias de su default y su deuda con el Club de Paris. Iniciamos un 2010 promisorio. Para consolidar estas tendencias será necesario reconocer que China es el socio estratégico por excelencia del Cono Sur de América Latina, y en base a esta comprobación orientar coordinadamente la política comercial de la Región.

viernes, 9 de octubre de 2009

Comparto el comentario de Ignacio Bernal

Quiero compartir con todos los lectores del blog, parte del comentario a mi último articulo efectuado por Ignacio Bernal de México, ya que ilustra en forma ejemplar las profundas huellas que está dejando la crisis sobre el consumidor estadounidense y su principal activo: las viviendas.
Cuenta Ignacio al final de su excelente reflexión: “...Como dato curioso, hace unos días, fui a Atlanta con un amigo que tenía varios intereses en fraccionamientos hipotecarios alrededor de esa ciudad. Forman hoy un cinturón alrededor de esta amplia ciudad TODOS CON CASAS VACIAS NUEVAS. Cada casa enorme y hay millas de estas. Muchos de estos fraccionamientos están casi completos, con bosques, tiendas, iglesias, clubs, etc... También fui a Las Vegas. Aquí la caída es general. Es un pueblo medio muerto-increíble. No puedo pensar que todos estos millones de gentes-no van a quedar muy marcados para siempre con sus familias. Hay que ir a San Diego, o en México a sus "second homes" en Puerto Peñasco en donde hay cientos de edificios todos abandonados. Ver no solo estados de cuentas sino la imagen de la desgracia -que se repite una y otra vez- marcará a todos los habitantes de Norteamérica por mucho tiempo. El momento para lograr cambios de fondo. Ignacio Bernal.”

miércoles, 7 de octubre de 2009

Crisis Global: Macrotendencias que llegaron para quedarse

Abandonaremos el “capitalismo nacional de la opulencia” para ingresar en una “fase más austera del capitalismo global”. Será un mundo diverso en el que habrá mayor desempleo y pobreza, caída del consumo y fragilidad del nivel de actividad económica, presiones inflacionarias, mayor proteccionismo, una nueva arquitectura internacional y fuerte protagonismo de Asia y América Latina en la recuperación global. Un mundo donde el consumismo, la opulencia, la avaricia desmedida y la dominación bélica darán paso gradualmente a una mejor regulación del sistema financiero global, a una intervención creciente del estado en la prevención de nuevos desequilibrios y a una preocupación creciente por la pobreza y el cuidado del medio ambiente.

A medida que el mundo se aleja del terremoto y gradualmente se acerca a una recuperación, resulta estratégicamente imprescindible reflexionar sobre el escenario en el cual nos tocará actuar y vivir a partir del 2010. Identificar y analizar estas macrotendencias globales es fundamentalmente para anticiparnos en la redefinición de una “Visión País”, que comprenda las transformaciones estructurales que caracterizarán por varios años al contexto económico y político externo. Iniciemos este ejercicio analizando las más relevantes:

1. Caída del consumo y amesetamiento del nivel de actividad económica: Si la economía estadounidense revierte la contracción, igual asistiremos por muchos años a niveles de actividad más bajos que los que caracterizaron la última década. La propensión al consumo y la confianza del consumidor tendrán una reducción estructural significativa en USA. Los niveles de consumo se habían exacerbado de tal forma que en 2007 el endeudamiento de los hogares norteamericanos significaba un 120% del PBI estadounidense. La destrucción de riqueza, el miedo a un futuro incierto y la pérdida de empleos han generado un cambio profundo en la relación ahorro-consumo. Pienso que este cambio perdurará por muchos años, tal cual perduró luego de la “Gran Depresión”, generando un capitalismo fundamentado en valores de ahorro y austeridad que caracterizó a toda una generación. Por la fuerza de la realidad -3 trillones de riqueza destruida- los estadounidenses y el resto del mundo asistirán a un cambio de valores relacionados con la avaricia, el consumo abusivo y el endeudamiento irresponsable de quienes tomaron crédito y de quienes adquirieron el riesgo al otorgarlo. De acuerdo a Hutchinson, profesor de marketing de Wharton, “en los próximos años el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud en el corto plazo aunque se estabilice la economía”. Si bien este duro golpe al “capitalismo de la abundancia”, y a los altísimos niveles de consumo que se le asocian, constituye un gran respaldo a las preocupaciones globales en torno al calentamiento global y al agotamiento de los recursos energéticos no-renovables, presenta una contracara : menor propensión al consumo en USA condiciona un menor nivel de actividad en un país en el que el consumo interno significa el 70% del PBI, y éste un tercio del PBI mundial. En palabras de Stiglitz, en Estambul, “a partir de ahora los hogares estadounidenses tendrán que acostumbrarse a vivir "dentro de sus posibilidades" y no está claro todavía cuáles serán las repercusiones para la economía global que en los últimos años ha estado sustentada en gran medida por el inagotable apetito de los consumidores estadounidenses. Esta frase de Stiglitz identifica adecuadamente la trascendencia global de la macrotendencia de la caída del consumo en USA, y deja abierta la interrogante sobre la dimensión de su impacto sobre la demanda agregada global y el correspondiente nivel de actividad en USA y el resto del mundo.

2. Mayor desempleo y pobreza global: El mundo se caracterizará por niveles de desempleo y pobreza muy superiores a los que caracterizaron el escenario global pre-crisis. La economía estadounidense alcanzará 10 % de desempleo antes de fin de año. Desde su inicio la crisis ha destruido en USA más de 7 millones de puestos de trabajo. Situaciones similares se plantean en la Eurozona y en las economías emergentes. A nivel mundial la cifra de pobres superó los mil millones, según el último informe de la ONU. Esta situación trae asociados dos fenómenos, en primer lugar, en las economías desarrolladas se debilitará el consumo en forma sostenida, reforzando la macrotendencia anteriormente descripta y por ende el ritmo de la recuperación. En segundo lugar, a nivel global aumentarán los conflictos sociales y políticos y por ende se lesionará la gobernabilidad a escala nacional y mundial. Viviremos por muchos años en un mundo más inseguro e inestable aún.

3. Sobrevolará el fantasma de la inflación: La expansión monetaria por la inyección de dinero a la economía por parte de la Fed, fundamentalmente a través de la compra de deuda gubernamental e hipotecaria, la baja de la tasa de interés a nivel cero, los paquetes de estímulo y la capitalización de empresas estratégicas, han sido los mayores antídotos que han utilizado las autoridades estadounidenses como políticas anticíclicas para enfrentar la crisis financiera, el “colapso” crediticio y la contracción económica. Estas políticas poco ortodoxas, básicamente por el volumen de recursos financieros involucrados en su aplicación, han inflado a niveles nunca vistos las hojas de balances de la Fed, así como el nivel del déficit fiscal que supera 9% del PBI. En primer lugar, es importante destacar que la aplicación vigorosa y simultánea de estos instrumentos ha sido eficaz y nos alejó del riesgo de una depresión. En segundo lugar, a medida que nos alejamos del precipicio y nos acercamos a una e recuperación, surgen las preocupaciones asociadas a las políticas monetarias que caracterizaran la “estrategia de salida” de la crisis. A pesar de las afirmaciones de Bernanke en relación al conjunto de instrumentos a su disposición para esterilizar el excedente monetario una vez que se inicie la recuperación (elevar la tasa, pagar intereses en depósitos de la Fed, vender títulos de largo plazo) para muchos especialistas e inversores persiste un riesgo de inflación que se evidenciará con mayor fuerza a partir del segundo año de la recuperación. Yo adhiero a esta opinión. Considero que dado los volúmenes de dinero que hay que esterilizar en USA y en Europa en menor medida, el fantasma de la inflación sobrevolará a la economía norteamericana durante muchos años. No resultará sencillo reducir el déficit fiscal en 4 o 5 puntos del PBI (más de un billón de dólares), más aún cuando el presupuesto que elevó el Presidente Obama al Congreso constituye un nuevo record fiscal. Adicionalmente, los instrumentos disponibles para contrarrestar la expansión monetaria atentan contra el ritmo de la recuperación a través de limitar nuevos planes de estímulo, lo que colocará a la Fed y al Gobierno en el dilema “revitalización de la actividad versus inflación”.

4. China se consolida como “driver” de la recuperación global: Con una previsión de crecimiento cercano al 7% en 2009, China se consolida como la segunda economía mundial y "driver" de la recuperación económica. Muy dependiente de su floreciente comercio exterior, sufrió por la caída de la demanda de USA y Europa por sus productos, lo cual llevó a una fuerte contracción de sus exportaciones, cierres de fábricas y destrucción de empresas. El Gobierno Chino reaccionó rápido con visión estratégica y con contundencia financiera. El Plan de Reactivación, 580.000 millones de dólares, se orientó a incentivar el mercado interno incrementando la disponibilidad de crédito al consumo y la inversión para compensar la caída en las exportaciones, las cuales se redujeron en 21.8% interanual en el primer trimestre. Es de destacar que esta naturaleza de “driver” de la salida de la crisis y la recuperación que presenta la economía China, es extensible a India y a Brasil por la escala de sus economías y por el ritmo de recuperación.

5. Mundo financieramente interdependiente: el eje Washington - Bejing: A pesar de que la crisis surge en USA por la irresponsabilidad del sistema bancario en la adquisición de riesgo asociado a las hipotecas subprime y su posterior comercialización en el mercado de capitales “camufladas” en derivados de derivados, el activo de protección generalizado a nivel mundial son los bonos del Tesoro de USA. Esta paradoja, aunada a la internacionalización del sistema financiero, ha creado una profunda interrelación entre países más allá de los sistemas políticos que los gobiernan. Numerosos gobiernos mantienen en las reservas de sus bancos centrales importantes proporciones de bonos del Tesoro norteamericano. El ejemplo más relevante es el de China, que es tenedora de casi un tercio de los bonos emitidos por el Tesoro norteamericano (8.000.000 millones de dólares). Existe, por tanto, una “megadependencia” que ata y preocupa a muchos países, creando una red global de intereses que está por encima de regímenes políticos e incluso reivindicaciones globales. En la reciente reunión entre el Presidente Obama y su homólogo chino, señalaron que impulsarán un "diálogo estratégico y económico" entre Pekín y Washington. Esta nueva relación conformará un eje geopolítico de enorme trascendencia en la post crisis.

6. Mayor proteccionismo: Inevitablemente ingresaremos en un mundo donde predominarán por un plazo considerable los comportamientos proteccionistas a nivel global y regional, a pesar de innumerables declaraciones en sentido contrario. El proteccionismo limita el intercambio y debilita la recuperación.

7. Debilitamiento del dólar como valor de reserva: Según Stiglitz “existe la teoría cada vez más extendida de que el dólar será incapaz de mantener su actual estatus de divisa de reserva, y que conviene abrir una discusión multilateral sobre las alternativas”, que según China, India, Brasil y Rusia debería aproximarse a los actuales Derechos Especiales de Giro que utiliza el FMI para su propia cartera, enriquecido por la agregación del valor de otras monedas, como el yen.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Crisis Global: de Londres a Pittsburg mucha agua ha corrido bajo el puente.

Comparar el entorno económico y político prevaleciente durante las reuniones del G-20 de Londres y el de esta semana en Pittsburg, es una evidencia sorprendente para dimensionar la dinámica que ha adquirido la evolución de la crisis global y sus consecuencias sociales y geopolíticas. Cuando tuvo lugar el G-20 de Londres, en abril de este año, la economía estadounidense, y gran parte de la economía global, se hallaban en caída libre y nadie podía asegurar que el final no fuese el precipicio, o sea la “depresión”. Habían transcurrido siete meses de la caída de Lehman Brothers y del salvataje por nacionalización de los principales bancos ingleses. La Fed y los Bancos Centrales de la Eurozona inyectaban enormes sumas de liquidez en el sistema financiero para salvar de la bancarrota los bancos globales, inducidos por el gran temor de que pudiese acontecer una debacle financiera en el epicentro del sistema capitalista. En esta lucha desesperada por mantener en pie los bancos, se generó una gran expansión monetaria que se acrecentó aún más con los programas de estímulo a la economiza, la capitalización de empresas y los programas de reactivación sectorial que implicaron considerables niveles de subsidio, todos ellos diseñados para fortalecer la demanda privada, que se desplomaba a medida que se destruía la riqueza de los hogares por la caída del precio de las casas y el valor de sus tenencias accionarias. Pero a diferencia de la estrategia de salida de la Gran Depresión, Ben Bernake, un estudioso de la misma, sabía que la prioridad para alejarse de la debacle era mantener el sistema financiero en pie. Incluso la caída de Lehman Brothers es hoy altamente criticada; el esfuerzo monetario y fiscal de corregir sus consecuencias ha sido mucho más honoroso que lo que hubiese costado en aquel momento evitar la bancarrota de un icono global de Wall Steet. En este contexto económico, caracterizado por un esfuerzo mundial para apuntalar antes que nada el sistema bancario global, la Declaración del G-20 de Londres reflejó un amplio consenso en torno a la urgente necesidad de coordinar las políticas e instrumentos monetarios orientados a fortalecer la instrumentación de dicho objetivo y para ello reclamaba, en forma un tanto ingenua, una regulación financiera universal y un rol especial de los organismos internacionales en la supervisión de su cumplimiento, fundamentalmente jerarquizando el FMI. Evaluando la situación seis meses después de Londres, más allá de la tímida capitalización del FMI, y la sustancial disminución de las condicionalidades políticas incluidas en sus préstamos de balanza de pagos, nada trascendente ocurrió en términos de coordinación entre Bancos Centrales y menos aún en términos de articulación de políticas y regulaciones. Los países siguieron con sus estrategias individuales en relación al salvataje del sistema financiero, desde posiciones de nacionalización extremas como Inglaterra e Islandia, a posiciones intermedias como USA y menos intervencionistas como Francia y Alemania (la más restricta en cuanto al volumen de recursos). La “recuperación”, como categoría de análisis aún estaba lejos; nadie hablaba de ponerle fecha. La economía de USA y la economía global no encontraban el “piso” de la caída, se continuaba destruyendo trabajo, inversión y comercio, se acrecentaba el aluvión monetario a nivel global pero los países, salvo algunos eventos aislados, seguían y siguen enfrentando la crisis aisladamente, con estrategias nacionales muy diversas y lo que es peor aún compitiendo entre si, para capitalizar políticamente los primeros avances hacia la recuperación: “China nunca cayó en la recesión, Alemania ingresó en la recuperación; lo sigue Francia, USA podría presentar un crecimiento positivo en el tercer trimestre, Brasil finalizaría el año con crecimiento cero…” . Hoy el mundo, ante la mayor crisis de los últimos 80 años, no es el mejor ejemplo de solidaridad y cooperación. Poco incidió la Declaración de Londres. Tampoco lo hizo en materia de apuntalar el diseño coordinado de regulaciones al sistema financiero global, ni en relación al diseño de una arquitectura institucional internacional con capacidades y poder para implementarla.

A pesar de estas frustraciones, puesta en perspectiva histórica la Declaración del G-20 de Londres nos revela un hecho cualitativo valioso: el reconocimiento expreso, la toma de conciencia universal, de que somos actores de una economía global, dominada por sus interdependencias, lo que imposibilita la implementación de soluciones individuales. La crisis global mostró que la globalización no es únicamente un concepto o una bandera, es una durísima realidad o una maravillosa oportunidad y por ende, articular soluciones sustentables, requiere de enfoques globales.

Cinco meses después el G-20 vuelve a reunirse en Pittsburg. En los cinco meses transcurridos desde la reunión de Londres, la crisis ha seguido su implacable curso de destrucción: 16 millones de desempleados en Estados Unidos y 54 millones en los países de la OCD; 1000 millones, 200 producto de la crisis financiera, según anuncio ayer la ONU. El déficit fiscal en USA se acrecentó a 9.4% y por primera vez llegará a casi 2000 billones a fin de año. Los hogares estadounidenses han visto evaporarse 3 trillones de su riqueza acumulada, riqueza por otra parte que no había sido originada en el circuito productivo sino en la burbuja especulativa y por ende de muy difícil recuperación. Pero a diferencia de Londres, ha renacido la esperanza de una recuperación antes de fin de año; con forma de “V” para los más optimistas, de “U” para los optimistas-precavidos, de “L” para los pesimistas y de “W” para los analistas más visionarios como Roubini y Krugman. A pesar de que la reunión de Pittsburg se realizará bajo una tenue luz de esperanza, y no en la oscuridad de Londres, el balance de la instrumentación de lo consensuado en Londres es muy pobre, fundamentalmente en cuanto a la regulación del sistema financiero, epicentro de la crisis global. Es más, hoy la principal fuente de ingresos de los bancos de USA es el trading y ya se han reiniciado las actividades de alto riesgo y sofisticación en Wall Sreet, encabezadas por los mismos bancos, o a través de los equity funds o hedge funds, que hoy les pertenecen. Esto, en un marco que continúa desregulado, coloca al sistema financiero global en una situación más peligrosa aún de la que se encontraba en 2007, y al inversor en una situación mucho más vulnerable. Según afirmó George Stigler esta semana “se ha hecho un progreso muy pequeño en reformas regulatorias” y el momento para hacerlas “se está debilitando y los bancos están imponiendo su resistencia”. Y esta resistencia se endurece en tres puntos “innegociables” hasta el momento: esquema de bonos a sus directivos, valoración de activos a precios de mercados y participación (con el ahorro público) en la especulación financiera (función de trading).

En este entorno de tenue esperanza y grandes interrogantes hacia el futuro esperamos la reunión de Pittsburg que sabemos que se centrará nuevamente en contrarrestar la resistencia de los bancos a la reforma del sistema financiero a nivel nacional y su regulación a nivel global. Por lo tanto, la necesidad de urgentes regulaciones al sistema financiero, fundamentalmente honorarios, valoración de activos y transparencia en la división entre actividades bancarias y de trading en el mercado de capitales, fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional, fundamentalmente más recursos para el FMI y declaraciones altisonantes sobre la pobreza, el calentamiento global y los derechos humanos expresadas en una pomposa declaración. Tengo esperanza que se aborde la discusión sobre la necesidad de nuevos planes de estímulo, un tema crucial para apuntalar la recuperación, pero de alta peligrosidad en la medida que monetizar aún más economías que han batido records históricos de déficit fiscal será “pan para hoy, hambre para mañana”. No creo que la Declaración de Pittsburg haga referencia al tema crucial de esta etapa del ciclo: la coordinación de las estrategias de salida de la crisis en cada país o bloque. Si no hay coordinación la recuperación dará lugar a graves desbalances monetarios y de flujos comerciales. Veamos, sólo faltan dos días y será muy interesante conocer el fin de semana la “Declaración de Pittsburg” y ver qué piensan los líderes de las veinte naciones más relevantes del planeta en un contexto de optimismo luego de dieciocho meses de caminar al borde del precipicio. Veremos si ese pánico ha desarrollado una conciencia global en torno a la urgente necesidad de cooperación, no sólo en materia económica, pero fundamentalmente en términos de pobreza y destrucción del medioambiente.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Crisis Global: tocó fondo y se aproxima a una débil recuperación.

Los últimos datos publicados sobre el comportamiento de la economía estadounidense, así como de la alemana, francesa, japonesa, china y australiana, correspondientes al segundo trimestre del 2009 y a los dos primeros meses del tercer trimestre, han generado una oleada de optimismo en relación al fin de la faz contractiva de la economía global y en consecuencia al inicio de un frágil proceso de recuperación. La apasionante polémica en torno a la mayor crisis financiera desde la “Gran Depresión” se ha centrado, en estas ultimas semanas, en torno a la “estrategia de salida de la crisis”, la evidencia objetiva que habilite a declarar con firmeza el inicio de la recuperación y las características económicas y sociales que prevalecerán durante las primeras etapas de la expansión.

Nouriel Roubini, analista caracterizado por una posición más pesimista, afirmó recientemente: “la economía mundial tocará fondo en la segunda mitad del 2009, y la recuperación no será formalmente evidente antes del fin del año”. En una posición más optimista al principio de setiembre la OCDE anticipó: “la recesión global está llegando a su fin más rápido de lo que se pensaba hace sólo unos meses y de hecho ya parece haber terminado” (...) “incluso la recuperación podría ser ligeramente más sólida debido a que las condiciones financieras han mejorado más rápido de lo que suponíamos hace algunos meses”. Más prudente, el Presidente del FMI, dos días después declaró: “la economía global emerge de la peor crisis económica y financiera desde la posguerra y parece haber superado lo peor” (sin embargo) “Estoy preocupado por el costo social asociado al nivel de desempleo, así como su efecto sobre el ritmo de la recuperación, incluso si los mercados financieros y la producción se estabilizan”.

Posiciones más o menos optimistas, nos conducen a una primera conclusión: hoy existe un consenso casi universal en relación a que la crisis ha tocado fondo en los países centrales y algunos emergentes, como China y Brasil, y que en la peor hipótesis la recuperación se hará evidente en algún momento del segundo semestre de este año. La OCDE, en su reunión previa a la reunión del G-8, plantea incluso que ya existen evidencias estadísticas de que EEUU, y algunos países de la Euro Zona, mostrarían crecimiento positivo de sus PBI en el tercer trimestre (algunos de estos últimos por segunda vez consecutiva). Con mayor o menor contundencia, también prevalece un amplio consenso en torno a que la recuperación, al menos en sus primeras etapas, será débil. La mayoría también opina que ésta fragilidad durará algunos años, e incluso economistas como Roubini hablan de una segunda crisis en el 2011/12, lo que ha dado lugar a la conocida graficación de la crisis en USA con forma de “W”.

Para entender estos consensos, es necesario plantearnos algunas reflexiones en cuanto a los fundamentos económicos que los sustentan.

Ahora bien, para intentar dar respuesta a las principales interrogantes sobre las características del periodo de transición y la naturaleza de las primeras etapas del proceso de recuperación de la economía global, es necesario referir el análisis a la economía de EEUU, no sólo por haber sido el epicentro de la crisis financiera mundial, sino, y fundamentalmente, porque representa más de un tercio del producto bruto global.

  • El factor más preocupante se refiere al nivel de desempleo, cuya tasa es de 9.7%, la mayor tasa desde hace 26 meses. Hoy existen 14 millones de desempleados en USA, 7 millones desde que se inició la crisis. La pérdida de empleo impacta directamente sobre la debilidad de la demanda e indirectamente sobre la confianza del consumidor, cuyo gasto representa el 70% del gasto global de la economía estadounidense, a través del “miedo” que genera en la sociedad la continua destrucción de empleos, el que se une a la pérdida de riqueza experimentada por los hogares como consecuencia de la caída del valor de sus viviendas y de sus acciones. Juntos se conjugan para alterar las pautas de consumo, prevaleciendo una actitud más austera y precavida. Sin embargo, es necesario destacar que en julio perdieron 371000 y en agosto 261000, un relevante descenso de los casi 700000 mensuales que caracterizaron el último trimestre del 2008 y los 500000 el primer del 2009. Se reduce la destrucción de empleos mensuales, pero crece el número acumulado de desocupados.
  • En segundo lugar, en estos últimos meses Wall Street se ha caracterizado por subas de los índices bursátiles asociados a resultados positivos presentados por las principales corporaciones de USA. Sin embargo, llama la atención que estos mejores resultados no se corresponden con mayores niveles de ventas. Las empresas los han logrado por la vía de una fuerte reducción de costos, en muchos casos en base a grandes reestructuras que implicaron fuertes reducciones de puestos de trabajo. Esto es consistente con la destrucción de puestos de trabajo que seguimos observando en el sector privado estadounidense.
  • En tercer lugar, es necesario señalar que la mayor actividad, que se reflejó en una menor caída del PBI en el segundo trimestre, se produce en un contexto de caída del consumo privado, aquel que corresponde a los hogares estadounidenses, y de la inversión privada, fundamentalmente en el sector manufacturero. Por lo tanto, la mayor actividad que caracterizó el segundo trimestre de este año se debió fundamentalmente a una recomposición de stocks y a un mayor gasto e inversión pública; consecuencia esto último del impacto del gasto gubernamental asociado al Plan Nacional de Estímulo del Presidente Obama, muy orientado a infraestructura, subsidios y proyectos especiales.
  • En cuarto lugar, con el correr de los meses se consolida la estabilización y reestructuración del sistema financiero. Hasta junio el crédito seguía bloqueado, más aún el crédito al consumo. Sin embargo, en julio comenzó un proceso lento y gradual de restablecimiento del mismo. La ilimitada inyección de recursos de la FED y el tesoro, y el mantenimiento de las tasas de interés a niveles cercanos a cero, recientemente confirmada por la FED, están actuando sobre el “núcleo duro” de la crisis: el restablecimiento del crédito. Nuevamente de la consolidación de esta tendencia, incipiente aún, depende en gran medida que la economía se aleje de la contracción e inicie una recuperación más o menos sostenida. Esta relación conduce a una fuerte polémica entre la dirigencia política estadounidense: si este proceso no avanza al ritmo requerido ¿es necesario seguir inyectando recursos al sistema financiero para consolidar su estabilidad, recuperar el crédito y otorgarle sustentabilidad a la recuperación, incrementando así los riesgos de la excesiva expansión monetaria? La última respuesta de Ben Bernake fue SI, por lo que habrá que agregar a las interrogantes sobre la naturaleza de la recuperación las resultantes de un déficit público que supera el 9% y las consecuentes políticas fiscales para reducirlo.
  • En quinto lugar, el mercado de la vivienda en USA, centro del terremoto financiero, se estabiliza con lentitud y altibajos. Han aumentado en estos dos últimos meses el número de casas nuevas vendidas y el número de hipotecas solicitadas, pero el precio de las viviendas se ha reducido en un 15% y no ha sufrido alteración.

Se genera así una gran interrogante: ¿es necesario un nuevo plan de reactivación para asegurar el transito a la recuperación, o hay que seguir confiando en que la estabilización del sistema financiero, el restablecimiento del crédito, la recuperación de cierta riqueza a través del incremento del precio de la viviendas y de la recuperación del mercado de capitales, impactarán sobre la confianza del consumidor e iniciarán la puesta en movimiento de un circulo virtuoso que deje atrás la recesión e inicie una faz de recuperación?. Esta es la pregunta fundamental que hoy se hacen los dirigentes políticos en USA. Este mes hemos recibido señales desde la economía que nos hacen pensar que la respuesta es NO; pero debemos esperar algunos meses más para ver cómo estas tendencias, algunas veces contradictorias, se siguen expresando sobre la evolución del producto y del empleo, y fundamentalmente sobre la confianza del consumidor, cuyo gasto explica el 70 % del PBI.

Según Laura Tayson (miembro del White House’s Economic Recovery Advisory Board) no hay razón para un segundo Plan de Estímulo. Ella había opinado un mes atrás que “los Estados Unidos deberían considerar un segundo plan focalizándose en infraestructura, ya que el primero ha sido demasiado restringido”; una buena muestra del cambio en el estado de animo que provocaron las cifras de agosto. Más conservador, el Congresista Harry Read planteó que 1.5 millones de americanos habrán agotado sus seguros de desempleo y que la extensión de esos seguros puede constituir un segundo Plan de Estímulo”.

El seguimiento de la evolución de la economía en todas sus tendencias para verificar el fin de la contracción, así como la necesidad de un nuevo Plan de Estímulo para asegurar una recuperación sustentable, constituyen un nuevo estadio del análisis de la crisis: la estrategia de salida. Este apasionante tema ocupará nuestros próximos artículos.