viernes, 10 de junio de 2011

Crisis económica mundial: ¿Se desinfló el globo?

La engañosa fantasía que se pretendió imponer durante la última asamblea del Fondo Monetario Internacional de que la crisis económica global había llegado a su fin, comenzó a desmontarse hace dos semanas cuando se anunció que el crecimiento del PBI de los EE.UU. había retrocedido a 1,8% en el primer trimestre del 2011, y terminó de desintegrarse el viernes 3/6 cuando se anunció que la mayor economía del mundo solo creó 54.000 empleos en mayo, cuando los principales analistas esperaban que se crearan 165.000, lo que ya constituía un descenso frente a los 232.000 creados en abril. Como consecuencia, la tasa de desempleo creció una décima, a 9.1%. A la información divulgada por el Departamento del Trabajo de los EE.UU. se agregó un amesetamiento y posterior descenso en la confianza del consumidor. En el transcurso de las seis últimas rondas Wall Street reflejó furiosamente la desarticulación del montaje optimista sobre la recuperación económica en Norteamérica y el mundo. Desde principios de la semana pasada la confianza de los inversores se fue doblegando y los tres índices más importantes han caído a valores cercanos a los de setiembre del año pasado. La semana cerró con el Dow Jones por debajo de 12.000 puntos.

La reacción de los inversores habría sido aún peor si no hubiese sido porque a su vez, a última hora del viernes pasado, se cerró con resultados favorables un nuevo capítulo de la “tragedia griega”: el gobierno griego anunció que recibió el visto bueno de la UE y del FMI a las nuevas medidas comprometidas de austeridad y privatizaciones que pretenden reducir el déficit fiscal de 10.5 % hasta el 3% en tres años, desbloqueando así el tramo correspondiente a junio del crédito internacional de 110.000 euros ya concedido. Concretamente 12.000 millones de euros, que según los más optimistas puede abrir la puerta a 60.000 millones de euros adicionales. La noticia, mas allá de la credibilidad que puedan tener las cifras que la ilustran y la viabilidad política de implementar los compromisos asumidos por Grecia, generó un respiro al posponer el riesgo de “default” que había sobrevolado las crispadas bolsas europeas y contribuido a la desgastada confianza de los inversores en EE.UU. El “clarín” helénico resonó a última hora del viernes 3 e hizo que las bolsas europeas recortaran pérdidas y finalizaran la semana en terreno neutral. Pero el descenso retomó su curso la presente semana.

Si este “maquillaje” sobre la gravísima situación griega -su deuda asciende a 145% del PBI- no hubiese tenido lugar, peligraba toda Europa ya que el “default” griego hubiese repercutido estruendosamente sobre el débil arreglo al que llegó Portugal y la frágil situación financiera de Irlanda, y se hubiese agravado la crisis económica, social y política española.

Mientras en nuestros países vivimos la primavera del precio de las commodities, no hacemos conciencia de que el mundo desarrollado inició un nuevo ciclo depresivo y que el ritmo de la contracción se acelera cada semana desde hace más de 15 días. La recuperación ingresó en una faz “frustrante” en palabras de Ben Bernanke. Desde aquellos países que hemos conocido las repercusiones de una recesión mundial, nos surge una pregunta inquietante: ¿qué sucede realmente en la economía de los países centrales? La semana pasada Obama admitía “estamos enfrentando algunos vientos en contra”, el miércoles 8 Ben Bernanke también admitía la desaceleración de la economía de EE.UU. y evitaba hablar de nuevos estímulos. No habría un nuevo programa de estímulo por ahora y el mercado ávido de liquidez penaliza la “aparente” decisión.

Mas allá de la evidencia estadística y el reconocimiento oficial sobre el debilitamiento de la recuperación, debemos preguntarnos cuál es la verdadera naturaleza de este nuevo episodio, que no parece ser un debilitamiento coyuntural y temporario, tal cual quiere presentarlo el “relato oficial”. Desde una visión más realista, estamos ante un “globo” que se infló artificialmente en base a la inyección de una sobreoferta de liquidez -QE2 de 600.000 millones de dólares- y que está llegando a su fin sin que haya indicios de un EQ3 adicional, sino más bien una dura negociación del gobierno de Obama para superar en el Congreso el techo constitucional al endeudamiento soberano.

Es comprensible que las necesidades presupuestarias, el déficit fiscal y el nivel de endeudamiento de la economía norteamericana no permiten continuar con los sucesivos programas de estímulo económico con que se ha venido apuntalando la recuperación económica. Es probable que la respuesta “benbernankiana” a la crisis haya llegado a su fin. Lo que no estaba previsto es que luego de más de cuatro años de inyecciones de liquidez indiscriminadas, en volúmenes nunca imaginados, la economía real no exhibiese claros signos de una recuperación sustentable.

Y obviamente no la generó. Sin embargo, lo que no comunican con la sinceridad necesaria los líderes políticos de los países desarrollados, es que estamos iniciando un ciclo mucho más grave que una contracción coyuntural y temporaria como la que intenta caracterizar Obama: “últimamente son los elevados precios de la gasolina, el terremoto en Japón y las inquietudes fiscales en Europa que explican el debilitamiento de nuestra economía”.

Yo considero que el problema es más profundo. En primer lugar, los mercados han advertido que se agotó el “combustible” de los estímulos, la emisión y la liquidez. O peor aún, han concluido que para seguir creciendo EE.UU. requiere de estímulos, déficit, deuda, emisión, lluvia global de dólares: o frena la maquinita y se para la economía y sube el desempleo, o prende la maquinita y emite y se desborda de liquidez que no podrá ser absorbida y se transformará en inflación, pérdida de capacidad de compra, retracción de consumo y nuevamente recesión y desempleo. Todo este escenario con la tasa de interés casi nula. Si la tasa sube, las consecuencias se agudizan. Difícil disyuntiva a la que se agrega la crisis financiera europea, que salvo en Alemania y Francia, se expresa económica y políticamente. Reiteramos, estamos ante un “globo” que se infló artificialmente en base a la inyección de una sobreoferta de liquidez. ¿Cómo sigue este relato que ya lleva cuatro años de impensables consecuencias?

Yo pienso que hemos llegado a un punto en que deberíamos aceptar que hay un cambio profundo en varios fundamentos de la economía capitalista mundial. Algunos económicos, otros sociológicos. El consumidor cambió, no se lo “empuja a golpes de liquidez”. Hay incluso cambios de conducta y de valores. El ahorro pasó a ser una palabra y una actitud positivamente valorada por el consumidor y la sociedad. Infelizmente aún no por los gobiernos. Por lo tanto, percibimos que hay que aceptar que conviviremos con una tasa de consumo menor y en consecuencia una tasa de crecimiento menor. Wall Street no regresará a sus días de fiesta artificial e irresponsable. Las tasas de crecimiento en el mundo desarrollado se aplanarán en valores menores. Hemos bajado un escalón, un cambio en la loca carrera del crecimiento y el consumismo. Las casas no recuperarán sus valores originales, los títulos no necesariamente recuperarán los precios pre-crisis, y así muchas otras variables se ubicarán en un nivel más bajo, pero más realista. Hay que aceptar que en estos cuatro años se “quemó” un gran volumen de riqueza, y que pudo quemarse porque eran “papeles”. Poco a poco los inversores y sus agentes financieros irán perdiendo la ansiedad de una recuperación que nos retorne a valores de títulos y activos pre -crisis. Solo seguirán creciendo transitoriamente los valores de protección, que cada día se reducen a prácticamente el oro, las commmodities y los ladrillos.

La otra cara de la moneda: un crecimiento más moderado significa un escenario más favorable para el medioambiente y para los riesgos del cambio climático, mucho mayores que la desaceleración de la economía. Si no se sigue emitiendo y si los gobiernos de los países centrales moderan el gasto, lentamente la economía irá absorbiendo los excesos de liquidez, no sin turbulencias, y lentamente el mundo desarrollado irá reduciendo el gasto público, no sin dificultades políticas y sociales.

El lado más negativo de este probable escenario es la clásica ecuación económica que caracteriza la dinámica capitalista: consumo – nivel de actividad – nivel de empleo. Habrá que mirar más a China y a muchos otros países asiáticos para aprender a planificar y diseñar políticas de empleo. Seguramente tendrán un costo más bajo que los billones destinados a los varios programas de salvataje bancario y estímulo del consumo.

Mientras tanto los países emergentes continuarán su camino hacia un escenario de mayor desarrollo, quizás a un ritmo más lento si la economía y el comercio global languidecen. Están en general mejor preparados para enfrentar una contracción de la economía mundial de lo que lo estaban en 2007. Sus equilibrios macro se han consolidado, y probablemente un poco de agua fría aleje el recalentamiento y el fantasma de la inflación. Las bolsas de Brasil, India, China e incluso Argentina no se han hecho eco de las duras semanas que enfrentaron Wall Street y Europa.

martes, 31 de mayo de 2011

Precio de las materias primas: ¿Hacia un cambio de paradigma?

Los líderes de las ocho principales potencias del mundo se reunieron el pasado jueves en Deauville, Francia, para buscar soluciones a los principales desafíos globales. En el comunicado del encuentro los gobernantes concordaron, entre otros puntos, en que “el alza y la volatilidad en los precios de los commodities representan las mayores amenazas a la recuperación global”.

Esta coincidencia, que hoy nos resulta casi obvia, reafirma uno de los cambios más destacables que caracterizan el escenario global post-crisis. En América Latina, durante décadas, el pensamiento y la política económica se desarrollaron al amparo de la “teoría del deterioro de los términos de intercambio”. Esta teoría, desarrollada básicamente por Raúl Prebisch en los años 50, planteaba en términos muy simples que desde 1870 los países periféricos, esencialmente productores de materias primas, debían vender a los países industrializados una cantidad creciente de sus productos para comprar la misma cantidad de productos manufacturados por los países centrales. Este intercambio cada vez más desigual, traía aparejada una transferencia de recursos de la periferia al centro del sistema capitalista que condenaba a aquellos países al subdesarrollo. El corolario de la teoría de Prebisch fue una política de industrialización en la mayoría de los países de América Latina, ensayada en los años 60 y 70, a través de la sustitución de importaciones.

Jeremy Grantham, fundador de GMO, uno de los fondos de inversión con mayor especialización en el mercado de materias primas, en un artículo titulado “Es hora de despertarse: los días de recursos abundantes y precios decrecientes se terminaron para siempre” elabora un índice de precios de las 33 principales commodities desde 1900 hasta los primeros meses del 2011. Este índice muestra que los precios de las materias primas seleccionadas cayeron alrededor de un 70% en términos reales durante los primeros 102 años que cubre la serie analizada. Sin embargo, a partir del 2002 la situación cambia notoriamente y se inicia un incremento que en los últimos años se transforma en un verdadero “boom” que avanza, y en el cual los precios de las materias primas se incrementan en tandem.
Con casi 10 años de evidencia, sin lugar a dudas no estamos ante una fase tradicional ascendente y coyuntural de un ciclo histórico de precios. A mi entender, se ha producido un cambio de paradigma generado por un desplazamiento estructural de la demanda por commodities, básicamente suscitado por el despertar económico de China e India.

Por el lado de la oferta también han acontecido cambios estructurales importantes. El incremento en la productividad de la producción de alimentos ya se acerca a la tasa de crecimiento de la población mundial, la cual pronto excederá los 7 mil millones de personas. La expansión en la producción de hidrocarburos se acerca a su límite potencial con las tecnologías tradicionales, y el desarrollo de la producción minera cada día encuentra dificultades mayores dado su impacto medioambiental.
Si aceptamos que ha existido un notable cambio estructural en la demanda y la oferta de materias primas, y por ende un cambio de paradigma, los líderes del G-8 tienen sobrada razón en señalar el incremento del precio de las commodities y su volatilidad como un grave desafío para la recuperación de la economía global. Un nuevo desequilibrio que la economía global ha incorporado a su desempeño y que sólo podrá ser mitigado en la medida en que se genere una corrección en la tasa de crecimiento de China e India, situación que no sólo no vemos probable en los próximos años, sino que por el contrario, su expansión perecería ser la característica sobresaliente de ésta década.

Sumado a los cambios en la oferta y la demanda de materias primas, asistimos a un incremento adicional producto de la sobreoferta monetaria que en condiciones de alta incertidumbre presiona sobre el precio de los activos tangibles como son el oro, “los ladrillos” y las materias primas. En el caso de las commodities el fenómeno se ha profundizado, dado que el mercado se ha perfeccionado y por ende, la capacidad de incorporar movimientos especulativos se acrecienta. Hay muchos analistas que presagian una disminución del precio de las commodities si gradualmente desaparece la presión ejercida por la sobreoferta. No vemos que esto pueda suceder ni en el corto ni en el mediano plazo. Estamos asistiendo desde el inicio de la crisis financiera global a un incremento inusitado de la oferta monetaria como consecuencia de una política monetaria fuertemente expansiva en las principales economías del mundo. La oferta monetaria mundial se ha duplicado desde 2005. Y más allá de declaraciones, esta política no se detiene porque ha sido utilizada como único antídoto ante la contracción económica y el desempleo.

En conclusión, desde el punto de vista de la demanda y la oferta de commodities, no visualizamos un cambio sustancial que pueda afectar la tendencia ascendente del precio de las mismas. Lo que sí está en las manos de los líderes del G-8 es iniciar con urgencia y rigor un política monetaria y fiscal responsable, que reduzca los excesos y por ende, la presión que estos ejercen sobre el precio de los bienes con oferta restringida. Si esto sucediese (algo que aún no visualizamos) el precio de las commodities podría tener una corrección a la baja, ya que como vimos, existe un factor especulativo sobre el valor de las mismas.
Hemos dejado de lado las tremendas consecuencias que este incremento estructural del precio de los recursos naturales esta teniendo sobre el medioambiente y la seguridad alimentaria. También hemos dejado para reflexiones ulteriores cuál es la implicancia del cambio de paradigma que dominó la política económica de nuestros países en las décadas del 60 y 70 sobre el modelo de desarrollo que corresponde a este nuevo ciclo histórico.

Hoy por hoy, corremos el riesgo de efectuar un reemplazo histórico del modelo de sustitución de importaciones –única visión continental teóricamente estructurada pero fundamentada en un paradigma que desapareció- por una producción adictiva de commodities y un consumo creciente de bienes finales importados de China e India. Obviamente, este no es el modelo sustentable de desarrollo que debería caracterizar nuestras economías. Algunos de los países de América Latina (fundamentalmente Brasil) comienzan a definir políticas económicas exitosas en el nuevo contexto. Fundamentalmente haciendo un reconocimiento pragmático del cambio de paradigma y desarrollando, articulando e insertando en la economía mundial cadenas de producción de commodities en las cuales tienen ventajas competitivas importantes.
Falta mucho por definir, pero parecería que ese es el sendero a recorrer en futuras reflexiones.

martes, 17 de mayo de 2011

Crecimiento anémico en los países desarrollados y expansión sostenida en las economías emergentes

De acuerdo a las últimas estimaciones del FMI y a un reciente estudio del BBVA, el crecimiento de la economía mundial durante el 2011 se ubicará entre el 4 y el 4.4% del PBI global, con la particularidad que las tres cuartas partes de este crecimiento serán aportadas por las economías emergentes. La crisis financiera, a cuatro años de su explosión, comienza a desbaratar viejos paradigmas y restablecer nuevos equilibrios.

Analicemos primero qué sucede en la principal economía mundial: EE.UU. Las expectativas sobre la recuperación de la economía fueron favorables durante el primer trimestre del año; como resultado el comportamiento de la mayoría de las bolsas del mundo exhibió una clara tendencia ascendente. Sin embargo, los fundamentos económicos no respaldaban esas expectativas. Al fin del trimestre un conjunto de anuncios se volcaron en cascada sobre Wall Street opacando el optimismo de los inversores. Entre ellos se conoció que la economía norteamericana creció sólo un 1.8% en el primer trimestre de este año, frente al 3.1% en el cuarto trimestre del 2010. En claro alineamiento con esta contracción de la actividad económica, en abril el empleo creció un 14% menos que en marzo y la tasa de desempleo creció 0.2%, regresando al 9%.

Hay muchas razones para explicar esta desaceleración de la economía norteamericana, pero el progresivo retiro de los estímulos fiscales junto al aumento del precio del petróleo son, a nuestro juicio, las causas más relevantes. No existen elementos objetivos que indiquen que la desaceleración enero - marzo, que se profundizó en abril, esté en condiciones de revertirse. Más bien, las evidencias de que disponemos en relación al nivel de actividad en EE.UU. nos indican que la expansión de la economía estadounidense ha ingresado en una faz de expansión muy débil, al menos en lo que resta del año. Existen razones objetivas para sustentar este presagio.

En primer lugar, el espacio para nuevas políticas anticíclicas se ha reducido sustancialmente. La capacidad del Gobierno de inyectar dólares y generar liquidez para sustentar el nivel de actividad ha alcanzado un evidente grado de agotamiento. El 1 de julio concluye la “flexibilización cuantitativa II”, que permitió a la Reserva Federal inyectar 600.000 millones adicionales. Según lo explicitó Ben Bernanke, esta será la última compra masiva de bonos del tesoro norteamericano, que ha llevado el nivel de endeudamiento de la economía del 60% del Producto antes de la crisis, al 90% actual. Es evidente que la FED ha ingresado de lleno en la implementación de la “estrategia de salida” de la crisis, la cual era sabido que contemplaba un freno drástico a la política de expansión monetaria. Ahora surgen los costos asociados a esta faz de la estrategia: sin estímulos disponibles se frena la recuperación; los fundamentos aún no han madurado para mantener un nivel de actividad vigoroso sin respaldo fiscal y monetario. Adicionalmente, antes del 2 de agosto el Congreso deberá votar la ampliación del techo de la deuda pública que ya llega al límite legalmente autorizado de 14.3 billones de dólares. La oposición dificulta el acuerdo cuando las necesidades de financiamiento fiscal se acercan a 750.000 millones. Es posible que el acuerdo entre demócratas y republicanos para incrementar el techo legalmente permitido de endeudamiento soberano, se logre a partir de un compromiso del Gobierno de Obama de reducir drásticamente el gasto público, lo que acentuará la debilidad de la recuperación. No llegar a un acuerdo antes del 2 de agosto implicaría el default norteamericano, un hecho de una gravedad inusitada y con consecuencias inimaginables. Por esta misma razón el acuerdo llegará, pero llegará teñido de fuertes restricciones presupuestarias y de límites definitivos a la política de mayor endeudamiento; ambos factores que atentan contra la actividad económica. La política de expansión monetaria no sólo ha encontrado un límite en el ámbito de la política económica sino en la propia realidad: las necesidades presupuestarias, el déficit fiscal y el nivel de endeudamiento de la economía norteamericana no permitirán continuar con los sucesivos programas de estímulo económico con que se ha venido apuntalando la recuperación económica.
La respuesta “Benbernankiana” a la crisis llegó a su fin. Lo que no estaba previsto es que luego de más de 4 años de inyecciones de liquidez indiscriminadas, en volúmenes nunca imaginados, la economía real no exhibiese claros signos de una recuperación sustentable.

En Europa prevalecerá durante todo el año la incertidumbre y las tensiones financieras asociadas a la crisis en la Europa periférica. La reestructuración de la deuda griega se hace cada día más difícil desde el punto de vista financiero y desde el punto de vista político. No podría ser de otra forma un país en recesión, el PBI cayó el 4.5%, y su deuda pública llega al 145% del Producto. El rescate a Portugal insumirá 110.000 millones de euros, sin que el acuerdo haya producido ningún entusiasmo en la alicaída economía lusitana. La situación en Irlanda se ha convertido en financieramente inviable, con su extravagante déficit del 32% del PBI. La recesión en Grecia, Irlanda y Portugal no mueve los números de la economía mundial pero pone en alerta a los inversores sobre la situación en otras economías que sí impactan a nivel global, como la de España, donde ni siquiera se verificará el crecimiento de 0.2% del último trimestre del año pasado. Si bien los datos de abril fueron mejores en materia de empleo, en el primer trimestre los datos de destrucción de puestos de trabajo fue más intensa que en el 2010 y concentrada en la industria y en el sector servicios. No hay que olvidar que Reino Unido cerró 2010 con un 11.4% de déficit sobre el PBI y que en abril sufrió una evolución desfavorable de los índices de actividad. Con la excepción de Alemania y de Francia en menor medida, en Europa el común denominador es un bajo nivel de crecimiento que no es suficiente para mejorar los elevados niveles de desempleo que generó la crisis.

En Japón la situación fiscal es preocupante ya que deberá emprender la reconstrucción partiendo de una deuda de 200% del PBI, el mayor nivel en comparación con cualquier economía desarrollada del mundo. La OCDE ha reducido drásticamente las proyecciones de crecimiento de Japón a un 0.8%.

El mundo desarrollado enfrenta un 2011 opaco. Su recuperación económica continúa trabada por la “resaca” de la crisis que ingresa en su quinto año de presencia mundial. Adicionalmente, la “primavera árabe” ha implicado, al menos en el corto plazo, un aumento del precio del petróleo, lo que contribuye a enlentecer la actividad económica.

Frente a esta situación en el mundo desarrollado, las economías emergentes; fundamentalmente China, India y Brasil, crecerán este año, en promedio, el 8%. Los últimos datos de comercio internacional divulgados por China alejan el temor a un enfriamiento brusco de su economía. La encrucijada en los países emergentes es otra: los diferentes gobiernos de debaten entre políticas conducentes a controlar la inflación o evitar la reevaluación de la moneda. Los altos precios de los alimentos y del petróleo presionan los precios internos al alza. El alto flujo de capitales hacia las economías emergentes, huyendo de las incertidumbres financieras prevalecientes en los países desarrollados, presionan sobre las tasas de cambio revaluando las monedas locales, fundamentalmente frente al dólar, pero también ante el euro y el yen.

viernes, 28 de enero de 2011

REFLEXIONES SOBRE LA ALDEA GLOBAL: ¿QUÉ NOS DEPARARÁ EL 2011?

Iniciamos un año en que la economía global evidenciará una recuperación lenta pero sostenida. No exenta de riesgos, alta volatilidad y nuevas burbujas - lo ocurrido en Egipto, es un claro ejemplo de la inmediata repercusión sobre la economía global de hechos políticos sorpresivos y su impacto sobre la alta volatilidad de los activos: el Dow cayó 125 puntos el viernes último y se recuperó lentamente el lunes -. Hemos comenzado a transitar un año en que experimentaremos las consecuencias de China como segunda economía mundial. A su vez, el creciente nivel de articulación con EE.UU., consolida el pausado desarrollo de un eje China – EE.UU., que ordena la economía global y asegura un clima menos tormentoso y volátil. Iniciamos un año con Obama anunciando en el Estado de la Unión un límite a las inyecciones de liquidez y endeudamiento ilimitados. Con China conteniendo la inflación y “gestionando” políticamente la resistencia a la revaluación del yuan. Con Europa acuciada por graves problemas económicos y políticos, comprando tiempo para lidiar con enormes déficits fiscales, bancos desbordantes de peligrosos bonos soberanos y altas tasas de desempleo. Salvo Alemania y los países escandinavos, el resto continúa con riesgosas vulnerabilidades estructurales que nos pueden deparar nuevas sorpresas en el correr del 2011; pero con un riesgo acotado de generar contagio global, dada la disminución de su peso relativo y la consolidación del eje Pekín-Washington. Iniciamos un año con las economías emergentes, fundamentalmente Brasil e India, y algunos países más del Sudeste Asiático y América Latina, apuntalando a China como motores de la recuperación global. Como síntesis cuantitativa, iniciamos un año con una economía mundial que crecerá un 3.4%, según estimaciones del FMI; constituyéndose en el primero de los tres años que estima Stiglitz para que la economía global regrese a los equilibrios del 2007. Comparto el optimismo del más pesimista de los analistas, pero introduzco una alerta en este enunciado de corto plazo, relacionado con el alza del precio del petróleo: si su nivel supera los 130 dólares por barril, puede comprometerse el ritmo de recuperación de la economía global. Ahora desagreguemos la reflexión sobre la aldea global choza por choza:

I. EE.UU.:
El esperado discurso que pronunció Obama sobre el Estado de la Unión, introdujo un giro importante y muy alentador en torno a las expectativas sobre la primera economía del mundo y epicentro de la crisis financiera global: “Si los Estados quieren ganar el futuro, lo crucial es evitar que sean aplastados por una montaña de deuda”. Esta frase, aunada a las reiteradas menciones durante el discurso a la reducción del gasto público y a la mejora en su calidad, priorizando las inversiones que acrecienten la competitividad en una economía globalizada, constituyen un giro en el enfoque de la “estrategia de salida” de la crisis financiera y como consecuencia pone un límite a la política que venía llevando adelante la FED: inyección de liquidez para apuntalar la recuperación económica sin prestar demasiada importancia al nivel de endeudamiento, mientras no emergiese un riesgo cierto de inflación.
El discurso de Obama, muy bien balanceado entre objetivos de recuperación competitiva y políticas sociales, reconociendo a su vez la dificultad de reducir el desempleo en el corto plazo, otorgará una base política y económica, y por ende un empuje adicional, a una lenta pero sostenida recuperación de la economía estadounidense que venía procesándose con fundamentos en: a) un incremento de la confianza del consumidor, en la medida que aumenta el ahorro de las familias y se estanca la destrucción del empleo; b) mejores resultados corporativos como consecuencia de incrementos de la productividad en el sector manufacturero; c) aumentos considerables del ahorro a nivel de las familias y las empresas y, hacia el segundo semestre, d) aumento de las inversiones en el sector salud y el sector clima/medioambiente, respaldadas por los fondos federales comprendidos en el segundo paquete de estímulo aprobado en 2010.
Por lo tanto, 2011 se caracterizará por altos niveles de liquidez en EE.UU. y a nivel global, acotados por el nuevo giro de la política fiscal y de endeudamiento anunciada por el Presidente Obama, que quizás se refleje en un fortalecimiento del dólar en los próximos meses. La liquidez del sistema monetario global seguirá condicionando bajas tasas de interés, fundamentalmente en las economías desarrolladas. No debería preverse un incremento de la inflación, al menos en el correr de este año. Pero este temor, hoy algo disminuido, continuará siendo el mayor obstáculo a superar en “la estrategia de salida” de la crisis financiera. Los riesgos de experimentar aún una “U” en 2011 se acotan al comportamiento del sistema financiero, fundamentalmente de algunos bancos con carteras muy contaminadas y créditos de muy difícil ejecución. De todas maneras, el sistema bancario se seguirá reduciendo con el cierre de un número importante de bancos, lo que es sano para el sistema financiero global y fundamentalmente para el de EE.UU.
El mercado de capitales se ha serenado en los últimos meses y se ha regenerado el apetito al riesgo de forma más cauta y selectiva. El mes de enero finaliza con un Dow superando los 12000 puntos. Considero que este comportamiento se consolidará en el resto del año en relación a las acciones. La excepción la constituyen las commodities ya que si su precio sigue creciendo es posible que en el resto del año incorpore un componente especulativo y pueda constituir un riesgo de “burbuja”. Los alimentos, fundamentalmente la soja, aún no han superado los niveles de precio previo a la crisis, por lo tanto, su precio aún responde al equilibrio de oferta y demanda, pero puede superarlo en el resto del año y entrar en el riesgo “burbuja” con el resto de las materias primas.
Finalmente, en términos de la guerra de divisas, que es un partido del dólar contra todos, vislumbro una tenue revalorización del dólar y el yuan equilibrándose, y una devaluación real en los países en desarrollo frente al dólar.
El FMI en su informe revisado estima un crecimiento de la economía estadounidense de 2.6%.

II. China: Enfriará algo su economía restringiendo su política crediticia. El principal desafío para China en el 2011 es contener el aumento de precios en alimentos y bienes inmuebles. El Primer Ministro chino, Wen Jiabao, confía en lograrlo “Creo que con nuestros esfuerzos podremos mantener los precios a un nivel razonable.”, dijo en una entrevista luego del anuncio. Además, el Banco Central de China se propone durante este año una política muy prudente, lo cual ayudará a combatir la presión sobre los precios y reduce el riesgo de burbujas de activos, que fue mencionado por muchos analistas en 2010.
China tiene los mecanismos adecuados para hacerlo, fundamentalmente el control del crédito al consumo a través de su banca estatal y el control planificado de su política monetaria y, por ende, del nivel de emisión y liquidez. El otro gran tema en China para el 2011 es el inicio del tránsito de una economía basada en las exportaciones a una economía con mayor presencia del mercado interno en su dinamización. Veremos el inicio de fenómenos económicos y sociales apasionantes.

III. CEE: Es la choza más débil de la aldea. Ha comprado tiempo y seguirá durante el resto del año articulando esfuerzos para “salvar” el euro y lidiar políticamente con los enormes déficits fiscales y las elevadas tasas de desempleo que han dejado más de tres años de contracción. Alientan las exitosas emisiones de Portugal y España, aún vivos en el mercado de deuda soberana.
Salvo Alemania y los países escandinavos, el resto continúa con graves problemas estructurales: vulnerabilidades fiscales y riesgos financieros. Bancos repletos de bonos emitidos por los tesoros de países fiscalmente muy complicados. Esta situación es particularmente riesgosa en los bancos ingleses, país a su vez que fue el único en presentar una tasa de crecimiento negativa en el último trimestre del año.
El FMI estima un crecimiento de 2.2% en el 2011 para la CEE. En este contexto de bajo crecimiento y riesgo de reincidir en la contracción, pero con una capacidad de contagio global acotada por su cada vez menor importancia relativa, Alemania continuará siendo el motor de toda la Zona Euro, con un crecimiento previsto de 3.5%. Respaldará la Zona Euro y la propia vigencia y valor de su moneda pero con cautela, ya que el contribuyente alemán está agotado del esfuerzo fiscal, y por ende impositivo, que implica este liderazgo.

IV. Brasil e India: Son sin duda los emergentes que continuarán acompañando a China como motores de la recuperación global. Brasil enfrenta el gran desafío de frenar la revaluación nominal del real y aplacar el riesgo de que crezca la inflación, además de redoblar esfuerzos para aumentar la productividad y competitividad de sus cadenas de valor. Si pensamos que Brasil tiene menos de 6% de inflación, es una buena lección que dio Dilma a otros países de América Latina, como Argentina cuya inflación se calcula en 30% o más para el 2011. En el plano de las políticas sociales la continuidad del PT en el gobierno asegurará que Brasil continúe con sus políticas de reducción de la pobreza e inclusión social, expandiendo la clase media y por ende el mercado interno. Lo planteó expresamente la Presidenta en su discurso de asunción.
India crecerá un 8% en base a la expansión de su economía del conocimiento, que deberá expresarse en una mitigación de la pobreza y en mayor equilibrio territorial.

América Latina seguirá durante todo el año disfrutando de muy buenos términos de intercambio, con excepción de México, más orientado a manufacturas.
La gran cuestión para América Latina es qué países seguirán aprovechando el “viento a favor” para instrumentar cambios estructurales en infraestructura, energía y fundamentalmente, en políticas sociales que mitiguen la pobreza y la indigencia del continente más desigual del mundo.
Según el FMI América Latina crecerá en promedio durante el 2011 un 7%.

lunes, 30 de agosto de 2010

EE.UU.: ¿AMESETAMIENTO, RETROCESO O “DOUBLE DIP”?

La evolución del PBI en EE.UU. durante los últimos tres trimestres marca una tendencia claramente decreciente: 5.0%, 3.7% y 1.6%, respectivamente. Si bien estas tasas se han mantenido en valores positivos, su evolución a lo largo de los últimos nueve meses evidencia una preocupante desaceleración del crecimiento en la mayor economía del mundo y epicentro de la crisis global. A nivel político, académico y de operadores, hay al menos dos posiciones en la interpretación de esta caída de la actividad económica y su futura evolución., Conocer y confrontar ambas posiciones resulta relevante para extraer algunas conclusiones en torno a cual sería el escenario más probable en los próximos meses.

Los más influyentes académicos (Nouriel Roubini y George Stigler, entre otros) tienen una visión pesimista del futuro económico en EE.UU. y coinciden en que este proceso de caída de la tasa de expansión del PBI es la antesala del “double dip” o “W” y que continuará hasta mostrar valores negativos, lo que indicará que la mayor economía del mundo ha ingresado nuevamente en una faz recesiva, cuya profundidad y duración aún no se conoce con precisión. A diferencia de lo ocurrido hace tres años, la recesión en EE.UU., de regresar, impactará sobre una economía muy frágil: 14 millones de desempleados, la confianza del consumidor muy disminuida, un sector inmobiliario en crisis y un sistema financiero reticente y descapitalizado. Esta situación, además de deflación, traerá aparejadas graves consecuencias sociales y políticas. Ya estamos avizorando algunas tendencias sociopolíticas, de una crisis irresuelta, que se agudizarían en una recesión: creciente, tendencias antimigratorias, un vuelco del electorado hacia posiciones más conservadoras, previniendo nuevos impuestos, sentimientos xenofóbicos, etc.

A su vez, de recaer EEUU en una nueva recesión, la misma se expandirá en una economía global diversa: una Europa exhausta, una Zona Euro que se fragmenta en una Alemania que se recupera y el resto que nada en la incertidumbre; China con signos incipientes de desaceleración de su crecimiento, como consecuencia de una autoimpuesta reducción crediticia para contrarrestar tendencias inflacionarias y desactivar una posible burbuja inmobiliaria; por el contrario, América Latina y algunos países de Asia con sus economías en orden y en franca expansión. En síntesis, una economía global más débil, con un deterioro económico, social y político muy fuerte en el centro del sistema y un conjunto de economías emergentes que se han fortalecido traccionadas por China, por una tasa de interés muy baja y por la fuga y consecuente radicación de capitales e inversiones, procedentes de los países centrales.

La segunda posición, evidenciada por Ben Bernanke y compartida por la mayoría de los operadores, ya que se refleja con bastante claridad en este último mes en la evolución de los índices bursátiles de Wall Street, fundamenta su visión optimista en la lógica del ciclo económico: los factores negativos se han comportado de acuerdo a lo esperado para un ciclo de recuperación: luego de un fuerte crecimiento de recomposición de stocks y de importaciones, en una segunda etapa dichas variables se desaceleran y, finalmente, logran una relativa estabilización. Asimismo, para este análisis es de vital importancia destacar que el consumo, si bien aún débil, muestra síntomas de crecimiento. Según los defensores de esta posición, la lógica de los ciclos de crecimiento post recuperaciones, respecto a los inventarios e importaciones, sumado a una dinámica positiva del consumo, permiten estimar una muy baja probabilidad - al menos por ahora - de caer en una doble recesión. A lo anterior, se suman dos argumentos adicionales: ganancias corporativas y la posición adoptada por la Fed.

Respecto a los beneficios, y siempre de acuerdo a las cuentas nacionales publicadas el viernes último (27/08/10) las ganancias corporativas han crecido en términos anuales. Por su parte, también el mismo viernes, el Presidente de la Fed, Ben Bernanke, en su discurso en la reunión anual de banqueros centrales en Jackson Hole, fijó claramente la posición de la entidad monetaria: “estamos dispuestos a tomar medidas adicionales” para “impedir que se repitan los devastadores acontecimientos de los últimos tres años” Esto significa que la entidad monetaria, de ser necesario, utilizará todas las herramientas monetarias anticíclicas de las que aún dispone. Al discurso de Ben Bernanke responde Roubini: “la Fed está equivocada en esperar y respaldar una recuperación este año, debe empezar a pensar cómo prevenir una nueva recesión”.

En síntesis: según ésta segunda posición más optimista, basada en la lógica de las etapas de un ciclo post recesión, sumados a la férrea decisión de la Fed de cumplir con su mandato de crecimiento y estabilidad, permite inferir que gradualmente el actual escenario de recuperación iría convergiendo hacia un sendero de crecimiento sostenido con estabilidad de precios. Si este fuera el escenario futuro, la posibilidad de caer en un "double-dip" con deflación es baja.

El análisis comparativo de las dos posiciones antagónicas en cuanto a la evolución de la economía de EE.UU., nos permite inferir algunas reflexiones:

• Aproximarnos a la confirmación empírica de que EE.UU. puede caer en una nueva recesión, es emocionalmente muy fuerte. Tratamos de negarlo pero la lógica de los argumentos y la evidencia empírica, resultante del análisis del comportamiento de los componentes del PBI durante estos últimos meses, nos hacen dudar que Roubini esté nuevamente en lo cierto y que la recesión tiene forma de “W” o que Stigler no exageró con su titulo “Caída libre”.

• La posición más optimista se ha relativizado por la fuerza de los hechos. Bernanke en su exposición en el Senado de la semana pasada reconoció que el “panorama económico de los EE.UU. es inusualmente incierto” y que EE.UU. tiene por delante un período gradual y prolongado de recuperación. Advirtió sobre la fragilidad del sector inmobiliario (uno de cada siete propietarios de viviendas está embargado) y que la mayoría de los desempleados llevan más de seis meses sin encontrar trabajo. También alertó sobre los peligros del desempleo a largo plazo y reconoció que llevará muchos años reconstruir los 8 millones de puestos de trabajo que destruyó la crisis. Obviamente, esta posición no admite la posibilidad de una nueva recesión, pero el optimismo que caracterizó el comienzo del 2010 se ha diluido. Además, la crisis de deuda soberana en Europa ha impactado, menos en lo económico, pero más en las expectativas.

• Cuando Bernanke apela a la implantación de nuevas medidas adicionales para superar el deterioro del crecimiento, no especifica a qué acciones se refiere, salvo mantener la tasa de interés muy baja por los próximos dos o tres años. Y ésta omisión genera nuevas dudas porque la situación fiscal y de endeudamiento soberano está muy comprometida para pensar en nuevos estímulos. Su respuesta a un “panorama económico incierto” es una expresión que encierra un alto grado de voluntarismo monetario y económico.

• Como conclusión, ambas posiciones reconocen el deterioro y el futuro incierto, la pesimista predice como inevitable el “double dip”, la optimista confía en la lógica del ciclo y apela al efecto recuperador que generarán dudosos estímulos económicos. Ambas plantean un futuro “gris”, incluso la optimista avizora un crecimiento bajo para este año y posiblemente para el 2011 y ha retrasado los pronósticos en cuanto al ingreso a un período de recuperación robusta.

Para no perder la perspectiva y la trascendencia de este análisis, el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick, nos recuerda que desde que comenzó la crisis económica ya se han generado 60 millones de pobres más en el mundo. Imaginemos la dimensión social de un “double-dip” o una prolongación de la ralentización del crecimiento.

viernes, 9 de julio de 2010

Crisis Global: Cada vez más lejos del Keynesianismo. Cada vez más cerca del ajuste y la austeridad.

Un nuevo y crucial debate se ha instalado en torno a la “estrategia de salida” de la crisis económica y financiera global: continuar con las políticas de estimulo hasta que se vislumbre una recuperación sustentable, o iniciar un proceso de ajuste y austeridad que reduzca progresivamente los abultados déficits fiscales y niveles de endeudamiento en que incurrieron los países desarrollados para enfrentar la contracción económica y desactivar la crisis financiera. La prevalencia a nivel global de uno u otro posicionamiento estratégico puede apuntalar la debilitada recuperación o, por el contrario, conducir a una nueva contracción o, más apocalípticamente, a una “depresión”, como avizora Paul Krugman en su reciente artículo en el New York Times.

Ante una recuperación tan frágil en EEUU y una crisis fiscal tan severa en Europa, la respuesta a esta disyuntiva es crucial para el futuro de la economía global. El enfrentamiento de ambas estrategias ya generó fuertes polémicas en la reunión del G-20 en Toronto. Por un lado, Europa y Canadá proclamando el ajuste y la austeridad, por otro EEUU y América Latina respaldando el gasto y los estímulos. La polémica quedó planteada pero no obtuvo una respuesta consensuada, más bien una declaración final, que enuncia que cada país haga lo que estime conveniente y que tanto el gasto como la austeridad son bienvenidos según las circunstancias, en un marco de sustentabilidad fiscal. Este último concepto aparece por primera vez en léxico del G-20 y sesga la declaración a favor de aquellos gobiernos que proclaman la austeridad. Al igual que en Toronto, el mundo académico debate y se polariza ante ambas posiciones: gasto y estímulos o ajuste fiscal con austeridad. Para Paul Krugman, fervoroso defensor de las políticas Keynesianas, “la austeridad alemana, impuesta a otras naciones de la Zona Euro, a la inversa de lo esperado, agravará la crisis en Europa haciendo más difícil la recuperación de la economías en dificultades, como la española”. Lo mismo piensa Jorge Soros quien atacó duramente las políticas procíclicas que Alemania impone a los países más débiles de la Eurozona sin tener en cuenta las lecciones de la Gran Depresión. En posiciones similares se encuentran George Stigler, Martín Wolf y finalmente Robert Skidelsky, biógrafo de Keynes, quien criticó fuertemente la “conversión a la austeridad” y pronunció una frase que resume magníficamente lo crucial de una decisión en uno u otro sentido: “Estamos por embarcarnos en un experimento trascendental para descubrir cuál de las dos historias de la economía es la verdadera. Si la consolidación fiscal demuestra ser el camino a la recuperación y el crecimiento rápido, entonces deberíamos enterrar a Keynes de una vez por todas. Si en cambio, los mercados financieros y sus lideres resultan ser tan “supertontos” como Keynes pensaba que eran, entonces es necesario enfrentar como es debido el desafío que plantea a un buen gobierno el poder financiero”. Del otro lado se encuentran los líderes europeos más importantes, entre ellos Jean-Claude Trichet, Presidente del Banco Central Europeo, quien sostiene que el ahorro fiscal incrementará el gasto privado reduciendo la incertidumbre respecto de la política impositiva y la deuda del gobierno. También acompañan esta posición los Republicanos en EEUU y en particular la nueva dirigencia inglesa, particularmente la Ministra de Economía Christine Lagarde, que en una posición un poco diferente a los “ultra austeridad”, afirmó que no existe una contradicción entre rigor fiscal y recuperación e introdujo el termino “riguperación” al cual definió como “un equilibrio sutil entre las medidas de responsabilidad fiscal y crecimiento, en una situación difícil”.

Indudablemente estamos ante posiciones muy diversas y en este contexto es difícil abordar el análisis para acercarnos a una respuesta a la interrogante que nos hemos planteado, y que hoy se plantea el mundo económico: ¿estímulos o austeridad? Tampoco existe una teoría económica que pueda ser utilizada para predecir la evolución de una crisis financiera y económica con epicentro en el corazón del mundo desarrollado. Sólo disponemos de análisis expost sobre la “Gran Depresión”, de los cuales se puede extraer algunas lecciones, pero cuya extrapolación al análisis de la crisis actual es muy relativa, ya que ambos contextos y entornos eran muy diversos; fundamentalmente en relación a la globalización del sistema financiero, las comunicaciones, la economía y la política. Hoy la teoría económica ha dejado de liderar el análisis, se va construyendo teoría y verificando hipótesis en forma empírica, a medida que se extiende y expande la crisis. Todos los días aparecen nuevos fenómenos financieros y económicos cuya naturaleza y repercusiones, en un mundo completamente interconectado, nos sorprenden por inesperados.

Por lo tanto, abordar el inicio de un debate más consistente en la controversia entre gasto y austeridad requiere acudir a identificar aquellos rasgos de la realidad más relevantes a esta disyuntiva estratégica: 1) No existen dudas en cuanto a que la economía y las finanzas están completamente globalizadas, por lo tanto las acciones que adopte un país o región frente a la crisis repercutirá a nivel global. El “laissez-faire” sin consecuencias de la Declaración de Toronto es ingenuo; 2) Por otro lado, se reconoce que a pesar del alto grado de globalización existen realidades particulares: la CEE y la Zona Euro constituyen esquemas superiores de integración que deben velar por sus conquistas, más allá de que triunfen o fracasen en el intento; 3) EEUU es la economía más grande del mundo y el principal mercado, su motor lo constituye el gasto de los consumidores que explica el 70% del producto. Aquí la reducción del gasto puede tener repercusiones enormes para EEUU y para la economía global; 4) En cualquier circunstancia la salida de la crisis será lenta, quizás lleve aún muchos años regresar a los niveles de actividad, empleo y comercio que caracterizaron los primeros años de este decenio; 5) Durante muchos años el mundo desarrollado tendrá que liderar con altas tasas de desempleo; hoy hay 47 millones de desempleados en los países desarrollados y fueron destruidos 14 millones de empleos durante la crisis; 6) El rol de los BRICS, y de otros países de América Latina, Asia y África es fundamental para mantener los niveles de actividad y comercio en el periodo de transición hacia un escenario global de mayor crecimiento y regeneración de empleo; particularmente en lo que se refiere a China , cuyo nivel de actividad es cada día más relevante para sostener la demanda global. Ninguno de ellos ha generado durante la crisis los desequilibrios fiscales que caracterizan al mundo desarrollado, quizás porque muchos de ellos sufrieron sus propias crisis y habían iniciado el ajuste con anterioridad. No tienen urgencia de aplicar políticas de austeridad sino de crecimiento, de innovación, de inclusión y de fortalecimiento de su base exportadora.

En el marco de esta realidad, nos vemos tentados a concluir, en forma muy preliminar, que Europa requiere implementar una política de “riguperación” retomando el término de Christine Legarde. Los niveles de déficits y endeudamiento fundamentalmente de los “PIIGS” eran insostenibles y hacían peligrar todo el esquema de integración Europeo. Sin embargo, deberán ser concientes de que el objetivo de reducir el déficit de cada país al menos a la mitad para el 2013, acarreará consecuencias sociales y políticas graves.
Lo que puede ser válido para Europa, no es válido para el resto de los países. Jean Claude Trichet destacó que “los drásticos y simultáneos esfuerzos fiscales realizados por los gobiernos de los países de la Zona Euro, evitaron una segunda crisis financiera, lo que habría enviado al bloque a de vuelta a la recesión” Considero que aún es demasiado riesgoso iniciar una política de reducción del gasto fundamentalmente en EEUU y en los BRICS. Aunque la oposición a Obama en el Congreso desafía el Keynesianismo con el cual EEUU enfrentó inicialmente la contracción. Hace unos días los temores del Congreso respecto del déficit frustraron los esfuerzos de la gestión de Obama por aprobar un nuevo mini estimulo. No queremos imaginarnos qué sucedería si las elecciones de noviembre no lo favorecen.

En conclusión, de Pittsburg a Toronto mucha agua ha corrido bajo el puente: mientras que en la reunión del G-20 del año pasado las grandes economías impulsaron un estímulo keynesiano global, al prometer un estímulo fiscal del 2% del PBI mundial para apuntalar la demanda, en la reunión de junio los países desarrollados se comprometieron a reducir sus déficits para respaldar un ajuste fiscal colectivo de alrededor del 1% de su PBI combinado el año próximo, la mayor contracción presupuestaria sincronizada en al menos cuatro décadas.

Es probable que el resultado no sea otra depresión del estilo Hoover, pero seguramente será una recuperación más débil y mucho más lenta de la que habíamos previsto cuando el Keynesianismo aún prevalecía sobre la austeridad.

miércoles, 23 de junio de 2010

La herencia de la crisis: profundas transformaciones en el capitalismo global.

La explosión de la burbuja de endeudamiento soberano en Europa y la debilidad de los bancos alemanes y franceses por sus altos niveles de exposición, así como la persistencia de altas tasas de desempleo y pérdida de confianza del consumidor en USA, han reanimado la polémica en torno a los plazos y la naturaleza de la salida de la crisis económica mundial. ¿Estamos simplemente ante una postergación de los pronósticos optimistas del FMI y la OCDE en cuanto al inicio de la recuperación? ¿o nos acercamos a la verificación de la predicción de Nouriel Roubini de que la recuperación tiene formato “W”? ¿o sentimos el vértigo de la “Caída Libre” de las economías centrales que analiza Joseph Stiglitz en su reciente libro del mismo nombre?, ¿o más apocalípticamente asistimos al inicio de la declinación final del capitalismo tardío que se aventura a avizorar Santiago Becerra en su best seller “El crash del 2010”?. No lo sabemos, ni nadie hoy puede asegurarlo con absoluta certeza. Sin embargo, podemos afirmar que existen evidencias estructurales que nos permiten intuir que la crisis del 2007, aún no resuelta, reformulará profundamente el sistema capitalista global y el actual orden económico internacional. Veamos.

Para iniciar esta reflexión es necesario hacernos una primera pregunta que tiene una respuesta muy compleja, pero que trataremos de simplificarla concentrándonos en lo esencial: ¿cómo funcionaba el motor económico global hasta 2007? En la precrisis, este motor era movilizado por un único y potente “impulsor”: el insaciable apetito del consumidor estadounidense y la belicosidad del Gobierno encabezado por Jorge W. Bush. Juntos generaban una potente demanda global que se respaldaba, en el caso de los hogares estadounidenses, en su creciente riqueza como consecuencia del incremento sostenido del precio de las viviendas y las acciones, y en el caso del gasto militar, en el sostenido crecimiento del déficit público. La expansión del consumo privado la proporcionaba el crédito bancario a baja tasa. A su vez, los bancos se fondeaban en el mercado de capitales en base a la generación de sofisticados productos financieros, que a su vez tenían como núcleo las hipotecas que ellos mismos generaban al conceder los prestamos. En el caso del gasto público, el déficit era financiado por la emisión de Bonos del Tesoro que eran adquiridos por Bancos Centrales, (fundamentalmente el Chino) fondos soberanos e inversores privados, todos ellos en busca de activos de reserva y protección. La Fed, a su vez, generaba el circulante emitiendo los dólares necesarios para lubricar todo un sistema que funcionaba a altas revoluciones impulsado por exacerbados valores de hiperconsumo y codicia. A principios del 2008 el “motor” global se recalentó y colapsó, iniciándose la debacle por “el desinfle” de la burbuja de las hipotecas subprime, seguido por el derrumbe del precio de las viviendas y de las acciones. Para dar apenas algún ejemplo de este consumismo desatado, en España la gente cambia (o cambiaba) de celular cada 2.5 meses y en EEUU de auto cada 2.5 años. Esto además de absurdo es financiera y ambientalmente insostenible.
Al estallar la crisis en 2007, todo este perverso mecanismo de inducción de hiperconsumo “explotó” y ésta explosión ha generado cambios profundos en la economía mundial. En primer lugar, desde su inicio la crisis en EE.UU. ha destruido aproximadamente 14 billones de riqueza, cifra similar al Producto anual de ese país, y se han destruido más de 7 millones de puestos de trabajo. Esa riqueza no se regenerará porque era ficticia, fue estructurada en base a sofisticados artilugios financieros y “desapareció”. En consecuencia el consumo de los hogares estadounidenses -que explican 70% del Producto- descendió varios escalones y hoy constituye el punto de partida de la recuperación económica. Lo mismo sucede en Europa, la repentina riqueza fue remplazada por una enorme deuda que en muchos de los países de la CEE duplica y hasta triplica el PBI. Más grave aún que EE.UU., en el viejo continente el desempleo oscila entre el 10 y el 20% y tenderá a crecer en el próximo quinquenio como consecuencia de los “brutales” pero inevitables planes de ajuste cuya implementación, en diferente grado, han iniciado los países de la CEE.
En segundo lugar, se ha generado un profundo cambio cultural en el consumidor estadounidense y europeo. Los niveles de consumo se habían exacerbado de tal forma que en 2007 el endeudamiento de los hogares norteamericanos significaba un 120% del PBI estadounidense. La destrucción de riqueza y la pérdida de empleos han generado un cambio sensible y duradero en la relación ahorro-consumo. Pienso que este cambio perdurará por muchos años. De acuerdo a Wesley Hutchinson, profesor de Marketing de Wharton, “en los próximos años el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud en el corto plazo aunque se estabilice la economía”. En consecuencia, presenciaremos por un tiempo un capitalismo austero y por lo tanto económicamente deprimido. Las bajas tasas de crecimiento y las altas tasas de desempleo que se han instalado en EE.UU. y Europa permanecerán por un largo periodo de tiempo. Además, las empresas han dado respuesta a la contracción de la demanda global con profundos planes de reestructura, anclados en la reducción del personal. En consecuencia, el alto nivel de desempleo se ha transformado en un problema estructural y, por lo tanto, hemos ingresado en un mundo liderado por un sistema capitalista central con alto grado de rigidez en la generación de nuevos empleos.
En tercer lugar, independientemente de la aprobación de la reforma financiera de Obama, no volveremos jamás a un proceso de adquisición de riesgo con los niveles de irresponsabilidad que caracterizaron los primeros años de este siglo. Por lo tanto, no existirá por muchos años un otorgamiento de crédito relevante por parte del sector financiero a favor de los individuos (mercado hipotecario y crédito al consumo) ni a favor de las pequeñas y medianas empresas, que estimule en forma importante la demanda global. En otras palabras, la “recuperación” no tiene aún un correlato claro en la economía real y productiva.
Frente a este panorama en las economías centrales, las economías emergentes de Asia y América Latina, fundamentalmente los BRICS, pero también economías más pequeñas como Perú, Uruguay y Malasia, entre otras, están asistiendo a un fenómeno de signo contrario. Sustentadas por el precio alcanzado por las materias primas, la mayoría de estas economías han instrumentado políticas anticíclicas orientadas a estimular el consumo interno dentro de niveles de endeudamiento y déficit fiscal razonables, en el marco de la exitosa política de acumulación de reservas. China, con un plan de incentivos de 750.000 millones de dólares correctamente administrado, y efectivamente trasladado a apoyar el consumo y las pequeñas empresas, se ha transformado en el motor de la economía global: su Producto crece al 9% y sus exportaciones crecieron un 50%. Tiembla China y se desmoronan las bolsas, como ha sucedido esta semana con las reacciones ante la reevaluación del Yuan (gradual y administrada). Una recuperación débil y sinuosa en los países centrales y un crecimiento vigoroso en gran parte de Asia y América Latina: según CEPAL, crecimiento del 4% a 4.5% para AL en 2010. La mejora económica será encabezada por Brasil con tasas cercanas al 7% seguido de Uruguay y Perú que se aproximarán al 6%. Esta dicotomía se inscribe en el marco de un nuevo orden económico internacional centrado en un poderoso eje: China – EE.UU. La evolución de este eje en lo político, comercial y monetario irá graduando la evolución de la economía mundial por muchos años y en consecuencia el ritmo y el plazo de la recuperación.