miércoles, 15 de mayo de 2013

Un fantasma recorre Europa: el populismo xenofóbico y antieuropeísta.

La prolongada crisis financiera que ha sumergido a Europa en un profundo deterioro económico y social, reflejado en desconocidas tasas de desempleo (26.3 millones, el 10.9 % de la población del bloque), recesión (que según el último informe de la Comisión Europea continuará hasta el 2015) y recorte de los servicios sociales, se traduce ahora en la sorpresiva explosión electoral de un nuevo fenómeno político: el populismo xenofóbico, antieuropeísta y de extrema derecha.

El modelo político más elaborado de Democracia y del Estado del Bienestar desarrollado durante siglos en el viejo continente, está siendo desafiado por una expresión política que adquiere diferentes versiones y que tiene múltiples facetas, pero que comparte un racimo de motivaciones. Son movimientos que en primer lugar expresan un profundo descontento con el estado de situación que va dejando la crisis económica, fundamentalmente con su tendal de desocupados. Han perdido la esperanza y presentan un profundo temor al futuro y una fuerte hostilidad “al mundo externo”, específicamente hacia la UE, a las fuerzas de la globalización, a los inmigrantes y a los extranjeros.
La lucha contra la inmigración siempre aparece como el gran aglutinante, acusada de “robar” empleos, de ser el principal actor de la inseguridad y la delincuencia. Reivindican gobiernos fuertes, líderes autocráticos y desprecian las instituciones y los viejos partidos que han caracterizado el panorama político de la UE desde su conformación. Todos son profundamente nacionalistas.
Su más reciente expresión fue el éxito del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) en Gran Bretaña. Este partido de derecha advenediza, marcadamente antieuropeo y anti-inmigración, que el propio David Cameron definió como un conjunto de “pasteles de frutas, locos y racistas salidos del armario”, obtuvo el 25% de los votos en las elecciones de los consejos municipales que se disputaron el domingo pasado. Pero el UKIP no está solo en su éxito electoral. Desde el Frente Nacional de Francia hasta el ecléctico movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia, hasta el racista y antisemita Jobbik de Hungría, los populistas, que destilan desprecio por la UE y la inmigración, están obteniendo entre 10% y 25% en las elecciones que participan y, en algunos casos como el de Beppe Grillo en Italia y muy pronto el UKIP de Gran Bretaña, llegan a jaquear la gobernabilidad y marcar agenda.

Los errores políticos cometidos por muchos de los gobiernos de la UE y por la propia Unión Europea, y más específicamente por la conducción germánica de la Zona Euro, han colaborado a que el “euroescepticismo” se haya transformado en “eurofobia”; sentimiento que ha generado un apropiado caldo de cultivo para las corrientes populistas y movimentistas. El desempleo y la migración han agregado un ingrediente político adicional para que la “eurofobia” adquiera una connotación ideológica nacionalista y derechista; y la inoperancia de los partidos tradicionales en la búsqueda de soluciones eficientes a la crisis aportó el descreimiento en las instituciones y el reclamo por liderazgos autocráticos.
Las consecuencias de los resultados electorales favorables al populismo ya muestran sus evidencias y efectos sobre el escenario político europeo, que se irán acrecentando a medida que la crisis y el desempleo se agudicen.

El Primer Ministro Cameron, más allá de denostar al UKIP, tomó nota del giro político de sus propias bases y aprovechando el discurso de la Reina ante el Parlamento, imprimió un giro más a la derecha a su política anunciando frenos a la inmigración y límites al acceso a las prestaciones sociales. Aún queda pendiente el pronunciamiento sobre el referéndum relativo a la permanencia de Inglaterra en la UE y el consecuente riesgo de que la incidencia del populismo lo obligue a cortar amarras del destino europeo.
Beppe Grillo paralizó la política italiana durante semanas impidiendo la formación de un nuevo gobierno. No será fácil para el joven Primer Ministro lidiar con un parlamento fragmentado y con un fuerte componente antieuropeísta.
En Francia, el gobierno de Francois Hollande festejó su primer año con una multitudinaria manifestación de protesta y una abrupta caída de la popularidad. Seguramente, si las elecciones fuesen hoy, el Frente Nacional capitalizaría electoralmente ese descontento populista.

Pero más allá de su caracterización y la constatación electoral de su crecimiento, ¿qué tendencia se esconde detrás de este fenómeno, populista xenofóbico y antieuropeísta?
En primer lugar una concepción del sistema político antidemocrático. Mientras la democracia se basa en la confrontación de perspectivas diferentes y opciones políticas alternativas, el populismo da por sentado que hay una única solución que abarca todos los problemas, por lo que el debate político es innecesario, el pueblo tiene una sola voluntad y lo importante es representarla: en el caso de Europa abandonar la UE, el Euro y echar a los extranjeros. Simple.

El escritor español Valenti Puig en un vibrante alegato en El País de España del 4 de mayo, advirtió sobre la tendencia y los riesgos políticos que el populismo implica: “de calar esta prédica en las clases medias el riesgo es de importancia. Invita a augurar unas elecciones europeas en las que en poco más de un año, la kermese populista avanzaría como un espectro expansivo. La declinación precipitada de las clases medias podría alterar el sistema y propiciar en las respectivas elecciones nacionales la ingobernabilidad por fragmentación”.

No queda duda de que el análisis de la crisis financiera de Europa trasciende los indicadores económicos y sociales. El escenario político se agrava a medida que las políticas de austeridad se profundizan.
Al riesgo de una prolongada recesión y la fragmentación de la Zona Euro, sobre el cual mucho ya se ha escrito, se agregan los riesgos de ingobernabilidad como consecuencia del crecimiento electoral del populismo que ya se han visto reflejados en Grecia, Italia e Inglaterra. En consecuencia, no sólo no alcanzará con aportar 500 mil millones de euros al ESM o bajar las tasas de interés, sino que será necesario el surgimiento de sólidos y efectivos liderazgos políticos en el marco de los partidos democráticos, que sean capaces de aglutinar a la sociedad en torno a la recuperación de la fe en un mejor futuro, de más europeísmo como estrategia de salida de la crisis, así como el reconocimiento de las ventajas de la tecnología, la innovación, la apertura y la globalización como pilares fundamentales de un desarrollo europeo y global sustentables.

jueves, 18 de abril de 2013

Nuevos Paradigmas y Tendencias de la Economía y la Sociedad Global


Este artículo pretende ser el primero de una serie en que nuestras reflexiones intentarán apartarse del análisis coyuntural de la crisis para reflexionar en torno a las tendencias (o en algunos casos los paradigmas) que caracterizarán el nuevo ciclo económico que debemos enfrentar como país y como individuos. Comencemos por cuatro paradigmas que considero los más consolidados, y si bien sus orígenes trascienden hacia el pasado el inicio de la crisis, la consolidación y profundización de su presencia en el presente hace prever su fuerte incidencia en el direccionamiento de la economía global en el futuro.

1. La fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción

 En la última década se ha producido un verdadero movimiento sísmico en el proceso de producción global. Cientos de grandes empresas de EEUU y algunas europeas, han desplazado parte o gran parte de su cadena de producción y distribución a China, India y otros países asiáticos, traccionadas por las ventajas competitivas proporcionadas por bajos salarios, recursos humanos de aceptable calidad a nivel técnico y gerencial, y un mercado interno en franca expansión en los países receptores. Esto ha generado la fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción, el cual se ha convertido en un proceso “desnacionalizado” que aleja y fragmenta los conceptos de “nación” e “industria” y diluye la categoría que dominó el análisis del capitalismo industrial, la toma de decisiones y la generación de políticas durante décadas: “la industria nacional”. Este profundo cambio estructural es un nuevo paradigma cuya profundización se irá acrecentando en la medida en que la internacionalización industrial y su fragmentación, se vean facilitadas por la experiencia, la tecnología y los avances en materia de comunicación, transporte y logística.

2. La universalización y homogenización de las pautas de consumo

 Concomitantemente a la internacionalización y fragmentación del proceso de producción, se ha consolidado un proceso de universalización y homogenización de las pautas de consumo a nivel mundial. Este paradigma tiene ya un largo periodo de iniciación, pero ha tenido un fuerte avance en esta última década, fundamentalmente alentado por el crecimiento de la clase media en los países emergentes de Asia, África y América Latina. Solamente en el caso de China, en los últimos treinta años 700 millones han salido de la pobreza y se han incorporado a la clase media. Este nuevo fenómeno de crecimiento de la clase media en varios países emergentes es la base estructural de la globalización de las pautas de consumo y, en consecuencia, la presencia universal de las grandes marcas, incluyendo las marcas de lujo como correlato del incremento de indios y chinos en la  lista de los super-billonarios en Forbes. La tendencia que se origina en este nuevo paradigma se acentuó en la crisis financiera mundial, en la medida en que dos tercios de la tasa de crecimiento del producto global se originan en los países emergentes. Para dimensionar este mundo emergente basta con recordar que ya son ochenta los países que crecen a una tasa superior a la de EEUU. Si este proceso continuase con similar ritmo y tendencia, la clase media global que hoy asciende a 1800 millones de personas, alcanzaría 4900 millones en 2030 (sobre una población mundial de 8300 millones) y su crecimiento tendría lugar en un 80 % en los países emergentes. En dos décadas el mundo se convertiría en una sociedad de clase media, enmarcada por dos grupos: grandes millonarios y una enorme proporción de pobres habitando países que, por dotación de recursos naturales o mala praxis política, se “desengancharon” del proceso de emergencia. Una sociedad global con una clase media emergente, una concentración de riqueza cuantitativamente inimaginable y como consecuencia una creciente desigualdad entre ambos extremos de la curva de distribución del ingreso.

3. La subordinación de la producción y el consumo al capital financiero

El tercer paradigma es la profundización y globalización de una vieja previsión marxista: el control del proceso productivo por el capital financiero. Al análisis de los clásicos sobre la dialéctica capitalista hay que adicionarle la sofisticación, profundidad y alcance que este fenómeno ha tenido sobre el capitalismo global. Desregulado y globalizado, el sistema financiero exhibió la capacidad de dominar, controlar y funcionalizar el proceso de producción y a la sociedad en su conjunto a sus propios intereses: la generación de riqueza se aparta gradualmente de sus funciones originales de adquirir riesgo para financiar el consumo y la generación de bienes (propias del capitalismo industrial) y se traslada a la especulación y las malas prácticas, entre otras, la estructuración de sofisticadísimos productos que disfrazan activos tóxicos y prometen altas ganancias de corto plazo. Todo potenciado por el constante desarrollo de la tecnología y las comunicaciones. Gradualmente la energía de la generación de riqueza se traslada hacia la generación y adquisición de papeles y no de bienes, origen la crisis mundial en la que aún seguimos inmersos. Alcanzó su máxima expresión al final del gobierno de Bush, donde el grado de desregulación, iniciado en la presidencia de Clinton, exhibió su máximo alcance. El gobierno de Obama ha frenado en parte este perverso proceso de desregulación bancaria y del mercado de capitales. Lo mismo ha ocurrido en Europa con varias iniciativas encaminadas por el Banco Central Europeo, como el camino iniciado hacia la Unión Bancaria y las exigencias de capitalización bancaria. Pero la intrincada red institucional vuelve muy lento el proceso de toma de decisiones en la Unión Europea y el sector financiero continúa tomando ventaja de la crisis de deuda soberana y restringiendo – o congelando – el crédito a empresas y familias, lo que obstaculiza la recuperación y agrava la crisis económica, social y política en la que está sumergida Europa, fundamentalmente Europa Mediterránea.
No hay duda de que los bancos son las nervaduras por las que corre la sabia del sistema capitalista: el crédito. Por ende, son irremplazables para que la producción, el consumo y el comercio se desarrollen. Esto aconteció durante décadas desde la revolución industrial. Pero cuando el capital financiero, bancos y mercado de capitales se dejan liberados a su propia dinámica y voracidad, de plataforma impulsora de la economía real pasan a ser protagonistas de su asfixia. El management se escinde de la propiedad y la dinámica de esta asfixia se acelera: la lógica del management es aún mucho más voraz y cortoplacista. La economía pasa a ser un mundo de papel, cuyos valores se generan y se queman dependiendo más de variables especulativas que de parámetros vinculados al trabajo, la inversión, la rentabilidad y la innovación. Esta batalla por la regulación del sistema financiero y para que éste regrese, o se acerque a su función original, caracterizará las próximas décadas. El resultado es obviamente incierto. Sólo para pensar: la regulación, e incluso la propiedad de los bancos chinos por parte del Estado es muy amplia; quizás esté ahí la gran diferencia en el éxito del capitalismo asiático frente al occidental y japonés. Son aún capitalismo.

4. La crisis y reformulación del Estado del Bienestar

En muchos países europeos el Estado del Bienestar había alcanzado su apogeo como modelo económico-institucional capaz de generar riqueza, bienestar y mejor distribución del ingreso. Con la crisis de deuda soberana se levanta el velo del origen de esta ficción y aparece un Estado altamente endeudado y un sector público deficitario, derrochador, corrupto en muchos casos, pero con una gran habilidad para emitir y colocar deuda a bajas tasas, encubiertas bajo la figura del Euro, una moneda con un supuesto gran respaldo. Por supuesto que el sistema financiero (fundamentalmente el alemán) jugó su rol y fue cómplice de esta ficción en torno a la emisión de grandes volúmenes de deuda soberana para financiar un déficit presupuestal con el que se financiaba el show del Estado del Bienestar en Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y otros países europeos.
La destrucción de esta estructura en países que hasta hace pocos años lo proclamaban como referencia a escala mundial, así como su reformulación, serán protagonistas de varios años de arduo trabajo y sufrimiento para los países que han vivido su crisis y que enfrentan, con mucho descreimiento, su recuperación reformulada. Habrá que analizar con más detenimiento la organización institucional predominante, así como el proceso de generación y distribución de bienes públicos en varios países nórdicos, en los cuales el Estado del Bienestar ha resistido los embates de la crisis global y de Europa en particular.

La consolidación y profundización de estos paradigmas configuran un escenario económico global en el cual el sistema financiero (más regulado) continuará controlando el proceso de producción que avanzará en su internacionalización y segmentación, orientado a satisfacer pautas de consumo homogéneas y globales. 

viernes, 28 de septiembre de 2012

El Euro ingresa en una batalla decisiva por su supervivencia.


Luego de un verano seco y caliente, se globalizó la ilusión de que el otoño depararía un poco más de tranquilidad sobre Europa, sus mercados y fundamentalmente sobre las economías más afectadas por la crisis. Esta ola de optimismo que caracterizó agosto y el inicio de setiembre, tuvo su origen primero, en la firme declaración del Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi: “a pesar de que la economía caerá en Europa en 2012 el Euro es invencible” y la contundente defensa después del Programa de compra de bonos de deuda soberana que realizaría el BCE a aquellos países que expresamente la solicitasen. Esta medida tiene un objetivo muy preciso y su instrumentación un efecto muy directo sobre la crisis de deuda soberana que agobia a muchos países europeos: contribuir con los gobiernos que la soliciten a bajar la prima de riesgo y, por ende, la tasa de interés a la cual colocan los bonos de su deuda soberana. En consecuencia, este Programa de compra de bonos soberanos en el mercado primario por el BCE, inyecta liquidez y actúa como “corta fuego” en contra de los cada vez más frecuentes ataques especulativos contra las economías más afectadas por la crisis, fundamentalmente España e Italia. A su vez, colocar un piso sobre la tasa de interés a que los gobiernos de la Zona Euro emiten sus bonos soberanos tiene un efecto fiscal y presupuestario relevante dados los enormes volúmenes de endeudamiento. Italia este mes llegó a un nuevo récord de endeudamiento de 1972 billones de Euros.

Pero este “salvataje” país no es gratis para los gobiernos que lo soliciten. Primero deberán explicitar públicamente su incapacidad para controlar la economía y fundamentalmente la falta de confianza del mercado de capitales en su gestión y en la generación de confianza. Por eso se resisten a pedir la ayuda que el BCE les ofrece.
La sola enunciación del Programa tuvo una inmediata y favorable respuesta de los mercados. Al inicio de setiembre la prima de riesgo de España e Italia bajó considerablemente y, consecuentemente, la tasa de interés que les exigió el mercado por sus colocaciones de bonos soberanos. Hasta Grecia pudo colocar en esa semana 1360 millones de Euros con interés en baja. Parecía que la crisis había encontrado un nuevo rumbo. Con esta evidencia en mano, Bruselas y el propio BCE iniciaron, y continúan haciéndolo, una fuerte presión, fundamentalmente para que adhieran al Programa de bonos.

El clima de optimismo se acrecentó luego del anuncio de Draghi, cuando el Tribunal Constitucional Alemán autorizó la puesta en marcha del Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEDE), que es un fondo dotado inicialmente de 500 billones de euros, que podrá prestar dinero a los países con dificultades, previa aprobación por parte de las autoridades europeas de un “rescate” solicitado por alguna de las economías en problemas. También podrá comprar deuda de un Estado en el mercado primario (una emisión) y en el mercado secundario (donde se cambian los títulos en circulación). El MEDE debería haber entrado en vigor el 1 de julio pero fue retrasado por la decisión del Tribunal Constitucional Alemán, y las previsiones inicialmente apuntan a que funcionará desde el mes de octubre. De hecho, el Presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, ha convocado la reunión para el 8 de octubre y la misma ha generado grandes expectativas, fundamentalmente por la negativa del Gobierno Alemán, encabezada por el Presidente del Bundesbank, de que el MEDE pueda unificar esfuerzos con el BCE para fortalecer el poder “corta fuego” del Programa de compra de bonos.

Pero los países en crisis aguda como España, a pesar de la presión del BCE y Bruselas, se resisten a pedir el “rescate”. Es que en el proceso de negociación entre Draghi y Juncker, respaldados por Hollande, Monti y Rajoy con Alemania y varios países nórdicos, el costo del rescate se acrecienta para el país que lo solicite. Como advirtió Olli Rehn, Vicepresidente de la Comisión Europea, “los Estados de la Zona Euro en dificultades que soliciten los fondos de rescate europeo para comprar deuda soberana estarán sujetos a estrictas condiciones”. Difícil imaginar qué condiciones adicionales se les puede pedir a países como España e Italia que están en recesión, con pronósticos de crecimiento negativo para este año y con niveles de desempleo y endeudamiento récord.
A su vez, se alzaron voces en los mismos países en cuanto a que los fondos de rescate no podían desembolsarse hasta que no estuviese montado un adecuado mecanismo de supervisión, requisito esencial para avanzar hacia la Unión Bancaria, complemento esencial de la Unión Monetaria y la Unión Fiscal ya señaladas como prioritarias en la última Cumbre de líderes europeos. Según Draghi “el BCE está listo para llevar a cabo la supervisión de las condiciones estrictas y efectivas de los Programas de salvataje” y por ende el 8 de octubre debe entrar en funcionamiento el MEDE y en consecuencia habilitados los recursos para junto al BCE iniciar la compra de bonos de deuda soberana, previa solicitud por un Estado Miembro y previo acuerdo de la condicionalidad exigida por Bruselas.

Estas negociaciones y controversias, llevaron a que la declaración inicial de Draghi virase sustancialmente de “haremos todo lo necesario para salvar los Estados en crisis y preservar el Euro” a una situación que para calificar para recibir ayuda del BCE y del MEDE, los países deben solicitar un recate formal, aceptar las condiciones concomitantes y que su solicitud sea aprobada por el resto de la Eurozona, incluida la ferozmente austera Alemania y varios de los países nórdicos. La posición de Draghi, producto de la búsqueda del paralizante consenso europeo, aunada a declaraciones de Angela Merkel de que el MEDE no estará operativo hasta finales del año debido a que el mecanismo de supervisión que lleva asociado demorará unos meses en ser adecuadamente estructurado, diluyeron la contundencia de las primeras declaraciones de Draghi y, en consecuencia, la ola de optimismo con que se había inaugurado el otoño europeo. La evidencia de que no habrá acciones inmediatas para atajar las presiones en los mercados contra España e Italia han decepcionado a los inversores. España se desangra en la controversia. Las presiones internas y externas crecen día a día sobre Rajoy para que solicite el “rescate”. Su situación social y política se agrava todos los días y su próxima emisión de bonos soberanos regresará a los costos previos al verano. Europa ha caído nuevamente en la depresión, las protestas sociales y la creciente fuga de capitales. Es difícil predecir lo que ocurrirá en los próximos meses del año con la Euro Zona y con el Euro.

En mi opinión, hay una esquizofrenia que se ha apoderado de las instituciones de la CE y de varios estados europeos: son audaces para dar préstamos a los bancos pero no tanto a los Estados, todo bajo el argumento de que si no se estabiliza el sistema financiero no se sale de la crisis, lo cual es parcialmente cierto. La idea de que si no se reactiva el crédito no se reactiva la economía, es válida en una situación de depresión cíclica normal, pero no es completamente cierta en una situación de crisis aguda, porque los bancos reciben la ayuda y se protegen patrimonialmente. Dado el crítico estado de hogares y empresas que no adquieren riesgo, los bancos se han transformado en un canal ineficiente de reactivación.
Esta esquizofrenia ha colocado la estabilización bancaria y la Unión Bancaria en el tope de la agenda comunitaria y cuando surge una idea como la de Draghi, claramente orientada a ayudar los Estados cuando la planteó originalmente, se la diluye, debilita y posterga. Ni que hablar de las ideas surgidas en la última Cumbre referidas al crecimiento a través de orientar fondos a proyectos de infraestructura y obra pública para reactivar el empleo y la actividad económica. Al contrario, los presupuestos presentados estos días por varios Estados, incluido Francia, obtienen los mayores ahorros de los cortes en el rubro infraestructura.

Este año ya está prevista una baja en el crecimiento del producto de entre el 0.2 y 0.6 por ciento. Queda esperar que la reunión del 8 de octubre dé por formalizado el MEDE, que éste obtenga una licencia bancaria del BCE para comprar bonos y puedan reforzarse los recursos disponibles, que se agilice el mecanismo de supervisión y que finalmente España decida solicitar el “rescate” con una condicionalidad social y políticamente sostenible. Además, que el drama griego se alivie, una vez que la Troika informe y los demás Estados de la Zona Euro acepten la postergación de los plazos impuestos para reducir el déficit e implementar las reformas estructurales exigidas. En este sentido, el jueves, Samaras logró un acuerdo sobre el plan de medidas de ahorro que asciende a 13.500 millones de Euros con sus socios del Gobierno, los socialdemócratas del Pasok, y los centroizquierdistas de Dimar.

Para completar un cuadro complicado, también la Unión Bancaria ha entrado en un cono de sombra. Tal cual dejaron claro este martes en un comunicado largo y rotundo emitido por Berlín, Helsinki y Ámsterdam, en los próximos meses se avecinan dificultades ya que estarán duros ante el calendario y el diseño de la nueva arquitectura institucional de supervisión que Berlín quiere sacar adelante con planes y tecnología alemana, apoyándose en ese viejo y persuasivo argumento de “quien paga manda”. Esa dureza será la tónica general pero los tres países adelantaron también varios casos particulares: en especial que la supervisión bancaria no estará lista hasta después de enero y sin ella tampoco la recapitalización directa de bancos por parte del mecanismo de rescate. Esto es fundamental para Madrid, quien pensaba que la recapitalización bancaria directa por parte del mecanismo de rescate iba a tener efectos retroactivos. Madrid sigue confiando en que la supervisión bancaria llegará en enero y sigue inyectando dinero en sus bancos, lo cual implica que la deuda que genera esa inyección deberá desaparecer del balance de España y pasar al del mecanismo de rescate. Hoy viernes 28 de setiembre, el Gobierno junto con una consultora reveló que las necesidades ibéricas financieras son de 59.300 millones de Euros de capital extraordinario para enfrentar una crisis seria (una contracción de 6.5 % en la economía española entre 2012 y 2014). De estas necesidades surgirá la cifra que el Gobierno español deberá disponer para recapitalizar su atribulado sector bancario.  

La tensión sobre el Euro prevalecerá en los próximos meses y los mercados la reflejarán con amplia volatilidad. 

jueves, 26 de julio de 2012

Brasil: se terminó el Carnaval


Desde que se inició la crisis global cinco años atrás, Brasil se posicionó como una economía emergente de alto potencial de crecimiento y por ende junto a China, Rusia e India constituyeron los motores de la economía global que compensaron la contracción de los países desarrollados y juntas generaron más del 50% del crecimiento del PBI global a partir del 2009. A su vez, Brasil ha sido reconocido mundialmente por su esfuerzo político para disminuir la pobreza y acrecentar en cifras relevantes su clase media y por ende su mercado interno. Durante el mandato de Lula la clase media incorporó 30 millones de habitantes. Esto se debió a un fuerte respaldo financiero a los programas de ayuda social, aumento del salario real y crédito al consumo, respaldados en los beneficios generados por una política fuertemente orientada al respaldo de las exportaciones y la inversión directa externa.

Pero los tiempos han cambiado, desde el inicio del 2012 las preocupaciones sobre el lento ritmo de la actividad económica domina la agenda política del Gobierno brasilero. El crecimiento se ha desacelerado hasta casi detenerse y se espera que el segundo mercado emergente después de China crezca sólo el 1.5% este año. Este frenazo de la economía sorprende tras al crecimiento superior al 5% de los últimos años, incluyendo un salto del 7.5% en el 2010. Gran parte de la industria, a pesar de una serie continua de medidas de estímulo, ha perdido competitividad a nivel mundial. Sólo el consumo interno parece estar sosteniendo el deprimido nivel de actividad, pero incluso en este caso, hay signos de fatiga.
La inflación, eterna maldición, mostró sus dientes y obligó al Banco Central a aumentar las tasas de interés y a ensombrecer aún más la fiesta. La reciente devaluación no ha podido revertir la caída en el nivel de actividad.

¿Cuál ha sido la respuesta a esta desaceleración del crecimiento del Gobierno?: encender la maquinaria estatal, alivio monetario e inyección de estímulo. Como medidas de corto plazo: devaluación, reducción de impuestos sobre productos industriales e incentivos crediticios para la compra de automóviles y otros bienes durables conforman parte de la batería de medidas que las autoridades brasileñas han puesto en marcha para incentivar el consumo y por ende la inversión que cayó 2% en el primer trimestre del 2012, llevando la tasa de inversión al 19% en relación al PBI. Hacia el mediano plazo el Gobierno aceleró su agenda de inversión pública, especialmente aquellos proyectos bajo el Programa de Aceleración de Crecimiento (PAC), que partió en 2007. Con este fin, lanzó “Equipamientos PAC”, que supone adelantar las compras del Gobierno de maquinaria y equipamiento, asociadas parcialmente a proyectos de inversión pública. Las compras totales anunciadas llegan a 4200 millones de dólares. En el anuncio que hizo la Presidenta Rousseff de “Emprendimientos PAC” se resume la estrategia y el posicionamiento del Gobierno ante la desaceleración: “el principal objetivo del Gobierno es impulsar la actividad económica, evitando ceder a aventuras fiscales”. Esto significa recuperar crecimiento e inversión incentivando el mercado interno. Dicho de otra forma, rescatar la dinámica que generó la expansión de la demanda global con la dinámica del consumo nacional y regional. El foco pasa del frente externo al frente interno. Con una excepción: las commodities: el precio de las commodities ha crecido a niveles históricos record. Parte del crecimiento se debe a la sequía en EEUU, parte a la especulación, pero gran parte a que existe un fundamento estructural que sostiene y hace crecer la demanda de alimentos. Es el único “viento de cola” que soplará en los próximos años. La industria está seriamente restringida por su falta de competitividad y por una demanda global que demorará años en recuperarse.

La gran pregunta, no sólo para Brasil, sino para todo el MERCOSUR es cuándo y cómo Brasil regresará a la senda del crecimiento. Parte de la respuesta tiene que ver con la recuperación global, otra gran parte con las restricciones internas que Brasil no superó durante su periodo de gran expansión del producto: infraestructura, innovación y educación a todos los niveles, incluyendo la calificación de mano de obra, que hoy restringe la expansión de varios de los sectores industriales más sofisticados. En un mundo más deprimido y más competitivo -fundamentalmente China e India- esas carencias se convierten en fuertes escollos a la competitividad de las exportaciones brasileras, fundamentalmente las industriales.

La Presidenta Rousseff, una experimentada economista ha expresado públicamente que mantiene la esperanza de una recuperación a fin del 2012, como consecuencia de las medidas ya adoptadas, pero sabe también que el escenario internacional se deteriora progresivamente y que las mismas pueden no ser suficientes para que Brasil reinicie una senda de crecimiento que vuelva a posicionarlo como un líder regional y miembro de los BRICS, responsables aún de que la economía mundial mantenga sangre en sus venas durante lo que resta del 2012 y el 2013. En este contexto circulan crecientes rumores de que Rousseff prepara un paquete de medidas más drásticas que la ya implementadas, que serían anunciadas en agosto. Además de nuevas reducciones de impuestos, fundamentalmente a través de la consolidación de impuestos federales para evitar el doble pago, el paquete incluye un conjunto de proyectos relativos a la gestión de empresas estatales y la inversión público - privada. Se menciona la gestión privada en los congestionados puertos y aeropuertos del país, así como una nueva ronda de concesiones de puertos. Esto tema no sólo despierta el entusiasmo de los inversores sino que ataca uno de los  cuellos de botella más restrictivos para Brasil, porque afecta directamente la competitividad de sus exportaciones.
Poco después de asumir, Rousseff anunció que permitiría al capital privado operar parcialmente tres aeropuertos estratégicos: dos en San Pablo y uno en Brasilia. Las concesiones fueron adjudicadas este año. Por lo tanto, todo hace pensar que sería ahora el turno del aeropuerto de Río de Janeiro, cuya modernización es clave para la Copa Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.

La pregunta sigue vigente: ¿Serán suficientes estas medida reactivadoras para que Brasil retome la senda de un crecimiento sustentable y superador de un contexto internacional adverso? Y si lo fuesen, ¿en cuánto tiempo surtirán un efecto relevante, que se refleje en una tasa de crecimiento que se aproxime al 5% que caracterizó los últimos años de la historia económica de Brasil? ¿Podrá Brasil con estos esfuerzos superar el contagio de la crisis europea y el amesetamiento de la economía norteamericana?
La respuesta a estas interrogantes es sin lugar a dudas compleja pero trascendente para el futuro de la región y de nuestro país. Si aconteciese lo contrario estaríamos agregando una nueva nube al contexto internacional que ensombrece el futuro de nuestras economías. También estaríamos dudando si Brasil aprovechó correctamente el formidable viento de cola que generó desde el 2009, la reversión en los términos de intercambio de su comercio exterior. Ante condiciones altamente favorables es necesario pensar en la sustentabilidad económica en el largo plazo y esto implica fundamentalmente pensar en la educación, la innovación y la infraestructura. Esta advertencia, que hoy intenta corregir Brasil, es válida para Uruguay. Las bonanzas externas no son permanentes. Llega un momento en que la realidad cobra las omisiones. 

jueves, 5 de julio de 2012

Europa: Perspectivas para el segundo semestre. Con medidas urgentes pero limitadas se unifica la lucha contra la recesión.


La recesión no cede en Europa: el desempleo en la Zona Euro volvió a marcar un nuevo record histórico al alcanzar 11.1%. Sin embargo, la evidencia de un escenario de deterioro agudo y creciente y la presión extra-zona, incluyendo a Obama y el FMI, movilizó el pesado y burocrático andamiaje que caracteriza la UE. Entre las medidas adoptadas en la Cumbre de Bruselas y la baja en la tasa de interés anunciada por el BCE a 0.75% -el nivel más bajo desde que se conformó la UE- se logró una recuperación de confianza y un alivio significativo a la crisis de deuda soberana y a la crisis bancaria. Los mercados festejaron con grandes subas el lunes posterior a la Cumbre. La euforia se disolvió pero aún continúa una respuesta favorable del inversor hacia las medidas anunciadas. La pregunta es ¿cuánto de ésta confianza perdurará dentro de unos meses, o quizás dentro de unas semanas? Yo creo que si no continúa el proceso de reformas hacia una Unión Fiscal, Bancaria y Política apoyadas en una sólida base estatutaria, no mucha. Reflexionemos sobre los avances realizados y lo que quedó en la agenda de la Cumbre para ser aprobado en próximas reuniones.

Sin lugar a dudas la Cumbre fue mucho más eficaz que muchas de la diecinueve Cumbres previas, todas muy decepcionantes. Se adoptaron medidas útiles. Yo considero que los acuerdos más relevantes y de mayor impacto fueron los acuerdos sobre la modalidad de los rescates bancarios y la compra de bonos soberanos. El primero, ampliamente discutido en la Cumbre, se refiere a que los fondos de rescate de la Eurozona para recapitalizar directamente los bancos pueda efectuarse directamente a los mismos, en lugar de que el BCE o el MEDE proporcionen los fondos a través de los gobiernos y por ende los garantice y acreciente su deuda externa. El segundo, habilita la compra por parte del MEDE de bonos soberanos en el mercado. Estas dos medidas son importantes porque desvinculan los esfuerzos de alivio de la crisis bancaria de los orientados a mitigar los efectos de la crisis de deuda soberana que hacían inviable el proceso de endeudamiento en el mercado de capitales. Más concretamente, el rescate de la banca española con garantía estatal no hizo más que agudizar la desconfianza de los mercados en el proceso de colocación de bonos soberanos. Más aún, el rescate fue aprobado otorgándole a la deuda originada en la recapitalización la categoría de “superior”, o sea de cobro privilegiado ante toda otra deuda adquirida por el Gobierno español.

Otra medida trascendente fue justamente el acuerdo de que los fondos de rescate no serán “superiores” a los préstamos existentes. Sin embargo, la aplicación de esta decisión quedó limitada a que el BCE adoptase las funciones de Supervisor Bancario único y central de todo el sistema bancario europeo: 800 entidades supranacionales, regionales y nacionales. Lo que significa, en el ejemplo que veníamos describiendo de España, que los fondos del rescate bancario seguirían con garantía estatal hasta que estatutariamente se haya resuelto y luego aprobado investir al BCE de sus funciones de Supervisor central. El pánico con el que los inversores recibieron la decisión del rescate bancario hace diez días disminuyó, sin embargo, puede acrecentarse si la adecuación institucional y estatutaria que debe llevar adelante el BCE se retrasa. No debería, porque constituye un primer paso muy importante hacia el objetivo a mi entender más importante: la Unión Bancaria Completa, la cual requeriría un respaldo fiscal mucho mayor. Los españoles y los italianos racionales, todavía no creen que un Euro depositado en un banco en Berlín valga lo mismo que un Euro depositado en un banco en Milán o Madrid, en gran medida debido a que la insolvencia y el riesgo de quiebra aún persisten.

De todas formas España, en el corto plazo, fue el beneficiario inmediato de la Cumbre: con la posibilidad de que los 100 mil millones de Euros aprobados para el rescate bancario puedan ser desligados de la garantía del gobierno. Con la Eurocopa, la llegada del verano y el récord de visitantes, pasó de ser por unos meses la “cuasi Grecia” a respirar con alivio y esperanza dentro del infierno económico y social que le ha tocado vivir estos últimos meses.

Además de las medidas mencionadas, la Cumbre aprobó un “plan de crecimiento” promovido por Hollande por un monto de 120 mil millones de Euros para financiar proyectos relacionados con infraestructura, energías alternativas e incremento de la productividad. La utilización de estos recursos, que serían manejados por el Banco Europeo de Inversiones, tendrán como prioridad los países cuyas economías hayan sido afectadas por la crisis. Personalmente, los recursos asignados a este “plan de crecimiento” me resultan escasos, no condicen con la profundidad de la crisis económica, apenas superan los recursos solicitados por un solo país para rescatar su sistema bancario y no llegan a un cuarto de la sumatoria de los planes de salvataje presupuestario o bancario de Grecia, Portugal, Irlanda y España juntos. Más bien parece una graciosa concesión a los reclamos de Hollande, más aún si sabemos que la mayoría de esos recursos no son fondos frescos sino que en más del 50% son recursos redireccionados. La caída en la tasa de interés anunciada por el BCE intenta sumarse a este plan como instrumento de reactivación de la inversión y el crecimiento.

Refiriendo a mi ultimo artículo “Cumbre de Bruselas: el futuro del Euro transita por momentos decisivos”, lo que figuraba en la agenda preparada por la Comisión y no se acordó, es a mi entender lo más importante. La lista incluye un aumento de los fondos asignados al MEDE que entró en vigencia en julio, topeado en 500 mil millones de Euros; una garantía de depósito o un régimen de resolución bancaria para toda la Eurozona; y ni que hablar de los Eurobonos que no figuraban en el menú, pero sobre los cuales había una gran expectativa. Es indudable que la Eurozona está aún lejos de la garantía de depósito y de la mutualización de la deuda, la verdadera vara con la cual se puede medir el reclamado avance de Merkel hacia la Unión Bancaria y Política como solución definitiva a la crisis. Y la dimensión de esa distancia marcará el desempeño europeo en el segundo semestre del año y, en consecuencia, la reacción de los mercados.

En resumen, todas las medidas adoptadas esta semana, corolario de un sin fin de reuniones previas son importantes, fundamentalmente porque destruyeron el vínculo mutualmente destructivo entre crisis bancaria y crisis de deuda soberana, pero fueron tímidas, retaceadas. El Euro sigue vulnerable a movimientos especulativos porque se limitó el poder de fuego que pueda surgir del MEDE, y el BCE no está dispuesto a asumir ese papel. Tendría que ser mucho mayor, incluso infinito, como plantea Krugman, para actuar como verdadero cortafuego ante un eventual ataque, escenario que llena de pánico a los inversores. Pensemos que la deuda pendiente de España e Italia está cerca de los 2.8 billones de Euros, casi seis veces superior al MEDE. Por otra parte, el “plan de crecimiento” es casi ilusorio, ya que representa un poco más del 1% del PBI de la Eurozona y la posibilidad de que se compren bonos soberanos en el mercado esta limitada.

En conclusión, se dieron pasos necesarios pero pequeños, direccionados pero limitados para alcanzar las tres condiciones necesarias para estabilizar a Europa: la separación definitiva entre bancos y soberanías; la financiación de los países más débiles en términos manejables durante un asumido extenso periodo de ajuste económico; la defensa del euro ante posibles ataques especulativos y sobre todo un retorno a un crecimiento saludable.

Desde una mirada positiva hubo un progreso real hacia un mayor grado de integración y en términos políticos la consolidación de una coalición formada por Francia, España e Italia lo que alteró la dinámica política de la Zona Euro. Alemania suavizó sus posiciones prusianas y ortodoxas porque no quiere aparecer aislada. Esto puede darnos una esperanza de que esta nueva dinámica sea capaz de ir transformando estos primeros pasos que se han adoptado en transformaciones más profundas hacia una mayor integración, hacia más Europa y que en algún momento del segundo semestre del 2012 la Unión Bancaria sea una realidad, el poder de fuego del MEDE sea mucho mayor, el BCE emita el Eurobono y los fondos del “plan de crecimiento” sean significativos para aliviar la dramática situación que atraviesan varios países europeos. La pregunta vuelve a ser: ¿llagará Europa a tiempo para que esos cambios estabilicen definitivamente al viejo continente y dejen de poner en jaque a la economía global?

jueves, 28 de junio de 2012

Cumbre de Bruselas: el futuro del Euro transita por momentos decisivos. Las rígidas posiciones de Merkel en torno a la austeridad y la regulación enfrentan un núcleo de países liderados por Hollande que priorizan el estímulo y el crecimiento.

Hoy jueves 26 de julio se inicia la Cumbre de Bruselas para definir una hoja de ruta lo suficientemente convincente para inyectar confianza a los mercados, aliviar el costo de la crisis de deuda soberana que asfixia a varios países de al Eurozona, atenuar la crisis financiera y el congelamiento crediticio y, fundamentalmente, revertir la espiral descendente que ha conducido a la recesión a varios países europeos y padecer record de desempleo a otros.

La Cumbre de Bruselas constituye la coronación de un corolario de reuniones, que adquirió una frecuencia vertiginosa en junio, entre líderes europeos, de la Eurozona e incluso algunas que incluyeron a Obama y los restantes miembros del G-20. La profundidad de la crisis desencadenó un proceso de contagio que universalizó la urgencia en la búsqueda de una solución creíble y sustentable. La falta de definiciones, la lentitud y complejidad del proceso de toma de decisiones y las dificultades institucionales en la implementación de aquellas escasas que se adoptan, ha globalizado la exasperación de un mundo que había iniciado en el 2011 un proceso de recuperación lento pero sostenido y que hoy se ve desafiado por la incapacidad europea de articular un “paquete” de medidas que regeneren la confianza y recuperen la senda del crecimiento.    

Colocada en perspectiva histórica, lo cual es necesario para entender la trascendencia de sus resultados, esta Cumbre es quizás la última oportunidad para enmendar un conjunto de graves errores cometidos cuando en 1998 se diseñó la arquitectura institucional y política que dio origen a la moneda única. El Euro es un “animal” plagado de defectos e inconsistencias. Es la moneda única de un conjunto de países con productividades tan diversas como pueden ser la productividad de la economía alemana y la de la economía griega. Es además una moneda gobernada por un Banco Central - el BCE- que debe lidiar, sin ningún mecanismo de regulación y control efectivo, con 17 Ministerios de Finanzas y por ende con 17 presupuestos y sus respectivos deficits. El Euro es esencialmente un instrumento monetario debil, desprovisto de capacidades y herramientas en base a las cuales prevenir una crisis, y todas, absolutamente todas las necesarias para la gestión de una crisis de la dimensión que ha adquirido la actual crisis europea.
En estos dos últimos años un sinfín de Cumbres han retocado el edificio, pero las grietas siguen ahí, a flor de piel. Hoy el edificio enfrenta una enorme sacudida y corre el riesgo de derrumbe.

Los países reunidos en Bruselas son conscientes de este peligro y tienen en sus manos tomar decisiones que lo apuntalen, o al menos que lo coloquen fuera de la zona de riesgo de desaparición en que hoy se encuentra. Los mercados lo perciben y con la racionalidad propia de un inversor lo castigan, y castigan las economías que lo conforman. Se constituye así un circulo vicioso descendente: a mayor debilidad menor confianza, a menor confianza mayores intereses en la colocación de deuda soberana. A mayores intereses más recortes y así hasta llegar a la situación en la que hoy se encuentran Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda, Chipre: al borde del default o la renuncia a la moneda común y el retorno a sus viejas monedas pre-Euro.

Hoy en la Cumbre de Bruselas Europa busca desesperadamente acordar una solución para el embrollo en que se ha metido. Los “agujeros” mas visibles y peligrosos en el edificio del Euro son la crisis griega, que al menos ya tuvo un desenlace electoral favorable a la Eurozona y la crisis española, que también tuvo una noticia medianamente positiva cuando el lunes el Gobierno español oficializó la solicitud de rescate bancario por 100 billones de Euros, concedidos con garantía del Tesoro español y como consecuencia acrecentadores de la deuda soberana. Pero lo importante y urgente ahora es apuntalar los “cimientos” del edificio que sustenta el Euro. Lo que la Directora Gerente del FMI denomina “desarrollar una unión monetaria completa y real” y por ende creíble y confiable. Es este el desafío que enfrentan los líderes europeos reunidos en Bruselas.

En la vorágine de reuniones previas se ha conformado un menú de soluciones que enfrentaran la rigidez alemana con la flexibilidad francesa en pro del crecimiento. La más urgente es la posibilidad que el BCE y el MEE, que entra en vigencia en julio, puedan intervenir en la compra directa de bonos soberanos emitidos por los países más debilitados y en consecuencia a los cuales el mercado les exige las mayores tasas de interés. Esto es urgente y decisivo para España e Italia que han clocado sus últimos bonos a tasas superiores a 7% y 6% respectivamente y, que de continuar, como lo expresó Monti, torna inviable el proceso de endeudamiento. Téngase en cuenta que Italia tiene la deuda externa mayor después de Japón.
La segunda medida que conforma el menú de medidas urgentes y de corto plazo lo constituye la autorización al BCE de organizar los planes de rescate bancario transfiriendo los recursos directamente a los bancos, sin intervención de los estados de los países receptores y por ende sin garantía de los mismos. También aquí consideramos que Francia le doble la mano a Alemania, pero será a cambio de algunas concesiones en las soluciones de largo plazo que se discuten en Bruselas: una consolidación definitiva de la Unión Fiscal y la Unión Bancaria. La tercer medida de corto plazo tiene que ver directamente con el crecimiento y la reactivación: un fondo conformado por el 1% del PIB europeo – 130 mil millones de Euros- para estimular el crecimiento en los países del sur de Europa, que ya fue negociado y aprobado por Hollande y Merkel en su reunión en Paris la semana pasada.

En el largo plazo se juega el éxito o el fracaso de la Cumbre. La Unión Fiscal ya fue aprobada en la Cumbre anterior pero aún no se ha completado el proceso de aprobación por los Parlamentos de los países signatarios. La Unión Bancaria consiste en que el sistema de rescate de la Eurozona, o sea, el MEE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) pueda servir como respaldo financiero a un sistema común europeo de depósito de garantía. El establecimiento de una Tesorería central para toda Europa es el aspecto más ambicioso de la reforma pero según Alemania el que genera la ruta más segura hacia la emisión de eurobonos. Consiste en otorgar la posibilidad de que la Comisión Europea pueda revisar y rediseñar los presupuestos de cada uno de los Estados miembros de la UE. Este indudablemente es un tema altamente sensible desde el punto de vista político, ya que implica una cesión trascendente de soberanía. Pero constituye el argumento más utilizado por Alemania para iniciar un dialogo en torno a los Eurobonos. La propuesta incluye la creación de un único Supervisor Bancario para toda la UE, el cual debería supervisar y tener la potestad de regular, clausurar, etc. 8000 bancos que hoy conforman el tejido bancario europeo. El nuevo Supervisor de la UE tendrá las facultades preventivas, de intervención y la capacidad de control aplicable a la totalidad de los bancos, transfronterizos, regionales y nacionales. En la actualidad en toda la UE la supervisión bancaria es coordinada por la Autoridad Bancaria Europea, con sede en Londres, pero carece de facultades de intervención y control. En resumen una Unión Bancaria y una Tesorería Central que puedan asegurar que un Euro depositado en Berlín es tan seguro como un euro depositado en Roma.

En síntesis, lo ideal sería que el resultado de la Cumbre de Bruselas incluya como medidas de corto plazo la compra directa de bonos soberanos, el rescate directo de los bancos descapitalizados y desbordados de activos tóxicos y bonos soberanos y un fondo de ayuda inmediato para los países en recesión o que se acercan a ella. En el largo plazo completar la Unión Fiscal, aprobar la Unión Bancaria y la Tesorería Central y la emisión de Eurobonos. Este sería el nuevo paradigma y la reconstrucción del dañado edificio del Euro. Veamos cuánto avanzan en un camino irreversible: Europa se salva con más Europa.

jueves, 14 de junio de 2012

El Euro ingresa en la cuenta regresiva


Hollande busca consenso en torno a un paquete de medidas urgentes para estabilizar la Eurozona e iniciar un proceso de reactivación.

En declaraciones formuladas esta semana, Lagarde coincide con Soros: “Quedan menos de tres meses para salvar el Euro”. Esta coincidencia, entre el inversor y analista húngaro, y la Directora gerente del FMI, no es solamente un vaticinio sino una fuerte señal de alarma para desafiar a la dirigencia europea a que adopte acciones definitivas para mantener unida la Zona Euro. La falta de un liderazgo continentalmente reconocido y las diferentes posturas ideológicas en relación a la estrategia de salida de la crisis, ahora agudizadas por la ruptura del eje Merkozy y la irrupción en el escenario del socialista Hollande, han generando una amplia  controversia en relación a qué medidas adoptar para estabilizar la Zona Euro a menos de dos semanas de la Cumbre de Líderes Europeos en Bruselas. Hollande busca aliados en el Sur; con Monti ya alineó sus objetivos y urgencias para  revertir la contracción económica, recrear confianza e iniciar un proceso de reactivación y generación de empleo, en su intento de doblegar a Merkel en su insistente “receta” de reducir el déficit, reformar el mercado del trabajo y privatizar las partes “menos eficaces” de la Administración. El Presidente francés acercó posiciones con Obama, con los más altos funcionarios de la UE y el fin de semana visitará a Rajoy. Es importante reconocer que la realidad y la ausencia de Sarkozy encuentran a una Merkel más sofisticada en su liberalismo inicial del “ajuste perpetuo” pero con la misma fuerza que le otorga ser la líder política del país más rico de Europa y el único con recursos fiscales excedentes para aliviar la difícil situación fiscal y bancaria que afecta a los mas débiles. Esta semana declaró abiertamente: “España sufre los efectos de una burbuja creada por un comportamiento irresponsable durante los últimos diez años pero Alemania no puede ser salvavidas de países que han descuidado sus presupuestos y los de sus bancos por años”. A su vez, todos sabemos -y los alemanes en primera instancia- que el futuro económico de Alemania y el de su sistema financiero están atados al futuro de Europa, y particularmente, al Euro y la Eurozona. Además, la evidente comprobación de que la austeridad fiscal por si misma, lejos de generar un shock de confianza, ha asfixiado el crecimiento económico y destruido puestos de trabajo en magnitudes desconocidas, facilita el desafío que le plantearán Hollande y sus aliados en las próximas semanas: siete economías en recesión, 11% de desempleo en la Zona Euro (24% en España) y la economía italiana contrayéndose al 0.8% el último trimestre.

A pesar de reiteradas advertencias, Merkel, y las autoridades comunitarias que la secundaron en su cruzada prusiana por recortes y reformas, han iniciado un cambio de discurso hacia propuestas más sustentables desde el punto de vista político, y más certeras en cuanto a corregir los verdaderos desequilibrios que motorizan la agudización de la crisis. Es así que hoy danzan un conjunto de soluciones, ninguna de ellas de aplicación inmediata y contundente, lo que puede transformar la cumbre de Bruselas en un conjunto de “ideas fuerza” cuya aplicación deberá ser estudiada por los organismos administrativos de la UE, en los tiempos y con los requisitos que los caracterizan. En esta danza de soluciones bailan el reciente salvataje indirecto a los bancos españoles y con garantía del Estado, la Unión Fiscal, la Unión Bancaria, el Pacto por el Crecimiento, la Unión Política, la permanencia o no de Grecia en la Zona Euro y, sin ser explicitada, la idea cada vez más acariciada por varios dirigentes europeos: una Europa a dos velocidades. La última medida adoptada en este contexto de falta de contundencia fue la recapitalización de la banca española por 100 mil millones de Euros, transfiriendo los recursos del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) y del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) -y no a la tesorería- el que se ocupará de canalizarlos hacia las entidades bancarias con necesidades urgentes de capital. Fue el Gobierno quien suscribió el memorando de entendimiento, la deuda con Europa es deuda española y no del FROB ni de los bancos que resulten beneficiados. Esto generó una reacción negativa en el mercado porque implicó una agudización de la crisis de deuda soberana que asfixia a España, y por ende, un aumento de la tasa a la cual España coloca dichos bonos, la que ascendió a un récord del 7%.

Esta semana, en este contexto de múltiples y vagas soluciones, Hollande lanzó un fuerte llamado a estructurar en forma urgente un “paquete” de medidas “que colocarían al Banco Central Europeo a cargo de la administración y supervisión del Mecanismo Europeo de Estabilidad”, que entrará en vigencia en julio y que dispondrá de 500 billones de Euros para la recapitalización bancaria en forma directa y la ejecución de proyectos orientados a generar crecimiento y empleo. Hollande ha dejado claro que su propuesta se refiere a los movimientos concretos y urgentes que deben instrumentarse para hacer frente a la crisis de la Zona Euro como prioridad principal en los próximos meses, colocándose por delante de la insistencia alemana sobre la adopción de medidas institucionales adicionales -paso a paso en el lenguaje de Angela Merkel- orientadas hacia la consolidación de la Unión Fiscal y hacia la profundización de la Unión Política dentro de la Zona Euro. Indudablemente, este camino postulado por Merkel, implica mas integración pero quizás entre menos países y en un tiempo mucho más extenso que la urgencia remarcada por Hollande. El Presidente francés quiere resaltar en su propuesta la idea de que los nuevos fondos disponibles estén al servicio del salvataje directo del sistema bancario y financiero en crisis.

La posición francesa da un paso urgente hacia la Unión Bancaria explicitada por Barroso (Presidente de la UE) la semana pasada, la cual implica la integración de los sistemas bancarios de todos los países a través de la supervisión transfronteriza y el seguro de depósitos. Según el mismo Barroso, este mecanismo no podría ponerse a funcionar antes del año que viene. El Gobierno alemán objetó la propuesta de Barroso señalando que cualquier integración bancaria es impracticable sin completar el proceso de aprobación de la Unión Fiscal y sin haber acordado detallados y concretos mecanismos que integren las políticas presupuestarias. Incluso puso en duda si puede realizarse sin modificar cláusulas contractuales contenidas en el Tratado que rige la Zona Euro. Una vez más se puso el freno alemán a cualquier medida de carácter urgente que sea una efectiva ayuda a los países más débiles. Sin duda que existe un gran temor en Alemania a que el apresuramiento recaiga sobre los contribuyentes alemanes. Barroso respondió a ese intrínsico temor alemán: “El proyecto europeo ha avanzado paso a paso -concediendo a Merkel su lenguaje- debemos seguir paso a paso pero ahora necesitamos dar un gran paso. O Europa da un paso hacia delante o hay serios riesgos de fragmentación”. Barroso visualiza la Unión Bancaria como el eje de la propuesta que la UE presentará en la cumbre del 28, pero es indudable, más allá de las objeciones alemanas, que estamos hablando de un mecanismo que no es de urgentísima aplicación, como él mismo señala sólo podrá estar en vigencia en el 2013 y, en ese año, quien corre riesgo de no estar vigente es el Euro. En el corto plazo , y mientras la Unión Bancaria esté operativa Barroso recomienda seguir con salvatajes bancarios similares al recientemente aplicado a la banca española, cuya principal dificultad es que son los Estados Nacionales quienes se hacen responsables en última instancia de la deuda si los bancos no pagan.. Como señalamos anteriormente, la gran incongruencia es que alivian los bancos y se estresa el tesoro de bonos soberanos.

La propuesta que negocia Hollande justamente intenta salvar esta incongruencia. Los recursos del MEDE serían canalizados directamente a través de los bancos y serían éstos los deudores en última instancia. Hollande privilegia la urgencia para evitar la catástrofe, y en esto coincide con Soros y Lagarde: sólo quedan tres meses para salvar el Euro.