jueves, 3 de marzo de 2016

Economía global: Un jardín escabroso y algunos brotes verdes en 2016.

El primer bimestre de 2016 lleva a predecir que el primer semestre de este año se caracterizará por los desequilibrios, la incertidumbre y la volatilidad de las principales variables de la economía global, así como su reflejo mas certero: los índices que describen el comportamiento diario del mercado de capitales y los precios relativos de las monedas más significativas. Este panorama incierto en lo económico, que se resume en una tenue recuperación de la economía mundial (desafiada aún por el estancamiento o la recesión), se ve a su vez amenazada por varios conflictos bélicos que se aproximan a un enfrentamiento global a medida que estallan las "burbujas" armadas, crece la población Siria aislada de toda ayuda humanitaria (450000), los refugiados tensan la capacidad de asilo de Europa y crece el pánico en sus principales ciudades. 

El año 2016 se inicia con un escenario global, económico y político de alta incertidumbre y volatilidad, ya que en estos dos primeros meses del año solo se han consolidado y agudizado macrotendencias que eclosionaron el año pasado: 1. La profundización en la implantación de un modelo económico en China, que privilegia la asignación de los factores de producción hacia la expansión del consumo interno y los servicios, en detrimento del sector exportador y la producción manufacturera, con la consecuente caída de la tasa de crecimiento, motor de la economía global en la crisis del 2008 y en la postcris, la cual descendió desde dos dígitos a valores previstos para fin de este año en el entorno de 6-6.5 %; 2. El impacto de este aterrizaje forzoso en la demanda mundial y los niveles de intercambio global. En 2016 los niveles de intercambio comercial a nivel mundial se redujeron un 25%; 3. El desplome en el precio del petróleo y de varios minerales, debido a un exceso de oferta como consecuencia de la adopción de nuevas técnicas de extracción, fundamentalmente en EEUU, y contracción de la demanda en China e India; 4. La caída por razones similares del precio de las restantes commodities, incluidos los granos y otros alimentos; 5. El abandono de la política de tasa de interés cero por la Reserva Federal de EEUU. 6. El fin de la política de incentivos en EEUU y su aprobación e implementación por parte del BCE en Europa, a través de la compra de bonos soberanos de los Estados Miembro.

Estas cinco macrotendencias, o políticas de impacto global, todas ellas ya presentes el año pasado, e incluso algunas previamente, han conformado un nuevo paisaje que incluye pinceladas oscuras para las previsiones del crecimiento mundial y la recuperación, sobre bases sólidas, de la economía global. Confirmando una recuperación aun débil, en 2016 las predicciones sobre la tasa de crecimiento mundial y regional, se ajustan a la baja con una frecuencia casi trimestral: la última estimación del Banco Mundial es de un crecimiento global de tan solo 3.2 % con una diferencia a la baja de 0.3 de la predicción anterior.
Este panorama económico se completa con un escenario político particularmente complejo por el conflicto bélico en Medio Oriente, particularmente ante la situación en Siria, el avance del Estado Islámico, la agudización de la agresividad de Israel hacia el Estado Palestino, y la creciente migración desde Siria y otros países vecinos hacia Europa y ahora desde Europa hacia no se sabe donde.
En el marco de este panorama económico y político global, que como dijimos genera incertidumbre y volatilidad, la cual se expresa diariamente en Wall Street y las bolsas europeas, EEUU se destaca como la economía más sólida en términos de empleo y crecimiento del PBI, el cual presentó en el último trimestre del 2015 un desempleo de 5.6.

Si bien este "jardín sin flores" caracteriza el panorama económico mundial, mucho más triste y "pleno de yuyos" es el jardín de las Economías Emergentes, las cuales constituyeron la locomotora en la postcrisis. De los BRICS no quedó más que el recuerdo de una ingeniosa sigla. En el largo plazo Prebisch tenía razón en cuanto a los términos de intercambio, salvo períodos muy excepcionales, sus precios relativos tienden a deteriorarse ante los precios de las manufacturas, y recientemente también ante las "mentefacturas", aquellos bienes producto de la sociedad del conocimiento y la tecnología. No tuvo razón en la estrategia de la sustitución de importaciones: no iba por ahí la cosa, sino por aprovechar nuestras fortalezas y agregar valor agregado a nuestros recursos naturales incrementando genuinamente nuestras ventajas comparativas y competitivas. El mismo error cometió durante estos años la mayoría de los países en desarrollo, particularmente en América Latina Argentina, Venezuela y Brasil en alguna medida. Seducidos por los altos precios de las commodities, utilizaron el excedente comercial no para consolidar sus ventajas competitivas y agregar valor a sus recursos naturales, sino para alimentar irresponsablemente sensaciones de bienestar infinito y pretender consolidar en el poder líderes mágicos cuya "eternidad" tuvo la curvatura del precio del petróleo o de la soja. Como previsible, los términos de intercambio revirtieron, fundamentalmente petróleo y metales, insumos esenciales del castigado sector manufacturero chino. No así los alimentos, también castigados en su valor pero con menor intensidad, fundamentalmente la carne, lo cual es consistente con la naturaleza de la demanda de las clases medias y medias-altas del capitalismo planificado chino. Téngase en cuenta, para dimensionar el desplazamiento de la demanda de la segunda economía mundial, que China fue el país que importó el mayor volumen y valor de los considerados "bienes de lujo" 

En este ingreso incierto a la nueva década, aún hay un pilar que hace una década fue el generador de la crisis y la inestabilidad del capitalismo mundial y que hoy muestra un nivel relativo de solidez y autosustentabilidad. Me refiero a EEUU, cuya economía en la postcrisis ha hecho grandes progresos en materia de desempleo (5.6) con una inflación del 2%, una propensión al consumo creciente y una moneda que se ha revalorizado frente a la mayoría de las monedas de los países desarrollados y China, que en 2015 impuso el Yuan como integrante de los Derechos Especiales de Giro en el FMI. Sin embargo, en relación estricta al ritmo de su crecimiento, sigue aún en un nivel de recuperación suave, muy restringida por el fortalecimiento del dólar y el debilitamiento de su sector externo, además del impacto en términos de incertidumbre que crea el ingreso a un año electoral. Pero hay que destacar dos factores estructurales que explican la sustentabilidad señalada, a pesar de la pauta de crecimiento aún débil y difícil de caracterizar como una franca recuperación. Me refiero a que el 80% del producto se explica por el consumo interno, lo que vincula directamente crecimiento con bienestar. El segundo factor al cual me refiero es que más del 60 % del producto lo genera el sector servicios y el tercero es que el 6% del producto se invierte en innovación +desarrollo.

China planificadamente retrocediendo; Europa sin rumbo cierto, con una población crecientemente descreída del proceso de integración, de los liderazgos tradicionales y políticamente fragmentada. Como dato de corto plazo, la recuperación que las bolsas europeas han reflejado en estas últimas tres semanas, EEUU transitando una tenue y volátil recuperación y los países emergentes en franco retroceso, hacen avizorar un año económicamente complejo, pleno de interrogantes: ¿frenará China su aterrizaje en el 6.0 - 6,5%?;¿anunciará la FED más subas de la tasa de interés este año, este semestre?; ¿son suficientes los incentivos económicos otorgados por Draghi para iniciar un periodo de recuperación sostenido de Europa?; ¿deja Inglaterra la UE?; ¿habrá Moratoria y Gresexit?; ¿subirá el precio del petróleo?; ¿a cuánto?. Y por nuestros pagos ¿podrá la oposición apartar a Dilma de la presidencia de Brasil?; ¿será capaz el Gobierno de Macri de controlar la inflación en Argentina? 

Todas estas interrogantes sin respuesta aún constituyen el entramado de incertidumbre que nos rodea y dificulta, y a veces paraliza la toma de decisiones. Al comienzo del 2016 hay una certeza: la economía global, debido a la desaceleración de China y la consecuente reducción de la actividad de las economías asiáticas vinculadas al gigante, se contrajo. Y esa contracción la estamos percibiendo todos los días y la percibiremos en el resto del año y quizás por varios años más. Es esta contracción y sus consecuencias sobre economías desarrolladas, emergentes y en desarrollo lo que genera la convocatoria de la reciente reunión de Ministros de Finanzas y Presidentes de Banco Centrales en el G-20: es necesario en forma urgente implementar políticas de crecimiento en nuestras economías, incluso si las mismas aumentan razonablemente el déficit fiscal. Keynes siempre es convocado cuando la contracción o la recesión se hacen evidentes. Quizás sería más útil convocarlo antes de que estas tendencias se hagan evidentes.

lunes, 24 de agosto de 2015

CHINA: DESACELERACIÓN, ENFRIAMIENTO O CORRECCIONES AL NUEVO MODELO DE CRECIMIENTO

Como productores de materias primas Uruguay y la región han sido espectadores en las primeras filas de la abrupta caída del precio de las commodities, por una reducción de la demanda china. Por la misma razón, y en cadena, se han deteriorado las economías vecinas intensificando el impacto sobre nuestra economía. Hace apenas unos días China sacudió al mundo con una devaluación del Yuan que generó el derrumbe de las bolsas mundiales. ¿Son síntomas de desaceleración o correcciones necesarias a una estrategia de crecimiento más sustentable que abandona el crecimiento a tasas de dos dígitos y revaloriza el rol del mercado interno?

Estas ultimas semanas el mundo entro en pánico con la serie de noticias que se sucedían, casi diariamente, sobre el supuesto enfriamiento de la segunda economía mundial: retroceso del índice de producción industrial, caída de las exportaciones en relación al producto, corrección del crecimiento del PIB que podría terminar el año por debajo del 7% y, fundamentalmente, tres devaluaciones consecutivas que llevaron el Yuan a una valor nominal mayor, en relación al dólar, de casi 6 %.
La primera conclusión, ante el impacto global de estos últimos movimientos económicos del gigante asiático, es la toma de conciencia real, por parte del mundo financiero y comercial de la enorme influencia que ejerce China sobre la economía mundial y la velocidad e intensidad con la que acontecimientos en su economía se trasladan a la economía globalizada.

Observemos lo que acaba de suceder: China corrigió su régimen cambiario, el yuan encontró un nuevo equilibrio ante el dólar, el mercado de capitales interpretó la devaluación como una política reactiva ante el enfriamiento de la economía y la pérdida de competitividad de las exportaciones, y en menos de una semana se inició una carrera bajista de Wall Street que terminó el viernes pasado con los tres índices cayendo algo mas del 3%. Un viernes negro, el Dow Jones nuevamente por debajo de los 2000 puntos, la mayor caída del año. Lo mismo sucedía en Europa y en todas las bolsas de Asia y los países emergentes. En una economía global tan incierta, y en el marco de una recuperación con fundamentos muy débiles, se mueve "el OSO" y tiembla el bosque. Nos aventuramos a postular que la reacción global ha sido apresurada, o al menos carente de un análisis y una comprensión más profunda.
En primer lugar, y esto es válido e importante en estas últimas dos semanas se tomó real conciencia, con sangre, de algo por todos conocido: el creciente rol de China en la dinámica capitalista global. El enorme peso relativo de la demanda por ella generada en el ritmo de crecimiento de la economía mundial y de la performance del mercado de capitales a nivel mundial.

La pregunta que ha quedado pendiente, después de este último episodio, de la relación dialéctica entre China y el mundo, es cual será cuales serán los próximos acontecimientos que caracterizarán la evolución económica y financiera del gigante asiático. Dado que China es una "economía capitalista centralmente planificada" esta pregunta debe remitirse, en gran medida, a cuales serán las decisiones de política económica que adopte el BP Chino.
Si bien la devaluación del Yuan hizo estragos en los mercados de los países desarrollados en menos de dos semanas, la desaceleración de la economía China venía desde hace meses erosionando el precio de las commodities y por ende generando una relevante caída del precio de muchos de los productos exportados por las economías emergentes. Encabezados por el retroceso del precio del petróleo - agudizado por el incremento de su extracción en EEUU- los minerales, los granos y otros alimentos han sufrido caídas que promedian el 30%.
Por esta razón es aún más relevante, desde el ángulo de nuestras economías, aproximarnos a una respuesta de cuál será la evolución de la economía china y si efectivamente estamos ante un proceso de desaceleración o enfriamiento estructural y sostenido.

Para hacernos esta pregunta, además de entender la naturaleza de la economía china y la dinámica entre su capitalismo de mercado y las decisiones centralmente planificadas del Buró Político del PC, es necesario recordar que China a partir de su último Congreso del Partido Comunista, que designó a Xi Jinping como su Presidente, inició un cambio de modelo hacia una economía más sustentable, basada en el desarrollo de su mercado interno, más que en la agresividad de sus exportaciones. Este cambio de modelo económico tuvo como efecto primario una reducción progresiva de los históricos dos dígitos a una tasa de crecimiento anual proyectada del 7%.
"La gran fábrica mundial" de manufacturas baratas, que inundaron el mundo, comenzó a sofisticarse a medida que se sofisticaban los productos que se le encargaba producir. El proceso de producción se volvió más complejo a medida que ingresaron a la "a la gran fábrica mundial "las grandes empresas tecnológicas y la industria automotriz, y como consecuencia la mano de obra especializada creció y se encareció. El poder de compra aumentó y con el mercado interno inició su expansión, la industria inmobiliaria se multiplicó exponencialmente, y 11 mil millonarios dieron base a la mayor demanda de bienes de lujo del mundo.
El Buró Político sintió que estaban dadas las condiciones para iniciar un proceso de crecimiento con una mirada más atenta a su mercado interno y enlentecer su sacrificado esfuerzo exportador, difícil de sostener en el largo plazo.
Formidable dicotomía: era necesario crecer menos para vivir mejor. Quizás como en una familia con ingreso creciente: "dejemos de ahorrar tanto y mejoremos nuestro nivel de vida". Igual que en el ejemplo familiar, China inicia la transición hacia el nuevo modelo de desarrollo con enormes reservas, entre ellas la mayor tenencia de bonos del Tesoro americano a nivel mundial, pero dispuesta a satisfacer el consumo de su mercado interno.

Que China anunció explícitamente que reduciría su tasa de crecimiento a valores cercanos al 7% es un hecho irreversible. Que una reducción del  3% de sus valores previos de la expansión de su economía generaría fuertes caídas en los flujos de comercio internacional y en el precio de las materias primas de las cuales China era su principal demandante era totalmente previsible.
Ahora bien, que la nueva estrategia puede ser que no tenga una aplicación lineal también es posible, más aún cuando otras regiones como Europa, fuerte socio comercial de China, no logra iniciar un proceso de recuperación sostenido, a pesar de la política de incentivos aplicada por el BCE a través de la compra de bonos soberanos, y de haber cerrado el tercer rescate de Grecia, un tanto ensombrecido - o fortalecido - por la renuncia de Tsiripas. En cuyo caso es probable que asistamos a nuevos episodios coyunturales de correcciones en la tasa de cambio, o en la política de encajes u otros mecanismos de corrección de la tasa de interés o expansión crediticia. Estos episodios y la volatilidad asociada del mercado de capitales global es probable que acontezca por un corto o mediano plazo, a medida que el modelo se consolida y adapta al ritmo de la recuperación global.

Lo que sería realmente grave es que la tasa de crecimiento se acercase más al 6 que a al 7%. En ese caso estaríamos en un escenario claro de desaceleración más allá de lo planificado. Y en ese caso la economía global puede ingresar nuevamente en un período de enfriamiento, para evitar usar la palabra recesión. Su impacto además de ser global, sería particularmente impactante para los países productores de materias primas.
Y pensar que ante este mundo tan volátil e incierto, al contrario de lo que hizo China con su firma en nuestro país hay quienes piensan que no debemos ingresar al TISA. Parece una broma.

ALGUNAS LECCIONES QUE DEJÓ EL TRIUNFO DE ALEMANIA SOBRE GRECIA.

La inminente resolución de la crisis griega deja algunas lecciones en cuanto a las responsabilidades que surgen de las carencias institucionales de la Zona Euro, hábilmente aprovechadas por Alemania para ejercer un liderazgo autoritario que como muchos creían y deseaban, humilló a Grecia pero hizo prevalecer una posición europeístas y privilegió el Euro y a Europa a la "ejemplarizante" mutilación que podría haber significado la expulsión, aunque temporaria, de Grecia del avanzado mecanismo de integración. Dura, cruel en muchos aspectos, es una solución más razonable para reiniciar la recuperación económica de Europa.

Con la apertura de los bancos griegos este lunes, manteniendo aún severas restricciones sobre extracciones y transferencias, se inicia una nueva etapa en esta larga y tensa agonía que ha atravesado el gobierno y el pueblo griego. Con una deuda de 83 mil millones de dólares (equivalente al 200% del PBI, un período de gracia de 10 años y una estimación de más de 40 años para su repago) Grecia inicia un camino que, según señala el FMI en un informe que permaneció secreto en la reunión del Eurogrupo y en la cumbre de líderes de la Zona Euro, es de imposible cumplimento a pesar del duro paquete de reformas fiscales y privatizaciones exigidos por los países de la Zona Euro, explícitamente liderados por Alemania. La negociación, que parecía que se encaminaba a un inevitable "Greyexit" (salida de Grecia de la Zona Euro) como medida ejemplarizante y "anticontagio", se acerca a un final incierto, con Grecia contenida en la Eurozona y obligada a una casi humillante exigencia de aprobar por ley el conjunto de reformas impuesto por la Troika para aceptar la renegociación de la deuda y evitar el eminente default y su permanencia en la Zona Euro. Aprobadas las reformas por el Parlamento griego, por el Parlamento alemán y el francés, resta aún que la advertencia del FMI sea tomada en consideración y que la voz del Presidente francés sea tomada en cuenta para que se aplique una quita sobre la deuda y/o que se estructure una refinanciación que alivie las exigencias anuales de dedicar una pesada proporción del gasto público al servicio de la deuda y poder alcanzar con menos sacrificio y mayor realismo la dura exigencia de un superávit primario del 1%. A pesar de la advertencia del FMI y de las recientes declaraciones de Hollande, es difícil que Alemania ceda a esta evidente realidad. Merkel ha tensado al máximo sus relaciones políticas dentro de su partido y con sus partidos aliados. Incluso dentro de su gabinete, y en particular con su ministro de Finanzas quien se opuso públicamente al acuerdo y alentó hasta último momento una salida temporaria de Grecia de la Zona Euro. Veremos en el transcurso de estos días si el monto y las condiciones de la deuda permanecen incambiados o si aún existen unos gramos adicionales de sensibilidad y el castigo al hermano descarriado se atenúa para reducir su sufrimiento.
Este breve relato de una densa negociación, que parecería que se acerca a su fin, nos permite extraer algunas conclusiones relativas no sólo al Euro, sino a Europa en su conjunto e incluso a la economía y geopolítica global.

En primer lugar, existe un problema estructural en la arquitectura institucional de la Zona Euro. Es muy difícil que conviva una moneda única, un único Banco Central con 18 Ministerios de Finanzas y por ende con 18 presupuestos. Lograr una armonización fiscal y monetaria en estas condiciones constituye un proceso de alta complejidad que, en muchos casos, se convierte en un acto voluntario de cada país de cumplir con las metas fiscales que exige el Banco Central Europeo para respaldar la fortaleza y el valor de paridad de la moneda única. En tiempos de crisis y recesión, como los que atraviesa Europa desde 2008, el cumplimiento de las metas fiscales dictadas por BCE se torna muy difícil para los países con economías más débiles y por ende más afectadas por la crisis global y la recesión. En esta situación el Euro "cruje" y los países, y fundamentalmente los pueblos que lo comparten, resisten los programas de ajuste que deben enfrentar para lograr las exigencias fiscales del BCE. Y es ahí donde aflora la falla estructural. La arquitectura del Euro habilita la resistencia a cada presupuesto de cada uno de los países que comparten la moneda única y las directrices del BCE. Si la exigencia del BCE implica una reducción del déficit, como sucede en épocas de crisis, la austeridad resultante es resistida, y esa resistencia, casi transformada en un grito de guerra como en el caso de Grecia, se enfrenta al temor de abandonar la Zona Euro y los privilegios y accesos que esa pertenencia trae aparejados. La lección que la crisis griega nos deja es que en ese enfrentamiento la pertenencia a la Zona Euro prevalece. Y prevalece ante una batería de medidas de austeridad que inicialmente todos sospechábamos que no serían aceptadas por el Gobierno griego. Puede argumentarse que no fueron aceptadas por el pueblo griego en el referéndum. Pero esta consulta era de obvio resultado y no fue planteada correctamente. La confrontación entre austeridad y abandono del Euro no estaba explicitada en la interrogante formulada en la consulta. Por eso el resultado del referéndum convivió con un conjunto de encuestas que evidenciaron que más del 60% del pueblo griego no era favorable a la salida de la Zona Euro. Tsipras utilizó como último recurso de negociación el obvio resultado de una consulta mal formulada, que además endureció las exigencias de Alemania para matar un antecedente muy peligroso: la aceptación de la democracia directa en las decisiones de la Zona Euro. Finalmente, el propio Tsipras tuvo que pagar el costo del enfrentamiento entre austeridad y abandono del Euro aceptando la exigencia de aprobar las reformas como condición para proseguir con las negociaciones. Consciente de esta primera lección que deja la crisis griega y del desmedido liderazgo alemán, Hollande llamó recientemente a conformar un Parlamento de la Zona Euro y la unificación de los presupuestos de los países que la conforman.

La segunda lección tiene también que ver con la arquitectura institucional en la que se basó la fundación de la Zona Euro. Los países que la componen son muy disimiles en su estructura productiva, nivel de industrialización, y fundamentalmente en su productividad. La existencia de una moneda única los despoja de la utilización de la devaluación como política económica compensatoria de la pérdida de productividad, lo que es económicamente sano. Pero a su vez es irrealista pretender que un conjunto de países tan disimiles puedan convivir con una paridad uniforme ante el resto de la canasta de monedas del mundo. La diferencia de competitividad entre Alemania y Portugal es enorme. ¿Es razonable que esos dos países compartan una misma moneda y por ende una misma paridad? ¿O la estructura de la Zona Euro debería contemplar algún mecanismo de compensación que sustituya la restricción impuesta por la cancelación de la devaluación como política de restablecimiento de la competitividad?

La tercera conclusión se refiere a que la Zona Euro, muy contrariamente a lo que proclamaban los antieuropeístas, admite fácilmente una "mutilación", aunque esta sea el pequeño territorio relativo y la insignificante proporción que significa su PBI en relación al PBI Europeo. El Europeísmo felizmente prevalece incluso en los líderes más extremos en cuanto a la aplicación de las duras reglas de convivencia como Merkel. 

jueves, 1 de agosto de 2013

La Economía China: ¿Recesión o Reequilibrio?

Las nuevas autoridades chinas intentan una compleja y riesgosa maniobra: desacelerar una economía en pleno auge de crecimiento. Nada en China es librado al azar: el aterrizaje desde tasas de expansión del producto del 10% a tasas del 7%, o menores aún en los próximos años (6%), no es consecuencia de una sorpresiva e inesperada dinámica recesiva, sino que es el reflejo cuantitativo de un rediseño del modelo económico de crecimiento chino, el cual enfriará la inversión y privilegiará el mercado interno. Iniciar el entendimiento de las causas, los riesgos y el impacto sobre la economía global de esta maniobra, es el objetivo de esta REFLEXIÓN.

Después del 2008, las exportaciones netas dejaron de ser una fuerza propulsora de la economía para dar paso a la inversión, sobre todo en 2009. Ese redireccionamiento llevó a una creciente proporción del producto bruto interno destinado a inversión, el cual pasó de un ya altísimo 42% en 2007 a un absolutamente increíble 48% en 2010.
El combustible que puso en marcha y dinamizó este motor de la economía fue un crecimiento explosivo del crédito: los préstamos crecieron a una tasa anual del 30% durante el 2009. A medida que la crisis internacional se globalizó, a partir del 2009, la tasa de crecimiento de las exportaciones se redujo hasta alcanzar una tasa negativa de crecimiento a fines del primer trimestre del 2013. Con las exportaciones perdiendo vigor, y las inversiones públicas y privadas dependiendo de estímulos monetarios crediticios insostenibles, el nuevo Gobierno intenta urgentemente un reequilibrio de la economía, lo cual implica esencialmente alejarse de un modelo de crecimiento impulsado por las inversiones hacia un modelo impulsado por el consumo público y privado. 

Obviamente que una economía impulsada por el mercado interno no puede reproducir las tasas de crecimiento a las que nos tenía acostumbrados China en los últimos años. Desacelerados los motores de la inversión por decisión política, y el de las exportaciones por reducción de la demanda global, el combustible esta siendo redireccionado hacia el consumo. En una economía de la dimensión de la economía China, un cambio de orientación de esta envergadura se asocia a grandes riesgos internos y considerables impactos a nivel mundial

Veamos primero los riesgos internos. Hay riesgos asociados al manejo de los inventarios en una economía en rápida desaceleración -ya que su nivel depende del crecimiento de la economía y no de su nivel de actividad-, a la inversión en capital fijo  -la cual debe caer bruscamente-, y aquellos asociados a la adaptación de las empresas a los nuevos niveles de ganancia -lo cual pondría en riesgo la solvencia corporativa y acrecentaría fuertemente el riesgo de morosidad, que ya constituye un problema serio en China-. Estos factores pueden generar una caída en la inversión más allá de lo planificado. Ninguno de ellos es imposible de manejar, pero tampoco se pueden ignorar, y su ocurrencia y la magnitud de su impacto sobre el resto de la economía pueden ensombrecer la transición hacia el nuevo modelo de crecimiento y fundamentalmente a la profundidad de la caída del producto.

A la fecha las contribuciones trimestrales al crecimiento de la demanda interna sugieren que la transición deseada se viene cumpliendo con una extraordinaria suavidad. Sin embargo, hay muchos autores, entre ellos Paul Krugman, que son bastante pesimistas en cuanto a que China sea capaz de llevar adelante, sin grandes inconvenientes, un cambio de modelo de la magnitud del planteado. En su reciente artículo en el New York Times, Krugman opina que “China es un gran problema, no estamos hablando de un pequeño contratiempo en el camino, sino algo más fundamental. El sistema económico que ha llevado a tres décadas de crecimiento increíble, ha llegado a su límite. Se puede decir que el modelo Chino esta a punto de golpear la Gran Muralla, y la única pregunta ahora es cuán seria será la caída”. La inversión disminuirá drásticamente y para lograr el reequilibrio el consumo debe aumentar de manera espectacular, la pregunta es si esto puede suceder lo suficientemente rápido como para evitar una caída desagradable. Y la respuesta parece ser NO. “La necesidad de reequilibrio ha sido evidente desde hace años, pero China simplemente ha postergado los cambios necesarios, manteniendo su moneda subvaluada e inundando la economía con crédito barato. Estas medidas pospusieron el día del juicio final, y ahora ha llegado”.

Obviamente que los juicios y predicciones de Krugman son muy severos. Realmente preocupan viniendo de quien vienen. Si estas predicciones se verificasen, y en lugar de un reequilibrio planificado estuviésemos ante una economía que se desacelera pero que corre riesgos de ingresar en una caída incontrolada, es lo único que le faltaría a la crisis global. Estaríamos ingresando en el tercer acto de la crisis global: EEUU, Europa y China.
Pensemos que esta vez Krugman exagera. Aunque sus opiniones dejan un debate abierto: ¿la desaceleración es un reequilibrio “piloteado” o es la consecuencia de un modelo de crecimiento que ingresa en una fase de agotamiento por problemas estructurales y postergación de las necesarias correcciones en las políticas económicas adoptadas?

En relación a los impactos que tendrá la desaceleración del crecimiento chino en la economía global, debemos pensar que estamos hablando de un crecimiento programado de tasas en el entorno del 7%. Nada desdeñable. Estas tasas equivalen a un crecimiento de la economía de EEUU del 3.5% en lugar del 1.7% como fue previsto para el 2013. Un desencanto para quienes creyeron que las “tasas chinas” habían llegado para instalarse a perpetuidad. Entre ellos, muchas economías emergentes, y entre ellas, muchas economías de América Latina. Pero que la segunda economía del mundo crezca al 7% sigue siendo alentador para la economía mundial.

Además del nivel de la tasa de crecimiento, lo que genera impactos a nivel de la economía global es el cambio en la estructura de la demanda que condiciona la transición de una economía impulsada por la inversión, a una economía impulsada por el consumo. La lista de países y sectores vulnerables a este desplazamiento es larga: de las minas australianas a los fabricantes de equipos y maquinaria alemanes, pasando por los países productores de acero, hierro, carbón, cobre, níquel, granos y una larga lista de productos básicos, cuya demanda y precio serán afectados en diferente magnitud.
 
Sin lugar a dudas el “superciclo” o boom en el precio de las materias primas llegó a su fin. La magnitud de la caída en el precio de cada uno de los productos básicos dependerá del impacto de la nueva estructura de la demanda. Aquellos asociados fuertemente a la inversión pública y privada sentirán un golpe importante. Pensemos, a modo de ejemplo, que la cuota china de la demanda mundial de acero se elevó del 16% en el 2000 al 44% en el 2012, la cuota de níquel saltó en el mismo período del 6% al 45%. Si la inversión se desacelera, estos notables incrementos en la demanda y el precio de muchos minerales retrocederá, como ya esta sucediendo con muchos de ellos. Pero el impacto sobre los productos asociados a una economía que privilegiará el consumo pueden verse menos afectados por la desaceleración del crecimiento chino. Es el caso de los alimentos, las manufacturas de consumo final, los automóviles y los bienes de lujo.

En América Latina sentiremos un fuerte “cimbronazo”, pero de menor magnitud en aquellos países productores de alimentos y con mayor nivel de valor agregado en su producción. Los que han cimentado su crecimiento en base a la producción de minerales se verán seriamente afectados.
Hay que prepararse para una nueva década: se terminaron las “tasas chinas de crecimiento” y se terminó el “superciclo de las commodities”. 

viernes, 19 de julio de 2013

Frenazo de los emergentes: predicciones para la economía mundial en lo que resta del 2013

En su previsión semestral, el Fondo Monetario Internacional acaba de revisar hacia la baja sus estimaciones de crecimiento de la economía mundial. Tras expandirse en el 2011 a un ritmo de 4% y de 3.1% en 2012, el organismo proyecta una tasa de 3.1% en 2013, dos décimas menos que su estimación anterior. La proyección del Banco Mundial es aún más baja, del 2.2% este año para alcanzar 3% recién en 2014. Ambas muy lejos del 4.8% de media registrado durante los años previos a la crisis, lo que cuantifica todo el camino que debe recorrer la economía global para retornar a los niveles de expansión previos a la crisis económica y financiera mundial.

Un factor nuevo que se suma al pobre desempeño de los países desarrollados es el freno que afecta a las economías emergentes, fundamentalmente a China, India, Brasil, Rusia y Sudáfrica: el Fondo Monetario proyecta para este año un crecimiento promedio del 5%, tres décimas menos que su anterior pronóstico. A entender del Banco Mundial estas estimaciones son optimistas: estiman un crecimiento del 4.5% en el 2013.

Dentro de la contracción en el crecimiento de las economías emergentes, que explicaron el 50% de la expansión del producto mundial en 2012, los más comprometidos son China y América Latina.

En el caso de China el Gobierno proyecta un 7.5% de crecimiento para este año, lejos de las tasas cercanas a 10% que caracterizaron el pasado reciente. Las razones que explican la desaceleración de la economía china son diferentes a las del resto de las economías emergentes. El desempeño del sector industrial chino muestra rasgos de una persistente anemia y en junio por primera vez cayeron las exportaciones. En este contexto, el nuevo liderazgo chino esta tratando de manejar una de las más difíciles maniobras económicas: aterrizar suavemente una economía que volaba a tasas del 10% sin mayores dificultades en su hoja de ruta. Con la caída de la demanda en los países desarrollados el impacto se hizo sentir en las exportaciones chinas. En junio pasado cayeron las exportaciones y las importaciones, por primera vez desde que se inició el proceso de dinamización de la economía china. A su vez, en este primer semestre se redujeron las inversiones y la tasa de crecimiento del sector manufacturero. Como en cualquier economía, si caen las exportaciones y las inversiones sólo queda un motor al cual recurrir para mantener el crecimiento: el mercado interno. Y hacia ese “motor” es justamente hacia donde apunta la nueva estrategia del Presidente Xi Jinping.

Obviamente que esta nueva dinámica implica transitar de una economía traccionada por las exportaciones a una economía traccionada por el mercado interno asumiendo una tasa de crecimiento algo menor. Crecer al 7.5% no es una consecuencia inesperada, es una tasa previamente establecida en el marco de un cuidadoso proceso de planificación, dado el nuevo contexto internacional y algunos problemas estructurales que viene presentando la economía china, como ser la riesgosa inyección de liquidez para mantener la tasa de inversión, fundamentalmente con obra publica y con abundante crédito para vivienda. El control de esa expansión de liquidez hace más complejo el manejo de una política de compensación de la caída de las exportaciones e inversiones con una reactivación del mercado interno, ya que limita el crédito e incrementa la tasa de interés que subió a dos dígitos el pasado mes de junio.

Lo destacable del proceso de planificación chino es que a pesar de las estimaciones más optimistas (FMI: 7.8%) o más pesimistas (WB: 7.3%), el segundo semestre cerró con una expansión del producto de exactamente 7.5%, tal cual lo anunciado por el Gobierno, el cual ha optado concientemente por una tasa de crecimiento menor y más sostenible. “No debemos juzgar a un país simplemente por el crecimiento de su producto bruto”, dijo Xi en una reunión la semana pasada. Esto, si bien es válido para China, es preocupante para el resto del mundo. Primero porque para los próximos años, si la demanda externa no se recupera y continúan los desequilibrios internos, el Gobierno de Xi puede plantearse como meta tasas de crecimiento aún menores y, segundo y fundamentalmente, porque el desempeño de muchas economías emergentes y países de América Latina y África están ligados a la demanda china, en especial de commodities.

Es muy probable que dentro de las commodities los alimentos sufran menos la desaceleración china, ya que como se mencionó, la estrategia de aterrizaje implica reactivar el mercado interno. Si la inversión y la actividad manufacturera caen, la demanda por minerales se verá afectada.

En relación a Brasil y al resto de los países de América Latina, se verán afectados en su tasa de crecimiento, en mayor o menor medida, de acuerdo al grado de dependencia de sus economías del sector externo, agravándose en aquellas economías cuyas exportaciones son materias primas sin mayor valor agregado. En el caso de Brasil, la situación se haría más compleja de profundizarse la turbulencia política en un año electoral. Las proyecciones del crecimiento para Brasil están en el entorno del 2% para 2013.

Con Europa en profundo estancamiento, luchando por lograr tasas apenas positivas en 2013 y 2014, con EEUU consolidando una suave reactivación, aún apuntalada por una tasa cero de interés y el reciente anuncio de Ben Bernanke que continuará la inyección de liquidez a través de la compra de bonos por parte de la FED, es posible deducir que los países desarrollados seguirán con muy baja influencia sobre la tasa de crecimiento global y, por ende, muy limitada incidencia en la reactivación del mercado mundial.

Es esperable entonces un 2013, y posiblemente gran parte del 2014, con una economía mundial con bajo crecimiento y un mercado global anémico. Si bien esta situación era ya conocida para los países desarrollados, es nueva para las economías emergentes que venían respaldando con sus altas tasas de crecimiento la tasa global promedio.

Por varios años el mundo crecerá a tasas menores, lo que implica que la absorción de los millones de desempleados que ha generado la crisis requiera de una firme política social y no sólo económica, que el mundo deberá encarar más allá de los empleos efectivos que produzca la recuperación. Se mantiene así un fuerte desequilibrio entre, por un lado, la pobreza y el desempleo y, por otro, la debilidad de la recuperación económica mundial. También ocurre que las bajas tasas de crecimiento afectan algo menos las urgencias medioambientales que sufre nuestro planeta, algo sin embargo que podría procurarse de otros modos y no con el enorme costo social provocado por la crisis contemporánea.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Un fantasma recorre Europa: el populismo xenofóbico y antieuropeísta.

La prolongada crisis financiera que ha sumergido a Europa en un profundo deterioro económico y social, reflejado en desconocidas tasas de desempleo (26.3 millones, el 10.9 % de la población del bloque), recesión (que según el último informe de la Comisión Europea continuará hasta el 2015) y recorte de los servicios sociales, se traduce ahora en la sorpresiva explosión electoral de un nuevo fenómeno político: el populismo xenofóbico, antieuropeísta y de extrema derecha.

El modelo político más elaborado de Democracia y del Estado del Bienestar desarrollado durante siglos en el viejo continente, está siendo desafiado por una expresión política que adquiere diferentes versiones y que tiene múltiples facetas, pero que comparte un racimo de motivaciones. Son movimientos que en primer lugar expresan un profundo descontento con el estado de situación que va dejando la crisis económica, fundamentalmente con su tendal de desocupados. Han perdido la esperanza y presentan un profundo temor al futuro y una fuerte hostilidad “al mundo externo”, específicamente hacia la UE, a las fuerzas de la globalización, a los inmigrantes y a los extranjeros.
La lucha contra la inmigración siempre aparece como el gran aglutinante, acusada de “robar” empleos, de ser el principal actor de la inseguridad y la delincuencia. Reivindican gobiernos fuertes, líderes autocráticos y desprecian las instituciones y los viejos partidos que han caracterizado el panorama político de la UE desde su conformación. Todos son profundamente nacionalistas.
Su más reciente expresión fue el éxito del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) en Gran Bretaña. Este partido de derecha advenediza, marcadamente antieuropeo y anti-inmigración, que el propio David Cameron definió como un conjunto de “pasteles de frutas, locos y racistas salidos del armario”, obtuvo el 25% de los votos en las elecciones de los consejos municipales que se disputaron el domingo pasado. Pero el UKIP no está solo en su éxito electoral. Desde el Frente Nacional de Francia hasta el ecléctico movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia, hasta el racista y antisemita Jobbik de Hungría, los populistas, que destilan desprecio por la UE y la inmigración, están obteniendo entre 10% y 25% en las elecciones que participan y, en algunos casos como el de Beppe Grillo en Italia y muy pronto el UKIP de Gran Bretaña, llegan a jaquear la gobernabilidad y marcar agenda.

Los errores políticos cometidos por muchos de los gobiernos de la UE y por la propia Unión Europea, y más específicamente por la conducción germánica de la Zona Euro, han colaborado a que el “euroescepticismo” se haya transformado en “eurofobia”; sentimiento que ha generado un apropiado caldo de cultivo para las corrientes populistas y movimentistas. El desempleo y la migración han agregado un ingrediente político adicional para que la “eurofobia” adquiera una connotación ideológica nacionalista y derechista; y la inoperancia de los partidos tradicionales en la búsqueda de soluciones eficientes a la crisis aportó el descreimiento en las instituciones y el reclamo por liderazgos autocráticos.
Las consecuencias de los resultados electorales favorables al populismo ya muestran sus evidencias y efectos sobre el escenario político europeo, que se irán acrecentando a medida que la crisis y el desempleo se agudicen.

El Primer Ministro Cameron, más allá de denostar al UKIP, tomó nota del giro político de sus propias bases y aprovechando el discurso de la Reina ante el Parlamento, imprimió un giro más a la derecha a su política anunciando frenos a la inmigración y límites al acceso a las prestaciones sociales. Aún queda pendiente el pronunciamiento sobre el referéndum relativo a la permanencia de Inglaterra en la UE y el consecuente riesgo de que la incidencia del populismo lo obligue a cortar amarras del destino europeo.
Beppe Grillo paralizó la política italiana durante semanas impidiendo la formación de un nuevo gobierno. No será fácil para el joven Primer Ministro lidiar con un parlamento fragmentado y con un fuerte componente antieuropeísta.
En Francia, el gobierno de Francois Hollande festejó su primer año con una multitudinaria manifestación de protesta y una abrupta caída de la popularidad. Seguramente, si las elecciones fuesen hoy, el Frente Nacional capitalizaría electoralmente ese descontento populista.

Pero más allá de su caracterización y la constatación electoral de su crecimiento, ¿qué tendencia se esconde detrás de este fenómeno, populista xenofóbico y antieuropeísta?
En primer lugar una concepción del sistema político antidemocrático. Mientras la democracia se basa en la confrontación de perspectivas diferentes y opciones políticas alternativas, el populismo da por sentado que hay una única solución que abarca todos los problemas, por lo que el debate político es innecesario, el pueblo tiene una sola voluntad y lo importante es representarla: en el caso de Europa abandonar la UE, el Euro y echar a los extranjeros. Simple.

El escritor español Valenti Puig en un vibrante alegato en El País de España del 4 de mayo, advirtió sobre la tendencia y los riesgos políticos que el populismo implica: “de calar esta prédica en las clases medias el riesgo es de importancia. Invita a augurar unas elecciones europeas en las que en poco más de un año, la kermese populista avanzaría como un espectro expansivo. La declinación precipitada de las clases medias podría alterar el sistema y propiciar en las respectivas elecciones nacionales la ingobernabilidad por fragmentación”.

No queda duda de que el análisis de la crisis financiera de Europa trasciende los indicadores económicos y sociales. El escenario político se agrava a medida que las políticas de austeridad se profundizan.
Al riesgo de una prolongada recesión y la fragmentación de la Zona Euro, sobre el cual mucho ya se ha escrito, se agregan los riesgos de ingobernabilidad como consecuencia del crecimiento electoral del populismo que ya se han visto reflejados en Grecia, Italia e Inglaterra. En consecuencia, no sólo no alcanzará con aportar 500 mil millones de euros al ESM o bajar las tasas de interés, sino que será necesario el surgimiento de sólidos y efectivos liderazgos políticos en el marco de los partidos democráticos, que sean capaces de aglutinar a la sociedad en torno a la recuperación de la fe en un mejor futuro, de más europeísmo como estrategia de salida de la crisis, así como el reconocimiento de las ventajas de la tecnología, la innovación, la apertura y la globalización como pilares fundamentales de un desarrollo europeo y global sustentables.

jueves, 18 de abril de 2013

Nuevos Paradigmas y Tendencias de la Economía y la Sociedad Global


Este artículo pretende ser el primero de una serie en que nuestras reflexiones intentarán apartarse del análisis coyuntural de la crisis para reflexionar en torno a las tendencias (o en algunos casos los paradigmas) que caracterizarán el nuevo ciclo económico que debemos enfrentar como país y como individuos. Comencemos por cuatro paradigmas que considero los más consolidados, y si bien sus orígenes trascienden hacia el pasado el inicio de la crisis, la consolidación y profundización de su presencia en el presente hace prever su fuerte incidencia en el direccionamiento de la economía global en el futuro.

1. La fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción

 En la última década se ha producido un verdadero movimiento sísmico en el proceso de producción global. Cientos de grandes empresas de EEUU y algunas europeas, han desplazado parte o gran parte de su cadena de producción y distribución a China, India y otros países asiáticos, traccionadas por las ventajas competitivas proporcionadas por bajos salarios, recursos humanos de aceptable calidad a nivel técnico y gerencial, y un mercado interno en franca expansión en los países receptores. Esto ha generado la fragmentación y dispersión geográfica del proceso capitalista de producción, el cual se ha convertido en un proceso “desnacionalizado” que aleja y fragmenta los conceptos de “nación” e “industria” y diluye la categoría que dominó el análisis del capitalismo industrial, la toma de decisiones y la generación de políticas durante décadas: “la industria nacional”. Este profundo cambio estructural es un nuevo paradigma cuya profundización se irá acrecentando en la medida en que la internacionalización industrial y su fragmentación, se vean facilitadas por la experiencia, la tecnología y los avances en materia de comunicación, transporte y logística.

2. La universalización y homogenización de las pautas de consumo

 Concomitantemente a la internacionalización y fragmentación del proceso de producción, se ha consolidado un proceso de universalización y homogenización de las pautas de consumo a nivel mundial. Este paradigma tiene ya un largo periodo de iniciación, pero ha tenido un fuerte avance en esta última década, fundamentalmente alentado por el crecimiento de la clase media en los países emergentes de Asia, África y América Latina. Solamente en el caso de China, en los últimos treinta años 700 millones han salido de la pobreza y se han incorporado a la clase media. Este nuevo fenómeno de crecimiento de la clase media en varios países emergentes es la base estructural de la globalización de las pautas de consumo y, en consecuencia, la presencia universal de las grandes marcas, incluyendo las marcas de lujo como correlato del incremento de indios y chinos en la  lista de los super-billonarios en Forbes. La tendencia que se origina en este nuevo paradigma se acentuó en la crisis financiera mundial, en la medida en que dos tercios de la tasa de crecimiento del producto global se originan en los países emergentes. Para dimensionar este mundo emergente basta con recordar que ya son ochenta los países que crecen a una tasa superior a la de EEUU. Si este proceso continuase con similar ritmo y tendencia, la clase media global que hoy asciende a 1800 millones de personas, alcanzaría 4900 millones en 2030 (sobre una población mundial de 8300 millones) y su crecimiento tendría lugar en un 80 % en los países emergentes. En dos décadas el mundo se convertiría en una sociedad de clase media, enmarcada por dos grupos: grandes millonarios y una enorme proporción de pobres habitando países que, por dotación de recursos naturales o mala praxis política, se “desengancharon” del proceso de emergencia. Una sociedad global con una clase media emergente, una concentración de riqueza cuantitativamente inimaginable y como consecuencia una creciente desigualdad entre ambos extremos de la curva de distribución del ingreso.

3. La subordinación de la producción y el consumo al capital financiero

El tercer paradigma es la profundización y globalización de una vieja previsión marxista: el control del proceso productivo por el capital financiero. Al análisis de los clásicos sobre la dialéctica capitalista hay que adicionarle la sofisticación, profundidad y alcance que este fenómeno ha tenido sobre el capitalismo global. Desregulado y globalizado, el sistema financiero exhibió la capacidad de dominar, controlar y funcionalizar el proceso de producción y a la sociedad en su conjunto a sus propios intereses: la generación de riqueza se aparta gradualmente de sus funciones originales de adquirir riesgo para financiar el consumo y la generación de bienes (propias del capitalismo industrial) y se traslada a la especulación y las malas prácticas, entre otras, la estructuración de sofisticadísimos productos que disfrazan activos tóxicos y prometen altas ganancias de corto plazo. Todo potenciado por el constante desarrollo de la tecnología y las comunicaciones. Gradualmente la energía de la generación de riqueza se traslada hacia la generación y adquisición de papeles y no de bienes, origen la crisis mundial en la que aún seguimos inmersos. Alcanzó su máxima expresión al final del gobierno de Bush, donde el grado de desregulación, iniciado en la presidencia de Clinton, exhibió su máximo alcance. El gobierno de Obama ha frenado en parte este perverso proceso de desregulación bancaria y del mercado de capitales. Lo mismo ha ocurrido en Europa con varias iniciativas encaminadas por el Banco Central Europeo, como el camino iniciado hacia la Unión Bancaria y las exigencias de capitalización bancaria. Pero la intrincada red institucional vuelve muy lento el proceso de toma de decisiones en la Unión Europea y el sector financiero continúa tomando ventaja de la crisis de deuda soberana y restringiendo – o congelando – el crédito a empresas y familias, lo que obstaculiza la recuperación y agrava la crisis económica, social y política en la que está sumergida Europa, fundamentalmente Europa Mediterránea.
No hay duda de que los bancos son las nervaduras por las que corre la sabia del sistema capitalista: el crédito. Por ende, son irremplazables para que la producción, el consumo y el comercio se desarrollen. Esto aconteció durante décadas desde la revolución industrial. Pero cuando el capital financiero, bancos y mercado de capitales se dejan liberados a su propia dinámica y voracidad, de plataforma impulsora de la economía real pasan a ser protagonistas de su asfixia. El management se escinde de la propiedad y la dinámica de esta asfixia se acelera: la lógica del management es aún mucho más voraz y cortoplacista. La economía pasa a ser un mundo de papel, cuyos valores se generan y se queman dependiendo más de variables especulativas que de parámetros vinculados al trabajo, la inversión, la rentabilidad y la innovación. Esta batalla por la regulación del sistema financiero y para que éste regrese, o se acerque a su función original, caracterizará las próximas décadas. El resultado es obviamente incierto. Sólo para pensar: la regulación, e incluso la propiedad de los bancos chinos por parte del Estado es muy amplia; quizás esté ahí la gran diferencia en el éxito del capitalismo asiático frente al occidental y japonés. Son aún capitalismo.

4. La crisis y reformulación del Estado del Bienestar

En muchos países europeos el Estado del Bienestar había alcanzado su apogeo como modelo económico-institucional capaz de generar riqueza, bienestar y mejor distribución del ingreso. Con la crisis de deuda soberana se levanta el velo del origen de esta ficción y aparece un Estado altamente endeudado y un sector público deficitario, derrochador, corrupto en muchos casos, pero con una gran habilidad para emitir y colocar deuda a bajas tasas, encubiertas bajo la figura del Euro, una moneda con un supuesto gran respaldo. Por supuesto que el sistema financiero (fundamentalmente el alemán) jugó su rol y fue cómplice de esta ficción en torno a la emisión de grandes volúmenes de deuda soberana para financiar un déficit presupuestal con el que se financiaba el show del Estado del Bienestar en Grecia, España, Italia, Portugal, Irlanda y otros países europeos.
La destrucción de esta estructura en países que hasta hace pocos años lo proclamaban como referencia a escala mundial, así como su reformulación, serán protagonistas de varios años de arduo trabajo y sufrimiento para los países que han vivido su crisis y que enfrentan, con mucho descreimiento, su recuperación reformulada. Habrá que analizar con más detenimiento la organización institucional predominante, así como el proceso de generación y distribución de bienes públicos en varios países nórdicos, en los cuales el Estado del Bienestar ha resistido los embates de la crisis global y de Europa en particular.

La consolidación y profundización de estos paradigmas configuran un escenario económico global en el cual el sistema financiero (más regulado) continuará controlando el proceso de producción que avanzará en su internacionalización y segmentación, orientado a satisfacer pautas de consumo homogéneas y globales.