lunes, 7 de noviembre de 2016

MADURO, CRISTINA Y EL PATO DONALD. GLOBALIZACION Y POPULISMO

La globalización es un proceso virtuoso que, enriquecido por el vertiginoso avance de la tecnología y las comunicaciones, diluyó fronteras y expandió el comercio y el progreso. Pero a su vez ha tenido consecuencias indeseadas: entre otras, el Nacionalismo y el Populismo, con tonalidades de izquierda y de derecha, pero con los mismos rasgos autoritarios y antidemocráticos, además de racistas y xenófobos en EE.UU. y Europa. 

La globalización es un proceso expansivo y virtuoso que, respaldado y enriquecido por el vertiginoso avance tecnológico, ha impulsado la fragmentación y universalización del proceso de producción, el crecimiento y la diversificación del comercio, la formidable expansión de las comunicaciones y, fundamentalmente, el acercamiento de la cultura y los valores que caracterizan a cada país y a cada grupo humano, por más pequeño y previamente desconocido que éste sea. La globalización "achicó el mundo", diluyó las fronteras, universalizó las ideas y expandió la lucha por las causas justas y los derechos universales. Pero a su vez, como proceso socioeconómico y político desarrollado a escala global, ha tenido también consecuencias indeseadas. Entre las más graves: reacciones proteccionistas ante el avance del crecimiento y la apertura del comercio mundial; la prevalencia de los intereses del capital financiero en el desarrollo del capitalismo post-industrial; la agudización de la desigualdad de ingresos entre países y regiones -hoy un 1% de la población mundial concentra más ingresos que el 99% restante- e incluso, en el mundo desarrollado, el miedo de vastos sectores de la mano de obra a quedar obsoletos en la calidad de sus capacidades y desplazados por el traslado de industrias a países con menores salarios y mayor productividad. El voto por Trump en Estados Unidos es preponderantemente hijo de ese miedo a que “nos roben los trabajos”, temor compartido por muchos de los ingleses que votaron en contra de continuar en la Unión Europea, o sea por el "Brexit".

En el plano político la globalización acrecentó el nacionalismo e incubó el surgimiento del Populismo -con tonalidades de izquierda y de derecha- pero compartiendo un mismo corazón ideológico, con los mismos rasgos antidemocráticos, autoritarios y empobrecedores del debate ciudadano, reduciéndolo a un relato que genera adhesiones o rechazo y con el cual se puede acordar enteramente o correr el riesgo de disentir y ser catalogado como enemigo e incluso traidor, amplificando una "grieta" en la sociedad entre quienes respaldan el modelo supuestamente "nacional y popular" y quienes reclaman democracia y participación y en el límite del modelo, trabajo y comida.

En próximos artículos nos referiremos a los efectos indeseados de carácter comercial y financiero de la globalización, pero dada la actualidad de los hechos que acontecen en Venezuela, que aún condicionan la realidad argentina y que serán determinantes del resultado electoral del martes en EEUU, en este artículo nos concentraremos en intentar un entendimiento de la dialéctica, y de la peligrosa propagación del Populismo tanto en los países desarrollados como en las economías emergentes y los países en desarrollo.

La primera distinción que es necesario hacer es que cualquier asimilación del Populismo a la izquierda democrática seria y moderna es falsa y malintencionada. Como asimismo cualquier defensa desde la izquierda democrática a regímenes claramente populistas, como el "Kirchnerato" o el Chavismo, es por lo menos ingenua y quizás equivocada y carente de valores republicanos.
El origen de los tres regímenes es el retorno a una visión "bárbara" de la realidad. Los bárbaros entendían que todo lo desconocido era una amenaza y debían considerarlo como un enemigo, por lo tanto era necesario enfrentarlo. Los gobiernos populistas consideran al mundo un enemigo y las relaciones internacionales pasan a ser controladas por la lógica de la conspiración y la confrontación. Las alianzas internacionales de la Argentina Kirchnerista quedaron reducidas a Irán, Venezuela y confusos acercamientos con Putin. El Kirchnerismo llegó al colmo de conspirar con Uruguay llevándonos al borde de la confrontación. Venezuela ha reducido su respaldo político a Cuba, Ecuador y Nicaragua. EE.UU. es a la vez su principal enemigo y su mayor proveedor de divisas a partir de ser su mayor comprador de petróleo. Si gana Trump no se concretarán los dos grandes acuerdos regionales impulsados por Obama y en proceso de negociación: el acuerdo transpacífico y el transatlántico (con Europa), y el NAFTA (con México y Canadá) se renegociará.
La dinámica política del Populismo está dominada por crecientes limitaciones al ejercicio de los derechos políticos y las progresivas suspensiones de las facultades constitucionales. En Venezuela se ha ido más allá con el encarcelamiento de opositores y amenazas de intervención militar. La suspensión del referéndum revocatorio y el desconocimiento de decisiones parlamentarias por la arbitraria falta de legitimidad de algunos representantes son ejemplos groseros del deterioro democrático -ojalá que la mediación Vaticana genere un resultado conciliador y no sea una nueva medida dilatoria-
Como todo Populismo implantado en países pobres, se agota el discurso -siempre extenso y dirigido al pueblo- cuando se desploma el precio de la "mono materia prima" -la soja en Argentina y el petróleo en Venezuela- que habilita atender algunas necesidades populares pero, fundamentalmente, a poner en movimiento la trama de la corrupción para enriquecer al "jefe" y eternizar el modelo nacional y popular.
En el caso de los países desarrollados, y en EEUU, la dinámica política del Populismo es diversa. Si bien está conducida por el miedo, la retroalimenta el nacionalismo y por ende adquiere terribles perfiles de racismo y xenofobia. Las minorías, los migrantes y las economías emergentes, hacia las cuales se trasladaron procesos industriales que luego venden sus productos finales en el mercado norteamericano, se han transformado en el "evil" contra el cual los "cruzados blancos" deben luchar para sobrevivir.

En relación a la arbitrariedad del régimen que puede emerger si triunfa Trump, la situación es diversa en EE.UU. que cuando el Populismo se implanta en un país emergente o en desarrollo. EE.UU. es un régimen federal consolidado y el Parlamento (ambas cámaras) pueden limitar con éxito las arbitrariedades mayores de la barbarie nacionalista, proteccionista, racista y xenófoba. Pero las habrá en la medida que las atribuciones presidenciales lo permitan.



Para terminar, desgraciadamente Trump no termina en Trump. Aún perdiendo quedará la mitad de la población de EEUU que han asimilado su mensaje, su odio y su xenofobia, muchos de ellos armados. Y peor aún, se preparan muchos otros Trump en Europa con posibilidades cada día más ciertas de ser electos. La globalización continuará como un proceso virtuoso pero enfrenta un defecto no deseado: el Nacionalismo y el Populismo.

lunes, 3 de octubre de 2016

NUEVE MESES Y MEDIO: MUCHO PARA UN EMBARAZO, POCO PARA UN GOBIERNO

La presidencia de Mauricio Macri cumple nueve meses y medio al frente del Gobierno Argentino y se hace difícil evitar la referencia a un embarazo retardado. Fueron meses dolorosos como un parto sin saber cuánto se prolongará. Meses extremadamente intensos, no solo por las consecuencias de las leyes aprobadas y políticas adoptadas, sino por el descubrimiento de asombrosos actos de corrupción del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner, que día a día, noticia a noticia, nos develan un régimen que con ropajes de progresismo  encerraba una estructura mafiosa groseramente concebida para apoderarse ilegalmente de la mayor cantidad de recursos público posibles

Pero dejemos en manos de la justicia las consecuencias penales de esta arquitectura de despojo y regresemos al análisis de lo que ha significado el gobierno de Macri para la economía y la sociedad en estos nueve meses y medio de “gestación”. Macri recibió una pesada herencia del gobierno kirchnerista: el aislamiento mundial, la consecuente imposibilidad de acceder a los mercados de capitales, un peso artificialmente sobrevaluado, el agotamiento de las reservas del BCA, el cepo cambiario, una inflación del 39% y un índice de pobreza del 30% y no del 4% como declaraba Cristina en la FAO y Aníbal Fernández  lo comparaba con el índice de pobreza en Alemania

Con buena capacidad de negociación inicial, dada su minoría en ambas cámaras, en los primeros meses de gobierno el Parlamento aprobó las leyes que le permitieron al gobierno de Macri “desarmar” el nocivo “cepo cambiario”, iniciar y concluir el pago a los fondos buitre y devaluar el peso un 50%. Este “combo” le permitió a la Argentina (Gobierno Central, Provincias y empresas) regresar al mercado de capitales internacional. A la fecha, incluyendo el pago a los fondos buitre, la emisión de deuda adicional externa e interna y las deudas adquiridas por las Provincias, el endeudamiento del Tesoro Argentino ha crecido al 51% del PBI. La cual es una relación baja si se la compara con el resto de la región, y muy baja si se la confronta con los países desarrollados. Si alguna ventaja dejaron los doce años de kirchnerismo es que su aislamiento global condujo a un importante desendeudamiento, fundamentalmente de fuente internacional.  

Reiterando, Mauricio Macri inaugura su gestión con un paquete de medidas que en menos de sesenta días reposicionaron a Argentina en el mundo, promoviendo activamente la apertura global de sus relaciones comerciales, financieras y políticas. En contraste, asombra como el relato kirchnerista pregonaba el cierre de la economía, el aislamiento de los mercados globales y del mundo en general, como una virtud y un rasgo de progresismo, concepto que se reproduce en Venezuela y en el discurso de Trump: rasgo común del populismo de izquierda y de derecha. ¿Acaso Uruguay  no tienen un gobierno progresista porque concurren al mercado internacional de capitales, honran su deuda, tiene relaciones con el FMI y una política de acceso libre al dólar? 

Inmediatamente después de normalizar las bases de la inserción natural de la economía en el escenario global, a través de los mecanismos descritos, el gobierno “derrapa” en un intento legítimo pero groseramente implementado de reducción del déficit. Me refiero a la suba de las tarifas de luz, gas y transporte de electricidad. Con alto grado de impericia politica, intenta reducir los absurdos e indiscriminados niveles de subsidio que el gobierno de Cristina otorgaba a las empresas privadas para que prestaran estos servicios . El monto que originan estos subsidios constituye uno de los componentes mayores del gasto público y por ende del abultado déficit fiscal que heredó el gobierno de Macri. Con el agravante de que los hogares de mayores ingresos eran unos de los mayores beneficiarios de estos subsidios y con el agravante, de que en el caso del gas los hogares más pobres, no alcanzados por la red de gas en tuberías y por lo tanto obligados a usar garrafas, seguían pagando un gas que triplicaba la tarifa de un hogar de Barrio Norte. A pesar de estas inconsistencias, las medidas de suba de tarifas orientada a corregir estos insostenibles e irracionales subsidios que intentó el gobierno de Macri se vieron impregnadas por la impericia, la insensibilidad y la poca “cintura” política. De un día para otro los argentinos residentes en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires recibieron boletas con mas de 500% de aumento y por falta de una adecuada simulación previa al envío de las facturas, se dio el caso de hogares que recibieron hasta 1000 % de incremento. Todo este despropósito inconsulto llevó a un revisionismo, el cual fue facilitado por la decisión de la Corte Suprema estableciendo un tope y llamando a la grualidad: hoy ya es decreto que el incremento del gas no podrá pasar de 200%, con subas semestrales. Algo similar pasará con la electricidad cuya solución será sometida a Audiencia Pública la segunda semana de octubre.

Mientras tanto, el déficit fiscal no se reduce habiendo incluso planificado una cifra superior en 2017 en el marco del Presupuesto ya elevado al Congreso. Las transferencias a las Provincias, el pago de intereses de la deuda, el reinicio con ímpetu reactivador de la obra pública y el mantenimiento e incluso expansión de algunos programas sociales, han “rigidizado” el nivel del gasto, el cual impacta de lleno en el nivel del déficit ante una carga impositiva asfixiante y la reducción de las retenciones a los productos agropecuarios. En un Estado en el cual hay 36 empleados estatales cada 100 empleados registrados, de todas maneras la reducción del déficit no es una tarea de corto plazo y si así lo pensaba el equipo de Cambiemos antes de asumir, pecaba de ingenuo o aspiracional.

Sucedió lo predecible. La corrección de los groseros desequilibrios fiscales y monetarios y el sinceramiento cambiario (el dólar se devaluó 50%) se tradujeron en un incremento no esperado de la inflación que llegó a un 42% anualizado en julio. Las paritarias habían sido negociadas con parámetros menores, lo que se tradujo en una pronunciada caída del salario real y el consumo, la cual llegó a un 7,4% en el mes de julio. El derrumbe del nivel de consumo y la política monetaria orientada a contener el brutal acrecentamiento de la inflación confluyeron configurando un escenario recesivo que llegó a su máxima expresión en agosto con una caída del 5.7% del PBI interanual y del 3.2% anual para el primer semestre en su conjunto. Como un hecho de alta consistencia económica la inflación de agosto fue de 0.5%: máxima contracción del producto interanual en 19 años, mínima inflación mensual en décadas. Según varios integrantes del equipo económico e intérpretes especializados, agosto se constituye así en el “mes bisagra” del modelo. En unos días más tendremos los datos del INDEC (felizmente confiables) de la inflación de setiembre para verificar si tenían razón.
“Unidos por el espanto”, como decía Borges, el jueves 29 se reunió el Gobierno con el conjunto de los líderes sindicales de la CGT. No se acordó nada concreto pero se diluyó el paro general en el corto plazo, se habló de un bono de fin de año y alumbró la idea de un Consejo Económico y Social, lo cual considero de gran utilidad en una situación tan compleja desde el punto de vista económico, social y político.

Concluyendo, tal como lo anunció el Gobierno, la inflación mensual disminuirá a 1.5% durante el segundo semestre y a un entorno del 1 % mensual en 2017, las tarifas de gas no pueden superar el incremento del 200% con ajustes semestrales, será más gradual el incremento de la tarifa eléctrica en octubre, la tasa de interés ha caído 7 puntos, se reactivó la obra pública y es altamente probable que se otorgue al sector público y privado un bono compensatorio de fin de año. Sin embargo, la gran pregunta persiste: ¿estas medidas y constataciones alejan a Argentina de la recesión? ¿Podrá la Argentina volver a crecer?
En un escenario de prosperidad como el que promete Macri, la única manera de crecer es a través de la inversión y la competitividad. El capital es cobarde y exige certezas que Argentina hoy no puede ofrecer. Además, por mayores esfuerzos que se puedan hacer (como el reciente “mini Davos", brillantemente organizado) el tiempo de maduración de una inversión no es inmediato y por lo tanto la anunciada “lluvia de dólares” no es coyuntural.

En consecuencia, al nuevo Gobierno le esperan años difíciles. Tendrá un alivio con “el blanqueo” que en la versión más optimista puede llegar a 80 mil millones de capitales exteriorizados, en cuyo caso dejarán al fisco 7.5 mil millones los cuales, en gran parte, ya están comprometidos con la Ley de reparación histórica de los jubilados, excelente iniciativa del actual Gobierno. También los capitales que regresen pueden ser reactivadores en el corto plazo, fundamentalmente en la industria de la construcción la cual cayó 3.4% en lo que va del año. Asimismo, el campo, con retenciones disminuidas y un volumen de producción y competitividad de clase mundial, será seguramente un motor que reiniciará en el corto plazo. Si se frena la contracción en Brasil, la industria automotriz esta pronta para responder.

Pero un crecimiento sostenido requiere de una tasa de ahorro e inversión de un mínimo de 25 a 30% de crecimiento del producto. Argentina tiene hoy  un 19%. Aquí está todo el dilema sobre qué modelo adoptará el gobierno de Macri en los años que le restan de gestión. ¿Gobernará para los ricos como predice una fracción de la oposición o priorizará el combate a la pobreza como acaba de afirmarlo enfáticamente el día que el INDEC anunció que en Argentina hay 13 millones de pobres? - en un país que produce alimentos para 400 millones de personas-  

De la estructura del gasto público y los supuestos incluidos en el proyecto de presupuesto 2017, ya presentado en el Parlamento, se puede deducir cómo continúa el camino en su segundo año de gobierno: aumento en las partidas sociales, gradualismo en la baja del Impuesto a las Ganancias a los Trabajadores (asimilable al IRPF en Uruguay), un ambicioso plan de obra pública, un endeudamiento de 18 millones adicionales, un supuesto inflacionario del 17%, un crecimiento del 3.5 del producto y una recuperación del salario real del 2% por sobre la inflación.

Un año más y veremos qué rumbo definitivo adquiere la “la gestión Macri”. Cuenta a favor con una oposición fragmentada y fundamentalmente con un peronismo sin liderazgo definido. Artemio López, conocido politólogo y encuestador que estuvo muy cercano a Cristina, en una publicación del sábado 1 de octubre ofrece las siguientes observaciones: “Los dirigentes políticos que reciben más aceptación en las encuestas son Vidal, Massa y Macri, y enseguida Stolbizer y Carrió. Ningún dirigente justicialista les hace sombra, ni siquiera Randazzo y Scioli, que son quienes mejor miden –ni hablar de los sindicalistas–. Parece claro que el mercado no está demandando una oferta política justicialista”

jueves, 3 de marzo de 2016

Economía global: Un jardín escabroso y algunos brotes verdes en 2016.

El primer bimestre de 2016 lleva a predecir que el primer semestre de este año se caracterizará por los desequilibrios, la incertidumbre y la volatilidad de las principales variables de la economía global, así como su reflejo mas certero: los índices que describen el comportamiento diario del mercado de capitales y los precios relativos de las monedas más significativas. Este panorama incierto en lo económico, que se resume en una tenue recuperación de la economía mundial (desafiada aún por el estancamiento o la recesión), se ve a su vez amenazada por varios conflictos bélicos que se aproximan a un enfrentamiento global a medida que estallan las "burbujas" armadas, crece la población Siria aislada de toda ayuda humanitaria (450000), los refugiados tensan la capacidad de asilo de Europa y crece el pánico en sus principales ciudades. 

El año 2016 se inicia con un escenario global, económico y político de alta incertidumbre y volatilidad, ya que en estos dos primeros meses del año solo se han consolidado y agudizado macrotendencias que eclosionaron el año pasado: 1. La profundización en la implantación de un modelo económico en China, que privilegia la asignación de los factores de producción hacia la expansión del consumo interno y los servicios, en detrimento del sector exportador y la producción manufacturera, con la consecuente caída de la tasa de crecimiento, motor de la economía global en la crisis del 2008 y en la postcris, la cual descendió desde dos dígitos a valores previstos para fin de este año en el entorno de 6-6.5 %; 2. El impacto de este aterrizaje forzoso en la demanda mundial y los niveles de intercambio global. En 2016 los niveles de intercambio comercial a nivel mundial se redujeron un 25%; 3. El desplome en el precio del petróleo y de varios minerales, debido a un exceso de oferta como consecuencia de la adopción de nuevas técnicas de extracción, fundamentalmente en EEUU, y contracción de la demanda en China e India; 4. La caída por razones similares del precio de las restantes commodities, incluidos los granos y otros alimentos; 5. El abandono de la política de tasa de interés cero por la Reserva Federal de EEUU. 6. El fin de la política de incentivos en EEUU y su aprobación e implementación por parte del BCE en Europa, a través de la compra de bonos soberanos de los Estados Miembro.

Estas cinco macrotendencias, o políticas de impacto global, todas ellas ya presentes el año pasado, e incluso algunas previamente, han conformado un nuevo paisaje que incluye pinceladas oscuras para las previsiones del crecimiento mundial y la recuperación, sobre bases sólidas, de la economía global. Confirmando una recuperación aun débil, en 2016 las predicciones sobre la tasa de crecimiento mundial y regional, se ajustan a la baja con una frecuencia casi trimestral: la última estimación del Banco Mundial es de un crecimiento global de tan solo 3.2 % con una diferencia a la baja de 0.3 de la predicción anterior.
Este panorama económico se completa con un escenario político particularmente complejo por el conflicto bélico en Medio Oriente, particularmente ante la situación en Siria, el avance del Estado Islámico, la agudización de la agresividad de Israel hacia el Estado Palestino, y la creciente migración desde Siria y otros países vecinos hacia Europa y ahora desde Europa hacia no se sabe donde.
En el marco de este panorama económico y político global, que como dijimos genera incertidumbre y volatilidad, la cual se expresa diariamente en Wall Street y las bolsas europeas, EEUU se destaca como la economía más sólida en términos de empleo y crecimiento del PBI, el cual presentó en el último trimestre del 2015 un desempleo de 5.6.

Si bien este "jardín sin flores" caracteriza el panorama económico mundial, mucho más triste y "pleno de yuyos" es el jardín de las Economías Emergentes, las cuales constituyeron la locomotora en la postcrisis. De los BRICS no quedó más que el recuerdo de una ingeniosa sigla. En el largo plazo Prebisch tenía razón en cuanto a los términos de intercambio, salvo períodos muy excepcionales, sus precios relativos tienden a deteriorarse ante los precios de las manufacturas, y recientemente también ante las "mentefacturas", aquellos bienes producto de la sociedad del conocimiento y la tecnología. No tuvo razón en la estrategia de la sustitución de importaciones: no iba por ahí la cosa, sino por aprovechar nuestras fortalezas y agregar valor agregado a nuestros recursos naturales incrementando genuinamente nuestras ventajas comparativas y competitivas. El mismo error cometió durante estos años la mayoría de los países en desarrollo, particularmente en América Latina Argentina, Venezuela y Brasil en alguna medida. Seducidos por los altos precios de las commodities, utilizaron el excedente comercial no para consolidar sus ventajas competitivas y agregar valor a sus recursos naturales, sino para alimentar irresponsablemente sensaciones de bienestar infinito y pretender consolidar en el poder líderes mágicos cuya "eternidad" tuvo la curvatura del precio del petróleo o de la soja. Como previsible, los términos de intercambio revirtieron, fundamentalmente petróleo y metales, insumos esenciales del castigado sector manufacturero chino. No así los alimentos, también castigados en su valor pero con menor intensidad, fundamentalmente la carne, lo cual es consistente con la naturaleza de la demanda de las clases medias y medias-altas del capitalismo planificado chino. Téngase en cuenta, para dimensionar el desplazamiento de la demanda de la segunda economía mundial, que China fue el país que importó el mayor volumen y valor de los considerados "bienes de lujo" 

En este ingreso incierto a la nueva década, aún hay un pilar que hace una década fue el generador de la crisis y la inestabilidad del capitalismo mundial y que hoy muestra un nivel relativo de solidez y autosustentabilidad. Me refiero a EEUU, cuya economía en la postcrisis ha hecho grandes progresos en materia de desempleo (5.6) con una inflación del 2%, una propensión al consumo creciente y una moneda que se ha revalorizado frente a la mayoría de las monedas de los países desarrollados y China, que en 2015 impuso el Yuan como integrante de los Derechos Especiales de Giro en el FMI. Sin embargo, en relación estricta al ritmo de su crecimiento, sigue aún en un nivel de recuperación suave, muy restringida por el fortalecimiento del dólar y el debilitamiento de su sector externo, además del impacto en términos de incertidumbre que crea el ingreso a un año electoral. Pero hay que destacar dos factores estructurales que explican la sustentabilidad señalada, a pesar de la pauta de crecimiento aún débil y difícil de caracterizar como una franca recuperación. Me refiero a que el 80% del producto se explica por el consumo interno, lo que vincula directamente crecimiento con bienestar. El segundo factor al cual me refiero es que más del 60 % del producto lo genera el sector servicios y el tercero es que el 6% del producto se invierte en innovación +desarrollo.

China planificadamente retrocediendo; Europa sin rumbo cierto, con una población crecientemente descreída del proceso de integración, de los liderazgos tradicionales y políticamente fragmentada. Como dato de corto plazo, la recuperación que las bolsas europeas han reflejado en estas últimas tres semanas, EEUU transitando una tenue y volátil recuperación y los países emergentes en franco retroceso, hacen avizorar un año económicamente complejo, pleno de interrogantes: ¿frenará China su aterrizaje en el 6.0 - 6,5%?;¿anunciará la FED más subas de la tasa de interés este año, este semestre?; ¿son suficientes los incentivos económicos otorgados por Draghi para iniciar un periodo de recuperación sostenido de Europa?; ¿deja Inglaterra la UE?; ¿habrá Moratoria y Gresexit?; ¿subirá el precio del petróleo?; ¿a cuánto?. Y por nuestros pagos ¿podrá la oposición apartar a Dilma de la presidencia de Brasil?; ¿será capaz el Gobierno de Macri de controlar la inflación en Argentina? 

Todas estas interrogantes sin respuesta aún constituyen el entramado de incertidumbre que nos rodea y dificulta, y a veces paraliza la toma de decisiones. Al comienzo del 2016 hay una certeza: la economía global, debido a la desaceleración de China y la consecuente reducción de la actividad de las economías asiáticas vinculadas al gigante, se contrajo. Y esa contracción la estamos percibiendo todos los días y la percibiremos en el resto del año y quizás por varios años más. Es esta contracción y sus consecuencias sobre economías desarrolladas, emergentes y en desarrollo lo que genera la convocatoria de la reciente reunión de Ministros de Finanzas y Presidentes de Banco Centrales en el G-20: es necesario en forma urgente implementar políticas de crecimiento en nuestras economías, incluso si las mismas aumentan razonablemente el déficit fiscal. Keynes siempre es convocado cuando la contracción o la recesión se hacen evidentes. Quizás sería más útil convocarlo antes de que estas tendencias se hagan evidentes.

lunes, 24 de agosto de 2015

CHINA: DESACELERACIÓN, ENFRIAMIENTO O CORRECCIONES AL NUEVO MODELO DE CRECIMIENTO

Como productores de materias primas Uruguay y la región han sido espectadores en las primeras filas de la abrupta caída del precio de las commodities, por una reducción de la demanda china. Por la misma razón, y en cadena, se han deteriorado las economías vecinas intensificando el impacto sobre nuestra economía. Hace apenas unos días China sacudió al mundo con una devaluación del Yuan que generó el derrumbe de las bolsas mundiales. ¿Son síntomas de desaceleración o correcciones necesarias a una estrategia de crecimiento más sustentable que abandona el crecimiento a tasas de dos dígitos y revaloriza el rol del mercado interno?

Estas ultimas semanas el mundo entro en pánico con la serie de noticias que se sucedían, casi diariamente, sobre el supuesto enfriamiento de la segunda economía mundial: retroceso del índice de producción industrial, caída de las exportaciones en relación al producto, corrección del crecimiento del PIB que podría terminar el año por debajo del 7% y, fundamentalmente, tres devaluaciones consecutivas que llevaron el Yuan a una valor nominal mayor, en relación al dólar, de casi 6 %.
La primera conclusión, ante el impacto global de estos últimos movimientos económicos del gigante asiático, es la toma de conciencia real, por parte del mundo financiero y comercial de la enorme influencia que ejerce China sobre la economía mundial y la velocidad e intensidad con la que acontecimientos en su economía se trasladan a la economía globalizada.

Observemos lo que acaba de suceder: China corrigió su régimen cambiario, el yuan encontró un nuevo equilibrio ante el dólar, el mercado de capitales interpretó la devaluación como una política reactiva ante el enfriamiento de la economía y la pérdida de competitividad de las exportaciones, y en menos de una semana se inició una carrera bajista de Wall Street que terminó el viernes pasado con los tres índices cayendo algo mas del 3%. Un viernes negro, el Dow Jones nuevamente por debajo de los 2000 puntos, la mayor caída del año. Lo mismo sucedía en Europa y en todas las bolsas de Asia y los países emergentes. En una economía global tan incierta, y en el marco de una recuperación con fundamentos muy débiles, se mueve "el OSO" y tiembla el bosque. Nos aventuramos a postular que la reacción global ha sido apresurada, o al menos carente de un análisis y una comprensión más profunda.
En primer lugar, y esto es válido e importante en estas últimas dos semanas se tomó real conciencia, con sangre, de algo por todos conocido: el creciente rol de China en la dinámica capitalista global. El enorme peso relativo de la demanda por ella generada en el ritmo de crecimiento de la economía mundial y de la performance del mercado de capitales a nivel mundial.

La pregunta que ha quedado pendiente, después de este último episodio, de la relación dialéctica entre China y el mundo, es cual será cuales serán los próximos acontecimientos que caracterizarán la evolución económica y financiera del gigante asiático. Dado que China es una "economía capitalista centralmente planificada" esta pregunta debe remitirse, en gran medida, a cuales serán las decisiones de política económica que adopte el BP Chino.
Si bien la devaluación del Yuan hizo estragos en los mercados de los países desarrollados en menos de dos semanas, la desaceleración de la economía China venía desde hace meses erosionando el precio de las commodities y por ende generando una relevante caída del precio de muchos de los productos exportados por las economías emergentes. Encabezados por el retroceso del precio del petróleo - agudizado por el incremento de su extracción en EEUU- los minerales, los granos y otros alimentos han sufrido caídas que promedian el 30%.
Por esta razón es aún más relevante, desde el ángulo de nuestras economías, aproximarnos a una respuesta de cuál será la evolución de la economía china y si efectivamente estamos ante un proceso de desaceleración o enfriamiento estructural y sostenido.

Para hacernos esta pregunta, además de entender la naturaleza de la economía china y la dinámica entre su capitalismo de mercado y las decisiones centralmente planificadas del Buró Político del PC, es necesario recordar que China a partir de su último Congreso del Partido Comunista, que designó a Xi Jinping como su Presidente, inició un cambio de modelo hacia una economía más sustentable, basada en el desarrollo de su mercado interno, más que en la agresividad de sus exportaciones. Este cambio de modelo económico tuvo como efecto primario una reducción progresiva de los históricos dos dígitos a una tasa de crecimiento anual proyectada del 7%.
"La gran fábrica mundial" de manufacturas baratas, que inundaron el mundo, comenzó a sofisticarse a medida que se sofisticaban los productos que se le encargaba producir. El proceso de producción se volvió más complejo a medida que ingresaron a la "a la gran fábrica mundial "las grandes empresas tecnológicas y la industria automotriz, y como consecuencia la mano de obra especializada creció y se encareció. El poder de compra aumentó y con el mercado interno inició su expansión, la industria inmobiliaria se multiplicó exponencialmente, y 11 mil millonarios dieron base a la mayor demanda de bienes de lujo del mundo.
El Buró Político sintió que estaban dadas las condiciones para iniciar un proceso de crecimiento con una mirada más atenta a su mercado interno y enlentecer su sacrificado esfuerzo exportador, difícil de sostener en el largo plazo.
Formidable dicotomía: era necesario crecer menos para vivir mejor. Quizás como en una familia con ingreso creciente: "dejemos de ahorrar tanto y mejoremos nuestro nivel de vida". Igual que en el ejemplo familiar, China inicia la transición hacia el nuevo modelo de desarrollo con enormes reservas, entre ellas la mayor tenencia de bonos del Tesoro americano a nivel mundial, pero dispuesta a satisfacer el consumo de su mercado interno.

Que China anunció explícitamente que reduciría su tasa de crecimiento a valores cercanos al 7% es un hecho irreversible. Que una reducción del  3% de sus valores previos de la expansión de su economía generaría fuertes caídas en los flujos de comercio internacional y en el precio de las materias primas de las cuales China era su principal demandante era totalmente previsible.
Ahora bien, que la nueva estrategia puede ser que no tenga una aplicación lineal también es posible, más aún cuando otras regiones como Europa, fuerte socio comercial de China, no logra iniciar un proceso de recuperación sostenido, a pesar de la política de incentivos aplicada por el BCE a través de la compra de bonos soberanos, y de haber cerrado el tercer rescate de Grecia, un tanto ensombrecido - o fortalecido - por la renuncia de Tsiripas. En cuyo caso es probable que asistamos a nuevos episodios coyunturales de correcciones en la tasa de cambio, o en la política de encajes u otros mecanismos de corrección de la tasa de interés o expansión crediticia. Estos episodios y la volatilidad asociada del mercado de capitales global es probable que acontezca por un corto o mediano plazo, a medida que el modelo se consolida y adapta al ritmo de la recuperación global.

Lo que sería realmente grave es que la tasa de crecimiento se acercase más al 6 que a al 7%. En ese caso estaríamos en un escenario claro de desaceleración más allá de lo planificado. Y en ese caso la economía global puede ingresar nuevamente en un período de enfriamiento, para evitar usar la palabra recesión. Su impacto además de ser global, sería particularmente impactante para los países productores de materias primas.
Y pensar que ante este mundo tan volátil e incierto, al contrario de lo que hizo China con su firma en nuestro país hay quienes piensan que no debemos ingresar al TISA. Parece una broma.

ALGUNAS LECCIONES QUE DEJÓ EL TRIUNFO DE ALEMANIA SOBRE GRECIA.

La inminente resolución de la crisis griega deja algunas lecciones en cuanto a las responsabilidades que surgen de las carencias institucionales de la Zona Euro, hábilmente aprovechadas por Alemania para ejercer un liderazgo autoritario que como muchos creían y deseaban, humilló a Grecia pero hizo prevalecer una posición europeístas y privilegió el Euro y a Europa a la "ejemplarizante" mutilación que podría haber significado la expulsión, aunque temporaria, de Grecia del avanzado mecanismo de integración. Dura, cruel en muchos aspectos, es una solución más razonable para reiniciar la recuperación económica de Europa.

Con la apertura de los bancos griegos este lunes, manteniendo aún severas restricciones sobre extracciones y transferencias, se inicia una nueva etapa en esta larga y tensa agonía que ha atravesado el gobierno y el pueblo griego. Con una deuda de 83 mil millones de dólares (equivalente al 200% del PBI, un período de gracia de 10 años y una estimación de más de 40 años para su repago) Grecia inicia un camino que, según señala el FMI en un informe que permaneció secreto en la reunión del Eurogrupo y en la cumbre de líderes de la Zona Euro, es de imposible cumplimento a pesar del duro paquete de reformas fiscales y privatizaciones exigidos por los países de la Zona Euro, explícitamente liderados por Alemania. La negociación, que parecía que se encaminaba a un inevitable "Greyexit" (salida de Grecia de la Zona Euro) como medida ejemplarizante y "anticontagio", se acerca a un final incierto, con Grecia contenida en la Eurozona y obligada a una casi humillante exigencia de aprobar por ley el conjunto de reformas impuesto por la Troika para aceptar la renegociación de la deuda y evitar el eminente default y su permanencia en la Zona Euro. Aprobadas las reformas por el Parlamento griego, por el Parlamento alemán y el francés, resta aún que la advertencia del FMI sea tomada en consideración y que la voz del Presidente francés sea tomada en cuenta para que se aplique una quita sobre la deuda y/o que se estructure una refinanciación que alivie las exigencias anuales de dedicar una pesada proporción del gasto público al servicio de la deuda y poder alcanzar con menos sacrificio y mayor realismo la dura exigencia de un superávit primario del 1%. A pesar de la advertencia del FMI y de las recientes declaraciones de Hollande, es difícil que Alemania ceda a esta evidente realidad. Merkel ha tensado al máximo sus relaciones políticas dentro de su partido y con sus partidos aliados. Incluso dentro de su gabinete, y en particular con su ministro de Finanzas quien se opuso públicamente al acuerdo y alentó hasta último momento una salida temporaria de Grecia de la Zona Euro. Veremos en el transcurso de estos días si el monto y las condiciones de la deuda permanecen incambiados o si aún existen unos gramos adicionales de sensibilidad y el castigo al hermano descarriado se atenúa para reducir su sufrimiento.
Este breve relato de una densa negociación, que parecería que se acerca a su fin, nos permite extraer algunas conclusiones relativas no sólo al Euro, sino a Europa en su conjunto e incluso a la economía y geopolítica global.

En primer lugar, existe un problema estructural en la arquitectura institucional de la Zona Euro. Es muy difícil que conviva una moneda única, un único Banco Central con 18 Ministerios de Finanzas y por ende con 18 presupuestos. Lograr una armonización fiscal y monetaria en estas condiciones constituye un proceso de alta complejidad que, en muchos casos, se convierte en un acto voluntario de cada país de cumplir con las metas fiscales que exige el Banco Central Europeo para respaldar la fortaleza y el valor de paridad de la moneda única. En tiempos de crisis y recesión, como los que atraviesa Europa desde 2008, el cumplimiento de las metas fiscales dictadas por BCE se torna muy difícil para los países con economías más débiles y por ende más afectadas por la crisis global y la recesión. En esta situación el Euro "cruje" y los países, y fundamentalmente los pueblos que lo comparten, resisten los programas de ajuste que deben enfrentar para lograr las exigencias fiscales del BCE. Y es ahí donde aflora la falla estructural. La arquitectura del Euro habilita la resistencia a cada presupuesto de cada uno de los países que comparten la moneda única y las directrices del BCE. Si la exigencia del BCE implica una reducción del déficit, como sucede en épocas de crisis, la austeridad resultante es resistida, y esa resistencia, casi transformada en un grito de guerra como en el caso de Grecia, se enfrenta al temor de abandonar la Zona Euro y los privilegios y accesos que esa pertenencia trae aparejados. La lección que la crisis griega nos deja es que en ese enfrentamiento la pertenencia a la Zona Euro prevalece. Y prevalece ante una batería de medidas de austeridad que inicialmente todos sospechábamos que no serían aceptadas por el Gobierno griego. Puede argumentarse que no fueron aceptadas por el pueblo griego en el referéndum. Pero esta consulta era de obvio resultado y no fue planteada correctamente. La confrontación entre austeridad y abandono del Euro no estaba explicitada en la interrogante formulada en la consulta. Por eso el resultado del referéndum convivió con un conjunto de encuestas que evidenciaron que más del 60% del pueblo griego no era favorable a la salida de la Zona Euro. Tsipras utilizó como último recurso de negociación el obvio resultado de una consulta mal formulada, que además endureció las exigencias de Alemania para matar un antecedente muy peligroso: la aceptación de la democracia directa en las decisiones de la Zona Euro. Finalmente, el propio Tsipras tuvo que pagar el costo del enfrentamiento entre austeridad y abandono del Euro aceptando la exigencia de aprobar las reformas como condición para proseguir con las negociaciones. Consciente de esta primera lección que deja la crisis griega y del desmedido liderazgo alemán, Hollande llamó recientemente a conformar un Parlamento de la Zona Euro y la unificación de los presupuestos de los países que la conforman.

La segunda lección tiene también que ver con la arquitectura institucional en la que se basó la fundación de la Zona Euro. Los países que la componen son muy disimiles en su estructura productiva, nivel de industrialización, y fundamentalmente en su productividad. La existencia de una moneda única los despoja de la utilización de la devaluación como política económica compensatoria de la pérdida de productividad, lo que es económicamente sano. Pero a su vez es irrealista pretender que un conjunto de países tan disimiles puedan convivir con una paridad uniforme ante el resto de la canasta de monedas del mundo. La diferencia de competitividad entre Alemania y Portugal es enorme. ¿Es razonable que esos dos países compartan una misma moneda y por ende una misma paridad? ¿O la estructura de la Zona Euro debería contemplar algún mecanismo de compensación que sustituya la restricción impuesta por la cancelación de la devaluación como política de restablecimiento de la competitividad?

La tercera conclusión se refiere a que la Zona Euro, muy contrariamente a lo que proclamaban los antieuropeístas, admite fácilmente una "mutilación", aunque esta sea el pequeño territorio relativo y la insignificante proporción que significa su PBI en relación al PBI Europeo. El Europeísmo felizmente prevalece incluso en los líderes más extremos en cuanto a la aplicación de las duras reglas de convivencia como Merkel. 

jueves, 1 de agosto de 2013

La Economía China: ¿Recesión o Reequilibrio?

Las nuevas autoridades chinas intentan una compleja y riesgosa maniobra: desacelerar una economía en pleno auge de crecimiento. Nada en China es librado al azar: el aterrizaje desde tasas de expansión del producto del 10% a tasas del 7%, o menores aún en los próximos años (6%), no es consecuencia de una sorpresiva e inesperada dinámica recesiva, sino que es el reflejo cuantitativo de un rediseño del modelo económico de crecimiento chino, el cual enfriará la inversión y privilegiará el mercado interno. Iniciar el entendimiento de las causas, los riesgos y el impacto sobre la economía global de esta maniobra, es el objetivo de esta REFLEXIÓN.

Después del 2008, las exportaciones netas dejaron de ser una fuerza propulsora de la economía para dar paso a la inversión, sobre todo en 2009. Ese redireccionamiento llevó a una creciente proporción del producto bruto interno destinado a inversión, el cual pasó de un ya altísimo 42% en 2007 a un absolutamente increíble 48% en 2010.
El combustible que puso en marcha y dinamizó este motor de la economía fue un crecimiento explosivo del crédito: los préstamos crecieron a una tasa anual del 30% durante el 2009. A medida que la crisis internacional se globalizó, a partir del 2009, la tasa de crecimiento de las exportaciones se redujo hasta alcanzar una tasa negativa de crecimiento a fines del primer trimestre del 2013. Con las exportaciones perdiendo vigor, y las inversiones públicas y privadas dependiendo de estímulos monetarios crediticios insostenibles, el nuevo Gobierno intenta urgentemente un reequilibrio de la economía, lo cual implica esencialmente alejarse de un modelo de crecimiento impulsado por las inversiones hacia un modelo impulsado por el consumo público y privado. 

Obviamente que una economía impulsada por el mercado interno no puede reproducir las tasas de crecimiento a las que nos tenía acostumbrados China en los últimos años. Desacelerados los motores de la inversión por decisión política, y el de las exportaciones por reducción de la demanda global, el combustible esta siendo redireccionado hacia el consumo. En una economía de la dimensión de la economía China, un cambio de orientación de esta envergadura se asocia a grandes riesgos internos y considerables impactos a nivel mundial

Veamos primero los riesgos internos. Hay riesgos asociados al manejo de los inventarios en una economía en rápida desaceleración -ya que su nivel depende del crecimiento de la economía y no de su nivel de actividad-, a la inversión en capital fijo  -la cual debe caer bruscamente-, y aquellos asociados a la adaptación de las empresas a los nuevos niveles de ganancia -lo cual pondría en riesgo la solvencia corporativa y acrecentaría fuertemente el riesgo de morosidad, que ya constituye un problema serio en China-. Estos factores pueden generar una caída en la inversión más allá de lo planificado. Ninguno de ellos es imposible de manejar, pero tampoco se pueden ignorar, y su ocurrencia y la magnitud de su impacto sobre el resto de la economía pueden ensombrecer la transición hacia el nuevo modelo de crecimiento y fundamentalmente a la profundidad de la caída del producto.

A la fecha las contribuciones trimestrales al crecimiento de la demanda interna sugieren que la transición deseada se viene cumpliendo con una extraordinaria suavidad. Sin embargo, hay muchos autores, entre ellos Paul Krugman, que son bastante pesimistas en cuanto a que China sea capaz de llevar adelante, sin grandes inconvenientes, un cambio de modelo de la magnitud del planteado. En su reciente artículo en el New York Times, Krugman opina que “China es un gran problema, no estamos hablando de un pequeño contratiempo en el camino, sino algo más fundamental. El sistema económico que ha llevado a tres décadas de crecimiento increíble, ha llegado a su límite. Se puede decir que el modelo Chino esta a punto de golpear la Gran Muralla, y la única pregunta ahora es cuán seria será la caída”. La inversión disminuirá drásticamente y para lograr el reequilibrio el consumo debe aumentar de manera espectacular, la pregunta es si esto puede suceder lo suficientemente rápido como para evitar una caída desagradable. Y la respuesta parece ser NO. “La necesidad de reequilibrio ha sido evidente desde hace años, pero China simplemente ha postergado los cambios necesarios, manteniendo su moneda subvaluada e inundando la economía con crédito barato. Estas medidas pospusieron el día del juicio final, y ahora ha llegado”.

Obviamente que los juicios y predicciones de Krugman son muy severos. Realmente preocupan viniendo de quien vienen. Si estas predicciones se verificasen, y en lugar de un reequilibrio planificado estuviésemos ante una economía que se desacelera pero que corre riesgos de ingresar en una caída incontrolada, es lo único que le faltaría a la crisis global. Estaríamos ingresando en el tercer acto de la crisis global: EEUU, Europa y China.
Pensemos que esta vez Krugman exagera. Aunque sus opiniones dejan un debate abierto: ¿la desaceleración es un reequilibrio “piloteado” o es la consecuencia de un modelo de crecimiento que ingresa en una fase de agotamiento por problemas estructurales y postergación de las necesarias correcciones en las políticas económicas adoptadas?

En relación a los impactos que tendrá la desaceleración del crecimiento chino en la economía global, debemos pensar que estamos hablando de un crecimiento programado de tasas en el entorno del 7%. Nada desdeñable. Estas tasas equivalen a un crecimiento de la economía de EEUU del 3.5% en lugar del 1.7% como fue previsto para el 2013. Un desencanto para quienes creyeron que las “tasas chinas” habían llegado para instalarse a perpetuidad. Entre ellos, muchas economías emergentes, y entre ellas, muchas economías de América Latina. Pero que la segunda economía del mundo crezca al 7% sigue siendo alentador para la economía mundial.

Además del nivel de la tasa de crecimiento, lo que genera impactos a nivel de la economía global es el cambio en la estructura de la demanda que condiciona la transición de una economía impulsada por la inversión, a una economía impulsada por el consumo. La lista de países y sectores vulnerables a este desplazamiento es larga: de las minas australianas a los fabricantes de equipos y maquinaria alemanes, pasando por los países productores de acero, hierro, carbón, cobre, níquel, granos y una larga lista de productos básicos, cuya demanda y precio serán afectados en diferente magnitud.
 
Sin lugar a dudas el “superciclo” o boom en el precio de las materias primas llegó a su fin. La magnitud de la caída en el precio de cada uno de los productos básicos dependerá del impacto de la nueva estructura de la demanda. Aquellos asociados fuertemente a la inversión pública y privada sentirán un golpe importante. Pensemos, a modo de ejemplo, que la cuota china de la demanda mundial de acero se elevó del 16% en el 2000 al 44% en el 2012, la cuota de níquel saltó en el mismo período del 6% al 45%. Si la inversión se desacelera, estos notables incrementos en la demanda y el precio de muchos minerales retrocederá, como ya esta sucediendo con muchos de ellos. Pero el impacto sobre los productos asociados a una economía que privilegiará el consumo pueden verse menos afectados por la desaceleración del crecimiento chino. Es el caso de los alimentos, las manufacturas de consumo final, los automóviles y los bienes de lujo.

En América Latina sentiremos un fuerte “cimbronazo”, pero de menor magnitud en aquellos países productores de alimentos y con mayor nivel de valor agregado en su producción. Los que han cimentado su crecimiento en base a la producción de minerales se verán seriamente afectados.
Hay que prepararse para una nueva década: se terminaron las “tasas chinas de crecimiento” y se terminó el “superciclo de las commodities”. 

viernes, 19 de julio de 2013

Frenazo de los emergentes: predicciones para la economía mundial en lo que resta del 2013

En su previsión semestral, el Fondo Monetario Internacional acaba de revisar hacia la baja sus estimaciones de crecimiento de la economía mundial. Tras expandirse en el 2011 a un ritmo de 4% y de 3.1% en 2012, el organismo proyecta una tasa de 3.1% en 2013, dos décimas menos que su estimación anterior. La proyección del Banco Mundial es aún más baja, del 2.2% este año para alcanzar 3% recién en 2014. Ambas muy lejos del 4.8% de media registrado durante los años previos a la crisis, lo que cuantifica todo el camino que debe recorrer la economía global para retornar a los niveles de expansión previos a la crisis económica y financiera mundial.

Un factor nuevo que se suma al pobre desempeño de los países desarrollados es el freno que afecta a las economías emergentes, fundamentalmente a China, India, Brasil, Rusia y Sudáfrica: el Fondo Monetario proyecta para este año un crecimiento promedio del 5%, tres décimas menos que su anterior pronóstico. A entender del Banco Mundial estas estimaciones son optimistas: estiman un crecimiento del 4.5% en el 2013.

Dentro de la contracción en el crecimiento de las economías emergentes, que explicaron el 50% de la expansión del producto mundial en 2012, los más comprometidos son China y América Latina.

En el caso de China el Gobierno proyecta un 7.5% de crecimiento para este año, lejos de las tasas cercanas a 10% que caracterizaron el pasado reciente. Las razones que explican la desaceleración de la economía china son diferentes a las del resto de las economías emergentes. El desempeño del sector industrial chino muestra rasgos de una persistente anemia y en junio por primera vez cayeron las exportaciones. En este contexto, el nuevo liderazgo chino esta tratando de manejar una de las más difíciles maniobras económicas: aterrizar suavemente una economía que volaba a tasas del 10% sin mayores dificultades en su hoja de ruta. Con la caída de la demanda en los países desarrollados el impacto se hizo sentir en las exportaciones chinas. En junio pasado cayeron las exportaciones y las importaciones, por primera vez desde que se inició el proceso de dinamización de la economía china. A su vez, en este primer semestre se redujeron las inversiones y la tasa de crecimiento del sector manufacturero. Como en cualquier economía, si caen las exportaciones y las inversiones sólo queda un motor al cual recurrir para mantener el crecimiento: el mercado interno. Y hacia ese “motor” es justamente hacia donde apunta la nueva estrategia del Presidente Xi Jinping.

Obviamente que esta nueva dinámica implica transitar de una economía traccionada por las exportaciones a una economía traccionada por el mercado interno asumiendo una tasa de crecimiento algo menor. Crecer al 7.5% no es una consecuencia inesperada, es una tasa previamente establecida en el marco de un cuidadoso proceso de planificación, dado el nuevo contexto internacional y algunos problemas estructurales que viene presentando la economía china, como ser la riesgosa inyección de liquidez para mantener la tasa de inversión, fundamentalmente con obra publica y con abundante crédito para vivienda. El control de esa expansión de liquidez hace más complejo el manejo de una política de compensación de la caída de las exportaciones e inversiones con una reactivación del mercado interno, ya que limita el crédito e incrementa la tasa de interés que subió a dos dígitos el pasado mes de junio.

Lo destacable del proceso de planificación chino es que a pesar de las estimaciones más optimistas (FMI: 7.8%) o más pesimistas (WB: 7.3%), el segundo semestre cerró con una expansión del producto de exactamente 7.5%, tal cual lo anunciado por el Gobierno, el cual ha optado concientemente por una tasa de crecimiento menor y más sostenible. “No debemos juzgar a un país simplemente por el crecimiento de su producto bruto”, dijo Xi en una reunión la semana pasada. Esto, si bien es válido para China, es preocupante para el resto del mundo. Primero porque para los próximos años, si la demanda externa no se recupera y continúan los desequilibrios internos, el Gobierno de Xi puede plantearse como meta tasas de crecimiento aún menores y, segundo y fundamentalmente, porque el desempeño de muchas economías emergentes y países de América Latina y África están ligados a la demanda china, en especial de commodities.

Es muy probable que dentro de las commodities los alimentos sufran menos la desaceleración china, ya que como se mencionó, la estrategia de aterrizaje implica reactivar el mercado interno. Si la inversión y la actividad manufacturera caen, la demanda por minerales se verá afectada.

En relación a Brasil y al resto de los países de América Latina, se verán afectados en su tasa de crecimiento, en mayor o menor medida, de acuerdo al grado de dependencia de sus economías del sector externo, agravándose en aquellas economías cuyas exportaciones son materias primas sin mayor valor agregado. En el caso de Brasil, la situación se haría más compleja de profundizarse la turbulencia política en un año electoral. Las proyecciones del crecimiento para Brasil están en el entorno del 2% para 2013.

Con Europa en profundo estancamiento, luchando por lograr tasas apenas positivas en 2013 y 2014, con EEUU consolidando una suave reactivación, aún apuntalada por una tasa cero de interés y el reciente anuncio de Ben Bernanke que continuará la inyección de liquidez a través de la compra de bonos por parte de la FED, es posible deducir que los países desarrollados seguirán con muy baja influencia sobre la tasa de crecimiento global y, por ende, muy limitada incidencia en la reactivación del mercado mundial.

Es esperable entonces un 2013, y posiblemente gran parte del 2014, con una economía mundial con bajo crecimiento y un mercado global anémico. Si bien esta situación era ya conocida para los países desarrollados, es nueva para las economías emergentes que venían respaldando con sus altas tasas de crecimiento la tasa global promedio.

Por varios años el mundo crecerá a tasas menores, lo que implica que la absorción de los millones de desempleados que ha generado la crisis requiera de una firme política social y no sólo económica, que el mundo deberá encarar más allá de los empleos efectivos que produzca la recuperación. Se mantiene así un fuerte desequilibrio entre, por un lado, la pobreza y el desempleo y, por otro, la debilidad de la recuperación económica mundial. También ocurre que las bajas tasas de crecimiento afectan algo menos las urgencias medioambientales que sufre nuestro planeta, algo sin embargo que podría procurarse de otros modos y no con el enorme costo social provocado por la crisis contemporánea.