lunes, 16 de octubre de 2017

Trump avanza contra el multilateralismo



En el marco de su concepción nacionalista y antiglobalizadora “America first”, Trump avanza en sus ataques dirigidos al debilitamiento del multilateralismo y la imposición de un modelo de conciliábulos bilaterales donde prevalecen los intereses propios.


La implementación de este enfoque se inicia desde la asunción presidencial de Donald Trump y constituye el corazón de su estrategia “America first”, la cual debe impregnar cada encuentro entre naciones. Primero fue el abandono del TPP, continuó con su intento de debilitamiento de la OTAN, retiró a EE.UU. del Acuerdo Climático de Paris, enfrió y retrocedió en las relaciones con Cuba, prosiguió con la amenaza de sustituir el NAFTA por un acuerdo bilateral con Canadá, ahora retira a EE.UU. de la Unesco y no certifica el acuerdo con Irán. Una secuencia que define un rumbo claro de las relaciones internacionales y la política ante los organismos multilaterales.

Todos estos eventos, claramente orientados a desarticular los avances logrados por Obama en la promoción de esfuerzos multilaterales, delineando un modelo en el cual la mayor economía del mundo se alejaba gradualmente del nacionalismo irracional e iniciaba un activo proceso de participación en el enfrentamiento de los grandes temas que desafían la paz y la convivencia planetaria. Tal es el caso emblemático del cambio climático y el Acuerdo de París.

Habiendo escrito sobre todas estas “patriotadas” de Trump en artículos anteriores, concentraremos nuestra reflexión en torno a los dos últimos episodios: Irán y UNESCO.

Su último anuncio, en línea con su senda anti-multilateral, ha sido el viernes pasado al firmar la no certificación del pacto nuclear con Irán, lo cual es una verdadera “patada” al tablero internacional y, fundamentalmente, hacia el futuro cada vez más incierto del Cercano Oriente. Si bien el anuncio no supone la ruptura del acuerdo, como lo había anticipado, Trump traslada al Congreso la definición sobre su futuro, siempre que el mismo imponga nuevas limitaciones. Pero desde ya define su estrategia hacia Irán: “un régimen fanático, dictatorial y terrorista, un semillero mundial de destrucción y muerte. Irán nunca tendrá la bomba atómica. Las agresiones no han dejado de incrementarse y es hora de ponerle fin”. Lo más grave de la decisión anunciada el viernes es la forma en que la misma fue adoptada: en forma absolutamente unilateral, sin consultar a sus aliados europeos que fueron objeto de permanente consulta cuando el Pacto fue elaborado y conducido por Obama. Incluso el mismo fue refrendado por Francia, Rusia, China, Inglaterra y Alemania, lo que lo convertía en un modelo para resolver conflictos que involucrasen a Europa en su resolución.

Cuando se selló el Pacto en Viena en el 2015, fue interpretado como un hito del multilateralismo. Un fino trabajo de la diplomacia de Obama que limitaba el programa atómico Iraní a cambio del levantamiento de sanciones económicas. Fue un respiro, un alto en el riesgoso enfrentamiento que ambos países mantuvieron durante décadas. Ponerlo en riesgo es poner en riesgo la apertura de una crisis nuclear, la que se superpondría a la que ya tiene abierta con Corea del Norte.
Su afán por imponer su visión nacionalista, prescindiendo de la opinión de sus aliados, puede destruir un instrumento de alto valor estratégico y ordenador de la política hacia el Cercano Oriente.

Es difícil interpretar cuál es el motivo de esta posición. Puede ser tan mezquino e irracional como la necesidad personal de arrasar con el legado de Obama. Puede ser también dirigido a acrecentar la protección a Israel, argumento que se refuerza con el motivo invocado para justificar la salida conjunta de la UNESCO, la que analizaremos por separado. Puede ser también una estrategia para incluir el acuerdo balístico y la cláusula de extinción. Sería la única explicación racional pero imposible de lograr por la segura negativa que presentarían Rusia y China. 

Más allá de la búsqueda de una explicación en torno a los intereses propios que condujeron a Trump a lesionar un acuerdo modelo, ésta confrontación con Therán pude tener consecuencias irreversibles y fundamentalmente la pérdida definitiva de confianza de los iraníes en Occidente, que otros sabrán ganar.

Es necesario advertir que la retirada de EE.UU. del tratado nuclear con Irán supondría un golpe demoledor a la estabilidad, no sólo en Oriente Próximo, sino en el resto del mundo. La peligrosa deriva aislacionista del presidente de EE.UU. puede salir muy cara.

El otro ataque perpetrado por Trump la semana pasada al multilateralismo se refiere al retiro -junto a Israel- de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) acusándola de antisraelí. Esta decisión no implica un acto burocrático sino el abandono de un proyecto para reforzar los lazos de la herencia común de la humanidad. La Directora General de la UNESCO, la búlgara Irina Bokova, dijo: “lamento profundamente la decisión de Estados Unidos, es una pérdida para la familia de Naciones Unidas, es una pérdida para el multilateralismo”. Según informaron varias agencias, EE.UU. ya había advertido en julio su desconformidad con la UNESCO por la decisión de éste organismo de declarar el casco histórico de Hebrón, en Cisjordania, como zona protegida del patrimonio mundial.

Esta decisión, como la anteriormente descripta en relación al tratado con Irán, y las que se fueron sucediendo desde la asunción presidencial, constituyen una prueba clara de la peligrosa estrategia de Trump de impulsar, desde la economía más grande del mundo, una política aislacionista, que se enmarca en una concepción más amplia que visualiza una comunidad internacional compuesta por fuertes naciones, Estados que miran primero el propio interés por encima de cualquier otra consideración. Una suerte de aplicación del capitalismo salvaje a las relaciones exteriores y a la interacción de EE.UU. con otras naciones.

Desde 1945, la comunidad internacional ha impulsado un sistema integrador que con sus tristes excepciones, ha dado muy buenos ejemplos de progreso, convergencia y multilateralidad. Tal es el caso de la Unión Europea, entre otros, tan despreciada por Trump. Pretender sustituir éste modelo de diálogo multilateral por la confrontación y los conciliábulos bilaterales, donde la defensa de los intereses del más fuerte prevalezcan, mal llamado patriotismo por Trump, significa un retroceso en la relación entre naciones. Según lo expresado por el propio Trump, en este nuevo sistema cada país podría organizarse según sus diferencias, y su poder económico y militar agregaría yo. En esta nueva concepción las relaciones bilaterales se han ido ordenando entre iguales. EE.UU. restringe cada vez más el diálogo bilateral a Rusia, China, Japón e Israel. Incluso ya ha amenazado con que el NAFTA sería un mejor tratado si se excluye a México, reduciéndolo a un tratado bilateral entre semejantes: EE.UU. y Canadá.

Ingresamos en “el mundo de Trump”, donde la relación entre países se asemeja a las relaciones entre empresas de real estate en la Quinta Avenida de Manhattan: solo negocio con similares y solo defiendo mis propios intereses en la negociación. Los aliados son circunstanciales en cada negociación. No es necesario informarlos si cambia el rumbo de la negociación o simplemente la desconozco. Un mundo muy peligroso donde los asuntos claramente multilaterales como el clima, la pobreza, los Derechos Humanos o la protección del patrimonio cultural de la humanidad dejan de tener relevancia. Lo importante es actualizar mi arsenal nuclear, lo importante es generar miedo.

lunes, 9 de octubre de 2017

CATALUÑA: PASIÓN O SENSATEZ.


Cataluña se debate entre continuar siendo la capital cultural de España o un Estado independiente. Todo depende de si cumple la amenaza de su Presidente de declarar la independencia unilateral esta semana y de la reacción del Gobierno Central, el cual amenaza con la utilización de todos los instrumentos legales y constitucionales para impedirla.


Hace un mes atrás confieso que no hubiese interpretado el anhelo de los catalanes y su lucha por la independencia de España como lo interpreto hoy. Mi espíritu libertario, esa vieja creencia anidada desde décadas de que Cataluña no es España, que tienen su propia historia, su propia cultura, su propio idioma y sus maravillosos artistas: Miro, Gaudí, Dalí, Tápies, Serrat, entre tantos otros de igual relevancia, reforzaron esa distinción. Incluso que el Barca no es un equipo español sino catalán y que cuando se enfrenta al Real Madrid es un enfrentamiento casi internacional.

Así fue creciendo en nuestro imaginario que Cataluña no era España, incluso viajábamos a España, Barcelona e Italia. Crecimos y envejecimos con esa noción “borrosa” de que Cataluña no era un país pero era una región que se asimilaba a un país. Que no era correcto asimilarla ni compararla con el resto de España. Incluso sentirse identificado con Cataluña en sus reclamos de independencia fue siempre un código de progresismo y cultura. Con estas estructuras de ideas y emociones llegué hasta el día del referéndum. La brutal represión que el Gobierno Central descargó sobre Cataluña profundizó mis sentimientos, confirmando mi creencia de que el anhelo de independencia de Cataluña era legítimo.

El discurso del Rey reforzó mi solidaridad con la pasión independentista catalana. Me hizo tomar conciencia de que España, además de un Estado de Derecho democrático, es una Monarquía y que las disputas territoriales no solo pasan por la relación entre el Gobierno Central y los gobiernos locales, sino que hay un tercer poder representado por el Rey, al cual se lo percibe como garantía final del unionismo español. Si ese es el rol, el discurso del Rey fue descalificante. Un discurso sencillamente grosero, propio de un dirigente político y no de un Rey que como tal debería haber llamado a la calma, la reflexión y la negociación.

Sin embargo, a medida que han transcurrido estos treinta y dos días, la pasión ha ido dando lugar a la razón y, expuesto a la posibilidad de una declaración unilateral de independencia como la prometida por Puigdemont para el martes, apuesto a que prevalezca la sensatez tanto en Madrid como en Barcelona, dando inicio a un proceso de negociación que contemple el Estado de Derecho, que reconozca viejas reivindicaciones que Cataluña hace décadas viene exigiendo al Gobierno Central, las cuales sistemáticamente han sido negadas en el marco de un centralismo inflexible, encubierto en el temor independentista. Por ejemplo, no hay razones por las cuales Cataluña no pueda ser autónoma en el manejo de su infraestructura, fundamentalmente portuaria y aeroportuaria, así como retener ciertos recursos que equilibren los desiguales flujos fiscales que hoy caracterizan la relación económica entre el Gobierno Central y Cataluña.

Hoy las posiciones se han endurecido. Puigdemont reafirma la validez del referéndum, a pesar de que solo votó menos del 50% de la población y amenaza con concurrir al Parlamento para en ese ámbito declarar la independencia unilateral de Cataluña el martes. Rajoy, con el apoyo del Socialismo y Ciudadanos según él lo expresa, responde que el Gobierno Central está dispuesto a echar mano a todos los instrumentos legales y constitucionales para impedir la independencia de Cataluña.

Confrontado con esta rigidez de posiciones y después de haber tenido acceso a las imágenes y los discursos de la multitudinaria manifestación del domingo en Barcelona a favor de la “unidad”, creo que es sensato dejar de lado la pasión y el fanatismo y alinearse con la posición de la Unión Europea y de la mayoría de los gobiernos que la conforman, en favor de iniciar lo antes posible un proceso de negociación. Si esta fuese la intención final de todos los actores, cabría preguntarse si tácticamente dicho proceso debe iniciarse antes o después de declarada la independencia unilateralmente. Yo pienso ahora, dejando la pasión de lado, que debería iniciarse previamente. Los daños pueden ser irreversibles si ambos actores cumplen con el rol político al que se consideran obligados y la representatividad de su electorado al que no desean contrariar.

Finalmente, hoy me sumo a quienes advierten que el nacionalismo como concepto es altamente riesgoso para la construcción europea. Cada vez son más los que lo proclaman desde posiciones populistas y de extrema derecha. El Brexit inició un proceso de separatismo que puede continuar con otros territorios. No es un momento adecuado para alentarlo. Nuevamente, ojalá que prevalezca la razón y hoy nos encontremos ante las amenazas y rigideces que comúnmente anteceden un proceso de negociación en el cual la autonomía catalana tiene mucho que reivindicar.

lunes, 19 de junio de 2017

LA REPUBLICA EN MARCHA: APLASTANTE MAYORIA

Macron de 39 años, el líder francés más joven desde Napoleón, culminó el domingo 18 de junio un metódico e inexorable proceso a través del cual demolió el viejo sistema partidista francés. Con la mayoría absoluta en el Parlamento, la conducción de la V República será enteramente definida por el emergente líder europeo.

Emmanuel Jean-Michel Frederic Macron obteniendo 361 escaños en las legislativas francesas, 73 más de los necesarios para ostentar la mayoría absoluta, desarticuló y hundió los partidos tradicionales que controlaron al Estado francés durante las últimas décadas. De esta forma, Macron gobernará sin ningún partido de oposición fuerte en el Parlamento: el Partido Socialista y los Republicanos juntos obtuvieron 172 escaños y la bancada del populismo-xenófobo de Le Pen se redujo a 8 diputados, insuficientes incluso para lograr un grupo parlamentario el cual requiere de 15 escaños.

Con las mayorías más amplias en la historia de la V República, el futuro próximo de Francia será definido exclusivamente por el líder emergente. Ya no hay obstáculos para que sus reformas sean aplicadas, no solo en Francia sino también en Europa, donde su avasallante triunfo ha fortalecido el eje germano-francés, columna vertebral de la Unión Europea y de la Zona Euro.

Pero más allá de la profunda reconfiguración de la estructura de partidos que ha generado esta elección legislativa en Francia, que ya provocó la renuncia del Secretario General del Partido Socialista Francés, Jean-Christophe Cambadelis, la onda expansiva del “macronismo” ha generado un profundo recambio de los diputados y en consecuencia de la “clase política” que gobernará Francia en el futuro cercano. Y este cambio surge de la revolucionaria metodología que utilizó Macron para seleccionar su oferta de candidatos. Como bien lo describe Eduardo Blasina, hace algunas jornadas en El Observador: “se hizo un llamado totalmente abierto a ciudadanos que quisiesen ser parlamentarios. Los postulantes tenían que inscribirse, enviar su CV y dos referencias personales. Tras una primera selección, debían concurrir a entrevistas personales. Así una comisión eligió a los candidatos entre casi 20 mil postulantes. Primero quedaron 511 que fueron convocados para una reunión en Paris. De los 511 seleccionados, 256 fueron hombres y 255 mujeres. Así la paridad de género, que fue promesa de campaña fue aplicada. La renovación también fue mayoría. El 52% de los seleccionados nunca ocupó cargos políticos y proviene de la sociedad civil. El promedio de edad de los candidatos es de 46 años, frente a 60 prevaleciente en la Asamblea Nacional actual.”

Esta metodología de selección de los Diputados de La República en Marcha, unida a la aplastante victoria de esta fuerza política en las legislativas del pasado domingo, provoca el arribo en masa de nuevos diputados al Parlamento. Con la victoria de La República en Marcha se renuevan casi el 60% de los escaños y por lo tanto el Parlamento francés se refrescará con más mujeres, más jóvenes y más representantes de la sociedad civil, pero, y fundamentalmente, con muchos menos políticos.

Un “que se vayan todos” al estilo francés, pero sin dañar las bases de la “monárquica”  V República, albergara un Gobierno que anuncia Europeísmo, apertura, equidad de género, un tratamiento justo a los migrantes y cuidado del medio ambiente.

Formidable, casi contemporáneamente al Brexit y la fracasada maniobra de Mey que la debilita y debilita a la posición de Gran Bretaña en la negociación de salida, Macron arrasa y se fortalece en las legislativas.

Auspiciante, el mismo año que Trump lanza sus lenguas de fuego cargadas de nacionalismo, xenofobia, proteccionismo y rechazo de la protección global del medio ambiente, Macron le responde desafiante a su conocido estribillo “make USA great again”: “make the Planet great again”.

Con esta elección se completa el equipo humano que bajo el liderazgo del joven Macron conducirá el destino de la V República. La vieja discusión sobre su orientación de izquierda o derecha no aplica en este nuevo contexto político, sencillamente porque en apenas dos meses ha redundado el sistema. Desapareció la izquierda y la derecha, ahora es Macron, su equipo ejecutivo y de Parlamentarios, y un grupo heterogéneo de minorías con baja representación parlamentaria.  

Europeísmo, medio ambiente, equidad de género, representatividad de la sociedad civil, renovación etaria y mayoría absoluta. MACRON YA PUEDE COMENZAR A GOBERNAR. 

lunes, 5 de junio de 2017

EE.UU. RESIGNA SU POSICION DE PAIS HEGEMONICO GLOBAL

Inmerso en una nube de nacionalismo y en la necesidad de un triunfalismo económico de cortísimo plazo EE.UU. abdica a su posicionamiento como potencia hegemónica global dejando espacios vacíos a ser ocupados a medida que progrese ésta resignación. Los trazos de un  nuevo orden económico comienzan a vislumbrarse. China afianzará su liderazgo. Una gran interrogante se abre sobre la estrategia geopolítica que definirá Europa así como la interacción de ambas con Rusia. 

Esta abdicación de poder no es un hecho reciente. Fue largamente explicitada en la campaña electoral de Trump y obviamente se aceleró con su llegada al poder. La teoría de priorizar la economía y la seguridad norteamericana, desconociendo el sistema geopolítico en que ésta se inserta y se desarrolla, anida en los sectores más conservadores del grupo de asesores que rodea y aconseja al Presidente. Fundamentalmente Steve Bannon, el ultranacionalista que actuó como su principal asesor de campaña. Cuando todos creíamos que su influencia había disminuido, luego de su reciente salida del Consejo de Seguridad Nacional, su protagonismo tras los muros de la Casa Blanca renació estas últimas semanas. Acompañó al Presidente en su convulsionado viaje por Arabia Saudita, Israel, Taormina, Roma, Bruselas y su influencia fue decisiva en la fidelidad electoral al compromiso adquirido ante sus votantes de retirarse del Acuerdo de Paris. Argumento débil, cuando hoy Trump sólo mantiene un 40% de intención de voto, el porcentaje de adhesiones más bajo que presidente alguno haya exhibido en los primeros meses de gobierno. El argumento más relevante son los siete mil millones que se calcula podría costar a la economía norteamericana la adhesión al Tratado. Trump prioriza ese costo y su influencia sobre el deficit que aún limita su reforma impositiva sobre el daño geopolítico que genera esta decisión.  

Con el retiro del Acuerdo de Paris, Trump corona una cadena de acciones cuyo resultado, obviamente no explicitado, es el desmantelamiento de su condición de superpotencia. Con un argumento tan simple, banal y cortoplacista: el modelo económico que respalda la concepción ideológica de “America first” compite con el costo que significa mantener su liderazgo mundial. Esta concepción antepone el nacionalismo y el proteccionismo a las responsabilidades políticas que le demanda su status geopolítico y el inmenso poder que acumuló desde la caída del muro de Berlin.

En este contexto, el último, y quizás el más grave pronunciamiento de Trump por el contenido descarnadamente nacionalista de su respuesta, ha sido el haber dado en ciento cuarenta caracteres la razón a la canciller alemana Angela Merkel, luego de la presencia de Trump en Taormina y Bruselas, quien expresó -sin nombrarlo-: “Los tiempos en los que podíamos depender completamente de otros, han terminado. Los europeos tenemos que pelear por nuestro propio destino”. Trump, en su lógica mercantilista y nacionalista, ignorando decenas de años de historia, respondió “Tenemos un deficit comercial MASIVO con Alemania, además ellos pagan MUCHO MENOS de lo que lo que deberían a la OTAN. Muy malo para USA. Esto va a cambiar.”

La respuesta muestra al desnudo la ideología de la administración estadounidense. Como expresa Bannon en su visión patriótica y antiglobalizadora, no hay intereses comunes por encima de los  nacionales. Una clave que afecta a todo el árbol de las relaciones multilaterales. El acuerdo sobre cambio climático está herido, la estrategia de defensa mutua de Occidente depende del gasto que cada uno haga y las alianzas quedan supeditadas al beneficio económico propio.

Trump desconoce en ciento cuarenta caracteres setenta años de alianza estratégica entre EE.UU. y el continente más democrático, occidental y avanzado del mundo. En el marco de su pobreza conceptual, pasa de ser un fiel aliado a un deudor.  

Ante este nuevo paisaje global Emmanuel Macron respondió con una frase realmente excepcional: “Hagamos el planeta grande de nuevo”. Esta visión global no sólo enfrenta el nacionalismo y proteccionismo antiglobalizador de Trump, sino que unifica y fortalece el eje germano-francés que en definitiva es la columna vertebral que ordena la estrategia multilateral europea.

Apenas iniciada su presidencia Trump retiró a EE.UU. del Tratado Comercial Transpacífico (TPP). El TPP no incluye a China y justamente el propósito de Obama al proponerlo fue el de incrementar  la integración y el comercio con sus aliados de Asia, justamente como contrapeso a la creciente influencia de China en esa región. Como contraofensiva a la renuncia, China invitó a los otros once países integrantes del Tratado para proponerles un acuerdo comercial alternativo. 

Pero China, luego de reivindicar en Davos su liderazgo mundial sobre las iniciativas de libre comercio y globalización no se detuvo en su intento de rescatar para si el fallido TPP, propuso un enorme proyecto de infraestructura (carreteras, puertos, ferrocarriles, puentes y aeropuertos) que unirían a China con Asia, el Medio Oriente, Africa y Europa. Un total de sesenta y cuatro países más China, donde vive el 60% de la población mundial: “La nueva ruta de la seda”. 

En le marco del anuncio de este proyecto, cuarenta y cuatro Jefes de Estado asistieron a una reunión en Pekín y firmaron una declaración final en la cual expresaron su “…oposición a todas formas de proteccionismo y defensa de un comercio internacional universal y abierto…”

Muy pocos días después de la lamentable confrontación de Trump con Merkel, el Primer Ministro Chino viajó a Bruselas con la intención de ofrecer a EE.UU. un portafolio de inversiones y préstamos, así como el inicio de un replanteamiento de las relaciones económicas entre Europa y China. 

El rechazo de EE.UU. al Acuerdo de París, la recategorización de Europa de aliado a deudor,  la salida del TPP, las recurrentes alusiones al proteccionismo y al nacionalismo bajo el lema de “America first” y “Comprar americanos, contratar americanos” han generado un amplio espacio para el posicionamiento global de China.

Los trazos de un  nuevo  orden económico comienzan a vislumbrarse. Es difícil aún componer el diseño que los ordena, pero sin lugar a dudas, China es un activo participante. Una gran interrogante se abre sobre la estrategia geopolítica que definirá Europa así como la interacción de ambas con Rusia.