miércoles, 23 de junio de 2010

La herencia de la crisis: profundas transformaciones en el capitalismo global.

La explosión de la burbuja de endeudamiento soberano en Europa y la debilidad de los bancos alemanes y franceses por sus altos niveles de exposición, así como la persistencia de altas tasas de desempleo y pérdida de confianza del consumidor en USA, han reanimado la polémica en torno a los plazos y la naturaleza de la salida de la crisis económica mundial. ¿Estamos simplemente ante una postergación de los pronósticos optimistas del FMI y la OCDE en cuanto al inicio de la recuperación? ¿o nos acercamos a la verificación de la predicción de Nouriel Roubini de que la recuperación tiene formato “W”? ¿o sentimos el vértigo de la “Caída Libre” de las economías centrales que analiza Joseph Stiglitz en su reciente libro del mismo nombre?, ¿o más apocalípticamente asistimos al inicio de la declinación final del capitalismo tardío que se aventura a avizorar Santiago Becerra en su best seller “El crash del 2010”?. No lo sabemos, ni nadie hoy puede asegurarlo con absoluta certeza. Sin embargo, podemos afirmar que existen evidencias estructurales que nos permiten intuir que la crisis del 2007, aún no resuelta, reformulará profundamente el sistema capitalista global y el actual orden económico internacional. Veamos.

Para iniciar esta reflexión es necesario hacernos una primera pregunta que tiene una respuesta muy compleja, pero que trataremos de simplificarla concentrándonos en lo esencial: ¿cómo funcionaba el motor económico global hasta 2007? En la precrisis, este motor era movilizado por un único y potente “impulsor”: el insaciable apetito del consumidor estadounidense y la belicosidad del Gobierno encabezado por Jorge W. Bush. Juntos generaban una potente demanda global que se respaldaba, en el caso de los hogares estadounidenses, en su creciente riqueza como consecuencia del incremento sostenido del precio de las viviendas y las acciones, y en el caso del gasto militar, en el sostenido crecimiento del déficit público. La expansión del consumo privado la proporcionaba el crédito bancario a baja tasa. A su vez, los bancos se fondeaban en el mercado de capitales en base a la generación de sofisticados productos financieros, que a su vez tenían como núcleo las hipotecas que ellos mismos generaban al conceder los prestamos. En el caso del gasto público, el déficit era financiado por la emisión de Bonos del Tesoro que eran adquiridos por Bancos Centrales, (fundamentalmente el Chino) fondos soberanos e inversores privados, todos ellos en busca de activos de reserva y protección. La Fed, a su vez, generaba el circulante emitiendo los dólares necesarios para lubricar todo un sistema que funcionaba a altas revoluciones impulsado por exacerbados valores de hiperconsumo y codicia. A principios del 2008 el “motor” global se recalentó y colapsó, iniciándose la debacle por “el desinfle” de la burbuja de las hipotecas subprime, seguido por el derrumbe del precio de las viviendas y de las acciones. Para dar apenas algún ejemplo de este consumismo desatado, en España la gente cambia (o cambiaba) de celular cada 2.5 meses y en EEUU de auto cada 2.5 años. Esto además de absurdo es financiera y ambientalmente insostenible.
Al estallar la crisis en 2007, todo este perverso mecanismo de inducción de hiperconsumo “explotó” y ésta explosión ha generado cambios profundos en la economía mundial. En primer lugar, desde su inicio la crisis en EE.UU. ha destruido aproximadamente 14 billones de riqueza, cifra similar al Producto anual de ese país, y se han destruido más de 7 millones de puestos de trabajo. Esa riqueza no se regenerará porque era ficticia, fue estructurada en base a sofisticados artilugios financieros y “desapareció”. En consecuencia el consumo de los hogares estadounidenses -que explican 70% del Producto- descendió varios escalones y hoy constituye el punto de partida de la recuperación económica. Lo mismo sucede en Europa, la repentina riqueza fue remplazada por una enorme deuda que en muchos de los países de la CEE duplica y hasta triplica el PBI. Más grave aún que EE.UU., en el viejo continente el desempleo oscila entre el 10 y el 20% y tenderá a crecer en el próximo quinquenio como consecuencia de los “brutales” pero inevitables planes de ajuste cuya implementación, en diferente grado, han iniciado los países de la CEE.
En segundo lugar, se ha generado un profundo cambio cultural en el consumidor estadounidense y europeo. Los niveles de consumo se habían exacerbado de tal forma que en 2007 el endeudamiento de los hogares norteamericanos significaba un 120% del PBI estadounidense. La destrucción de riqueza y la pérdida de empleos han generado un cambio sensible y duradero en la relación ahorro-consumo. Pienso que este cambio perdurará por muchos años. De acuerdo a Wesley Hutchinson, profesor de Marketing de Wharton, “en los próximos años el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud en el corto plazo aunque se estabilice la economía”. En consecuencia, presenciaremos por un tiempo un capitalismo austero y por lo tanto económicamente deprimido. Las bajas tasas de crecimiento y las altas tasas de desempleo que se han instalado en EE.UU. y Europa permanecerán por un largo periodo de tiempo. Además, las empresas han dado respuesta a la contracción de la demanda global con profundos planes de reestructura, anclados en la reducción del personal. En consecuencia, el alto nivel de desempleo se ha transformado en un problema estructural y, por lo tanto, hemos ingresado en un mundo liderado por un sistema capitalista central con alto grado de rigidez en la generación de nuevos empleos.
En tercer lugar, independientemente de la aprobación de la reforma financiera de Obama, no volveremos jamás a un proceso de adquisición de riesgo con los niveles de irresponsabilidad que caracterizaron los primeros años de este siglo. Por lo tanto, no existirá por muchos años un otorgamiento de crédito relevante por parte del sector financiero a favor de los individuos (mercado hipotecario y crédito al consumo) ni a favor de las pequeñas y medianas empresas, que estimule en forma importante la demanda global. En otras palabras, la “recuperación” no tiene aún un correlato claro en la economía real y productiva.
Frente a este panorama en las economías centrales, las economías emergentes de Asia y América Latina, fundamentalmente los BRICS, pero también economías más pequeñas como Perú, Uruguay y Malasia, entre otras, están asistiendo a un fenómeno de signo contrario. Sustentadas por el precio alcanzado por las materias primas, la mayoría de estas economías han instrumentado políticas anticíclicas orientadas a estimular el consumo interno dentro de niveles de endeudamiento y déficit fiscal razonables, en el marco de la exitosa política de acumulación de reservas. China, con un plan de incentivos de 750.000 millones de dólares correctamente administrado, y efectivamente trasladado a apoyar el consumo y las pequeñas empresas, se ha transformado en el motor de la economía global: su Producto crece al 9% y sus exportaciones crecieron un 50%. Tiembla China y se desmoronan las bolsas, como ha sucedido esta semana con las reacciones ante la reevaluación del Yuan (gradual y administrada). Una recuperación débil y sinuosa en los países centrales y un crecimiento vigoroso en gran parte de Asia y América Latina: según CEPAL, crecimiento del 4% a 4.5% para AL en 2010. La mejora económica será encabezada por Brasil con tasas cercanas al 7% seguido de Uruguay y Perú que se aproximarán al 6%. Esta dicotomía se inscribe en el marco de un nuevo orden económico internacional centrado en un poderoso eje: China – EE.UU. La evolución de este eje en lo político, comercial y monetario irá graduando la evolución de la economía mundial por muchos años y en consecuencia el ritmo y el plazo de la recuperación.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Capitalismo con austeridad y desempleo

Los países industrializados, principalmente EEUU, experimentaron durante la crisis significativos cambios estructurales que hacen prever una recuperación frágil, con altos niveles de desempleo. No sucede lo mismo con las economías capitalistas emergentes en las que se pronostica un crecimiento significativo del Producto y el empleo: contexto de precios favorables, fundamentos económicos preservados durante la crisis y territorio y población aún no incorporados a la estructura productiva industrial, generan un gran potencial de crecimiento económico y generación de empleo. La crisis, dialécticamente, deja como legajo un sistema capitalista mundial altamente globalizado, con crecimiento leve y desempleo en el “centro” y con crecimiento vigoroso e inclusión social y productiva en las economías emergentes.

Tal como fue vaticinado, la contracción global llega a su fin: en el tercer trimestre EEUU, Japón, Alemania, Francia y los BRICS, han experimentado un crecimiento positivo de su PBI. Los pronósticos para 2010 señalan que todos los países presentarán crecimiento positivo de su Producto, con excepción de España, Grecia e Irlanda. El capitalismo ha demostrado una vez más su enorme capacidad de superar las crisis, de transformarse y reinventarse a partir de su propia dialéctica.
Pero esta recuperación económica de la economía global, esta superación de la crisis, presenta una característica que se hace cada día más evidente: el modesto crecimiento que se avizora en las economías industriales para los próximos años, se asocia a altas tasas de desempleo.
Si asumimos que esta afirmación es correcta, surge una natural inquietud: ¿estamos ante un nuevo estadio del sistema capitalista o ante una situación transitoria, que se irá resolviendo a medida que se consolide la recuperación económica a nivel global? Difícil adelantar una respuesta definitiva a esta interrogante, pero desafiante intentar algunas reflexiones que nos aproximen a dilucidar el principal problema que enfrentará el mundo en los próximos años, no sólo en EEUU, sino a nivel global: la dificultad estructural de recuperar los empleos destruidos por la crisis.
Para profundizar sobre las implicancias estructurales de mediano y largo plazo de esta observación tomemos el caso de EEUU, dada su relevancia a nivel global y el nivel de desarrollo capitalista que caracteriza su economía.
El Producto estadounidense cayó durante tres trimestres consecutivos, alcanzando en el segundo trimestre de este año la tasa de contracción más alta de la posguerra: 6.4%. En ese mismo trimestre el nivel de desempleo llegó al 9%. En el tercer trimestre la economía creció a una tasa de 3.4%, sin embargo la tasa de desempleo se incremento a 10.2% -casi 7 millones de empleos destruidos desde que se inició la crisis en diciembre del 2007-. Para todo el 2009, la OCDE pronostica una tasa de caída del Producto de 2.5%, sin embargo la tasa de desempleo durante el año se duplicó. Para el 2010 se prevé un crecimiento de la economía estadounidense superior al 2%, sin embargo existe un amplio consenso que el desempleo permanecerá en los mismos niveles del 2009.
Nuestra interrogante inicial se agudiza por la fuerza de la evidencia: ¿cómo podemos explicar que crezca el Producto sin que se verifique un crecimiento del empleo al menos en magnitudes similares? ¿es un fenómeno coyuntural o estamos ante un cambio estructural?
Hay argumentos en ambos sentidos. A partir de un análisis económico clásico responderíamos que la recuperación del nivel de empleo se verificara, con rezago, a medida que se recupere el nivel de actividad.
Como lo he venido expresando en otros artículos, yo considero que la crisis ha puesto en evidencia fuertes desequilibrios que se venían procesando en EEUU y en la economía mundial. En consecuencia, considero que el alto nivel de desempleo es un problema estructural y que por lo tanto hemos ingresado en un mundo liderado por un sistema capitalista central con alto grado de rigidez en la generación de nuevos empleos.
Veamos en cuales argumentos se sustenta nuestra hipótesis. En primer lugar, la crisis en EEUU ha destruido aproximadamente 14 billones de riqueza, cifra similar al Producto anual de ese país. Esa riqueza no se regenerará porque era ficticia, fue estructurada en base a sofisticados artilugios financieros y “desapareció” al explotar la burbuja hace ya casi dos años. En consecuencia el consumo de los hogares estadounidenses -que explican 70% del Producto- ha descendido varios escalones, y desde allí inicia una frágil expansión que constituye el punto de partida de la recuperación económica. Se parte de un nivel de riqueza menor, que no será fácil de recuperar a través de la economía real y productiva, que es la única fuente efectiva de generación de empleo.
En segundo lugar, se ha generado un profundo cambio cultural en el consumidor estadounidense. Los niveles de consumo se habían exacerbado de tal forma que en 2007 el endeudamiento de los hogares norteamericanos significaba un 120% del PBI estadounidense. La destrucción de riqueza y la pérdida de empleos han generado en los hogares estadounidenses un cambio profundo y duradero en la relación ahorro-consumo. Pienso que este cambio perdurará por muchos años. De acuerdo a Hutchinson, profesor de marketing de Wharton, “en los próximos años el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud en el corto plazo aunque se estabilice la economía”. En consecuencia, presenciaremos por un tiempo un capitalismo austero y por lo tanto económicamente deprimido desde el punto de vista del Producto y la generación de empleo.
En tercer lugar, las empresas han dado respuesta a la contracción de la demanda global con profundos planes de reestructura, anclados en la reducción del personal. Han mantenido e incluso incrementado sus resultados sustituyendo trabajo por innovación y difícilmente regresen a los niveles de empleo previo a la reestructura. Por lo tanto, este cambio en la ecuación de costos de la empresa no es circunstancial, es estructural y de largo plazo.
En cuarto lugar, la recuperación continúa respaldándose en gran medida en las políticas de apoyo gubernamental. La eficacia y la contribución a la generación de empleo de estas medidas anticíclicas son claramente menores y menos sustentables que las que provienen del sector privado, fundamentalmente del sector servicios y manufacturero. Por otro lado, se agotan a medida que la restricción fiscal se agudiza.
En quinto lugar, no existe indicio aún de un movimiento crediticio relevante por parte del sector financiero a favor de los individuos (mercado hipotecario y crédito al consumo) ni a favor de las pequeñas y medianas empresas. En otras palabras, la “recuperación” no tiene aún un correlato claro en la economía real y productiva. Han aumentado, eso sí, las exportaciones, sin embargo sería una fantasía pensar que este sector pueda convertirse en un motor de crecimiento de la mayor economía mundial.
Estas conclusiones sobre la economía de EEUU, líder del sistema capitalista mundial, son fácilmente extrapolables a las economías industriales de Europa y Japón. No así a las economías emergentes en las cuales, la menor industrialización y la presencia de territorio y población aún no incorporados a la estructura productiva industrial, generan un gran potencial de crecimiento económico y generación de empleo. Tomemos como ejemplo Brasil cuyo producto descenderá levemente en el 2009 (0.67%), sin embargo terminará el año con un saldo neto de empleo de más de un millón de nuevos puestos de trabajo y un crecimiento del 6% anualizado para los dos últimos trimestres del año.
La crisis, dialécticamente, deja como legajo un sistema capitalista mundial altamente globalizado, con crecimiento leve y desempleo en el “centro” y con crecimiento vigoroso e inclusión social y productiva en las economías emergentes.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Más brotes verdes y algunas malezas persistentes en un jardín aún incierto

La economía mundial se encuentra en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena. Un jardín incierto donde despuntan día a día nuevos brotes verdes: el Producto de las mayores economías del mundo crece, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales ha recuperado mas d 60% durante 2009, restableciendo en parte la riqueza de los hogares estadounidenses y por ende su capacidad de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo en USA superó los dos dígitos; como consecuencia el miedo a perder el empleo persiste y la confianza del consumidor no se recupera; el déficit público en USA se acerca a las dos cifras y la economía continúa demandando nuevos apoyos para continuar en la senda de la recuperación; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA continúa oscilante y no logra estabilizarse.

Hace una semana se anunció el crecimiento del Producto en USA: 3.5%, medio punto por encima de lo previsto por analistas y operadores. Este porcentaje significó, nada más y nada menos que el primer resultado positivo luego de tres trimestres de reducciones sucesivas del PBI estadounidense. Se corroboró lo que la mayoría de los analistas venían prediciendo: el fin de la contracción en USA y el inicio de la ansiada recuperación. Los mercados reaccionaron con euforia ante el anuncio y el Dow Jones superó la línea de los 10000 puntos, marca que no alcanzaba desde hace casi 10 meses.
Lo sucedido en USA se replicó en otras economías que exhibieron crecimiento positivo de su Producto, algunas de ellas por segundo trimestre consecutivo, como Alemania y Francia. En este contexto global de recuperación en la mayoría de las grandes economías, es destacable señalar que este trimestre se verificó, por primera vez desde iniciada la crisis, un crecimiento conjunto del Producto en USA, Alemania y China. Esta coincidencia es remarcable, ya que estas tres economías conforman los grandes “inyectores” de la economía mundial. El crecimiento concomitante de estos tres países corrobora un panorama global muy alentador y contribuye a la verificación de la hipótesis de que el mundo estaría acercándose al fin de la crisis financiera y económica, que colocó la economía global al pie del precipicio. No es tiempo aún de aventurar el fin de la crisis global, pero si podemos afirmar que existen evidencias claras para afirmar que hemos superado la faz contractiva de la crisis y nos encaminamos a una frágil recuperación, que se ira consolidando gradualmente y con vicisitudes en el 2010, y por varios años más. Son muchos los aspectos de la economía y fundamentalmente del sistema financiero que siguen aún bajo el “stress” de la perturbación y que tomará años para que regresen a un estado de normalidad, o al menos a niveles aceptables de funcionamiento. Paul Krugman decía la semana pasada en Buenos Aires que durante los próximos 10 años asistiremos a una economía global relantisada , con crecimiento bajo.
El viernes 6 de noviembre se anunció que el nivel de desempleo en USA ha superado del 10% -exactamente 10.2%-. Así como la euforia ganó a Wall Street al conocerse el crecimiento del PBI la semana anterior, la depresión se generalizó al conocerse la cifra de desempleo. Conjuntamente se conoció la caída del salario promedio por hora y el incremento del número de personas que han dejado de buscar empleo definitivamente. El crecimiento del Producto, conjuntamente con un incremento del desempleo, está indicando dos cosas; en primer lugar que las empresas están creciendo en base a profundos planes de reestructura, orientados a reducir costos, aumentar la productividad y reducir el número de trabajadores (la productividad en USA se elevó en 9.5% durante el tercer trimestre del año, el mayor avance desde el 2003); y en segundo lugar que persiste una gran dependencia de la economía de los Planes de Estímulo implementados por el Gobierno, cuyo instrumentación genera gasto y consumo público. Lo primero genera una situación cuyas consecuencias se mantendrán en el largo plazo. Cuando las empresas implementan planes de reestructura, y como consecuencia disminuyen sus plantillas de empleados y trabajadores, difícilmente regresen a los niveles de empleo que tenían previo a la reforma, más aún cuando enfrentan un mercado futuro débil e inseguro, determinado por una actitud desconfiada y conservadora del consumidor. Lo segundo esta altamente condicionado por la capacidad fiscal de continuar con los apoyos gubernamentales, como el “tax credit” que se acaba de suspender para la compra de la vivienda. El efecto de esta cancelación, sobre la caída en el número y el precio de las viviendas vendidas, constituye un excelente ejemplo del impacto de estos estímulos fiscales sobre la recuperación económica y conduce a la gran pregunta que hoy se hacen los Ministros de Finanzas del G-20: ¿Es tiempo de cortar las políticas de estímulo o, a pesar de las dificultades fiscales, es necesario continuar inyectando recursos en la economía para consolidar la recuperación económica? Esta pregunta tuvo el sábado 7 de noviembre una respuesta positiva ya que la declaración final de la reunión expresa “que la situación económica y financiera ha mejorado pero que la recuperación es desigual y aún dependiente de las políticas de apoyo que puedan instrumentar los Gobiernos”. El Secretario del Tesoro estadounidense Timothy Geithner declaró al término de la reunión que “el proceso de crecimiento ha comenzado” pero advirtió que acabar aceleradamente los programas de gastos extraordinarios perjudicaría la economía y haría peligrar la recuperación. Agregó que “el aumento del desempleo a su mayor nivel en 26 años anunciado el viernes respalda la noción de que este sigue siendo un ambiente económico muy difícil”.
Si bien hubo una declaración unánime de los Ministros de Finanzas del G-20, la reunión se caracterizó por posiciones distintas. Francia, Alemania y Japón mantuvieron una posición fiscal más conservadora en cuanto a que hay que iniciar una rápida cancelación de los programas especiales de estímulo instrumentados durante la crisis, mientras que USA e Inglaterra se mostraron más favorables en continuar con los programas de apoyo. Seguramente que la debilidad relativa de ambas economías es consistente con la posición de no “levantar aún el pie del acelerador”.
Como conclusión, llegamos al último trimestre del año y la economía mundial se encuentra aún en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena; con situaciones muy desiguales, fundamentalmente entre USA y Europa; con la aparición de un claro liderazgo de la economía China que consolida su crecimiento a tasas muy superiores al resto del mundo. En este contexto la mayor preocupación y fuente de debate ha pasado a ser “la estrategia de salida de la crisis” que hoy debaten los Ministros de Finanzas del G-20. Y como vimos la conclusión ha sido no desmantelar aún los programas de apoyo gubernamental instrumentados durante la crisis. La pregunta que se hacen los analistas ante esta decisión es hasta cuando podrán los Gobiernos soportar fiscalmente esta posición, fundamentalmente en USA que tiene un déficit superior al 9%.
Un trimestre en que los brotes verdes se reproducen en el incierto jardín: el producto se incrementa, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales se recupera y en consecuencia la riqueza de los hogares y su nivel de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo llega a niveles de 26 años atrás; el déficit público de acerca a las dos cifras y la economía demanda nuevos apoyos extraordinarios; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA, no se estabiliza.

Más brotes verdes y algunas malezas persistentes en un jardín aún incierto

La economía mundial se encuentra en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena. Un jardín incierto donde despuntan día a día nuevos brotes verdes: el Producto de las mayores economías del mundo crece, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales ha recuperado mas d 60% durante 2009, restableciendo en parte la riqueza de los hogares estadounidenses y por ende su capacidad de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo en USA superó los dos dígitos; como consecuencia el miedo a perder el empleo persiste y la confianza del consumidor no se recupera; el déficit público en USA se acerca a las dos cifras y la economía continúa demandando nuevos apoyos para continuar en la senda de la recuperación; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA continúa oscilante y no logra estabilizarse.

Hace una semana se anunció el crecimiento del Producto en USA: 3.5%, medio punto por encima de lo previsto por analistas y operadores. Este porcentaje significó, nada más y nada menos que el primer resultado positivo luego de tres trimestres de reducciones sucesivas del PBI estadounidense. Se corroboró lo que la mayoría de los analistas venían prediciendo: el fin de la contracción en USA y el inicio de la ansiada recuperación. Los mercados reaccionaron con euforia ante el anuncio y el Dow Jones superó la línea de los 10000 puntos, marca que no alcanzaba desde hace casi 10 meses.
Lo sucedido en USA se replicó en otras economías que exhibieron crecimiento positivo de su Producto, algunas de ellas por segundo trimestre consecutivo, como Alemania y Francia. En este contexto global de recuperación en la mayoría de las grandes economías, es destacable señalar que este trimestre se verificó, por primera vez desde iniciada la crisis, un crecimiento conjunto del Producto en USA, Alemania y China. Esta coincidencia es remarcable, ya que estas tres economías conforman los grandes “inyectores” de la economía mundial. El crecimiento concomitante de estos tres países corrobora un panorama global muy alentador y contribuye a la verificación de la hipótesis de que el mundo estaría acercándose al fin de la crisis financiera y económica, que colocó la economía global al pie del precipicio. No es tiempo aún de aventurar el fin de la crisis global, pero si podemos afirmar que existen evidencias claras para afirmar que hemos superado la faz contractiva de la crisis y nos encaminamos a una frágil recuperación, que se ira consolidando gradualmente y con vicisitudes en el 2010, y por varios años más. Son muchos los aspectos de la economía y fundamentalmente del sistema financiero que siguen aún bajo el “stress” de la perturbación y que tomará años para que regresen a un estado de normalidad, o al menos a niveles aceptables de funcionamiento. Paul Krugman decía la semana pasada en Buenos Aires que durante los próximos 10 años asistiremos a una economía global relantisada , con crecimiento bajo.
El viernes 6 de noviembre se anunció que el nivel de desempleo en USA ha superado del 10% -exactamente 10.2%-. Así como la euforia ganó a Wall Street al conocerse el crecimiento del PBI la semana anterior, la depresión se generalizó al conocerse la cifra de desempleo. Conjuntamente se conoció la caída del salario promedio por hora y el incremento del número de personas que han dejado de buscar empleo definitivamente. El crecimiento del Producto, conjuntamente con un incremento del desempleo, está indicando dos cosas; en primer lugar que las empresas están creciendo en base a profundos planes de reestructura, orientados a reducir costos, aumentar la productividad y reducir el número de trabajadores (la productividad en USA se elevó en 9.5% durante el tercer trimestre del año, el mayor avance desde el 2003); y en segundo lugar que persiste una gran dependencia de la economía de los Planes de Estímulo implementados por el Gobierno, cuyo instrumentación genera gasto y consumo público. Lo primero genera una situación cuyas consecuencias se mantendrán en el largo plazo. Cuando las empresas implementan planes de reestructura, y como consecuencia disminuyen sus plantillas de empleados y trabajadores, difícilmente regresen a los niveles de empleo que tenían previo a la reforma, más aún cuando enfrentan un mercado futuro débil e inseguro, determinado por una actitud desconfiada y conservadora del consumidor. Lo segundo esta altamente condicionado por la capacidad fiscal de continuar con los apoyos gubernamentales, como el “tax credit” que se acaba de suspender para la compra de la vivienda. El efecto de esta cancelación, sobre la caída en el número y el precio de las viviendas vendidas, constituye un excelente ejemplo del impacto de estos estímulos fiscales sobre la recuperación económica y conduce a la gran pregunta que hoy se hacen los Ministros de Finanzas del G-20: ¿Es tiempo de cortar las políticas de estímulo o, a pesar de las dificultades fiscales, es necesario continuar inyectando recursos en la economía para consolidar la recuperación económica? Esta pregunta tuvo el sábado 7 de noviembre una respuesta positiva ya que la declaración final de la reunión expresa “que la situación económica y financiera ha mejorado pero que la recuperación es desigual y aún dependiente de las políticas de apoyo que puedan instrumentar los Gobiernos”. El Secretario del Tesoro estadounidense Timothy Geithner declaró al término de la reunión que “el proceso de crecimiento ha comenzado” pero advirtió que acabar aceleradamente los programas de gastos extraordinarios perjudicaría la economía y haría peligrar la recuperación. Agregó que “el aumento del desempleo a su mayor nivel en 26 años anunciado el viernes respalda la noción de que este sigue siendo un ambiente económico muy difícil”.
Si bien hubo una declaración unánime de los Ministros de Finanzas del G-20, la reunión se caracterizó por posiciones distintas. Francia, Alemania y Japón mantuvieron una posición fiscal más conservadora en cuanto a que hay que iniciar una rápida cancelación de los programas especiales de estímulo instrumentados durante la crisis, mientras que USA e Inglaterra se mostraron más favorables en continuar con los programas de apoyo. Seguramente que la debilidad relativa de ambas economías es consistente con la posición de no “levantar aún el pie del acelerador”.
Como conclusión, llegamos al último trimestre del año y la economía mundial se encuentra aún en un claro período de transición, alejándose de la contracción pero sin ingresar a una recuperación plena; con situaciones muy desiguales, fundamentalmente entre USA y Europa; con la aparición de un claro liderazgo de la economía China que consolida su crecimiento a tasas muy superiores al resto del mundo. En este contexto la mayor preocupación y fuente de debate ha pasado a ser “la estrategia de salida de la crisis” que hoy debaten los Ministros de Finanzas del G-20. Y como vimos la conclusión ha sido no desmantelar aún los programas de apoyo gubernamental instrumentados durante la crisis. La pregunta que se hacen los analistas ante esta decisión es hasta cuando podrán los Gobiernos soportar fiscalmente esta posición, fundamentalmente en USA que tiene un déficit superior al 9%.
Un trimestre en que los brotes verdes se reproducen en el incierto jardín: el producto se incrementa, el mercado financiero se estabiliza, el mercado de capitales se recupera y en consecuencia la riqueza de los hogares y su nivel de consumo. Pero algunas malezas persisten: el desempleo llega a niveles de 26 años atrás; el déficit público de acerca a las dos cifras y la economía demanda nuevos apoyos extraordinarios; el mercado de la vivienda, el epicentro de la crisis y el epicentro de la actividad económica en USA, no se estabiliza..

martes, 27 de octubre de 2009

Recuperación económica global: el Cono Sur una región privilegiada

Existe un consenso casi unánime en que la contracción económica global terminó y que tímidamente se inicia una frágil recuperación, fundamentalmente en el epicentro del sistema (USA). Después de estar veinte meses inmersos en una profunda crisis financiera y económica global, bordeando el precipicio de la depresión, el manto se levanta y aparece el esqueleto de un capitalismo seriamente dañado -en CTI con respirador artificial- pero aún con síntomas vitales y evolucionando a una recuperación. Pronóstico reservado y gran incertidumbre sobre el tiempo en que el enfermo permanecerá internado antes de que pueda dejar el respirador y caminar sin el apoyo que brinda el Gobierno estadounidense a través de sendos planes de estímulo y rescate. En este contexto, al levantar el manto, aparecen los impactantes índices que marcan el punto de partida de la recuperación. Como en un Tsunami, cuando se retira el agua, aparece una economía con un 10% de desempleados en USA y cifras aún superiores en otras economías desarrolladas; un déficit público del 9.3% en USA -1.4 billones- y del 9% promedio en todos los países que conforman la OCD; record en quiebras de empresas y bancos, fundamentalmente en USA; una caída del 20% del comercio mundial y crecientes señales de proteccionismo; fuerte caída de las remesas a los hogares de América Latina y según la ONU, 100 millones de pobres más en el mundo… sólo para citar algunas de las cifras más impactantes que caracterizan la economía global al fin de la crisis y al inicio de la recuperación.

Pero no todo el proceso de recuperación será territorialmente homogéneo, como no lo fue la crisis. Desde nuestra perspectiva nos corresponde intuir analíticamente el posicionamiento en la recuperación global de nuestra Región: el Cono Sur de América Latina. Para iniciar esta REFLEXIÓN es necesario hacernos una primer pregunta que tiene una respuesta muy compleja, pero que trataremos de simplificarla concentrándonos en lo esencial: ¿cómo funcionaba el motor económico global hasta 2007 y como funcionará partir del 2010 y durante varios años más?

En la precrisis, el motor económico global era movilizado por un único y potente “impulsor”: el insaciable apetito del consumidor estadounidense y la belicosidad del Gobierno encabezado por Jorge W. Bush. Juntos generaban una potente demanda global que se respaldaba, en el caso de los hogares estadounidenses, en su creciente riqueza como consecuencia del incremento sostenido del precio de las viviendas y las acciones, y en el caso del gasto militar, en el sostenido crecimiento del déficit público. La expansión del consumo privado la proporcionaba el crédito bancario a baja tasa. A su vez, los bancos se fondeaban en el mercado de capitales en base a la generación de sofisticados productos financieros, derivados de derivados, que a su vez tenían como núcleo las hipotecas que ellos mismos generaban al conceder los créditos. En el caso del gasto público, el déficit era financiado por la emisión de Bonos del Tesoro que eran adquiridos por Bancos Centrales, fondos soberanos e inversores privados, todos ellos en busca de activos de reserva y protección. La Fed, a su vez generaba el circulante emitiendo los dólares necesarios para lubricar todo un sistema que funcionaba a altas revoluciones, impulsado por exacerbados valores de hiperconsumo y codicia. A principios del 2008 el “motor” global se recalentó y colapsó, iniciándose la debacle por “el desinfle” de la burbuja de las hipotecas subprime, seguido por el derrumbe del precio de las viviendas y de las acciones.

En los años que vienen, años de débil recuperación, el motor de la economía global bajará sustancialmente las revoluciones y por ende el nivel de actividad. El “impulsor” principal ha dejado de ser el consumo de los hogares estadounidenses y surgen varias especulaciones en torno a cual será el sustituto, al menos en los primeros años de la recuperación.

A nivel de la economía estadounidense el “impulsor”, en las primeras etapas de la recuperación, lo constituirá el gasto público. La caída en el consumo privado ha sido remplazada en buena proporción por el consumo público, generado a partir del plan de estímulo de Obama, los salvatajes sectoriales y la abultada inyección de recursos al sistema bancario -que los bancos han capitalizado y no han trasladado al crédito, como esperaba la Fed-. Lánguido panorama para la economía estadounidense hasta que no rebroten el crédito y la confianza del consumidor. Mientras tanto, más emisión y más colocación de Bonos de Tesoro, pero menor confianza en sus atributos de activos de reserva. Devaluación del dólar y aumento de la competitividad de las exportaciones estadounidenses. En resumen, a nivel de la economía de USA, una recuperación frágil, inicialmente impulsada por el gasto gubernamental, y una peligrosa disyuntiva: retiro de los estímulos y una recuperación más débil; o más estímulos y mayor déficit acrecentando el fantasma de la inflación.

A nivel global la dinámica de la recuperación surge con mayor claridad. La economía China será el gran “impulsor” de la actividad económica mundial. China no ha dejado de crecer durante toda la faz contractiva de la crisis y recientemente se ha anunciado un crecimiento del 8.9% en el tercer trimestre, lo que llevaría la tasa de crecimiento para 2009 al 8%, razón por la cual el Gobierno Chino afirmó su política fiscal activa y monetaria expansiva. Junto al sorprendente aumento de la tasa de crecimiento en el tercer trimestre, se dieron a conocer otros indicadores de la economía China que reafirman la solidez de su expansión: un ascenso anual de 34% en la inversión en activos fijos, las ventas minoristas se elevaron 15.5% en igual lapso y la tasa de avance de la producción industrial se incrementó un 13.9, superando el 12.3% del mes previo. Es importante señalar que China, cuando sufrió el primer impacto de la recesión, una caída de las exportaciones del 24%, para un país en que el comercio exterior representa el 60% del Producto, reaccionó rápidamente con un plan de estímulo de 580.000 millones de dólares, que fueron enteramente canalizados por los bancos como crédito al consumo y a las Pymes. Es así que China se perfila como el motor de arranque de la economía global y es probable que mantenga ese status durante los primeros meses, o incluso los primeros años, de la recuperación. Formidable ironía postcrisis: una economía centralmente planificada, conducida por un Partido Comunista, actuará como impulsora de la recuperación del sistema capitalista global. Pero China no está sola en ésta tarea, según las últimas estadísticas conocidas la acompañan dos economías emergentes que han iniciado con brío su recuperación: India y Brasil.

Con estas dos reflexiones, podemos adelantar una conclusión. La economía de USA perderá fuerza como motor de la economía global pero incrementará su competitividad como exportador de manufacturas y China la remplazará como “impulsor” de la economía global, fundamentalmente en las primeras etapas de la recuperación. En consecuencia, dada la estructura de las importaciones chinas, nos aventuramos a predecir que en el corto plazo los países productores de comoditties, fundamentalmente alimentos, energía y determinados minerales, se posicionarán en una situación claramente ventajosa a nivel mundial.

El Cono Sur de América Latina es una región que genera un tercio de los granos que se consumen a nivel mundial, la mitad de la carne que se exporta en el mundo y cuenta con formidables reservas de hidrocarburos y gas. Chile produce un tercio del cobre que consume China, su precio ha escalado 127% en lo que va de 2009. Además, el Cono Sur cuenta con un “motor” regional y quizás mundial que es Brasil, liderando la recuperación regional a través de la generación de mercado para bienes y servicios, cuyo comercio es favorecido por las ventajas de la zona de libre comercio que proporciona el MERCOSUR. Adicionalmente, esta crisis encontró a los cinco países del Cono Sur (MERCOSUR más Chile) con las cuentas en orden: superávit fiscal, un nivel de endeudamiento aceptable en relación al producto, alto nivel de reservas y un sistema bancario suficientemente capitalizado y estable. El futuro cercano del Cono Sur es promisorio, la recuperación llegará primero y se expresará durante el 2010 a través de tasas de crecimiento cercanas al 3 - 4%. Este año, Brasil entró en recuperación y se restablece la afluencia de capitales y la inversión extranjera; Uruguay es uno de los únicos países del mundo que presentará tasa de crecimiento levemente positiva; Argentina ha revertido la fuga de capitales y está dejando atrás las limitantes consecuencias de su default y su deuda con el Club de Paris. Iniciamos un 2010 promisorio. Para consolidar estas tendencias será necesario reconocer que China es el socio estratégico por excelencia del Cono Sur de América Latina, y en base a esta comprobación orientar coordinadamente la política comercial de la Región.

viernes, 9 de octubre de 2009

Comparto el comentario de Ignacio Bernal

Quiero compartir con todos los lectores del blog, parte del comentario a mi último articulo efectuado por Ignacio Bernal de México, ya que ilustra en forma ejemplar las profundas huellas que está dejando la crisis sobre el consumidor estadounidense y su principal activo: las viviendas.
Cuenta Ignacio al final de su excelente reflexión: “...Como dato curioso, hace unos días, fui a Atlanta con un amigo que tenía varios intereses en fraccionamientos hipotecarios alrededor de esa ciudad. Forman hoy un cinturón alrededor de esta amplia ciudad TODOS CON CASAS VACIAS NUEVAS. Cada casa enorme y hay millas de estas. Muchos de estos fraccionamientos están casi completos, con bosques, tiendas, iglesias, clubs, etc... También fui a Las Vegas. Aquí la caída es general. Es un pueblo medio muerto-increíble. No puedo pensar que todos estos millones de gentes-no van a quedar muy marcados para siempre con sus familias. Hay que ir a San Diego, o en México a sus "second homes" en Puerto Peñasco en donde hay cientos de edificios todos abandonados. Ver no solo estados de cuentas sino la imagen de la desgracia -que se repite una y otra vez- marcará a todos los habitantes de Norteamérica por mucho tiempo. El momento para lograr cambios de fondo. Ignacio Bernal.”

miércoles, 7 de octubre de 2009

Crisis Global: Macrotendencias que llegaron para quedarse

Abandonaremos el “capitalismo nacional de la opulencia” para ingresar en una “fase más austera del capitalismo global”. Será un mundo diverso en el que habrá mayor desempleo y pobreza, caída del consumo y fragilidad del nivel de actividad económica, presiones inflacionarias, mayor proteccionismo, una nueva arquitectura internacional y fuerte protagonismo de Asia y América Latina en la recuperación global. Un mundo donde el consumismo, la opulencia, la avaricia desmedida y la dominación bélica darán paso gradualmente a una mejor regulación del sistema financiero global, a una intervención creciente del estado en la prevención de nuevos desequilibrios y a una preocupación creciente por la pobreza y el cuidado del medio ambiente.

A medida que el mundo se aleja del terremoto y gradualmente se acerca a una recuperación, resulta estratégicamente imprescindible reflexionar sobre el escenario en el cual nos tocará actuar y vivir a partir del 2010. Identificar y analizar estas macrotendencias globales es fundamentalmente para anticiparnos en la redefinición de una “Visión País”, que comprenda las transformaciones estructurales que caracterizarán por varios años al contexto económico y político externo. Iniciemos este ejercicio analizando las más relevantes:

1. Caída del consumo y amesetamiento del nivel de actividad económica: Si la economía estadounidense revierte la contracción, igual asistiremos por muchos años a niveles de actividad más bajos que los que caracterizaron la última década. La propensión al consumo y la confianza del consumidor tendrán una reducción estructural significativa en USA. Los niveles de consumo se habían exacerbado de tal forma que en 2007 el endeudamiento de los hogares norteamericanos significaba un 120% del PBI estadounidense. La destrucción de riqueza, el miedo a un futuro incierto y la pérdida de empleos han generado un cambio profundo en la relación ahorro-consumo. Pienso que este cambio perdurará por muchos años, tal cual perduró luego de la “Gran Depresión”, generando un capitalismo fundamentado en valores de ahorro y austeridad que caracterizó a toda una generación. Por la fuerza de la realidad -3 trillones de riqueza destruida- los estadounidenses y el resto del mundo asistirán a un cambio de valores relacionados con la avaricia, el consumo abusivo y el endeudamiento irresponsable de quienes tomaron crédito y de quienes adquirieron el riesgo al otorgarlo. De acuerdo a Hutchinson, profesor de marketing de Wharton, “en los próximos años el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud en el corto plazo aunque se estabilice la economía”. Si bien este duro golpe al “capitalismo de la abundancia”, y a los altísimos niveles de consumo que se le asocian, constituye un gran respaldo a las preocupaciones globales en torno al calentamiento global y al agotamiento de los recursos energéticos no-renovables, presenta una contracara : menor propensión al consumo en USA condiciona un menor nivel de actividad en un país en el que el consumo interno significa el 70% del PBI, y éste un tercio del PBI mundial. En palabras de Stiglitz, en Estambul, “a partir de ahora los hogares estadounidenses tendrán que acostumbrarse a vivir "dentro de sus posibilidades" y no está claro todavía cuáles serán las repercusiones para la economía global que en los últimos años ha estado sustentada en gran medida por el inagotable apetito de los consumidores estadounidenses. Esta frase de Stiglitz identifica adecuadamente la trascendencia global de la macrotendencia de la caída del consumo en USA, y deja abierta la interrogante sobre la dimensión de su impacto sobre la demanda agregada global y el correspondiente nivel de actividad en USA y el resto del mundo.

2. Mayor desempleo y pobreza global: El mundo se caracterizará por niveles de desempleo y pobreza muy superiores a los que caracterizaron el escenario global pre-crisis. La economía estadounidense alcanzará 10 % de desempleo antes de fin de año. Desde su inicio la crisis ha destruido en USA más de 7 millones de puestos de trabajo. Situaciones similares se plantean en la Eurozona y en las economías emergentes. A nivel mundial la cifra de pobres superó los mil millones, según el último informe de la ONU. Esta situación trae asociados dos fenómenos, en primer lugar, en las economías desarrolladas se debilitará el consumo en forma sostenida, reforzando la macrotendencia anteriormente descripta y por ende el ritmo de la recuperación. En segundo lugar, a nivel global aumentarán los conflictos sociales y políticos y por ende se lesionará la gobernabilidad a escala nacional y mundial. Viviremos por muchos años en un mundo más inseguro e inestable aún.

3. Sobrevolará el fantasma de la inflación: La expansión monetaria por la inyección de dinero a la economía por parte de la Fed, fundamentalmente a través de la compra de deuda gubernamental e hipotecaria, la baja de la tasa de interés a nivel cero, los paquetes de estímulo y la capitalización de empresas estratégicas, han sido los mayores antídotos que han utilizado las autoridades estadounidenses como políticas anticíclicas para enfrentar la crisis financiera, el “colapso” crediticio y la contracción económica. Estas políticas poco ortodoxas, básicamente por el volumen de recursos financieros involucrados en su aplicación, han inflado a niveles nunca vistos las hojas de balances de la Fed, así como el nivel del déficit fiscal que supera 9% del PBI. En primer lugar, es importante destacar que la aplicación vigorosa y simultánea de estos instrumentos ha sido eficaz y nos alejó del riesgo de una depresión. En segundo lugar, a medida que nos alejamos del precipicio y nos acercamos a una e recuperación, surgen las preocupaciones asociadas a las políticas monetarias que caracterizaran la “estrategia de salida” de la crisis. A pesar de las afirmaciones de Bernanke en relación al conjunto de instrumentos a su disposición para esterilizar el excedente monetario una vez que se inicie la recuperación (elevar la tasa, pagar intereses en depósitos de la Fed, vender títulos de largo plazo) para muchos especialistas e inversores persiste un riesgo de inflación que se evidenciará con mayor fuerza a partir del segundo año de la recuperación. Yo adhiero a esta opinión. Considero que dado los volúmenes de dinero que hay que esterilizar en USA y en Europa en menor medida, el fantasma de la inflación sobrevolará a la economía norteamericana durante muchos años. No resultará sencillo reducir el déficit fiscal en 4 o 5 puntos del PBI (más de un billón de dólares), más aún cuando el presupuesto que elevó el Presidente Obama al Congreso constituye un nuevo record fiscal. Adicionalmente, los instrumentos disponibles para contrarrestar la expansión monetaria atentan contra el ritmo de la recuperación a través de limitar nuevos planes de estímulo, lo que colocará a la Fed y al Gobierno en el dilema “revitalización de la actividad versus inflación”.

4. China se consolida como “driver” de la recuperación global: Con una previsión de crecimiento cercano al 7% en 2009, China se consolida como la segunda economía mundial y "driver" de la recuperación económica. Muy dependiente de su floreciente comercio exterior, sufrió por la caída de la demanda de USA y Europa por sus productos, lo cual llevó a una fuerte contracción de sus exportaciones, cierres de fábricas y destrucción de empresas. El Gobierno Chino reaccionó rápido con visión estratégica y con contundencia financiera. El Plan de Reactivación, 580.000 millones de dólares, se orientó a incentivar el mercado interno incrementando la disponibilidad de crédito al consumo y la inversión para compensar la caída en las exportaciones, las cuales se redujeron en 21.8% interanual en el primer trimestre. Es de destacar que esta naturaleza de “driver” de la salida de la crisis y la recuperación que presenta la economía China, es extensible a India y a Brasil por la escala de sus economías y por el ritmo de recuperación.

5. Mundo financieramente interdependiente: el eje Washington - Bejing: A pesar de que la crisis surge en USA por la irresponsabilidad del sistema bancario en la adquisición de riesgo asociado a las hipotecas subprime y su posterior comercialización en el mercado de capitales “camufladas” en derivados de derivados, el activo de protección generalizado a nivel mundial son los bonos del Tesoro de USA. Esta paradoja, aunada a la internacionalización del sistema financiero, ha creado una profunda interrelación entre países más allá de los sistemas políticos que los gobiernan. Numerosos gobiernos mantienen en las reservas de sus bancos centrales importantes proporciones de bonos del Tesoro norteamericano. El ejemplo más relevante es el de China, que es tenedora de casi un tercio de los bonos emitidos por el Tesoro norteamericano (8.000.000 millones de dólares). Existe, por tanto, una “megadependencia” que ata y preocupa a muchos países, creando una red global de intereses que está por encima de regímenes políticos e incluso reivindicaciones globales. En la reciente reunión entre el Presidente Obama y su homólogo chino, señalaron que impulsarán un "diálogo estratégico y económico" entre Pekín y Washington. Esta nueva relación conformará un eje geopolítico de enorme trascendencia en la post crisis.

6. Mayor proteccionismo: Inevitablemente ingresaremos en un mundo donde predominarán por un plazo considerable los comportamientos proteccionistas a nivel global y regional, a pesar de innumerables declaraciones en sentido contrario. El proteccionismo limita el intercambio y debilita la recuperación.

7. Debilitamiento del dólar como valor de reserva: Según Stiglitz “existe la teoría cada vez más extendida de que el dólar será incapaz de mantener su actual estatus de divisa de reserva, y que conviene abrir una discusión multilateral sobre las alternativas”, que según China, India, Brasil y Rusia debería aproximarse a los actuales Derechos Especiales de Giro que utiliza el FMI para su propia cartera, enriquecido por la agregación del valor de otras monedas, como el yen.