martes, 6 de marzo de 2012

Europa: Keynes sepultado por el ajuste fiscal y la austeridad.

A fin de año escribí un artículo en el cual aventuré algunas predicciones para el 2012 sobre la probable evolución de Europa, EEUU y China. Habiendo transcurrido dos meses desde el inicio del año es útil ahora intentar un seguimiento de dichas predicciones para ajustar, corregir o enriquecer pronósticos. La realidad no está lejos de lo que aventuramos al inicio del año en EEUU y China. Más aún, en EEUU se corrigió al alza el crecimiento del producto del cuarto trimestre del 2011: 3%, la tasa de desempleo se amesetó y existen algunos elementos referidos al mercado de la vivienda, la producción manufacturera y el índice de confianza del consumidor que confirman que una tenue recuperación se consolida. Considero que a medida que avance la posibilidad de reelección de Obama la recuperación se acelerará en el segundo semestre, si la crisis europea y el conflicto bélico con Irán se mantienen contenidos. China acaba de oficializar que su tasa de crecimiento del producto para el 2012 será de 7.5%, los mismos dos puntos porcentuales que predecíamos al inicio del año. El día posterior a este anuncio (martes 6) se derrumbaron los mercados de todo el mundo, lo que nos confirma el rol de “motor” que juega China para la economía global en crisis.

En Europa la evaluación adquiere una naturaleza diferente. En estos 60 días la misma ha sido el centro de la atención mundial y los cambios se han sucedido vertiginosamente. Lo que allí acontezca es determinante para el desempeño de la economía global, al menos en el presente año. El temor a un colapso del Euro y la desintegración de la UE, ha dominado el comportamiento de inversores, analistas y líderes políticos. Si ocurriese, el nivel de contagio tendría la fuerza de un gran tsunami cuya ola llegaría a todas las costas del planeta. Al inicio del año, este escenario tenía una gran probabilidad de ocurrencia: la crisis de deuda de la mayoría de los países de la CEE se reflejaba en una creciente prima de riesgo para algunos países y las colocaciones de bonos soberanos emitidos por Italia y España bordeaban el peligroso umbral del 7% anual. El pánico dominaba el mercado de capitales y se extendía a acciones y monedas. Como resultado, el “horror” comenzó a ejercer sus efectos sobre los lideres políticos europeos, fundamentalmente sobre la dirigencia alemana y francesa, países a los cuales pertenecen la mayoría de los bancos inundados de bonos soberanos italianos, españoles, portugueses, griegos e irlandeses, entre otros.

Como consecuencia, a partir de la segunda quincena de enero se desataron una serie de acontecimientos que han delineado un escenario en el cual, si bien han disminuido los riesgos de colapso, se ha consolidado la hipótesis de una severa recesión durante el 2012 para la UE y la Zona Euro. Este cambio de escenario ha sido el resultado de un torbellino de reuniones de autoridades comunitarias y cumbres presidenciales, todas ellas con el propósito de reformular la arquitectura institucional de la UE, dotar a la UE y a la Zona Euro de mayor gobernanza, redefinir el rol del BCE y generar nuevos tratados para mantener unificada la Zona Euro y el destino de su moneda única.

Toda esta intensísima actividad ha tenido como eje una postura ideológica dominante: “la teoría Merkozy del equilibrio fiscal como precondición para el crecimiento”; además de una obsesión estructural: la crisis hizo evidente que los países que comparten el Euro no solo deben resignar su política monetaria, sino que también deben resignar su política fiscal.

Como corolario, en la cumbre del jueves 1º de marzo, la teoría Merkozy logró su formalización en un tratado que consagra la austeridad fiscal e impone a los países signatarios la obligación constitucional de mantener el equilibrio fiscal. Un total de 25 países, de los 27 de la UE, firmaron el tratado que entrará en vigencia en la Zona Euro con la ratificación del mismo por un mínimo de 12 países. Recurriendo a la más pura teoría neoliberal, Merkel justificó el tratado declarando “Lo primero que hay que hacer es firmar el tratado para erradicar el desequilibrio fiscal, lo segundo es cómo generar crecimiento”. Exactamente lo contrario a lo que opinaría Keynes, e incluso estructuralistas post keynesianos como Paul Krugman, lo que transforma la crisis europea en un terreno de disputa de la teoría económica: keynesianismo versus clasicismo neoliberal. O Europa entra en un círculo vicioso de más ajuste, más contracción, más déficit, o en un círculo virtuoso como asume Merkozy: menor déficit fiscal, mayor confianza de inversores y consumidores y, por ende, mayor crecimiento. Merkel fundamenta su posición en aquellos analistas que plantean que Europa no transita una crisis de deuda, sino una crisis de confianza y, por ende, lo que hay que restablecer es la confianza de los inversores y los consumidores con fiscos sólidos y presupuestos equilibrados. Obviamente, nada de esto, ni siquiera para Merkel, ocurrirá durante 2012. La confianza, si ésta fuese la tesis adecuada, es algo que se recuperará en muchos años. Los latinoamericanos conocemos de la longitud de estos ciclos. En consecuencia, la contracción de la actividad y el producto del presente año ya está asumida, incluso en Alemania, y especialmente en los países que han aplicado mayores recortes presupuestarios: Grecia, Portugal, España e Italia. Ya el último trimestre del 2011 arrojó un crecimiento negativo de 0.3% y se espera que este guarismo se repita a niveles similares en 2012, en la versión más optimista. Tengamos en cuenta que hoy cinco economías (Grecia, Portugal, Italia, Holanda y Bélgica) han ingresado en recesión técnica (dos trimestres con crecimiento negativo).

En esta cumbre del 1º de marzo hubo un segundo hecho trascendente en el persistente salvataje del Euro. Lo constituyó la decisión de adelantar la mitad del préstamo de 130 mil millones de euros a Grecia para respaldar el canje de bonos y recapitalizar los bancos, nada para aliviar la crisis presupuestaria de la sufrida Grecia. El canje se cierra esta semana y ayer lunes el Ministro Venizelos declaró que es optimista y que la participación superará el 90%. Pero la UE sigue siendo precavida y postergó hasta el 9 de marzo el desembolso de la otra mitad.
De todas maneras, esta liberación parcial de fondos a Grecia, así como el lanzamiento del mayor canje de la historia –una quita de 53.5% de los bonos en manos de tenedores privados para borrar 107 mil millones de su deuda de 350 mil millones- generó un efecto muy positivo (si el canje tiene éxito) para la gestión de la crisis europea. Grecia dejó de ser el centro de la agenda política y económica, lo que elevó la confianza de los inversores, mortificados hace más de dos años por la incertidumbre que generaba la tragedia helénica.

Desplazada Grecia del centro de la agenda (por ahora) y armonizando la política monetaria con la fiscal en la Zona Euro, resurge con mayor nitidez la dimensión de la crisis financiera y su impacto sobre la disponibilidad de crédito para empresas y familias, y por ende sobre el consumo y, en definitiva, sobre el cada vez más lejano “sueño del crecimiento”. Y es aquí donde el centro de la discusión se traslada al rol del BCE. ¿Debe el BCE intervenir en la compra directa de bonos soberanos?; ¿debe ser más agresivo en el mercado secundario?; ¿debe ser más incisivo en su rol de “cortafuegos” proveyendo más liquidez al sistema bancario?; ¿es urgente instrumentar los Eurobonos? La urgencia ya ha precipitado al BCE a una inyección de liquidez en el sistema bancario de un billón de euros. La realidad ha dado su primera respuesta: los bancos se han capitalizado pero no han trasladado nada de esa primera lluvia de liquidez al crédito a empresas o familias. Doble preocupación: los bancos no reactivan su negocio central y por ende incrementan su fragilidad financiera, y la desconfianza junto con el nivel de riesgo que genera la incertidumbre sobre la evolución de la economía de la UE, impiden el “descongelamiento” crediticio para lubricar y echar a andar el motor del crecimiento. Recortes presupuestarios, caída de la actividad, desempleo creciente (10.7% en la Zona Euro, con un máximo de 23.3% en España) y falta de crédito, conforman un escenario desesperanzador. Ante esto Merkel insiste “el tratado de consolidación fiscal es un paso importante hacia una unión estable, hace posible una unión política”. Nuevamente el tema crecimiento sigue ausente de su agenda, quizás porque como insinúa Christine Lagarde: “algunos países tienen que avanzar a toda velocidad para impulsar el crecimiento”, “los que tienen margen de maniobra fiscal deben buscar cómo impulsar el crecimiento de aquellos países restringidos en su expansión por el desequilibrio”, aunque no mencionó ningún país en particular, fue fácil suponer que se refería a Alemania, el motor del crecimiento europeo. Cameron, más lacónico, introdujo la nueva dimensión “Europa no sólo enfrenta una crisis de deuda; es también una crisis de crecimiento”.

El otro acontecimiento que durante estos primeros 60 días del año aleja a Alemania de su ortodoxia e inflexibilidad inicial, fundamentalmente por la presión ejercida sobre Merkel por el G-20 y el FMI, fue la aceptación adoptada a fines de febrero por la UE de unificar el Fondo de Estabilidad Financiera con el nuevo mecanismo de Estabilidad Financiera (MEDE), o Fondo de Rescate, elevando su capacidad a 750 mil millones de euros, con el propósito de respaldar países en los cuales se agudiza la crisis económica y el desempleo.

En resumen, los primeros dos meses del 2012 han girado febrilmente en torno a una Europa que ha optado por una línea económica que privilegia el ajuste para lograr el equilibrio fiscal. Se ha evitado el colapso del Euro, lo que sería muy negativo para la economía global, pero dramático para el sistema financiero europeo y para Alemania en particular, cuyas exportaciones, motor de su economía, concurren en un 50% al propio mercado europeo.
Se ha evitado caer en el precipicio, pero es indudable que la salida adoptada e impuesta por Merkozy a los demás países de la Unión tiene un serio problema de sustentabilidad. Sustentabilidad política y sustentabilidad económica. Difícil es imaginar que las sociedades sometidas a tremendos sacrificios en sus niveles de vida y altas tasas de desempleo no reaccionen, o se expresen electoralmente en alternativas políticas distintas a las que hoy han acordado la austeridad y la recesión. La elección presidencial en Francia en el mes de mayo es el primer desafío. ¿Qué sucederá si el candidato socialista, François Hollande -quien ya ha expresado abiertamente su negativa al texto del tratado aprobado en la cumbre del jueves pasado- es Presidente?
La sustentablidad económica es también cuestionable. La pregunta que se hacen hoy varios economistas es altamente relevante: el ajuste conduce a una caída de la actividad, lo que a su vez conduce a mayor déficit fiscal y, por los tratados de equilibrio fiscal, a ulteriores recortes presupuestarios y así sucesivamente a nuevas caídas de la actividad y del empleo. No hay en la visión de Merkozy un planteo de crecimiento, no está identificado el motor, el modelo parece ser un “tapiz tejido sin diseño”, una salida del “horror” sin hoja de ruta, sin estrategia.

El contagio en la economía global ya comienza a mostrar sus primeras señales. Como dijimos, China acaba de anunciar que su crecimiento en el 2012 será de 7.5%. Y, más allá de algunos desequilibrios internos, ha relacionado la caída en la tasa de crecimiento de su producto con la caída de sus exportaciones a Europa. Este fenómeno puede ir avanzando gradualmente en el correr del año. Lo trascendente para la economía global es que la recesión europea no debilite la frágil recuperación en EEUU, cuyo vaso comunicante sería el sector financiero más que el comercio. Las muestras del poder de fuego del BCE generan una esperanza en este sentido. Los países de America Latina sufrirán el doble efecto de la disminución de sus exportaciones a Europa con una posible caída del precio de algunos alimentos (fundamentalmente la soja) por la caída de la actividad en China.

¿Cual es nuestra reflexión?: No puede una economía estar dominada por el ajuste, no es este un fin en si mismo. Ya lo vivimos en ALC y quizás por ello aprendimos y somos en palabras de Izaguirre (Banco Mundial) un ejemplo de política macroeconómica y social. Europa debe regresar a pensar en el largo plazo, desarrollar una VISION a una década, y esa visión es la que debe unir a los países de la UE. El desequilibrio fiscal es un instrumento y es razonable su aplicación en casos extremos, pero lo dominante debe ser la política y la visión de largo plazo, Quizás en esa visión Keynes resucite de su sepulcro y tenga un rol que jugar.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Aventuremos algunas predicciones para el 2012

El nuevo año se inicia con grandes interrogantes cuyas respuestas condicionarán sustancialmente el destino de países, familias y empresas a lo largo y ancho de todo el mundo. El nivel de globalización y el exponencial desarrollo de las comunicaciones y la conectividad aceleran vertiginosamente el nivel con que los acontecimientos financieros, económicos, sociales y políticos se diseminan y repercuten a nivel global. Hoy, el nivel de "contagio" real es muy alto y se acelera cuando después de un quinquenio de crisis, la psicología expresada en el pánico de los mercados y de las personas, se apodera de la realidad. Por lo tanto, hoy más que nunca la humanidad entera comparte un mismo escenario en el cual todos somos actores cuyos roles pueden alterarse muy rápidamente. Todas las interrogantes nos pertenecen y por lo tanto todas las respuestas que la realidad expandida irá proporcionando en el correr del nuevo año, nos corresponden.

Son innumerables las preguntas que nos depara el 2012. Quisiera mencionar algunas, las que considero más relevantes e inquietantes. También las que por su potencial de irradiación pueden tener el mayor nivel de impacto sobre la economía global y sobre nuestros países del sur de América Latina. Haciendo honor al cambio de ánimo que genera un fin de año intentaré aventurarme a reflexionar sobre las posibles respuestas.

1. La primera interrogante es ¿qué sucederá con Europa y particularmente con el Euro?

Europa entró en recesión y varios países de la CEE - ya lo anunció España oficialmente y se debate en Alemania entre expertos y Gobierno – tendrán un cuarto trimestre negativo o cercano a cero e ingresarán en recesión técnica en el primer trimestre del año entrante, pero en ningún caso superarán el 0.5% de crecimiento. El caso italiano pude ser aún más grave ya que la gestión del ajuste está en manos de un Gobierno tecnócrata, sin legitimidad popular, que enfrentará una organización sindical y popular fuerte. Ya se evidenció en la colocación de 7016 millones de euros en bonos soberanos a 3, 7 y 10 años. Los bonos a 10 años presentaron una tasa de corte de 6.98 % y los bonos a 3 años de 5.63%, lo que supone 0.58 puntos menos y 2,27 menos que hace un mes, respectivamente. Esta suavización de los tipos de interés que cobran los inversores a Italia para refinanciar su deuda soberana, refleja una expectativa alentadora en el corto plazo y respalda el paquete de recortes de 30000 millones de euros cuya instrumentación el Gobierno de Monti iniciará el próximo mes. Mayor endeudamiento, pero fundamentalmente mayor desconfianza en el mediano y largo plazo explican la brecha entre los intereses ofrecidos para los bonos de 3 y 10 años. Europa se debatirá todo el 2012 entre el ajuste y la recesión. Italia, por la dimensión de su deuda, la dificultad de gestión política y la propia dimensión de su economía constituirá durante todo el 2012 un acuciante termómetro de la eficacia de la receta “Merkozy”: unión fiscal con exigentes metas y controles. Los mejores presagios son que en el segundo semestre, si la gestión política de los recortes presupuestarios lo admite, comiencen a verse algunos brotes verdes en el áspero jardín de la crisis de deuda soberana que jaqueará a Europa por varios años. Para el 2012 el FMI acaba de predecir un crecimiento de 1% del PBI. Si esto se verificase habría que adelantar el festejo y tomarse ya una copa de champagne.
El segundo gran problema que aqueja a Europa es la crisis de su sistema financiero que repercute directamente en las posibilidades de aliviar la contracción a nivel de países, empresas y consumidores. Hace un par de días aconteció un hecho muy relevante: el BCE traspasó a más de 300 bancos 500 mil millones de euros a una tasa del 1%. Dos terceras partes de esos recursos regresaron al BCE como depósitos a una tasa de 0.75%. Los bancos no se prestaron entre ellos, no compraron bonos soberanos y no acrecentaron su cartera de créditos a empresas e individuos. Optaron por pagar 0.25% para mantener sus recursos en reserva, y cubrir en parte las exigencias de capitalización a las que han sido sometidos. Dos conclusiones de este episodio financiero: primero que el BCE, por ende “Merkozy”, están dispuestos a usar nuevos instrumentos "cortafuegos" para enfrentar la crisis financiera. Segundo, la crisis es más de confianza que de liquidez, y ésta es una revelación compleja de digerir y de gestionar. Cuando la confianza se ha diluido cuesta mucho tiempo regenerarla, y su reconstrucción depende de muchos factores, no sólo financieros y económicos. Regenerar la confianza del sistema financiero y de los inversores será la tarea que la CEE deberá enfrentar con mas ahínco en el año que entra para superar la recesión con que iniciará su advenimiento. En conclusión, no adhiero a la hipótesis catastrófica de un colapso del sistema financiero europeo, si a una dura restricción crediticia que dificultará la gestión de la crisis económica y de deuda soberana.
No creo que el Euro desaparezca aunque ayer (jueves 29/12) tocó su nivel más bajo frente al dólar en tres años. Alemania ha reservado muchos recursos para sostenerlo, y ha consolidado su liderazgo sobre un espacio económico en el cual comercializa el 50% de sus exportaciones. En mi opinión hay razones objetivas para que el BCE incremente su rol de prestamista en última instancia, a través de la compra de bonos soberanos, así como la comunidad internacional y algunos países como China, con altas proporciones de sus reservas en Euros, aún tienen aliento para engrosar el Fondo de Reserva que entrará en pleno vigor a mediados del nuevo año.
Si existe un riesgo de que mi opinión no sea acertada en relación a la supervivencia del Euro, creo que se vincula fundamentalmente a la gestión política del ajuste en Italia. Si hubiese un desafortunado desprendimiento de Italia del Euro, tampoco creo que arrastre a su desaparición sino a la configuración de una Zona Euro a dos velocidades.
Para nuestros países, la contracción nos afecta en términos de una reducción de comercio, fundamentalmente por el impacto sobre dos motores fundamentales: Brasil y China. De no verificarse mi hipótesis y ocurrir un desastre, el nivel de contagio de la crisis financiera depende del nivel de presencia y de market share de los bancos afectados en nuestros países. Chile enfrentaría un problema grave, no así Argentina y Uruguay.

2. La segunda pregunta es ¿qué sucederá con la economía de EE.UU.?

Considero que la economía norteamericana ha iniciado un proceso de reactivación que hace predecir que el 2012 pueda arrojar una tasa de crecimiento de entre 2 y 3%, tal como lo avizora el FMI. Creo que los dos fundamentos en que se basa este sobrio optimismo, es que hay varias señales que indican que la confianza del consumidor ha iniciado un proceso de reconstrucción. Si este despertar se sostiene, aunado al compromiso de la FED de continuar con la tasa prácticamente en cero, puede inducir un círculo virtuoso en las empresas, inicialmente en el sector servicios, que profundice la recuperación del empleo más allá del descenso del 9.1 al 8.6% que ya se verificó en el correr de este año. Además, ayer se informó que en noviembre se verificó la menor cantidad de solicitudes de subsidios por desempleo en los últimos tres años. Considero también que hay un interesante proceso de incremento de las exportaciones, a medida que transcurra el año veremos un renacer del "made in USA". Por último, considero que las inyecciones de liquidez aún no se reflejarán en un nivel de inflación relevante, no creo que supere el 2%.
En este contexto no que hay que olvidar que EE.UU. ingresa este año en un proceso electoral. Si bien hay una tendencia mundial en el mundo desarrollado a responder políticamente a la crisis con mayores dosis de conservadurismo, la popularidad de Obama ha crecido en esta semana a 47% (64% entre los hispanos) según algunas encuestas, y enfrenta una competencia republicana que aún no consolida un liderazgo desafiante. En mi opinión, la recuperación norteamericana se vería protegida en su sustentabilidad con un triunfo de Obama.

3. ¿Qué sucederá con China?

Esta es la predicción más compleja para un analista acostumbrado a razonar en términos del comportamiento de economías capitalistas en diversos estados de desarrollo. China es una economía de mercado pero orientada por un rígido proceso de planificación centralizada, que a su vez controla gran parte del proceso de producción a través de las empresas estatales, predominantes en el área servicios, incluyendo los bancos y en consecuencia la fluidez del proceso crediticio. En este contexto, mi opinión es que los crecientes conflictos salariales, el resultante incremento salarial, la sobreexpansión del crédito hipotecario, la gradual reevaluación del Yuan y la contracción europea resentirán la tasa de crecimiento de China en aproximadamente 2% del producto y condicionarán una inflación de entre 3 y 4 %. No creo que en el 2012 se genere una reducción del precio de los alimentos -fundamentalmente la soja- significativa mas allá de la baja registrada que ya alcanzó el 18% en el año que finaliza (aunque ayer, tuvo una caída de 4 dólares para entrega en marzo).

4. ¿Qué sucederá con Irán?

El riesgo de un enfrentamiento bélico recorrerá 2012. Ya existe una amenaza concreta de cortar el suministro de petróleo. Las consecuencias sobre el precio del mismo y sobre el ritmo de la recuperación en EE.UU. y la profundidad de la contracción europea son evidentes. No olvidemos que en año electoral en Norteamérica y Francia, la guerra continúa siendo una política Keynesiana altamente eficaz. Si se verificase un episodio bélico de proporciones en torno al conflicto entre Irán e Israel y sus respectivos aliados, el conjunto de las predicciones anteriormente señaladas pueden alterarse sustancialmente.

5. En resumen

Inauguramos un año gris, con EE.UU. en frágil recuperación, Europa en contracción y China, Brasil, Rusia e India con sensibles retracciones en sus destacables tasas de expansión que han mantenido durante el último quinquenio. En este escenario, brindemos por que nuestros países del sur de América Latina puedan alcanzar en promedio una tasa de crecimiento del 3.5 al 4% del producto, la cual sería una tasa que, de sustentarse por los próximos años, nos mantendría en una pauta aceptable de expansión y consistente con los niveles de inflación que hemos alcanzado al fin del 2011, más allá de que se siguen ajustando a la baja las predicciones para Brasil que ya se ubican en el entorno de 2.5 - 2.9%.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Europa se debate entre el ajuste y la recesión.

La solución emergente la semana pasada en la Cumbre de Bruselas no constituye solamente un trabajoso acuerdo entre los 17 países de la Eurozona más 9 países de la CEE, con excepción de Inglaterra, para enfrentar la crisis de deuda soberana y restablecer la confianza en su moneda única. Significó, fundamentalmente, el triunfo de un enfrentamiento global en torno a una estrategia, casi ideológica de como gestionar la crisis y por ende enfrentar la contracción y el desempleo. Triunfó la tesis alemana - francesa (la estrategia “Merkozy”) que postula que la pérdida de confianza de los mercados en el euro, así como el devastador impacto socioeconómico del nivel de endeudamiento de la Europa mediterránea, se enfrentan restituyendo la disciplina fiscal y limitando la capacidad de respaldo e intervención directa del BCE en el mercado de bonos soberanos y en la capitalización del sistema financiero. A la crisis se le respondió, al menos en el Acuerdo de Bruselas, con más integración: la cesión de autonomía se acrecentó: a la unión monetaria se adicionó la unión fiscal. Si no hubiese sido por el intento de chantaje y posterior divorcio británico, la solución “Merkozy” se hubiese impuesto en plenitud, o sea, hubiese involucrado a los 27 países que conforman la CEE. Crucemos los dedos para que este acuerdo de una Europa dividida y su moneda única sigan en pie, de lo contrario enfrentaremos una catástrofe de consecuencias imprevisibles a nivel global. La ola expansiva de contagio será como un tsunami que llegará a las playas más lejanas del mundo.

Para comprender en profundidad la controversia ideológica que esta postura significa, la reacción de Obama fue de crítica y de decepción. Para el Gobierno de EE.UU. la crisis no se enfrenta con ajuste y contracción, se enfrenta, y así lo hizo el Tesoro y la FED, con una "bazooka" de inyección monetaria, proveyendo toda la liquidez que sea necesaria para compensar la contracción de demanda agregada generada por el congelamiento del crédito, el pánico del consumidor y el desempleo. Obama teme que la recesión en Europa y la crisis de su sistema financiero generen un contagio de impacto global que opaque los signos de recuperación que muestra la economía de EE.UU., justamente en un año en que juega su reelección. “Merkozy” responde que la estrategia norteamericana compromete el bienestar de futuras generaciones debido al nivel de endeudamiento y déficit que genera una política monetaria expansiva, además del riesgo inflacionario asociado, en la medida en que la recuperación económica se consolide. Además, el salvataje de gobiernos y bancos vía continuos planes de rescate – Planes de Salvataje bancario y EQ’s – debilitan la capacidad de los beneficiarios de realizar esfuerzos propios para obtener fondeos genuinos. Clara controversia entre la disciplina y rigidez germana y la respuesta rápida, pragmática y cortoplacista de EEUU. No es la primera vez en el marco de la Cumbre de Bruselas y la posterior reacción de EE.UU., que la visión germana se enfrenta con la anglosajona. Los próximos meses, y quizás los próximos años, serán decisivos para dirimir quién tiene la razón en esta evidente diferencia de enfoque en la gestión de la crisis.

Ahora bien, ¿qué significó esta cumbre para la crisis del euro y cómo queda posicionada Europa hacia el futuro en la economía global?. El punto de partida son las estimaciones de crecimiento dadas a conocer por la OCDE la semana pasada, la cual redujo sus propios pronósticos para el crecimiento de Europa en el 2012, de una tasa del 2.8 % del PBI a una menor a 1%, señalando una recesión técnica para Europa en su conjunto en el último trimestre del 2011 y el primer trimestre del 2012. La recuperación, según la OCDE, se iniciaría en el segundo semestre del 2012 y se mantendría a partir del 2013.

Esta Cumbre deja grandes interrogantes. Reflexionemos sobre algunas de las más relevantes en relación a su impacto sobre Europa, el euro y la economía mundial.
En primer lugar, la “Regla de Oro” que caracteriza al Acuerdo de Bruselas establece que los 23 países que adhirieron al proyecto “Merkozy”- Inglaterra se desmarcó y otros tres someterán el acuerdo a la aprobación de sus parlamentos - no podrán tener un déficit primario o estructural (antes del pago de los servicios de la deuda) de más del 0.5% ni un déficit fiscal de más de 3%. Sus presupuestos anuales deberán ser sometidos a la aprobación de la Comisión y el Consejo de La Unión, y si su déficit fiscal supera los límites establecidos en el acuerdo serán sometidos a sanciones previamente establecidas por la CEE. Surge una gran interrogante: ¿es macroeconómicamente sensato aplicar políticas de ajuste fiscal severas sobre escenarios económicos, sociales y políticos caracterizados por una fuerte contracción y un extendido desempleo como es el caso de Italia y España, dejando de lado la tragedia helénica detonante de la crisis de confianza sobre el euro? ¿Es sensato pensar que puede lograrse una reducción simultánea y sustancial del gasto y la deuda pública en un escenario dominado por la desconfianza y la retracción? En suma, ¿existe gobernabilidad posible para instrumentar las brutales políticas de ajuste que condicionan el cumplimiento de la “Regla de Oro”, aprobada en la Cumbre de Bruselas? La crisis europea ya se llevó puestos los Gobiernos de Papandreu, Berlusconi y Zapatero; ¿resistirán políticamente los Gobiernos tecnócratas, impuestos como “interventores” del BCE, a su vez dominado por el eje Alemania-Francia? Parece difícil controlar los millones de damnificados por la fiesta fiscal. Se multiplican por toda Europa el descontento y la protesta social. ¿Durante cuántos meses o años resistirán los gobiernos tecnócratas esta creciente “indignación” popular?

En segundo lugar, el proceso de ratificación de un Tratado, limitado a los países que finalmente adhieran a él, y que de antemano sabemos que cuenta con el veto de Inglaterra, es un camino arduo, complejo y que puede requerir de mucho tiempo y desgaste institucional y político. Como la Unión Europea no es un Estado, no es sencillo lograr que la Comisión, el Consejo, el Parlamento Europeo, El Tribunal de Justicia y los Parlamentos Nacionales se pongan de acuerdo. En esta intrincada trama institucional comienza una casuística desbordante contra la que es sumamente fácil estrellarse. En ella también reside la gran dificultad de la CEE para gestionar una crisis de las dimensiones de la crisis actual, agravada por la falta de liderazgo político a nivel continental y de los propios países que conforman La Unión. ¿Cuántos meses tomó reaccionar para evitar el default griego?

En tercer lugar, ¿qué puede suceder con Europa si el acuerdo falla y la contracción se transforma en recesión definitiva o quiebre del euro por el abandono desordenado de la moneda única? Esta situación es altamente no deseable pero no es improbable. La construcción de la CEE, tal como está planteada, tiene grandes falencias estructurales: muy diferentes productividades de las economías que la integran y una única moneda, lo cual elimina la devaluación como política de recuperación de competitividad y por ende de la cuenta de capitales. Los países con alto endeudamiento, ante la falla o la imposibilidad política de instrumentar el ajuste, pueden verse tentados a abandonar el euro y regresar a su moneda original, devaluar e incrementar su comercio exterior. Crucemos los dedos porque la CEE y el euro continúen en pie. De lo contrario enfrentaremos una profundización impredecible de la crisis económica y financiera mundial que ya ha cumplido su quinto aniversario. Por ahora el corta fuegos lo constituyen la comunidad internacional en el compromiso – por ahora débilmente expresado – del FMI y China que han anunciado fondos adicionales por 500 mil millones de euros para engrosar el Fondo de Salvataje cuya vigencia completa se adelantó para mediados del 2012.

Como escribió Borges “nos une el horror” y esa unión es poderosa. Cae Europa y todos perdemos. Quizás “Merkozy” lo conoce y en esa intuición se respalda su audaz rigidez ante bancos y gobiernos.

lunes, 31 de octubre de 2011

La Cumbre de Bruselas: una solución con muchas interrogantes

Hace varios meses que Europa se desplaza al borde del abismo, y en su desplazamiento propaga el temor al contagio y a una nueva recesión a nivel global. Como resultado de una gestión tardía, lenta e ineficaz de la crisis financiera global que se inició hace ya un lustro atrás, Europa se encuentra hoy inmersa en una profunda crisis de deuda soberana, que mostró sus primeros dientes en Grecia, que se expandió rápidamente a Irlanda, Portugal y España, y que hoy adquiere dimensiones insostenibles al haber encendido las alarmas en Italia, la tercer economía europea. Como un incendio de verano, la crisis se propagó desde un país que sólo significa el 2% del PBI europeo, hasta abarcar un conjunto de países cuyas economías superan un tercio del producto de la Zona Euro; sin contar a Francia sobre cuyos bonos soberanos surgieron esta semana ataques y amenazas de recalificación. Como consecuencia, el pánico ganó los recintos bursátiles del mundo, registrando una volatilidad que no se recordaba desde el 2008. En palabras de Angela Merkel, ante el Bundestag: “La situación que enfrenta Europa es la más grave desde la Segunda Guerra Mundial”. “El mundo nos está mirando”, “Si cae el euro también caerá Alemania”. En su urgencia por obtener el pleno respaldo de los diputados alemanes a su posición en la Cumbre de Bruselas, Merkel se sinceró: la crisis europea tiene una amplitud y una profundidad que trasciende largamente la “tragedia helénica”. Sin embargo, durante meses el drama europeo se restringió al riesgo de default de la deuda griega: “El fracaso de Europa en ajustar su despilfarro se ha trasladado al deshumanizado ajuste exigido a Grecia” expresaba Daniel Cohn - Bendit en un encendido discurso ante el Parlamento Europeo. La “mascarada” terminó cuando las calificadoras castigaron severamente la deuda española e italiana (120% del PBI), y amenazan la francesa. No sólo los jubilados griegos son los responsables de los sacrificios de los contribuyentes alemanes, ahora también la resistencia de los pensionistas italianos hace tambalear al “inocente” Berlusconi. Ahora si, sin tapujos, se reconoce que la crisis trasciende Grecia: hoy está en juego la supervivencia del euro y de todo el sistema financiero europeo, no sólo de los bancos tenedores de deuda griega. Ante este avance descontrolado de la crisis, la compleja burocracia europea despertó de un incomprensible letargo e inició un proceso de lenta e intrincada construcción de una solución que Trichet ha dado en llamar “global y duradera”. Reunidos en la Cumbre de Bruselas, el miércoles pasado, los presidentes de los 17 países que conforman la Zona Euro, en consulta con los 27 que conforman la CEE, delinearon un plan de abordaje múltiple y simultaneo, que consta de tres pilares fundamentales: la recapitalización de la banca, la reestructura de la deuda griega y la ampliación del fondo de rescate (EFSF):

- Recapitalización de la banca. El capital de máxima calidad requerido será del 9%, el cual deberá alcanzarse el 30 de junio del 2012, lo que equivale a 106.000 millones de euros. La idea es que sean los propios bancos los que consigan el capital necesario para llegar a los mínimos que marca la autoridad bancaria europea (EBA). Antes del final del año, las entidades deben comunicar a sus supervisores nacionales la forma en la que piensan captar los fondos que les falta para alcanzar el mínimo impuesto. Si algún banco no pudiera financiarse de forma autónoma, debe ser el supervisor nacional quien le ofrezca los recursos y en última instancia, el fondo de rescate europeo. Los bancos que necesiten más capital de aquel que puedan conseguir por sus propios medios, no podrán repartir dividendos ni bonos a sus ejecutivos hasta alcanzar el colchón del 9%.

- La reestructura de la deuda griega. Los jefes de Estado acordaron que se condonará un 50% de la deuda griega. La nueva quita, que será voluntaria, supera el 21% pactado el pasado 21 de julio en la anterior reunión europea. Este acuerdo se produjo en el último momento. El Director Ejecutivo del Instituto de Finanzas Internacionales, que aglutina a los principales bancos acreedores, solo cedió cuando la Eurozona accedió a movilizar 30.000 millones para garantizar el resto del pago de la deuda griega. Lo que aún sigue sin definirse son los términos en que los bancos accederán a una suspensión de pagos voluntaria.
La Canciller alemana adelantó al finalizar la cumbre que en diciembre se aprobará el segundo plan de ayuda al país. La idea es otorgar otro crédito de 100.000 millones de euros a las autoridades helenas. A cambio, el Gobierno de Atenas debe asumir una supervisión permanente de la UE. La fecha de la aplicación de este segundo rescate depende de que otras medidas lleguen a buen puerto, por lo que podría retrasarse.

- Ampliación del fondo de rescate. La Unión Europea ha decidido que la cantidad de este plan ascienda a un billón de euros. Una cifra con la que la UE tendrá que hacer frente a la recapitalización de la banca de aquellos países que no puedan afrontarla por si mismos, o la compra y/o garantía de bonos en el mercado secundario para aquellos países que sufran el acoso a su deuda nacional. Así se evita que el BCE compre deuda, una acción que no convence a Alemania. En paralelo, Bruselas trabajará para incrementar el EFSF, con recursos procedentes del FMI y de los países emergentes, fundamentalmente China.

En el corto plazo, la solución construida en Bruselas estaría evitando el default griego y el derrumbe del sistema financiero europeo. Su actual nivel de descapitalización y la toxicidad de sus balances hubiesen desembocado inexorablemente en el congelamiento crediticio y por ende en una recesión económica y una tragedia social. Lo que no está claro es cómo enfrentar de ahí en más la crisis fiscal y de endeudamiento que jaquea a varios países de la Zona Euro. Además, con excepción de Alemania, todos, en mayor o menor grado, enfrentan serios problemas de competitividad, lo que exige grandes esfuerzos en materia de niveles salariales, de empleo y austeridad en el gasto público

¿Están dispuestos los países de Europa política y socialmente a soportar los tremendos ajustes que les exige la supervivencia del esquema de integración al que pertenecen y el símbolo monetario que los engloba? ¿Resistirá el euro a una Europa tan jaqueada económica y políticamente? Por último, ¿los planes de austeridad que hoy se ensayan en Grecia, España, Portugal, Italia, etc., constituirán fuente de saneamiento económico, competitividad y crecimiento o agudizarán la contracción económica, el desempleo y finalmente profundizarán el déficit fiscal y la necesidad de endeudamiento? ¿Entrará Europa en un círculo gradualmente virtuoso, o se deslizará en un círculo vicioso de mayor austeridad, mayor déficit y mayor deuda?

Son interrogantes que el mundo se plantea con incertidumbre y angustia. Por ahora hay una sola certeza. Si la solución aprobada en la Cumbre de Bruselas estabiliza a Europa financieramente, su crecimiento va a ser muy débil y pleno de dificultades en los próximos años. La OCDE acaba de corregir las perspectivas de crecimiento del PBI europeo para 2011 de 2.3% a 0.8%, una perspectiva de claro estancamiento. Sin crecimiento es muy incierto que se alivie la crisis de deuda soberana. Así como sin liderazgo político es muy difícil que se consolide el euro como moneda común.

Visto el problema desde el ángulo de las economías de América Latina, la estabilización financiera de Europa disminuye sustancialmente el riesgo de contagio de una recesión o una abrupta caída de la demanda. No sufriremos los efectos del contagio de una crisis como la del 2009, por ahora, pero sí sufriremos los efectos de un amesetamiento y en consecuencia un comercio internacional en contracción: exportaremos menos, creceremos menos y por ende tendremos que ajustar la dimensión y la calidad del gasto a una situación fiscal más débil. Y lo debemos hacer con urgencia, porque si la solución europea disminuye el riesgo de recesión y contagio, ingresaremos de todas maneras en una faz débil del desarrollo capitalista en el centro del sistema. De la dinámica que puedan aún conservar China e India dependerá fundamentalmente el nivel de comercio y actividad de las economías de América Latina.

lunes, 17 de octubre de 2011

Incertidumbre global

El mundo ha ingresado en una inusual crisis de pánico y ansiedad a la espera, el 23 de octubre, de la anunciada solución regional a la profunda crisis de deuda soberana que sumerge a toda Europa. Esta crisis, que mostró sus primeros síntomas en Grecia, se ha extendido a varios países del continente. España e Italia han visto recalificada a la baja su deuda soberana, y como en el caso griego existe una creciente desconfianza a que las políticas de ajuste, a las que se han comprometido estos países, no sean políticamente sustentables, más aún que generen un círculo vicioso que conduzca a mayor ajuste, menor crecimiento, mayor déficit y nuevamente más deuda soberana. Trataremos de reflexionar en relación a esta situación y a los efectos que podrían derivarse de la solución que hoy se cuece a fuego lento entre la CEE, el BCE y el FMI, bajo el liderazgo político en última instancia de Merkel y Sarkozy

Esta cuidadosa construcción que el mundo y los mercados esperan con creciente ansiedad tiene cuatro pilares principales fundamentales:

1. La recapitalización de los bancos europeos, fundamentalmente alemanes y franceses, que a pesar del discutido examen de stress de julio (en el que no se incluyó la hipótesis de default) viven una aguda crisis de capital que ha generado un severo congelamiento crediticio, fundamentalmente a gobiernos y corporaciones. La idea central a este respecto es que los bancos logren antes de fines del primer semestre del 2012 un 9% de reservas de capital para poder enfrentar los riesgos soberanos, aunque se maneja distender esta exigencia a un 7-8%. Según las últimas cifras recabadas por la “Autoridad Bancaria Europea” (EBA) el déficit de capital de los bancos europeos ascendería a 248.000 millones de Euros si la marca mínima se ubica en 9%, y a 124.000 millones si la marca del regulador desciende al 7%. El déficit de capital de los bancos sería cubierto por inversores privados, fundamentalmente sus actuales accionistas, por los Gobiernos Nacionales o por la facilidad regional ampliada (EFSF). El énfasis en cada una de estas fuentes de financiamiento domina hoy el debate entre los distintos actores que participan en la elaboración del plan. Sarkozy privilegia la urgencia y ante la evidencia de la reticencia que presentarán los inversores privados, cede a que sean los Gobiernos y el EFSF quienes lideren la recapitalización. Merkel, más cuidadosa de los efectos políticos sobre los contribuyentes alemanes, insiste en que debe llegarse a un acuerdo previo con los fondos privados e insistir en que sean los países y no el EFSF quien lidere la capitalización. Tampoco se ponen de acuerdo en si conviene recapitalizar a todos los bancos o dejar caer algunos, repitiendo la estrategia seguida con Lehman Brothers por EE.UU. hace tres años. El reciente salvataje del Dexia mostraría lo contrario. Sin embargo, la recapitalización sería selectiva. Si prevaleciese el criterio del 9% serían 66 los bancos que no superarían la prueba, frente al medio centenar que no lograría alcanzar la meta del 7%. Los montos, plazos y las condiciones podrían variar entre bancos de acuerdo al resultado de las pruebas que instrumentaría la EBA, privilegiándose aquellos bancos con un impacto sistémico a nivel regional y global. Entre las entidades que necesitarían un mayor volumen de capital se encuentran el Royal Bank of Scotland, el Deutsche Bank y el francés BNP Paribas, con una necesidad de 47.000 millones entre las tres. El objetivo de las autoridades europeas es contar con los resultados de las pruebas antes del 23 de este mes.

2. Una quita de la deuda griega que oscilará entre 21% y 50%. Incluso ya se habla de extender la quita a la deuda portuguesa e irlandesa.

3. La ampliación a 440.000 millones del EFSF como fondo de rescate o garantía de países sobreendeudados y con dificultades de acceso al mercado de capitales.

4. Generación de liquidez a través de la compra de bonos de los países con serios problemas de deuda soberana por parte del BCE.
Además, se estudia elevar la capacidad de intervención del EFSF para que pueda asegurar parte de las pérdidas sobre bonos soberanos. Si prevalece esta posición el EFSF garantizaría el 20% de las mismas.

En base a estos componentes, las autoridades europeas pretenden diseñar un plan “sustentable” como solución a la crisis de deuda soberana que aqueja a Grecia gravemente y se extiende por varios países de Europa. Tengamos en cuenta que Grecia fue la patada inicial, pero la crisis dio un salto cualitativo importante cuando atacó a Italia. No es casual la sensibilidad acentuada que mostró la banca francesa y el propio Sarkozy a partir de la cuantificación y revelación de la situación de la deuda soberana en Italia. Esto se comprende mejor cuando se entiende que la deuda italiana en manos de tenedores galos supera el 20 % del PBI de Francia. Bajo presión creciente, incluso del presidente Obama solicitando a los presidentes europeos arribar a una solución sólida y duradera, la idea es llegar al 23 de octubre con el plan diseñado para poder presentarlo al G-20 la primera semana de noviembre. En palabras del ministro francés de finanzas: “Francia cree que para estabilizar la situación, lo que hace falta es un plan global y duradero que incluya el Fondo Europeo, la recapitalización de la banca, una solución a la duda griega y la reforma de la gobernanza económica de la Zona Euro”.
Nos preguntamos: ¿serán suficientes estos componentes para evitar la recesión en Europa?
En le corto plazo, se estaría evitando el derrumbe del sistema financiero, lo que no es menor. Su actual nivel de descapitalización, toxicidad de sus balances, desconfianza, congelamiento crediticio, incluso entre ellos, desembocaba inexorablemente en una tragedia financiera, económica y social. Esta urgencia parecería que desaparece por un tiempo del escenario a partir de fin de mes. Lo que no esta claro es cómo enfrentar de ahí en más la crisis fiscal y de deuda en los países de Europa. Con excepción de Alemania, todos, en mayor o menor grado, enfrentan serios problemas de competitividad. Esta doble situación de altos déficits ya adquiridos y baja competitividad, exige grandes esfuerzos en materia de niveles salariales, de empleo y austeridad en el gasto público para reducir el costo del estado sobre el sector productivo de la economía.
¿Están dispuestos los países de Europa política y socialmente a soportar estos tremendos ajustes que les exige la supervivencia del esquema de integración al que pertenecen y el símbolo monetario que los engloba?
¿Resistirá el Euro a una Europa tan jaqueada económica y políticamente? Por último, ¿los planes de austeridad que hoy se ensayan en Grecia, España, Portugal, Italia, etc., constituirán fuente de saneamiento económico, competitividad y crecimiento o agudizarán la contracción económica, el desempleo y finalmente profundizarán el déficit fiscal y la necesidad de endeudamiento? ¿Entrará Europa en un círculo gradualmente virtuoso, o se deslizará en un círculo vicioso de mayor austeridad, mayor déficit y mayor deuda?
Son interrogantes que el mundo se plantea con incertidumbre y angustia. Por ahora hay una sola certeza. Si Europa se estabiliza financieramente, su crecimiento va a ser muy débil y pleno de dificultades en los próximos años, fundamentalmente si se consolida la posición de respaldar el Euro como objetivo de largo plazo. Mantener a flote la moneda común tendrá un gran costo político en los próximos años. Es de esperar que no reaparezca el fantasma de la crisis financiera. Para eso debe prevalecer una regulación mucho más rígida por parte de la autoridad bancaria comunitaria, así lo exige la actual experiencia. Solo un ejemplo para entender la irresponsabilidad regulatoria a la que se había llegado: Dexia aprobó con holgura los tests que aplicó ABE en julio de las 91 entidades que se presentaron. Dexia emergía con solidez incuestionable, era la número 12 con un capital del 12.1% que declinaría a un confortable 10.2% a fines del 2012. Tres meses después su posición se pulverizó. A pesar de que ya fue rescatada en 2008, mantiene una cartera tóxica de 127.000 millones. El nuevo rescate costará a Bélgica 72.000 millones de dólares (cerca de un 15% de su PBI), Francia 44.000 millones y Luxemburgo 4.200. Si la seriedad del organismo regulador continúa con esta actitud no hay solución ni fondos que alcancen para evitar un nuevo desastre financiero. Queda una seria sospecha detrás de todas estas cifras. Hoy la encarnan los “indignados” del mundo en sus consignas: ¿estamos ante intereses nacionales o intereses corporativos? Si el rescate de los bancos finalmente se produce, ¿jugarán estos bancos a favor de disolver la “sequía crediticia” y respaldar la reactivación?
Pensemos con una dosis importante de optimismo, ya que la dosis de pánico ha sido muy intensa en Europa y el mundo como para actuar con la frivolidad e imprevisibilidad con la que lo han hecho sus líderes hasta el presente. Pensemos también que hay signos favorables en la economía de EE.UU., fundamentalmente en relación a la confianza del consumidor. Pensemos que la economía china no presenta síntomas graves de estancamiento, más allá de la lucha contra la inflación a la que se está enfrentando gradualmente. Si todo esto se armoniza en el último trimestre, enfrentaremos un mundo más estable, más austero y sin variaciones en el nivel de empleo y crecimiento. La economía política cambia de enfoque. Ya no se trata de administrar políticamente la crisis sino la austeridad y el estancamiento.
En este contexto la naturaleza del contagio hacia nuestras economías cambia. Si Europa adelanta el 23 una solución sólida no sufriremos los efectos del contagio de una crisis como la del 2009, pero sí sufriremos los efectos de un comercio internacional en contracción: exportaremos menos, creceremos menos y por ende tendremos que ajustar la dimensión y la calidad del gasto a una situación fiscal más débil. Y lo debemos hacer con urgencia, porque si el mundo obvia la crisis europea de deuda soberana, ingresaremos en la faz “triste” del desarrollo capitalista en el centro del sistema. De la dinámica que puedan aún conservar China e India dependerá fundamentalmente el nivel de comercio y actividad de las economías de América Latina.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Crisis financiera: ¿se encamina el mundo hacia una nueva recesión?

Como lo venimos adelantando en varios artículos publicados este año, los países desarrollados muestran signos cada vez más claros ya no solamente de un debilitamiento de sus economías, sino de una fuerte contracción en su pauta de crecimiento. En el primer trimestre del año, el FMI y los analistas más optimistas intentaron convencer al mundo de que la economía global había iniciado una senda de crecimiento y recuperación. Datos sobre confianza del consumidor, empleo, producción manufacturera en EE.UU. y finalmente sobre el crecimiento del segundo trimestre del año - 1.3% - conformaron un cuadro de pesimismo agudo y desataron los temores asociados a la comprobación de que la economía mundial ingresaba en una faz de debilitamiento, como consecuencia de una fuerte contracción en los países centrales. Este escenario se oscureció aún más con el agravamiento de la crisis financiera y política en Europa, fundamentalmente como consecuencia de la crisis fiscal en Italia. Súbitamente reapareció la impronunciable palabra “recesión” en artículos periodísticos y en la jerga de los operadores. Y como estocada final, el viernes de la semana pasada, luego del cierre de los mercados, S&P recalificó la deuda del Gobierno de EE.UU. de AAA a AA+, rompiendo de esta forma setenta años de reconocimiento mundial hacia sus bonos soberanos y poniendo un velo de desconfianza sobre el principal activo de reserva del que disponía el sistema financiero internacional .La crisis llegó hasta ese límite, algo que si lo contábamos hace tres años atrás, incluso cuando la recesión estaba en su apogeo, parecía un relato de ciencia ficción.

El lunes los mercados procesaron la noticia, los inversores entraron en pánico ante el temor de que las advertencias de una segunda recesión se hiciesen realidad y se derrumbaron todas las bolsas del mundo. A las pérdidas que se habían acumulado durante la última semana se sumaron caídas superiores al 5% en la mayoría de los indicadores bursátiles de las bolsas de EE.UU. y Europa. En América Latina, las caídas fueron aún superiores, ascendiendo al 10% en Argentina y a más del 7% en Brasil y Chile. Este es un dato a retener, ya que nos da una idea de la velocidad y la dimensión del efecto “contagio” al que pueden estar sometidas nuestras economías ante la posibilidad de una nueva recesión.
El pánico se disipó en parte el martes pero el vértigo de la caída, la generalización del derrumbe a todos los valores - con excepción del oro y los bonos soberanos de EE.UU. - los mismos cuya recalificación originó el desastre - la globalización y el contagio de la destrucción de riqueza a todas las bolsas del mundo, dejaron enseñanzas importantes si el pánico se transforma en realidad y como predijo Nouriel Roubini, la economía global ingresa en recesión en el segundo semestre del 2011. Su último artículo en el Financial Times del 7 de agosto se titula “Mission impossible: Stop another recession”

¿Dónde estamos parados, mas allá de las oscilaciones bipolares del mercado de capitales, hoy global y ultraconectado, y qué debemos esperar que suceda en los próximos meses?
Responder a la primera interrogante - la caracterización del “estado de situación” de la crisis a agosto del 2011- requiere una aclaración: felizmente no podemos dar una respuesta global. En el transcurso de la crisis, la economía mundial ha afianzado su multipolaridad. En un esfuerzo simplificador hoy encontramos al menos seis realidades económicas que muestran situaciones y comportamientos diversos: EE.UU.; Europa; Asia; las economías emergentes; los países en vías de desarrollo; y el mundo subdesarrollado. Sin lugar a dudas el peso específico de cada una de ellas sobre el producto mundial es marcadamente distinto, y en consecuencia el impacto de lo que suceda en cada una de ellas sobre la economía global será significativamente diferente. En el contexto de esta aclaración, lo que sucede en EE.UU. y Europa es determinante a nivel global, aunque cada día con un impacto relativamente menor sobre los países que integran las restantes categorías. A medida que la crisis avanza y se profundiza, las economías emergentes y los países en vías de desarrollo productores de commodities blindan sus economías del “contagio” de nuevos deterioros en los países centrales. En consecuencia, ni la caracterización, ni las predicciones futuras son directamente extrapolables de EE.UU. y Europa, a los BRIC ni a América Latina, ni a muchos países de Asia, como lo eran cuatro años atrás cuando la recesión mostraba sus primeras evidencias.

Por lo tanto, iniciemos este difícil ejercicio de síntesis sobre la caracterización de la situación HOY, por el centro del sistema. Mediante guerras, estímulos y salvatajes, EE.UU. se encuentra en una crisis fiscal y de endeudamiento sin precedentes. Su deuda soberana igualó el producto y su déficit fiscal alcanzó el 9% del mismo. Pero más grave aún, su restricción fiscal se enfrenta a un desempleo del 9.1 % y a una desaceleración pronunciada de su economía Desempleo y contracción en el plano socioeconómico, y debilitamiento del liderazgo presidencial en el plano político, conspiran para que el liderazgo mundial de EE.UU. y su perfil de “potencia global” se vean seriamente debilitados. Europa, aún sin cerrar el telón sobre la tragedia griega, enfrenta nuevos desafíos, últimamente desde España y recientemente desde Italia. La ocurrencia “PIGS” agrega una “T” al conjunto de países cuyo endeudamiento soberano, y el de su sistema financiero privado, no soportaron las irresponsabilidades fiscales y de adquisición de riesgo, que sustentaron artificialmente una inversión y un consumo disociado del nivel de productividad correspondiente a la pertenencia a una moneda única: el Euro, cuyo valor real se sustenta en la eficiencia productiva de Alemania. En síntesis, endeudamiento, severa restricción fiscal, debilitamiento del sector financiero, contracción económica y desempleo conforman el sombrío paisaje en el centro del sistema económico capitalista mundial.

Como contrapartida, las economías emergentes se han caracterizado a partir del 2009 por una expansión económica sostenida, estructurada en torno a un flujo creciente de inversión extranjera directa. Crecen el valor se sus exportaciones, el consumo interno y disminuye el desempleo y la pobreza. Sin embargo, este alentador escenario ha evidenciado problemas en otras facetas de la economía: inflación y reevaluación de sus monedas, como consecuencia del flujo de capitales que huyen de las economías avanzadas y buscan oportunidades en China, Brasil, India, Rusia y otros países ricos en recursos naturales y productores de materias primas. El resto de las economías en vías de desarrollo, o subdesarrolladas, se dividen en aquellas que disfrutan del “viento a favor” que les genera ser productoras de materias primas, o el hambre que se generaliza como resultado de la sostenida suba del precio de los alimentos, en aquellos países que deben importarlos.
Ante este panorama de crisis global, pero de realidades fragmentadas, observamos reacciones diversas. Los países centrales tratan de calmar desesperadamente sus agentes económicos: EE.UU. aumenta el techo de su endeudamiento y como en un mundo de fantasía intenta desprestigiar a S&P porque desdibujó el monto de la deuda en 2 billones. Obama, en discursos cada día menos creíbles pide calma y unidad. Sin embargo, la realidad es hoy, a partir del debate en el Congreso, más clara que nunca: el monto de la deuda es enorme, cancelarlo trasciende generaciones y los recortes fiscales debilitarán inexorablemente los programas sociales y la capacidad de defensa militar, situación que atenta contra el núcleo psicológico de la sociedad norteamericana: el miedo a lo no-norteamericano, agudizado por el terrorismo musulmán. Europa intenta calmar a los inversores y defender al agonizante Euro. El fin de semana los principales líderes de la CEE en conferencia telefónica decidieron que el BCE compre títulos soberanos italianos y españoles, en una señal de que no dejarán que su propia crisis y el impacto de lo sucedido en EE.UU. se “lleve puesto” al Euro.

¿Qué sucederá en los próximos meses?: un período de anemia económica en las economías centrales, como consecuencia de una austeridad generalizada que puede rápida y sorpresivamente transformarse en recesión. Si sucediese, el contagio al resto de los países será inevitable, como lo fue en 2008, a pesar de que tres años después la mayoría de las economías - al menos Latinoamérica y Asia - estén en una posición más sólida, fundamentalmente en cuanto a nivel de endeudamiento y situación fiscal se refiere. Para América Latina la magnitud del impacto dependerá de cual sea la proporción del precio de las commodities que se explica por factores especulativos, y no por las fuerzas de la oferta y la demanda, la cual a nuestro juicio es sólida, aunque puede sufrir un debilitamiento en la medida en que China reduzca su pauta de crecimiento que este mes decreció al 7.6% anualizada.

lunes, 8 de agosto de 2011

Crisis financiera: ¿Re-recesión, amesetamiento prolongado o derrumbe?

Difícil para un optimista recibir el bombardeo de noticias que nos llegan estas últimas semanas de los principales centros financieros mundiales. Imposible, aunque forcemos cifras y argumentos, predecir escenarios de recuperación de la crisis económico - financiera que azota al mundo hace ya cuatro - sí cuatro - años. Difícil también admitir que los pronósticos negativos que adelanté en mi último articulo de junio, en relación a la debilidad de la economía en EE.UU. y Europa, serían superados ampliamente por la realidad. No me satisface esta comprobación, acertar en evolución de la crisis se asocia a mucha más pobreza, desempleo y sufrimiento. Pero no queda otra actitud para un analista que ser honesto en la interpretación de la información y consistente en las conclusiones. Y desgraciadamente cualquier sentimiento de esperanza se ha resquebrajado en estos últimos quince días y ha recibido su golpe de gracia la noche del viernes con la baja de la calificación de la deuda norteamericana efectuada por S&P de AAA a AA+, rompiendo de esta forma setenta años de reconocimiento mundial hacia sus bonos soberanos y poniendo un velo de desconfianza sobre el principal activo de reserva de que disponía el sistema financiero internacional. La crisis llegó hasta ese límite, algo que si lo contábamos hace tres años atrás, incluso cuando la recesión estaba en su apogeo, parecía un relato de ciencia ficción. Pero sucedió, después incluso que el Congreso de EEUU y el Poder Ejecutivo, luego de desgastantes negociaciones, aprobaron y promulgaron respectivamente la Ley que autoriza al Gobierno de Obama a superar el actual techo del endeudamiento (14.4 billones) en 2.1 billones durante un período que va más halla de la fecha prevista para las próximas elecciones presidenciales, en las cuales Obama pretende presentar su candidatura a la reelección.

Ayer, domingo 7 de agosto del 2011 (ahora el análisis tiene valor diario), sin que las bolsas reflejen los ataques de pánico y la conducta bipolar de inversores y operadores, que contamina y distorsiona la reflexión y el análisis, me pregunto dónde estamos realmente parados, y qué debemos esperar que suceda en los próximos meses.
Responder a la primera interrogante - la caracterización del “estado de situación” de la crisis a agosto del 2011- requiere una aclaración: felizmente no podemos dar una respuesta global. En el transcurso de la crisis, la economía mundial ha afianzado su multipolaridad. En un esfuerzo simplificador hoy encontramos al menos seis realidades económicas que muestran situaciones y comportamientos diversos: EE.UU.; Europa; Asia; las economías emergentes; los países en vías de desarrollo; y el mundo subdesarrollado. Sin lugar a dudas el peso específico de cada una de ellas sobre el producto mundial es marcadamente distinto, y en consecuencia el impacto de lo que suceda en cada una de ellas sobre la economía global será significativamente diferente. En el contexto de esta aclaración, lo que sucede en EE.UU. y Europa es determinante a nivel global, aunque cada día con un impacto relativamente menor sobre los países que integran las restantes categorías. A medida que la crisis avanza y se profundiza, las economías emergentes y los países en vías de desarrollo productores de commodities blindan sus economías del “contagio” de nuevos deterioros en los países centrales. En consecuencia ni la caracterización, ni las predicciones futuras son directamente extrapolables de EE.UU. y Europa a los BRIC ni a América Latina, ni a muchos países de Asia, como lo eran cuatro años atrás cuando la recesión mostraba sus primeras evidencias.
Por lo tanto, iniciemos este difícil ejercicio de síntesis sobre la caracterización de la situación HOY, por el centro del sistema. Mediante guerras, estímulos y salvatajes, los EE.UU. se encuentran en una crisis fiscal y de endeudamiento sin precedentes. Su deuda soberana igualó el producto y su déficit fiscal alcanzó el 9% del mismo. Pero más grave aún, su restricción fiscal se enfrenta a un desempleo del 9.1 % y a una economía que solo creció un 1.3% en el segundo trimestre del 2011, lo que significa una clara contracción frente al 1.8% del primer trimestre. Desempleo y contracción en el plano socioeconómico, y debilitamiento del liderazgo presidencial en el plano político, conspiran para que el liderazgo mundial de EE.UU. y su perfil de “potencia global” se vean seriamente debilitados. Europa, aún sin cerrar el telón sobre la tragedia griega, enfrenta nuevos desafíos, últimamente desde España y recientemente desde Italia. La ocurrencia “PIGS” agrega una “T” al conjunto de países cuyo endeudamiento soberano, y el de su sistema financiero privado, no soportaron las irresponsabilidades fiscales y de adquisición de riesgo, que sustentaron artificialmente una inversión y un consumo disociado del nivel de productividad correspondiente a la pertenencia a una moneda única: el Euro- cuyo valor real se sustenta en la eficiencia productiva de Alemania-. En síntesis, endeudamiento, severa restricción fiscal, debilitamiento del sector financiero, contracción económica y desempleo conforman el sombrío paisaje en el centro del sistema económico global.

Como contrapartida, las economías emergentes se han caracterizado a partir del 2009 por expansión económica sostenida, estructurada en torno a un flujo creciente de inversión extranjera directa Crecen el valor se sus exportaciones, el consumo interno y disminuye el desempleo y la pobreza. Sin embargo, este alentador escenario ha evidenciado problemas en otras facetas de la economía: inflación y reevaluación insostenible de sus monedas, como consecuencia del flujo de capitales que huyen del mundo desarrollado y buscan oportunidades en China, Brasil, India, Rusia y otros países ricos en recursos naturales y productores de materias primas. El resto de las economías en vías de desarrollo o subdesarrolladas se dividen en aquellas que disfrutan del “viento a favor” que les genera ser productoras de materias primas, o el hambre que se generaliza como resultado de la sostenida suba del precio de los alimentos, en aquellos países que deben importarlos .

Ante este panorama de crisis global, pero de realidades fragmentadas, observamos reacciones diversas. Los países centrales tratan de calmar desesperadamente sus agentes económicos: EE.UU. aumenta el techo de su endeudamiento y como en un mundo de fantasía intenta desprestigiar a S&P porque desdibujo el monto de la deuda en 2 billones. Obama, en discursos cada día menos creíbles pide calma y unidad. Sin embargo la realidad es hoy, a partir del debate en el Congreso, más clara que nunca: el monto de la deuda es enorme, cancelarlo trasciende generaciones, y los recortes fiscales debilitarán inexorablemente los programas sociales y la capacidad de defensa militar, situación que atenta contra el núcleo psicológico de la sociedad norteamericana: el miedo a lo no-norteamericano, agudizado por el terrorismo musulmán. Europa intenta calmar a los inversores y defender el agonizante Euro. El fin de semana los principales líderes de la CEE en conferencia telefónica decidieron que el BCE compre títulos soberanos italianos y españoles, en una señal de que no dejarán que su propia crisis y el impacto de lo sucedido en EE.UU. se “lleve puesto” el Euro.

El resto del planeta observa expectante lo que sucederá la próxima semana. Muchos países se preparan para una agudización de la crisis en las economías centrales concientes de que el contagio puede ser inevitable, como lo fue en 2008, a pesar de que tres años después la mayoría de las economías, al menos Latinoamérica y Asia, estén en una posición más sólida, fundamentalmente en cuanto a nivel de endeudamiento y situación fiscal se refiere.
Qué sucederá en los próximos meses, más allá de las reacciones bipolares de las bolsas: un periodo de anemia económica en las economías centrales, como consecuencia de una austeridad generalizada. La restricción fiscal, que ha mostrado toda su magnitud en EE.UU. y Europa puede reflejarse en una fuerte contracción de la actividad o incluso en una recesión. Si sucediese, el contagio al l resto de los países será inevitable. Para América Latina la magnitud del impacto dependerá de cual sea la proporción del precio de las commodities que se explica por factores especulativos, y no por las fuerzas de la oferta y la demanda, la cual a nuestro juicio permanecerá sólida. China e India han desarrollado una dinámica de crecimiento propia y no abandonarán su senda de crecimiento y en consecuencia su necesidad de alimentos o minerales.