martes, 15 de mayo de 2012

Se agotan las posibilidades de formar gobierno en Grecia y se agudiza la crisis y la desconfianza en Europa

Grecia se sumerge en una profunda crisis política y en una aguda recesión económica. Su inestabilidad e indefinición se derraman en toda Europa, agravando la desconfianza y la crisis en aquellos países que luchan por contener la contracción y el desempleo. Ayer el crecimiento del producto en Alemania, menor a 1%, salvó a la Zona Euro de anunciar haber caído en recesión técnica por primera vez desde su creación.

Hace ya más de diez días que se celebraron elecciones parlamentarias en Grecia y sus resultados fueron consistentes con lo que anunciaban las encuestas, pero no con las expectativas que tenían las autoridades de la Unión Europea. Nueva Democracia y PASOK, los dos partidos que actualmente conforman la Coalición de Gobierno, y que con su mayoría en el Parlamento respaldaron las políticas de austeridad y reforma (exigidas por la UE para acceder al segundo tramo de ayuda otorgado por el FEEF de 5.200 millones de Euros, y a la quita del 55% de deuda soberana efectuada por los bancos acreedores del tesoro griego) obtuvieron el 32.4% de los votos, conformando así una bancada insuficiente para controlar una Cámara de 300 escaños. Sin la posibilidad de reproducir la actual coalición, el Presidente Carlos Papulias, solicitó al líder del partido que obtuvo la mayoría de los votos, el ultra derechista Samaras, formar gobierno. El intento de Samaras duró seis horas y tiró la toalla. Siguió el turno a Alexis Tsipiras, líder de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza), segunda fuerza más votada (16.8%). Alexis Tsipiras, que fundamentó su campaña en una fuerte crítica a las políticas de recortes y reformas implementadas por el actual gobierno encabezado por Lucas Papademos - ex Vicepresidente del BCE - condicionó su negociación con el Partido Socialista (PASOK) y con Nueva Democracia, a que sus líderes y Venizelos - el Ministro de Hacienda - enviaran una carta a la UE revocando su compromiso en relación a las medidas de austeridad comprendidas en el último Memorando firmado con la UE. Obviamente que el ultimátum de Tsipiras fue rechazado y así falló el segundo intento de formar gobierno. El tercer intento lo encabezó el líder socialista Evánguelos Venizelos, quien el viernes convocó a Nueva Democracia y a Samaras a iniciar negociaciones. Samaras, férreo crítico de los acuerdos con la UE y de la permanencia de Grecia en la Zona Euro, desde una perspectiva de extrema derecha y antieuropea, condicionó su permanencia en la negociación a que Tsipiras aceptara que Syriza fuese parte de la coalición. No quería resignar electorado en una posible próxima elección apoyando una coalición pro-europea. Venizelos proponía una permanencia en el Euro y una revisión gradual de las políticas de recortes concensuadas con la UE. Tsipiras rechazó la condición impuesta por Samaras, y por ende la propuesta de Venizelos. Fue inmediatamente acusado por los restantes partidos de no tener responsabilidad política al no haber aceptado una coalición nacional para intentar sacar adelante un Ejecutivo medianamente estable, alejar a Grecia del precipicio y evitar las próximas elecciones. El sábado Venizelos informó de su fracaso y el nuevo líder de la Izquierda Griega respondió: “el rechazo a esta propuesta de recortes y austeridad no es de Syriza, es del pueblo griego”. El viernes se diluyó la posibilidad de conformar un Ejecutivo estable, respaldado por una amplia coalición inclusiva de la Coalición de Izquierda radical.

El fin de semana el Presidente trabajó afanosamente en conformar una Coalición con el Socialismo, Nueva Democracia y un jugador clave que con su presencia otorgaba los votos claves en el Parlamento para superar los 150 escaños: el pequeño partido de Izquierda Democrática.
Luego de varias reuniones fracasadas, el lunes se anunció la posibilidad de conformar un Gobierno de “notables” (tecnócratas) representando los Partidos que integren la coalición, obviamente con Syriza autoexcluida de la misma. El jueves vence el plazo para que se instale el nuevo Parlamento, nombre Ejecutivo y nombre primer Ministro. Si no lo logra, deberá haber nuevas elecciones en sesenta días.

¿Cual es la lectura y cuáles son las interrogantes hacia el futuro que genera esta situación?

En primer lugar todo este proceso de negociación y las próximas elecciones, están teñidos de lo que a mi entender es una gran contradicción del pueblo griego: la mayoría (el 70% según las últimas encuestas) de los griegos pretenden permanecer en el Euro pero rechazan enfáticamente las políticas de austeridad acordadas con la UE. Y enfatizo que es una contradicción, no porque sea una posición insensata, sino porque es incompatible con lo que la UE, y fundamentalmente los países que ostentan el poder en la Zona Euro están proponiendo y exigiendo a otras economías mucho más significativas geográfica y políticamente que Grecia, como son España, Italia e incluso Portugal. Grecia significa solo el 2% del PBI de la Zona Euro. Al contrario, sería consistente, independientemente de si se está de acuerdo o no, plantear el no a la política de austeridad y el regreso al Dracma. Incluso, desde un punto de vista económico, las políticas de ajuste solo pueden aliviarse en el corto plazo devaluando, es decir, teniendo control sobre la política monetaria y fiscal, y por ende resignando a la moneda única controlada por el BCE. Nadie puede pensar que los griegos están pensando en un sorprendente incremento de la productividad y la actividad en el corto plazo, como para evitar el ajuste y mantener el Euro. Quizás sí deberían pensar, y las encuestas demuestran que así lo están haciendo, en las consecuencias de la salida de la Zona Euro y las consecuencias para los asalariados de licuar la deuda, reducir el déficit e incrementar la productividad a través de un cambio de moneda y una subsiguiente devaluación.

Sin embargo, este doble discurso “Recortes no, Euro si” dominará el debate en Grecia y probablemente el discurso de la campaña hacia las próximas elecciones. Si fracasan las negociaciones definitivamente y hay elecciones el 6 de julio, su explotación política devengará resultados electorales importantes. Las primeras encuestas ya dan ganador a Tsipiras con importante margen, y por ende le dan la razón, desde un punto de vista político, de no haber contribuido a formar Gobierno. El nuevo líder tendrá que ajustar su discurso para obtener el mayor número de diputados posible y liderar la coalición que deberá conformarse después de conocidos los resultados de la próxima elección. Es difícil predecir los ajustes al discurso del joven ingeniero que irrumpió el domingo 6 de mayo como el nuevo líder de la izquierda griega y que se perfila como el candidato más votado el 6 de julio.

Mas allá de los “retoques” que Syriza pueda introducir a su postura hacia la política de la UE, y de los diálogos e intermediaciones que pueda llevar adelante Hollande, veo muy difícil que la estructura política prevaleciente en Grecia, aunada a las crecientes dificultades en su economía, habiliten a este país a permanecer en la Zona Euro. Este debate, elecciones o no, dominará Europa y Bruselas los próximos meses. Si Grecia abandona, o es expulsada del Euro, se plantean escenarios muy diversos.
Ya hay muchos analistas e inversores que opinan que es favorable para la crisis europea que Grecia deje el Euro. Otros opinan que dada la sensibilidad social y política prevaleciente en países como España e Italia, el riesgo de contagio es alto. Ya ha habido expresiones de altos voceros de la UE en relación a qué hacer con Grecia. A decir verdad, la agresividad de los primeros pronunciamientos en torno a la expulsión de Grecia de la Zona Euro se ha ido diluyendo a medida que se van conociendo las complicaciones técnicas no previstas en el Tratado, en relación al abandono forzado de un país de los términos del mismo, en este caso la Unión Monetaria, y de la evaluación de los riesgos de contagio a los que anteriormente nos referíamos. En este sentido, el BCE aprobó el desembolso de los 4200 millones de Euros del segundo tramo por 5200 millones que le otorgó el Fondo de Estabilización a Grecia para cumplir con el servicio de la deuda renegociada y fortalecer su presupuesto. Ayer Grecia pagó 435 millones del pago de intereses de la deuda.

Cuando terminábamos de escribir este artículo Venizelos anunció el fracaso de formar un Gobierno tecnocrático.  Grecia se prepara para las próximas elecciones dentro de sesenta días y como consecuencia del anuncio se desplomaron las bolsas en Europa.

lunes, 7 de mayo de 2012

Mientras la austeridad fiscal estrangula a Europa, la victoria de Hollande reincorpora el crecimiento en la agenda comunitaria

El castigo impartido a las recetas de austeridad en las elecciones de Francia y Grecia vaticina un nuevo ciclo político en Europa y asegura que la palabra CRECIMIENTO retomará su lugar en las cumbres comunitarias. La victoria del candidato socialista le puso un freno al castigo prusiano impuesto por Merkozy al “despilfarro mediterráneo”: recortes presupuestarios sin sensibilidad social, límites extenuantes al gasto y al déficit fiscal, flexibilización laboral y hasta reducción de jubilaciones y pensiones. En la lógica económica-religiosa alemana, largamente compartida por Sarkozy, los miembros comunitarios del Sur - y algún sajón descarrilado- merecían una dosis de sufrimiento igual al nivel de “derroche” e irresponsabilidad fiscal que caracterizó su accionar económico y político durante este último quinquenio. ¿Fue necesaria tanta desconfianza, desempleo, angustia y hasta suicidios para que la periferia europea entendiese que debía iniciar una política de ajustes y austeridad fiscal? ¿Era ésta una salida viable de la aguda crisis de deuda soberana que azota a Europa desde hace más de tres años? Como lo hemos repetido en varios artículos anteriores y como lo juzgó el electorado francés el domingo: NO. Sarkozy se sometió a la lógica alemana y perdió. Fue derrotado en una Francia que se debate entre por un lado el Estado más caro del continente - el Estado del bienestar por excelencia, que cuesta el 56% del PBI - y por otro lado la pérdida de su triple A, una deuda pública record que alcanza el 89% del PIB, 10% de desempleo, un déficit superior al 5% y un crecimiento menor al 1%. A su vez, esta Francia cara y amenazada seriamente por la crisis del espacio económico que comparte, es la Francia que hereda Hollande. Pero también hereda una Francia que a pesar de su histórico temor a la pérdida de identidad, a la creciente migración y a la disolución de las fronteras, es cada día más conciente de que su destino está atado a la suerte de Europa, y fundamentalmente al conjunto de países con los cuales comparte su moneda: el Euro. Por eso el domingo, a diecisiete años de la victoria socialista de Mitterrand, dijeron basta al estancamiento conservador y al creciente liderazgo de Merkel sobre el eje franco-alemán, decidiendo que la segunda economía de Europa necesitaba cambiar su posición y su mensaje, no sólo hacia su propio país, sino hacia toda Europa.

El domingo, los franceses fueron concientes de que no querían para sí el estrangulamiento al que están sometidas otras economías vecinas. No era difícil ver que la recesión se derrama sobre media Europa. Con España exhibiendo al fin de marzo dos trimestres sucesivos de crecimiento negativo, suman diez las economías de la Zona Euro que han ingresado en la faz de recesión. También al fin de la semana se anunciaron los niveles de desempleo en la UE, los cuales alcanzaron valores record desde que se inició el proceso de integración -10.2% promedio- y en algunos países como España similares a los prevalecientes en la Gran Depresión - 24.5% -.
Ahora bien, analicemos prematuramente qué significará el cruce de Hollande por las puertas del Elíseo: indudablemente un cambio de rumbo en lo político, económico, financiero, comercial y hasta cultural. Pero fundamentalmente un cambio de rumbo para Francia y Europa en la definición de una estrategia exitosa de salida de la interminable crisis financiera y fiscal. Lo desafiante ahora significa la caracterización de ese cambio.

En primer lugar, las amenazas de Hollande durante su campaña en cuanto a la revisión del Pacto de Estabilidad Financiera si no se vincula a un Pacto de CRECIMIENTO ya habían tenido eco en Bruselas. Balbuceos previos en torno a políticas de CRECIMIENTO esbozados por el Vicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, aseguran que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento no es “una  ficción demagógica” sino que establece que el continente ha hecho grandes esfuerzos para contener la crisis financiera pero ahora necesita también esfuerzos colectivos para impulsar el CRECIMIENTO, además de medidas que permitan suavizar las rigideces fiscales en los países con mayores problemas, muy poco utilizadas hasta ahora por dogmatismos ideológicos, presiones alemanas y la incomparecencia de Francia. Pero Francia ha regresado y ha regresado para fortalecer el Pacto de Estabilidad y CRECIMIENTO, que tal como lo expresa Rehn, no reniega del tratado que consagra la austeridad sino que lo complementa con dos grandes paquetes de medidas. Por un lado, un plan de inversiones para estimular el crecimiento que recoge las ideas propuestas por Hollande, y por otro, sugiere más suavidad en la aplicación de las políticas de austeridad y equilibrio fiscal: más tiempo para alcanzar la meta de déficit impuesta en el Pacto de Austeridad y un cambio en la política de ingresos y ahorros fiscales, exigiendo más impuestos a los contribuyentes de mayores ingresos, menos recortes presupuestarios y, fundamentalmente, preservando las áreas socialmente más sensibles. Un ajuste de 90 mil millones de Euros entre 2012 y 2017, con 50 mil millones de subida de impuestos y 40 mil millones de ahorro presupuestario (contra los 75 mil millones que proponía Sarkozy).

Merkel y el Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ya habían descontado de alguna forma la victoria de Hollande. Ya se habían puesto a pensar la semana pasada en el pacto por el crecimiento promovido por el nuevo Presidente francés en su campaña, dejando a Sarkozy fuera del juego. Pero lo han concebido, a su modo prusiano, como un anexo o apéndice al Tratado Fiscal, el cual los alemanes y Bruselas plantean que no se toca porque ya está en proceso de ratificación por los parlamentos de los países signatarios. También la Canciller alemana se ha mostrado favorable a reforzar la capacidad del Banco Europeo de Inversión y utilizar los fondos estructurales de la UE para apoyar las reformas conducentes al crecimiento. Son dos de las cinco medidas que Hollande enviará a Bruselas el 7 de mayo. Las otras son los eurobonos - “tremenda herejía” para Bruselas - reabrir la discusión sobre el papel del BCE, reforzar los fondos del FTSE y evaluar la aplicación de la tasa a las transacciones financieras.
En política interna se ha mostrado afín a dar más fluidez al mercado laboral y a mejorar la eficiencia del Estado

Pero finalmente, Hollande sabe bien - y los ejemplos proporcionados por España e Italia se lo han confirmado- que Francia no podrá crecer si la UE no da un giro hacia el Keynesianismo, financiar nuevas estructuras y hacer la transición hacia la energía verde. Berlín prefiere las reformas estructurales para sentar las bases de un crecimiento a muy largo plazo. Entre estas dos posiciones se centrará el debate en el eje franco-alemán en las próximas semanas. Sus conclusiones determinarán las características de la “estrategia de salida” de la crisis europea en los próximos meses.

viernes, 23 de marzo de 2012

Aldea global: algunos brotes verdes en un jardín incierto.

A medida que transcurre el primer trimestre del sexto año de la crisis financiera global, surgen algunos acontecimientos económicos y políticos que generan un tenue optimismo en analistas e inversores. Quizás una frase de Christine Lagarde, Presidente del Banco Mundial, resume este resurgimiento: “La economía global ya no se encuentra al borde del abismo y crecen las señales de estabilización tanto en la Zona Euro como en Estados Unidos”. Además dijo: “Se advierten signos de recuperación económica, sin margen para caer en nuevos errores políticos” Sin embargo, matizó el pronóstico con una advertencia: “los altos niveles de deuda soberana en los países desarrollados y el aumento de los precios del petróleo, siguen apareciendo como una amenaza al camino hacia la recuperación”. Veamos cuáles han sido estas amenazas y estos signos, analizando los acontecimientos ocurridos en estos últimos diez días en los principales “motores” de la economía global

Zona Euro: se aleja del “derrumbe” y se interna en la recesión

La conclusión exitosa del canje de la deuda griega y la aprobación del segundo tramo del préstamo de la Unión Europea y el FMI de 130 mil millones de euros, han constituido sin lugar a dudas los acontecimientos más relevantes de las últimas dos semanas. Para muchos analistas Grecia necesitará en el mediano plazo pasar por una nueva reestructuración de la deuda y requerirá de un nuevo préstamo, para transitar por las tremendas restricciones fiscales que ahogan su tercer año de profunda recesión. Pero en el corto plazo la resolución de la “tragedia” ha diseminado en el viejo continente, y fundamentalmente en la Zona Euro, un gran alivio: se evitó por ahora el Lehman Brothers europeo y se mantuvo a salvo la moneda única: el Euro sigue vivo.
Mientras estas señales positivas se suceden, Europa, inmersa en la instrumentación de los recortes presupuestarios impuestos por la severidad germánica, comienza el largo camino de la recesión y el desempleo, con la esperanza de que la austeridad fiscal recomponga la confianza y aliente la inversión y el crecimiento. Por ahora no hay evidencias de que así ocurra, más bien el desempleo, la frustración y el “eurodesencanto” prevalecen. Esta semana se anunció que Italia entró en recesión técnica, sumándose a los seis países de la Zona Euro que ya se habían declarado en esa situación.

Estados Unidos: se consolida una frágil recuperación

El “Labor Department” de EEUU anunció que la economía norteamericana creó 227 mil nuevos empleos netos en febrero, además se revisaron al alza los datos de contrataciones de enero y diciembre. Esta cifra no solo superó las expectativas sino que además corona seis meses de crecimiento consecutivo de este indicador, lo que no acontecía desde 2006. Sin embargo, la tasa de desempleo se mantuvo estable en 8.3% (un descenso de 0.8 en relación al primer semestre del 2011) porque aumentó el número de personas buscando trabajo, bien por el efecto del buen tiempo o porque crece la percepción de que hay más oportunidades de trabajo (por primera vez en dos años la fuerza laboral registró un ligero incremento hasta 63.9 %). Adicionalmente, hoy jueves 22 el “Labor Department” de EEUU anunció que las solicitudes por desempleo cayeron la semana pasada al nivel más bajo en cuatro años (348 mil).
Si bien como señalaba Ben Bernanke se necesitarán varios años para que el mercado laboral se normalice, este aparente inicio de una estabilización de la incorporación de nuevas contrataciones y del índice de desempleo, impactan en el nivel de los salarios y conjuntamente en la confianza y el gasto del consumidor que hoy representa el 70 % del PBI.
Como dato complementario, y quizás como consecuencia, ayer se anunció un incremento en la venta de viviendas, un signo que podría indicar el inicio de la estabilización de este mercado, originador de la crisis y vital para la sustentabilidad de la recuperación.
Como contrapartida a las buenas señales, el Departamento de Comercio anunció que el déficit comercial en febrero aumentó un 4.3% (52.6 mil millones de dólares) en relación al mes anterior, la mayor ampliación desde octubre del 2008. Este incremento era previsible en un contexto de desaceleración del comercio mundial como resultado de la crisis europea. Como consecuencia EEUU tiene que regresar al consumo interno como motor fundamental de su crecimiento.

China: suave aterrizaje y mayor énfasis en el consumo interno

El crecimiento del PBI en China se desaceleró en los dos primeros meses del año, lo que es consistente con la predicción del Gobierno Chino en relación a la tasa de crecimiento para el 2012: 7.5%., sustancialmente menor que la que caracterizó los últimos años de crecimiento del producto, superior al 9%. También han caído las exportaciones y la demanda interna. La primera a consecuencia de la crisis europea y la reevaluación del Yuan, y la segunda por una restricción crediticia severa orientada a desactivar la construcción y adquisición de viviendas cuyo precio había iniciado un curso peligrosamente ascendente.
Esta semana también se anunció oficialmente una desaceleración del sector manufacturero. Esta desaceleración del crecimiento Chino, junto a la crisis de deuda soberana en Europa pueden repercutir desfavorablemente en las economías emergentes, fundamentalmente en Brasil en lo que a nuestra región respecta. Los pronósticos de crecimiento para AL para el 2012, según la CEPAL, ya han descendido en relación al año pasado y se ubican en torno a un promedio regional del 4 %.

En resumen, Europa alejándose del abismo, EEUU reafirmando una débil recuperación y China desacelerándose, conforman el escenario global a fines del primer bimestre del 2012.

martes, 6 de marzo de 2012

Europa: Keynes sepultado por el ajuste fiscal y la austeridad.

A fin de año escribí un artículo en el cual aventuré algunas predicciones para el 2012 sobre la probable evolución de Europa, EEUU y China. Habiendo transcurrido dos meses desde el inicio del año es útil ahora intentar un seguimiento de dichas predicciones para ajustar, corregir o enriquecer pronósticos. La realidad no está lejos de lo que aventuramos al inicio del año en EEUU y China. Más aún, en EEUU se corrigió al alza el crecimiento del producto del cuarto trimestre del 2011: 3%, la tasa de desempleo se amesetó y existen algunos elementos referidos al mercado de la vivienda, la producción manufacturera y el índice de confianza del consumidor que confirman que una tenue recuperación se consolida. Considero que a medida que avance la posibilidad de reelección de Obama la recuperación se acelerará en el segundo semestre, si la crisis europea y el conflicto bélico con Irán se mantienen contenidos. China acaba de oficializar que su tasa de crecimiento del producto para el 2012 será de 7.5%, los mismos dos puntos porcentuales que predecíamos al inicio del año. El día posterior a este anuncio (martes 6) se derrumbaron los mercados de todo el mundo, lo que nos confirma el rol de “motor” que juega China para la economía global en crisis.

En Europa la evaluación adquiere una naturaleza diferente. En estos 60 días la misma ha sido el centro de la atención mundial y los cambios se han sucedido vertiginosamente. Lo que allí acontezca es determinante para el desempeño de la economía global, al menos en el presente año. El temor a un colapso del Euro y la desintegración de la UE, ha dominado el comportamiento de inversores, analistas y líderes políticos. Si ocurriese, el nivel de contagio tendría la fuerza de un gran tsunami cuya ola llegaría a todas las costas del planeta. Al inicio del año, este escenario tenía una gran probabilidad de ocurrencia: la crisis de deuda de la mayoría de los países de la CEE se reflejaba en una creciente prima de riesgo para algunos países y las colocaciones de bonos soberanos emitidos por Italia y España bordeaban el peligroso umbral del 7% anual. El pánico dominaba el mercado de capitales y se extendía a acciones y monedas. Como resultado, el “horror” comenzó a ejercer sus efectos sobre los lideres políticos europeos, fundamentalmente sobre la dirigencia alemana y francesa, países a los cuales pertenecen la mayoría de los bancos inundados de bonos soberanos italianos, españoles, portugueses, griegos e irlandeses, entre otros.

Como consecuencia, a partir de la segunda quincena de enero se desataron una serie de acontecimientos que han delineado un escenario en el cual, si bien han disminuido los riesgos de colapso, se ha consolidado la hipótesis de una severa recesión durante el 2012 para la UE y la Zona Euro. Este cambio de escenario ha sido el resultado de un torbellino de reuniones de autoridades comunitarias y cumbres presidenciales, todas ellas con el propósito de reformular la arquitectura institucional de la UE, dotar a la UE y a la Zona Euro de mayor gobernanza, redefinir el rol del BCE y generar nuevos tratados para mantener unificada la Zona Euro y el destino de su moneda única.

Toda esta intensísima actividad ha tenido como eje una postura ideológica dominante: “la teoría Merkozy del equilibrio fiscal como precondición para el crecimiento”; además de una obsesión estructural: la crisis hizo evidente que los países que comparten el Euro no solo deben resignar su política monetaria, sino que también deben resignar su política fiscal.

Como corolario, en la cumbre del jueves 1º de marzo, la teoría Merkozy logró su formalización en un tratado que consagra la austeridad fiscal e impone a los países signatarios la obligación constitucional de mantener el equilibrio fiscal. Un total de 25 países, de los 27 de la UE, firmaron el tratado que entrará en vigencia en la Zona Euro con la ratificación del mismo por un mínimo de 12 países. Recurriendo a la más pura teoría neoliberal, Merkel justificó el tratado declarando “Lo primero que hay que hacer es firmar el tratado para erradicar el desequilibrio fiscal, lo segundo es cómo generar crecimiento”. Exactamente lo contrario a lo que opinaría Keynes, e incluso estructuralistas post keynesianos como Paul Krugman, lo que transforma la crisis europea en un terreno de disputa de la teoría económica: keynesianismo versus clasicismo neoliberal. O Europa entra en un círculo vicioso de más ajuste, más contracción, más déficit, o en un círculo virtuoso como asume Merkozy: menor déficit fiscal, mayor confianza de inversores y consumidores y, por ende, mayor crecimiento. Merkel fundamenta su posición en aquellos analistas que plantean que Europa no transita una crisis de deuda, sino una crisis de confianza y, por ende, lo que hay que restablecer es la confianza de los inversores y los consumidores con fiscos sólidos y presupuestos equilibrados. Obviamente, nada de esto, ni siquiera para Merkel, ocurrirá durante 2012. La confianza, si ésta fuese la tesis adecuada, es algo que se recuperará en muchos años. Los latinoamericanos conocemos de la longitud de estos ciclos. En consecuencia, la contracción de la actividad y el producto del presente año ya está asumida, incluso en Alemania, y especialmente en los países que han aplicado mayores recortes presupuestarios: Grecia, Portugal, España e Italia. Ya el último trimestre del 2011 arrojó un crecimiento negativo de 0.3% y se espera que este guarismo se repita a niveles similares en 2012, en la versión más optimista. Tengamos en cuenta que hoy cinco economías (Grecia, Portugal, Italia, Holanda y Bélgica) han ingresado en recesión técnica (dos trimestres con crecimiento negativo).

En esta cumbre del 1º de marzo hubo un segundo hecho trascendente en el persistente salvataje del Euro. Lo constituyó la decisión de adelantar la mitad del préstamo de 130 mil millones de euros a Grecia para respaldar el canje de bonos y recapitalizar los bancos, nada para aliviar la crisis presupuestaria de la sufrida Grecia. El canje se cierra esta semana y ayer lunes el Ministro Venizelos declaró que es optimista y que la participación superará el 90%. Pero la UE sigue siendo precavida y postergó hasta el 9 de marzo el desembolso de la otra mitad.
De todas maneras, esta liberación parcial de fondos a Grecia, así como el lanzamiento del mayor canje de la historia –una quita de 53.5% de los bonos en manos de tenedores privados para borrar 107 mil millones de su deuda de 350 mil millones- generó un efecto muy positivo (si el canje tiene éxito) para la gestión de la crisis europea. Grecia dejó de ser el centro de la agenda política y económica, lo que elevó la confianza de los inversores, mortificados hace más de dos años por la incertidumbre que generaba la tragedia helénica.

Desplazada Grecia del centro de la agenda (por ahora) y armonizando la política monetaria con la fiscal en la Zona Euro, resurge con mayor nitidez la dimensión de la crisis financiera y su impacto sobre la disponibilidad de crédito para empresas y familias, y por ende sobre el consumo y, en definitiva, sobre el cada vez más lejano “sueño del crecimiento”. Y es aquí donde el centro de la discusión se traslada al rol del BCE. ¿Debe el BCE intervenir en la compra directa de bonos soberanos?; ¿debe ser más agresivo en el mercado secundario?; ¿debe ser más incisivo en su rol de “cortafuegos” proveyendo más liquidez al sistema bancario?; ¿es urgente instrumentar los Eurobonos? La urgencia ya ha precipitado al BCE a una inyección de liquidez en el sistema bancario de un billón de euros. La realidad ha dado su primera respuesta: los bancos se han capitalizado pero no han trasladado nada de esa primera lluvia de liquidez al crédito a empresas o familias. Doble preocupación: los bancos no reactivan su negocio central y por ende incrementan su fragilidad financiera, y la desconfianza junto con el nivel de riesgo que genera la incertidumbre sobre la evolución de la economía de la UE, impiden el “descongelamiento” crediticio para lubricar y echar a andar el motor del crecimiento. Recortes presupuestarios, caída de la actividad, desempleo creciente (10.7% en la Zona Euro, con un máximo de 23.3% en España) y falta de crédito, conforman un escenario desesperanzador. Ante esto Merkel insiste “el tratado de consolidación fiscal es un paso importante hacia una unión estable, hace posible una unión política”. Nuevamente el tema crecimiento sigue ausente de su agenda, quizás porque como insinúa Christine Lagarde: “algunos países tienen que avanzar a toda velocidad para impulsar el crecimiento”, “los que tienen margen de maniobra fiscal deben buscar cómo impulsar el crecimiento de aquellos países restringidos en su expansión por el desequilibrio”, aunque no mencionó ningún país en particular, fue fácil suponer que se refería a Alemania, el motor del crecimiento europeo. Cameron, más lacónico, introdujo la nueva dimensión “Europa no sólo enfrenta una crisis de deuda; es también una crisis de crecimiento”.

El otro acontecimiento que durante estos primeros 60 días del año aleja a Alemania de su ortodoxia e inflexibilidad inicial, fundamentalmente por la presión ejercida sobre Merkel por el G-20 y el FMI, fue la aceptación adoptada a fines de febrero por la UE de unificar el Fondo de Estabilidad Financiera con el nuevo mecanismo de Estabilidad Financiera (MEDE), o Fondo de Rescate, elevando su capacidad a 750 mil millones de euros, con el propósito de respaldar países en los cuales se agudiza la crisis económica y el desempleo.

En resumen, los primeros dos meses del 2012 han girado febrilmente en torno a una Europa que ha optado por una línea económica que privilegia el ajuste para lograr el equilibrio fiscal. Se ha evitado el colapso del Euro, lo que sería muy negativo para la economía global, pero dramático para el sistema financiero europeo y para Alemania en particular, cuyas exportaciones, motor de su economía, concurren en un 50% al propio mercado europeo.
Se ha evitado caer en el precipicio, pero es indudable que la salida adoptada e impuesta por Merkozy a los demás países de la Unión tiene un serio problema de sustentabilidad. Sustentabilidad política y sustentabilidad económica. Difícil es imaginar que las sociedades sometidas a tremendos sacrificios en sus niveles de vida y altas tasas de desempleo no reaccionen, o se expresen electoralmente en alternativas políticas distintas a las que hoy han acordado la austeridad y la recesión. La elección presidencial en Francia en el mes de mayo es el primer desafío. ¿Qué sucederá si el candidato socialista, François Hollande -quien ya ha expresado abiertamente su negativa al texto del tratado aprobado en la cumbre del jueves pasado- es Presidente?
La sustentablidad económica es también cuestionable. La pregunta que se hacen hoy varios economistas es altamente relevante: el ajuste conduce a una caída de la actividad, lo que a su vez conduce a mayor déficit fiscal y, por los tratados de equilibrio fiscal, a ulteriores recortes presupuestarios y así sucesivamente a nuevas caídas de la actividad y del empleo. No hay en la visión de Merkozy un planteo de crecimiento, no está identificado el motor, el modelo parece ser un “tapiz tejido sin diseño”, una salida del “horror” sin hoja de ruta, sin estrategia.

El contagio en la economía global ya comienza a mostrar sus primeras señales. Como dijimos, China acaba de anunciar que su crecimiento en el 2012 será de 7.5%. Y, más allá de algunos desequilibrios internos, ha relacionado la caída en la tasa de crecimiento de su producto con la caída de sus exportaciones a Europa. Este fenómeno puede ir avanzando gradualmente en el correr del año. Lo trascendente para la economía global es que la recesión europea no debilite la frágil recuperación en EEUU, cuyo vaso comunicante sería el sector financiero más que el comercio. Las muestras del poder de fuego del BCE generan una esperanza en este sentido. Los países de America Latina sufrirán el doble efecto de la disminución de sus exportaciones a Europa con una posible caída del precio de algunos alimentos (fundamentalmente la soja) por la caída de la actividad en China.

¿Cual es nuestra reflexión?: No puede una economía estar dominada por el ajuste, no es este un fin en si mismo. Ya lo vivimos en ALC y quizás por ello aprendimos y somos en palabras de Izaguirre (Banco Mundial) un ejemplo de política macroeconómica y social. Europa debe regresar a pensar en el largo plazo, desarrollar una VISION a una década, y esa visión es la que debe unir a los países de la UE. El desequilibrio fiscal es un instrumento y es razonable su aplicación en casos extremos, pero lo dominante debe ser la política y la visión de largo plazo, Quizás en esa visión Keynes resucite de su sepulcro y tenga un rol que jugar.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Aventuremos algunas predicciones para el 2012

El nuevo año se inicia con grandes interrogantes cuyas respuestas condicionarán sustancialmente el destino de países, familias y empresas a lo largo y ancho de todo el mundo. El nivel de globalización y el exponencial desarrollo de las comunicaciones y la conectividad aceleran vertiginosamente el nivel con que los acontecimientos financieros, económicos, sociales y políticos se diseminan y repercuten a nivel global. Hoy, el nivel de "contagio" real es muy alto y se acelera cuando después de un quinquenio de crisis, la psicología expresada en el pánico de los mercados y de las personas, se apodera de la realidad. Por lo tanto, hoy más que nunca la humanidad entera comparte un mismo escenario en el cual todos somos actores cuyos roles pueden alterarse muy rápidamente. Todas las interrogantes nos pertenecen y por lo tanto todas las respuestas que la realidad expandida irá proporcionando en el correr del nuevo año, nos corresponden.

Son innumerables las preguntas que nos depara el 2012. Quisiera mencionar algunas, las que considero más relevantes e inquietantes. También las que por su potencial de irradiación pueden tener el mayor nivel de impacto sobre la economía global y sobre nuestros países del sur de América Latina. Haciendo honor al cambio de ánimo que genera un fin de año intentaré aventurarme a reflexionar sobre las posibles respuestas.

1. La primera interrogante es ¿qué sucederá con Europa y particularmente con el Euro?

Europa entró en recesión y varios países de la CEE - ya lo anunció España oficialmente y se debate en Alemania entre expertos y Gobierno – tendrán un cuarto trimestre negativo o cercano a cero e ingresarán en recesión técnica en el primer trimestre del año entrante, pero en ningún caso superarán el 0.5% de crecimiento. El caso italiano pude ser aún más grave ya que la gestión del ajuste está en manos de un Gobierno tecnócrata, sin legitimidad popular, que enfrentará una organización sindical y popular fuerte. Ya se evidenció en la colocación de 7016 millones de euros en bonos soberanos a 3, 7 y 10 años. Los bonos a 10 años presentaron una tasa de corte de 6.98 % y los bonos a 3 años de 5.63%, lo que supone 0.58 puntos menos y 2,27 menos que hace un mes, respectivamente. Esta suavización de los tipos de interés que cobran los inversores a Italia para refinanciar su deuda soberana, refleja una expectativa alentadora en el corto plazo y respalda el paquete de recortes de 30000 millones de euros cuya instrumentación el Gobierno de Monti iniciará el próximo mes. Mayor endeudamiento, pero fundamentalmente mayor desconfianza en el mediano y largo plazo explican la brecha entre los intereses ofrecidos para los bonos de 3 y 10 años. Europa se debatirá todo el 2012 entre el ajuste y la recesión. Italia, por la dimensión de su deuda, la dificultad de gestión política y la propia dimensión de su economía constituirá durante todo el 2012 un acuciante termómetro de la eficacia de la receta “Merkozy”: unión fiscal con exigentes metas y controles. Los mejores presagios son que en el segundo semestre, si la gestión política de los recortes presupuestarios lo admite, comiencen a verse algunos brotes verdes en el áspero jardín de la crisis de deuda soberana que jaqueará a Europa por varios años. Para el 2012 el FMI acaba de predecir un crecimiento de 1% del PBI. Si esto se verificase habría que adelantar el festejo y tomarse ya una copa de champagne.
El segundo gran problema que aqueja a Europa es la crisis de su sistema financiero que repercute directamente en las posibilidades de aliviar la contracción a nivel de países, empresas y consumidores. Hace un par de días aconteció un hecho muy relevante: el BCE traspasó a más de 300 bancos 500 mil millones de euros a una tasa del 1%. Dos terceras partes de esos recursos regresaron al BCE como depósitos a una tasa de 0.75%. Los bancos no se prestaron entre ellos, no compraron bonos soberanos y no acrecentaron su cartera de créditos a empresas e individuos. Optaron por pagar 0.25% para mantener sus recursos en reserva, y cubrir en parte las exigencias de capitalización a las que han sido sometidos. Dos conclusiones de este episodio financiero: primero que el BCE, por ende “Merkozy”, están dispuestos a usar nuevos instrumentos "cortafuegos" para enfrentar la crisis financiera. Segundo, la crisis es más de confianza que de liquidez, y ésta es una revelación compleja de digerir y de gestionar. Cuando la confianza se ha diluido cuesta mucho tiempo regenerarla, y su reconstrucción depende de muchos factores, no sólo financieros y económicos. Regenerar la confianza del sistema financiero y de los inversores será la tarea que la CEE deberá enfrentar con mas ahínco en el año que entra para superar la recesión con que iniciará su advenimiento. En conclusión, no adhiero a la hipótesis catastrófica de un colapso del sistema financiero europeo, si a una dura restricción crediticia que dificultará la gestión de la crisis económica y de deuda soberana.
No creo que el Euro desaparezca aunque ayer (jueves 29/12) tocó su nivel más bajo frente al dólar en tres años. Alemania ha reservado muchos recursos para sostenerlo, y ha consolidado su liderazgo sobre un espacio económico en el cual comercializa el 50% de sus exportaciones. En mi opinión hay razones objetivas para que el BCE incremente su rol de prestamista en última instancia, a través de la compra de bonos soberanos, así como la comunidad internacional y algunos países como China, con altas proporciones de sus reservas en Euros, aún tienen aliento para engrosar el Fondo de Reserva que entrará en pleno vigor a mediados del nuevo año.
Si existe un riesgo de que mi opinión no sea acertada en relación a la supervivencia del Euro, creo que se vincula fundamentalmente a la gestión política del ajuste en Italia. Si hubiese un desafortunado desprendimiento de Italia del Euro, tampoco creo que arrastre a su desaparición sino a la configuración de una Zona Euro a dos velocidades.
Para nuestros países, la contracción nos afecta en términos de una reducción de comercio, fundamentalmente por el impacto sobre dos motores fundamentales: Brasil y China. De no verificarse mi hipótesis y ocurrir un desastre, el nivel de contagio de la crisis financiera depende del nivel de presencia y de market share de los bancos afectados en nuestros países. Chile enfrentaría un problema grave, no así Argentina y Uruguay.

2. La segunda pregunta es ¿qué sucederá con la economía de EE.UU.?

Considero que la economía norteamericana ha iniciado un proceso de reactivación que hace predecir que el 2012 pueda arrojar una tasa de crecimiento de entre 2 y 3%, tal como lo avizora el FMI. Creo que los dos fundamentos en que se basa este sobrio optimismo, es que hay varias señales que indican que la confianza del consumidor ha iniciado un proceso de reconstrucción. Si este despertar se sostiene, aunado al compromiso de la FED de continuar con la tasa prácticamente en cero, puede inducir un círculo virtuoso en las empresas, inicialmente en el sector servicios, que profundice la recuperación del empleo más allá del descenso del 9.1 al 8.6% que ya se verificó en el correr de este año. Además, ayer se informó que en noviembre se verificó la menor cantidad de solicitudes de subsidios por desempleo en los últimos tres años. Considero también que hay un interesante proceso de incremento de las exportaciones, a medida que transcurra el año veremos un renacer del "made in USA". Por último, considero que las inyecciones de liquidez aún no se reflejarán en un nivel de inflación relevante, no creo que supere el 2%.
En este contexto no que hay que olvidar que EE.UU. ingresa este año en un proceso electoral. Si bien hay una tendencia mundial en el mundo desarrollado a responder políticamente a la crisis con mayores dosis de conservadurismo, la popularidad de Obama ha crecido en esta semana a 47% (64% entre los hispanos) según algunas encuestas, y enfrenta una competencia republicana que aún no consolida un liderazgo desafiante. En mi opinión, la recuperación norteamericana se vería protegida en su sustentabilidad con un triunfo de Obama.

3. ¿Qué sucederá con China?

Esta es la predicción más compleja para un analista acostumbrado a razonar en términos del comportamiento de economías capitalistas en diversos estados de desarrollo. China es una economía de mercado pero orientada por un rígido proceso de planificación centralizada, que a su vez controla gran parte del proceso de producción a través de las empresas estatales, predominantes en el área servicios, incluyendo los bancos y en consecuencia la fluidez del proceso crediticio. En este contexto, mi opinión es que los crecientes conflictos salariales, el resultante incremento salarial, la sobreexpansión del crédito hipotecario, la gradual reevaluación del Yuan y la contracción europea resentirán la tasa de crecimiento de China en aproximadamente 2% del producto y condicionarán una inflación de entre 3 y 4 %. No creo que en el 2012 se genere una reducción del precio de los alimentos -fundamentalmente la soja- significativa mas allá de la baja registrada que ya alcanzó el 18% en el año que finaliza (aunque ayer, tuvo una caída de 4 dólares para entrega en marzo).

4. ¿Qué sucederá con Irán?

El riesgo de un enfrentamiento bélico recorrerá 2012. Ya existe una amenaza concreta de cortar el suministro de petróleo. Las consecuencias sobre el precio del mismo y sobre el ritmo de la recuperación en EE.UU. y la profundidad de la contracción europea son evidentes. No olvidemos que en año electoral en Norteamérica y Francia, la guerra continúa siendo una política Keynesiana altamente eficaz. Si se verificase un episodio bélico de proporciones en torno al conflicto entre Irán e Israel y sus respectivos aliados, el conjunto de las predicciones anteriormente señaladas pueden alterarse sustancialmente.

5. En resumen

Inauguramos un año gris, con EE.UU. en frágil recuperación, Europa en contracción y China, Brasil, Rusia e India con sensibles retracciones en sus destacables tasas de expansión que han mantenido durante el último quinquenio. En este escenario, brindemos por que nuestros países del sur de América Latina puedan alcanzar en promedio una tasa de crecimiento del 3.5 al 4% del producto, la cual sería una tasa que, de sustentarse por los próximos años, nos mantendría en una pauta aceptable de expansión y consistente con los niveles de inflación que hemos alcanzado al fin del 2011, más allá de que se siguen ajustando a la baja las predicciones para Brasil que ya se ubican en el entorno de 2.5 - 2.9%.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Europa se debate entre el ajuste y la recesión.

La solución emergente la semana pasada en la Cumbre de Bruselas no constituye solamente un trabajoso acuerdo entre los 17 países de la Eurozona más 9 países de la CEE, con excepción de Inglaterra, para enfrentar la crisis de deuda soberana y restablecer la confianza en su moneda única. Significó, fundamentalmente, el triunfo de un enfrentamiento global en torno a una estrategia, casi ideológica de como gestionar la crisis y por ende enfrentar la contracción y el desempleo. Triunfó la tesis alemana - francesa (la estrategia “Merkozy”) que postula que la pérdida de confianza de los mercados en el euro, así como el devastador impacto socioeconómico del nivel de endeudamiento de la Europa mediterránea, se enfrentan restituyendo la disciplina fiscal y limitando la capacidad de respaldo e intervención directa del BCE en el mercado de bonos soberanos y en la capitalización del sistema financiero. A la crisis se le respondió, al menos en el Acuerdo de Bruselas, con más integración: la cesión de autonomía se acrecentó: a la unión monetaria se adicionó la unión fiscal. Si no hubiese sido por el intento de chantaje y posterior divorcio británico, la solución “Merkozy” se hubiese impuesto en plenitud, o sea, hubiese involucrado a los 27 países que conforman la CEE. Crucemos los dedos para que este acuerdo de una Europa dividida y su moneda única sigan en pie, de lo contrario enfrentaremos una catástrofe de consecuencias imprevisibles a nivel global. La ola expansiva de contagio será como un tsunami que llegará a las playas más lejanas del mundo.

Para comprender en profundidad la controversia ideológica que esta postura significa, la reacción de Obama fue de crítica y de decepción. Para el Gobierno de EE.UU. la crisis no se enfrenta con ajuste y contracción, se enfrenta, y así lo hizo el Tesoro y la FED, con una "bazooka" de inyección monetaria, proveyendo toda la liquidez que sea necesaria para compensar la contracción de demanda agregada generada por el congelamiento del crédito, el pánico del consumidor y el desempleo. Obama teme que la recesión en Europa y la crisis de su sistema financiero generen un contagio de impacto global que opaque los signos de recuperación que muestra la economía de EE.UU., justamente en un año en que juega su reelección. “Merkozy” responde que la estrategia norteamericana compromete el bienestar de futuras generaciones debido al nivel de endeudamiento y déficit que genera una política monetaria expansiva, además del riesgo inflacionario asociado, en la medida en que la recuperación económica se consolide. Además, el salvataje de gobiernos y bancos vía continuos planes de rescate – Planes de Salvataje bancario y EQ’s – debilitan la capacidad de los beneficiarios de realizar esfuerzos propios para obtener fondeos genuinos. Clara controversia entre la disciplina y rigidez germana y la respuesta rápida, pragmática y cortoplacista de EEUU. No es la primera vez en el marco de la Cumbre de Bruselas y la posterior reacción de EE.UU., que la visión germana se enfrenta con la anglosajona. Los próximos meses, y quizás los próximos años, serán decisivos para dirimir quién tiene la razón en esta evidente diferencia de enfoque en la gestión de la crisis.

Ahora bien, ¿qué significó esta cumbre para la crisis del euro y cómo queda posicionada Europa hacia el futuro en la economía global?. El punto de partida son las estimaciones de crecimiento dadas a conocer por la OCDE la semana pasada, la cual redujo sus propios pronósticos para el crecimiento de Europa en el 2012, de una tasa del 2.8 % del PBI a una menor a 1%, señalando una recesión técnica para Europa en su conjunto en el último trimestre del 2011 y el primer trimestre del 2012. La recuperación, según la OCDE, se iniciaría en el segundo semestre del 2012 y se mantendría a partir del 2013.

Esta Cumbre deja grandes interrogantes. Reflexionemos sobre algunas de las más relevantes en relación a su impacto sobre Europa, el euro y la economía mundial.
En primer lugar, la “Regla de Oro” que caracteriza al Acuerdo de Bruselas establece que los 23 países que adhirieron al proyecto “Merkozy”- Inglaterra se desmarcó y otros tres someterán el acuerdo a la aprobación de sus parlamentos - no podrán tener un déficit primario o estructural (antes del pago de los servicios de la deuda) de más del 0.5% ni un déficit fiscal de más de 3%. Sus presupuestos anuales deberán ser sometidos a la aprobación de la Comisión y el Consejo de La Unión, y si su déficit fiscal supera los límites establecidos en el acuerdo serán sometidos a sanciones previamente establecidas por la CEE. Surge una gran interrogante: ¿es macroeconómicamente sensato aplicar políticas de ajuste fiscal severas sobre escenarios económicos, sociales y políticos caracterizados por una fuerte contracción y un extendido desempleo como es el caso de Italia y España, dejando de lado la tragedia helénica detonante de la crisis de confianza sobre el euro? ¿Es sensato pensar que puede lograrse una reducción simultánea y sustancial del gasto y la deuda pública en un escenario dominado por la desconfianza y la retracción? En suma, ¿existe gobernabilidad posible para instrumentar las brutales políticas de ajuste que condicionan el cumplimiento de la “Regla de Oro”, aprobada en la Cumbre de Bruselas? La crisis europea ya se llevó puestos los Gobiernos de Papandreu, Berlusconi y Zapatero; ¿resistirán políticamente los Gobiernos tecnócratas, impuestos como “interventores” del BCE, a su vez dominado por el eje Alemania-Francia? Parece difícil controlar los millones de damnificados por la fiesta fiscal. Se multiplican por toda Europa el descontento y la protesta social. ¿Durante cuántos meses o años resistirán los gobiernos tecnócratas esta creciente “indignación” popular?

En segundo lugar, el proceso de ratificación de un Tratado, limitado a los países que finalmente adhieran a él, y que de antemano sabemos que cuenta con el veto de Inglaterra, es un camino arduo, complejo y que puede requerir de mucho tiempo y desgaste institucional y político. Como la Unión Europea no es un Estado, no es sencillo lograr que la Comisión, el Consejo, el Parlamento Europeo, El Tribunal de Justicia y los Parlamentos Nacionales se pongan de acuerdo. En esta intrincada trama institucional comienza una casuística desbordante contra la que es sumamente fácil estrellarse. En ella también reside la gran dificultad de la CEE para gestionar una crisis de las dimensiones de la crisis actual, agravada por la falta de liderazgo político a nivel continental y de los propios países que conforman La Unión. ¿Cuántos meses tomó reaccionar para evitar el default griego?

En tercer lugar, ¿qué puede suceder con Europa si el acuerdo falla y la contracción se transforma en recesión definitiva o quiebre del euro por el abandono desordenado de la moneda única? Esta situación es altamente no deseable pero no es improbable. La construcción de la CEE, tal como está planteada, tiene grandes falencias estructurales: muy diferentes productividades de las economías que la integran y una única moneda, lo cual elimina la devaluación como política de recuperación de competitividad y por ende de la cuenta de capitales. Los países con alto endeudamiento, ante la falla o la imposibilidad política de instrumentar el ajuste, pueden verse tentados a abandonar el euro y regresar a su moneda original, devaluar e incrementar su comercio exterior. Crucemos los dedos porque la CEE y el euro continúen en pie. De lo contrario enfrentaremos una profundización impredecible de la crisis económica y financiera mundial que ya ha cumplido su quinto aniversario. Por ahora el corta fuegos lo constituyen la comunidad internacional en el compromiso – por ahora débilmente expresado – del FMI y China que han anunciado fondos adicionales por 500 mil millones de euros para engrosar el Fondo de Salvataje cuya vigencia completa se adelantó para mediados del 2012.

Como escribió Borges “nos une el horror” y esa unión es poderosa. Cae Europa y todos perdemos. Quizás “Merkozy” lo conoce y en esa intuición se respalda su audaz rigidez ante bancos y gobiernos.

lunes, 31 de octubre de 2011

La Cumbre de Bruselas: una solución con muchas interrogantes

Hace varios meses que Europa se desplaza al borde del abismo, y en su desplazamiento propaga el temor al contagio y a una nueva recesión a nivel global. Como resultado de una gestión tardía, lenta e ineficaz de la crisis financiera global que se inició hace ya un lustro atrás, Europa se encuentra hoy inmersa en una profunda crisis de deuda soberana, que mostró sus primeros dientes en Grecia, que se expandió rápidamente a Irlanda, Portugal y España, y que hoy adquiere dimensiones insostenibles al haber encendido las alarmas en Italia, la tercer economía europea. Como un incendio de verano, la crisis se propagó desde un país que sólo significa el 2% del PBI europeo, hasta abarcar un conjunto de países cuyas economías superan un tercio del producto de la Zona Euro; sin contar a Francia sobre cuyos bonos soberanos surgieron esta semana ataques y amenazas de recalificación. Como consecuencia, el pánico ganó los recintos bursátiles del mundo, registrando una volatilidad que no se recordaba desde el 2008. En palabras de Angela Merkel, ante el Bundestag: “La situación que enfrenta Europa es la más grave desde la Segunda Guerra Mundial”. “El mundo nos está mirando”, “Si cae el euro también caerá Alemania”. En su urgencia por obtener el pleno respaldo de los diputados alemanes a su posición en la Cumbre de Bruselas, Merkel se sinceró: la crisis europea tiene una amplitud y una profundidad que trasciende largamente la “tragedia helénica”. Sin embargo, durante meses el drama europeo se restringió al riesgo de default de la deuda griega: “El fracaso de Europa en ajustar su despilfarro se ha trasladado al deshumanizado ajuste exigido a Grecia” expresaba Daniel Cohn - Bendit en un encendido discurso ante el Parlamento Europeo. La “mascarada” terminó cuando las calificadoras castigaron severamente la deuda española e italiana (120% del PBI), y amenazan la francesa. No sólo los jubilados griegos son los responsables de los sacrificios de los contribuyentes alemanes, ahora también la resistencia de los pensionistas italianos hace tambalear al “inocente” Berlusconi. Ahora si, sin tapujos, se reconoce que la crisis trasciende Grecia: hoy está en juego la supervivencia del euro y de todo el sistema financiero europeo, no sólo de los bancos tenedores de deuda griega. Ante este avance descontrolado de la crisis, la compleja burocracia europea despertó de un incomprensible letargo e inició un proceso de lenta e intrincada construcción de una solución que Trichet ha dado en llamar “global y duradera”. Reunidos en la Cumbre de Bruselas, el miércoles pasado, los presidentes de los 17 países que conforman la Zona Euro, en consulta con los 27 que conforman la CEE, delinearon un plan de abordaje múltiple y simultaneo, que consta de tres pilares fundamentales: la recapitalización de la banca, la reestructura de la deuda griega y la ampliación del fondo de rescate (EFSF):

- Recapitalización de la banca. El capital de máxima calidad requerido será del 9%, el cual deberá alcanzarse el 30 de junio del 2012, lo que equivale a 106.000 millones de euros. La idea es que sean los propios bancos los que consigan el capital necesario para llegar a los mínimos que marca la autoridad bancaria europea (EBA). Antes del final del año, las entidades deben comunicar a sus supervisores nacionales la forma en la que piensan captar los fondos que les falta para alcanzar el mínimo impuesto. Si algún banco no pudiera financiarse de forma autónoma, debe ser el supervisor nacional quien le ofrezca los recursos y en última instancia, el fondo de rescate europeo. Los bancos que necesiten más capital de aquel que puedan conseguir por sus propios medios, no podrán repartir dividendos ni bonos a sus ejecutivos hasta alcanzar el colchón del 9%.

- La reestructura de la deuda griega. Los jefes de Estado acordaron que se condonará un 50% de la deuda griega. La nueva quita, que será voluntaria, supera el 21% pactado el pasado 21 de julio en la anterior reunión europea. Este acuerdo se produjo en el último momento. El Director Ejecutivo del Instituto de Finanzas Internacionales, que aglutina a los principales bancos acreedores, solo cedió cuando la Eurozona accedió a movilizar 30.000 millones para garantizar el resto del pago de la deuda griega. Lo que aún sigue sin definirse son los términos en que los bancos accederán a una suspensión de pagos voluntaria.
La Canciller alemana adelantó al finalizar la cumbre que en diciembre se aprobará el segundo plan de ayuda al país. La idea es otorgar otro crédito de 100.000 millones de euros a las autoridades helenas. A cambio, el Gobierno de Atenas debe asumir una supervisión permanente de la UE. La fecha de la aplicación de este segundo rescate depende de que otras medidas lleguen a buen puerto, por lo que podría retrasarse.

- Ampliación del fondo de rescate. La Unión Europea ha decidido que la cantidad de este plan ascienda a un billón de euros. Una cifra con la que la UE tendrá que hacer frente a la recapitalización de la banca de aquellos países que no puedan afrontarla por si mismos, o la compra y/o garantía de bonos en el mercado secundario para aquellos países que sufran el acoso a su deuda nacional. Así se evita que el BCE compre deuda, una acción que no convence a Alemania. En paralelo, Bruselas trabajará para incrementar el EFSF, con recursos procedentes del FMI y de los países emergentes, fundamentalmente China.

En el corto plazo, la solución construida en Bruselas estaría evitando el default griego y el derrumbe del sistema financiero europeo. Su actual nivel de descapitalización y la toxicidad de sus balances hubiesen desembocado inexorablemente en el congelamiento crediticio y por ende en una recesión económica y una tragedia social. Lo que no está claro es cómo enfrentar de ahí en más la crisis fiscal y de endeudamiento que jaquea a varios países de la Zona Euro. Además, con excepción de Alemania, todos, en mayor o menor grado, enfrentan serios problemas de competitividad, lo que exige grandes esfuerzos en materia de niveles salariales, de empleo y austeridad en el gasto público

¿Están dispuestos los países de Europa política y socialmente a soportar los tremendos ajustes que les exige la supervivencia del esquema de integración al que pertenecen y el símbolo monetario que los engloba? ¿Resistirá el euro a una Europa tan jaqueada económica y políticamente? Por último, ¿los planes de austeridad que hoy se ensayan en Grecia, España, Portugal, Italia, etc., constituirán fuente de saneamiento económico, competitividad y crecimiento o agudizarán la contracción económica, el desempleo y finalmente profundizarán el déficit fiscal y la necesidad de endeudamiento? ¿Entrará Europa en un círculo gradualmente virtuoso, o se deslizará en un círculo vicioso de mayor austeridad, mayor déficit y mayor deuda?

Son interrogantes que el mundo se plantea con incertidumbre y angustia. Por ahora hay una sola certeza. Si la solución aprobada en la Cumbre de Bruselas estabiliza a Europa financieramente, su crecimiento va a ser muy débil y pleno de dificultades en los próximos años. La OCDE acaba de corregir las perspectivas de crecimiento del PBI europeo para 2011 de 2.3% a 0.8%, una perspectiva de claro estancamiento. Sin crecimiento es muy incierto que se alivie la crisis de deuda soberana. Así como sin liderazgo político es muy difícil que se consolide el euro como moneda común.

Visto el problema desde el ángulo de las economías de América Latina, la estabilización financiera de Europa disminuye sustancialmente el riesgo de contagio de una recesión o una abrupta caída de la demanda. No sufriremos los efectos del contagio de una crisis como la del 2009, por ahora, pero sí sufriremos los efectos de un amesetamiento y en consecuencia un comercio internacional en contracción: exportaremos menos, creceremos menos y por ende tendremos que ajustar la dimensión y la calidad del gasto a una situación fiscal más débil. Y lo debemos hacer con urgencia, porque si la solución europea disminuye el riesgo de recesión y contagio, ingresaremos de todas maneras en una faz débil del desarrollo capitalista en el centro del sistema. De la dinámica que puedan aún conservar China e India dependerá fundamentalmente el nivel de comercio y actividad de las economías de América Latina.